Sunday, September 14, 2014

Exalltamos la cruz de Cristo porque es signo del amor del Padre

Al finalizar la santa misa con el rito del matrimonio celebrada en el Basílica Vaticana, el santo padre Francisco se ha asomado, como cada domingo, a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.
Estas son las palabras del Papa para introducir la oración mariana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
el 14 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Una persona no cristiana podría preguntarse, ¿por qué "exaltar" la cruz? Podemos responder que nosotros no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces: exaltamos la Cruz de Jesús, porque en ella se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad. Es esto lo que nos recuerda el Evangelio de Juan en la liturgia de hoy: "Dios ha amado tanto al mundo que ha dado a su Hijo primogénito". El Padre ha "dado" al Hijo para salvarnos, y esto ha llevado a Jesús a la muerte, y una muerte de cruz. ¿Por qué? ¿Por qué ha sido necesaria la Cruz? Por la gravedad del mal que nos tenía esclavos. La Cruz de Jesús expresa las dos cosas: toda la fuerza negativa del mal, y toda la mansa omnipotencia de la misericordia de Dios. La Cruz parece decretar el fracaso de Jesús, pero en realidad marca su victoria. En el Calvario, los que se burlaban de él decían: "Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz". Pero la verdad era lo contrario: precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús estaba allí, en la cruz, fiel hasta el final en el diseño de amor del Padre. Y precisamente por esto Dios ha "exaltado" a Jesús, concediéndole un reinado universal. Por tanto, ¿qué vemos cuando dirigimos la mirada a la Cruz donde Jesús ha sido clavado? Contemplamos el signo del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De esa Cruz viene la misericordia del Padre que abraza al mundo entero. Por medio de la Cruz de Cristo fue vencido el maligno, fue vencida la muerte, nos ha donado la vida, restituido la esperanza. Esto es importante, por medio de la Cruz de Cristo se ha restituido la esperanza ¡La Cruz de Jesús es nuestra única y verdadera esperanza! Por esto la Iglesia "exalta" la santa Cruz, y por eso los cristianos bendecimos con el signo de la cruz. Es decir, nosotros no exaltamos la cruz, sino la Cruz gloriosa de Jesús, signo del amor inmenso de Dios, signo de nuestra salvación y camino hacia la Resurrección. Y esta es nuestra esperanza.
Mientras contemplamos y celebramos la santa Cruz, pensamos con conmoción en muchos de nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos y asesinados por su fidelidad a Cristo. Esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa todavía no es garantizada o plenamente realizada. Sucede también en países y ambientes que en principio se tutela la libertad y los derechos humanos, pero donde concretamente los creyentes, y especialmente los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones. Por eso hoy les recordamos y rezamos por ellos.
En el Calvario, a los pies de la cruz, estaba la Virgen María. Es la Virgen Dolorosa, que mañana celebramos en la liturgia. A Ella confío el presente y el futuro de la Iglesia, para que todos sepamos siempre descubrir y acoger el mensaje de amor y de salvación de la Cruz de Jesús. Le confío en particular a las parejas de esposos que he tenido la alegría de unir en matrimonio esta mañana, en la Basílica de San Pedro.

Friday, September 12, 2014

Papa Francisco: LAS HABLADURÍAS SON BOFETADAS AL CORAZÓN DE UNA PERSONA



HOMILÍA DEL VIERNES: LAS HABLADURÍAS SON BOFETADAS AL CORAZÓN DE UNA PERSONA; CORRIJAMOS AL HERMANO CON HUMILDAD Y CARIDAD
La verdadera corrección fraterna es dolorosa porque se hace con amor, verdad y humildad. Si sentimos placer por corregir, eso no viene de Dios. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina presidida en la Capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra la Memoria litúrgica del Santísimo Nombre de María.
En el Evangelio de hoy, Jesús pone en guardia a cuantos ven la paja en el ojo del hermano y no se dan cuenta de la viga que está en su propio ojo. Al comentar este pasaje, el Papa Francisco se refirió nuevamente a la corrección fraterna. Ante todo, dijo, el hermano que se equivoca, debe ser corregido con caridad:
“No se puede corregir a una persona sin amor ni sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo moriría de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y a aceptar la corrección. Llamarlo personalmente, con mansedumbre, con amor y hablarle”.
Ciertamente – observó el Santo Padre – “cuando te dicen la verdad no es lindo escucharla, pero si se dice con caridad y con amor es más fácil aceptarla”. Por tanto, “se debe hablar de los defectos a los demás” con caridad.
En segundo lugar – prosiguió Francisco – es necesario hablar con la verdad: “Cuántas veces, en nuestras comunidades, se dicen cosas de otra persona, que no son verdaderas: son calumnias. O si son verdaderas, se quita la fama de aquella persona”. “Las habladurías hieren; las habladurías son bofetadas contra la fama de una persona, son bofetadas contra el corazón de una persona”.
El tercer punto es corregir con humildad: “Si tú debes corregir un defecto pequeño de otra persona, ¡piensa que tú tienes tantos otros más grandes!”:
“La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero en el tejido de la Iglesia que es necesario remendar. Y así como las mamás y las abuelas, que cuando remiendan lo hacen con tanta delicadeza, así debe ser la corrección fraterna".
"Si tú no eres capaz de hacerla con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, tú harás una ofensa, una destrucción al corazón de esa persona, tú harás una habladuría más, que hiere, y te transformarás en un ciego hipócrita, como dice Jesús: ‘Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo….’. ¡Hipócrita! Reconoce que tú eres más pecador que el otro, pero que tú, como hermano, debes ayudar a corregir al otro”.
“Un signo que tal vez pueda ayudarnos” – observó el Papa – es el hecho de sentir “cierto placer” cuando “uno ve algo que no va” y que considera que debe corregir: es necesario estar “atentos porque eso no es del Señor”:
“En el Señor siempre está la cruz, la dificultad de hacer una cosa buena; del Señor es siempre el amor que nos da, la mansedumbre. No ser juez. Nosotros, los cristianos, tenemos la tentación de hacer como los doctores de la ley: ponernos fuera del juego del pecado y de la gracia como si fuéramos ángeles… ¡No!"
"Es lo que dice Pablo: ‘No suceda que después de haber predicado a los demás, yo mismo sea descalificado’. Y un cristiano que, en la comunidad, no hace las cosas, incluso la corrección fraterna, con caridad, en la verdad y con humildad, ¡es un descalificado! No ha logrado convertirse en un cristiano maduro".
"Que el Señor nos ayude en este servicio fraterno, tan bello y tanto doloroso, de ayudar a los hermanos y a las hermanas a ser mejores y que nos ayude a hacerlo siempre con caridad, en la verdad y con humildad”.

Thursday, September 11, 2014

Homilia de Domingo, Sept. 14, 2014: La Exaltacion dela Santa Cruz

"Es necesario que el hijo del hombre sea levantado para que todo el que crea en él tenga la vida eterna" nos dice San Juan en el Evangelio de hoy. La exaltación de la cruz, fiesta que estamos celebrando, ha de ser para nosotros ocasión para recordar y proclamar muy alto que Cristo ha muerto en la cruz para redimirnos, y que todos los que son de Cristo no pueden pretender otra gloria que ésta. Tengamos, pues, los mismos sentimientos que tuvo Cristo y no queramos conformarnos a este mundo.
Hermanas y hermanos:
1. Jesús nos invita a seguirlo, abrazando la cruz de cada día. "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". En la Cruz de Jesucristo Dios nos manifiesta su amor. Saber sufrir con amor es la sabiduría de Dios. La exaltación de la santa Cruz nos permite conocer un aspecto de su corazón, que sólo Dios podía revelarnos: La herida provocada por el pecado y por la ingratitud del hombre se convierte en fuente, no solo de una sobreabundancia de amor, sino también de una nueva fuerza de vida.
2. Pero no existe solamente la cruz de Cristo, existe también nuestra cruz. ¿Cuál es esta cruz? La muerte, la enfermedad, las numerosas heridas que el hombre recibe en la carne y en el corazón, se convierten para las criaturas en una ocasión para dejarse invadir más intensamente por la vida misma de Dios. La pasión de Cristo está todo el año y todos los días en nuestras calles, en cada hombre o mujer que sufre. En cada uno de estos hermanos nuestros, Cristo "sufre y muere", pues se identifica con ellos. Toda deformación y cicatriz en el rostro del hombre es bofetada en el de Cristo. "Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo", decía Pascal.
3. La cruz marca surcos profundos en las espaldas y en el corazón. Lo que cuenta no es que la cruz esté hecha a tu medida. Lo esencial es que tú seas a la medida de Cristo. La cruz desgarra, arranca la piel, aplasta, doblega. Esa cruz que te cae encima en el momento menos oportuno: una enfermedad, aquel golpe cobarde que te ha venido de un amigo, aquella frase que tenía el chasquido de un latigazo, aquella calumnia que te ha dejado sin respiración, es "tu" cruz. Esa cruz que te parece excesiva, y desproporcionada a tus débiles fuerzas es la "tuya".
Lo importante de la cruz es lo que señala y significa, lo que nos dice y nos recuerda; porque la cruz es una señal, la señal de los cristianos. Necesitamos recuperar el valor de la cruz. El cristiano hoy padece innumerables cruces que lo agobian y ponen en el límite su fe y esperanza.
Tengamos siempre en nuestras casas la Santa Cruz. Un crucifijo que nos recuerde lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos. Y ojalá besemos de vez en cuando sus manos y sus pies. Así lo hacían siempre los santos. Si somos discípulos de Cristo estaremos siempre con él en la cruz.
Padre Roberto MenaST

Amar a los enemigos asusta, pero nos lo pide Jesús dijo Papa Francisco.

Amar a los enemigos asusta, pero nos lo pide Jesús, dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina

Sólo con un corazón misericordioso podremos, verdaderamente, seguir a Jesús. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice reafirmó que la vida cristiana “no es vida autorreferencial”, sino que es un don, hasta el final, sin egoísmo. Porque sólo así será posible amar a los propios enemigos como nos lo pide el Señor.
Amen a sus enemigos. El Papa desarrolló su homilía deteniéndose en un pasaje del Evangelio de Lucas en el que el Señor indica el camino del amor sin límites. Jesús, dijo Francisco, nos pide que recemos por quien nos trata mal; y destacó los verbos utilizados por Jesús: “Amen, hagan el bien, bendigan, recen” y “no rechacen”. “Es darse a sí mismo – afirmó el Pontífice – dar el corazón, precisamente a los que no nos quieren, a los que nos hacen mal, a los enemigos. Y ésta es la novedad del Evangelio”. En efecto – prosiguió explicando el Santo Padre – Jesús nos muestra que no tenemos mérito si amamos a los que nos aman, porque eso lo hacen también los pecadores. Los cristianos, en cambio, están llamados a amar a sus enemigos: “Hagan el bien y presten sin esperar nada. Sin interés y su recompensa será grande”. Ciertamente – reconoció el Papa – “el Evangelio es una novedad. Una novedad difícil que hay que llevar adelante, yendo detrás de Jesús”:
“‘Padre, yo… ¡yo no tengo la voluntad de hacer así!’ – ‘Bueno, si no te sientes capaz de esto es un problema tuyo, ¡pero el camino cristiano es éste!’. Éste es el camino que Jesús nos enseña. ‘¿Y qué cosa debo esperar?’. Vayan por el camino de Jesús, que es la misericordia; sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. Sólo con un corazón misericordioso podremos hacer todo lo que el Señor nos aconseja. Hasta el final. La vida cristiana no es una vida autorreferencial; es una vida que sale de sí misma para darse a los demás. Es un don, es amor, y el amor no vuelve sobre sí mismo, no es egoísta: se da”.
Jesús – prosiguió diciendo el Papa – nos pide que seamos misericordiosos y que no juzguemos. Tantas veces, dijo, “parece que nosotros hemos sido nombrados jueces de los demás: con chismes, hablando mal… juzgamos a todos”. Y, en cambio, el Señor nos dice: “No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán condenados”. Y al final nos pide que perdonemos y así seremos perdonados. “Todos los días – recordó Francisco – lo decimos en el Padrenuestro: ‘Perdónanos como nosotros perdonamos’. Si yo no perdono, ‘¿cómo puedo pedir al Padre que me perdone?’”.
“Ésta es la vida cristiana. ‘Pero, Padre, ¡esta es una necedad!’ – ‘Sí’. Hemos escuchado, estos días a San Pablo que decía lo mismo: ‘La necedad de la Cruz de Cristo’, que no tiene nada que ver con la sabiduría del mundo. ‘Pero, Padre, ¿ser cristiano es volverse necio en cierto sentido?’ – ‘Sí’. En cierto sentido, sí. Es renunciar a esa astucia del mundo para hacer todo lo que Jesús nos dice que hagamos; y que si hacemos las cuentas, si hacemos un balance, parece en perjuicio nuestro”.
“Pero éste – advirtió Francisco – es el camino de Jesús: la magnanimidad, la generosidad; el darse a sí mismo sin medida”. Por esto – añadió – “Jesús vino al mundo, y así lo hizo Él: dio, perdonó, no habló mal de nadie, no juzgó”. “Ser cristiano no es fácil – reconoció el Papa – y no “podemos llegar a ser cristianos” sólo “con la gracia de Dios” o sólo “con nuestras fuerzas”:
“Y aquí viene la oración que debemos hacer todos los días: ‘Señor, dame la gracia de llegar a ser un buen cristiano, una buena cristiana, porque yo no logro hacerlo. Una primera lectura de esto, asusta: asusta. Pero no si nosotros tomamos el Evangelio y hacemos una segunda, una tercera, una cuarta lectura del capítulo VI de San Lucas: hagámosla; y si pedimos al Señor la gracia de entender lo que significa ser cristiano, y también la gracia para que Él nos haga cristianos a nosotros. Porque nosotros no podemos hacerlo solos”.

Wednesday, September 10, 2014

Una madre que transmite con el ejemplo, que nos educa a través de las obras de misericordia, es la Iglesia, dijo el Papa

Una madre que transmite con el ejemplo, que nos educa a través de las obras de misericordia, es la Iglesia, dijo el Papa en la Catequesis

2014-09-10  Como buena madre y educadora, la Iglesia mira lo esencial; y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia, dijo Francisco en la Catequesis del miércoles 10 de setiembre, en la plaza del santuario de san Pedro en Roma.

En la Audiencia, centrada en el aspecto particular de la maternidad de la Iglesia, aquel de su educación a través de las obras de misericordia, el Obispo de Roma dijo que la enseñanza de la Iglesia no es teórica, sino que la Iglesia transmite con el ejemplo.
La Iglesia nos ofrece el ejemplo de los santos, pero también el de tantos hombres y mujeres sencillos; nos enseña a dar de comer y beber al que tiene hambre y sed; vestir al que está desnudo. Nos enseña a estar cerca del enfermo; a visitar al carcelado, mirándolo en su humanidad, pues sólo la misericordia puede cambiar el corazón y hacer que una persona se regenere.
El Sucesor de Pedro dijo que no basta con amar sólo al que nos ama. Para cambiar el mundo es necesario hacer el bien a quien no puede darnos nada a cambio, como Dios Padre hizo con nosotros entregándonos a Jesús.
El Vicario de Cristo animó a los miles de peregrinos que llenaban la plaza del santuario, a agradecer al Señor que nos ha dado a la Iglesia como madre, y a recorrer con generosidad el camino de la misericordia.
Desde el Santuario de San Pedro, jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA
Texto completo del resumen de la catequesis del Papa en nuestro idioma:
 Queridos hermanos:
Un aspecto particular de la maternidad de la Iglesia es que ella nos educa a través de las obras de misericordia. Como buena madre y educadora, ella se fija en lo que es esencial; y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Pero la enseñanza de la Iglesia no es algo meramente teórico, no da lecciones, sino que se transmite con el ejemplo. Ella nos ofrece el ejemplo de los santos, pero también el de tantos hombres y mujeres sencillos. La Iglesia nos enseña a dar de comer y beber a los que tienen hambre y sed; vestir al que está desnudo. Nos enseña a estar cerca del enfermo, ya sea en un hospital, en una residencia o en la propia casa. Nos enseña a visitar al encarcelado, mirándolo en su humanidad, pues sólo la misericordia puede cambiar el corazón y hacer que una persona vuelva a insertarse en la sociedad. Por último, la Iglesia nos enseña también a estar cerca del abandonado o del que muere solo.
No basta con amar sólo al que nos ama. Para cambiar el mundo es necesario hacer el bien a quien no puede darnos nada a cambio, como Dios Padre hizo con nosotros entregándonos a Jesús.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Colombia, Argentina, Perú, Chile y otros países latinoamericanos. Los animo a agradecer al Señor que nos haya dado a la Iglesia como madre, y a recorrer con generosidad el camino de la misericordia. Muchas gracias y que Dios los bendiga.

Tuesday, September 09, 2014

Papa Francisco : Jesús no nos habla desde una cátedra, está con nosotros'

Sta. Marta: 'Jesús no nos habla desde una cátedra, está con nosotros'

En la homilía de este martes, el papa Francisco invita a tener una gran confianza en Jesús

Jesús no es como un profesor que habla desde la cátedra, por el contrario estará en medio de la gente y se deja tocar para que la gente se cure. Lo dijo el santo padre Francisco en la homilía de este martes celebrada Santa Marta.
El papa Francisco profundizó tres momentos de la vida del Señor. El primero es la oración. Jesús reza toda la noche a Dios, con frecuencia, porque “es el gran intercesor”. Y esto “desde el primer momento, Jesús reza: ha rezado cuando estaba en la tierra y sigue rezando ahora por cada uno de nosotros, por toda la Iglesia”.
 Después de la oración, Jesús elige a los doce Apóstoles y dice claramente: “No han sido ustedes los que me han elegido a mí. ¡Soy yo quien los ha elegido a ustedes!”.
“¡Yo soy elegido, yo soy una elección del Señor! En el día del bautismo Él me ha elegido’. Y Pablo, pensando en esto decía: 'Él me eligió a mí, desde el seno de mi madre'”. Por tanto, nosotros los cristianos, hemos sido elegidos:

“Él, en la lista --dijo el Papa-- no tiene a nadie importante, entrecomillas, según los criterios del mundo: es gente común. Hay gente común. Pero que tienen una cosa, sí, y hay que subrayarlo, que todos son pecadores. Jesús ha elegido a los pecadores. Elige a los pecadores”.
Y el Santo Padre recordó: “Ésta es la acusación que le hacen los doctores de la ley, los escribas: ‘Este va a comer con los pecadores, habla con las prostitutas’. ¡Jesús nos llama a todos! ¿Recordamos la parábola de las bodas del hijo: cuando los invitados no fueron? ¿Qué hizo el dueño de casa? Ha enviado a sus siervos: ‘¡Vayan y traigan a todos a casa! Buenos y malos’, dice el Evangelio. ¡Jesús ha elegido a todos!”.
También eligió a Judas Iscariote, precisó el Papa, “que se convirtió en el traidor… El pecador más grande. Pero fue elegido por Jesús”.
Después está el tercer momento: “Jesús cerca de la gente”. Muchísimas personas van “a escucharlo y a ser curados de sus enfermedades. Toda la muchedumbre trataba de tocarlo” porque “de Él salía una fuerza que curaba a todos”.
Porque “Jesús está en medio de su pueblo, no es un profesor, un maestro, un místico que se aleja de la gente y habla desde la cátedra, desde arriba. ¡No! Está en medio de la gente; se deja tocar; deja que la gente le pida”. Y esta cercanía no es una cosa nueva para Él: él lo subraya con su modo de actuar, pero es algo que viene de la primera elección de Dios por su pueblo.
Y el Papa al concluir indicó: “Así es nuestro Maestro, así es nuestro Señor. Es uno que reza, uno que elige a la gente y uno que no tiene vergüenza de estar cerca de la gente. Y esto nos da confianza en Él. Nos encomendamos a Él porque reza, porque nos ha elegido y porque está cerca de nosotros”.

Friday, September 05, 2014

Papa Francisco: dejar lo caduco e inspirarse en el Evangelio'

Sta. Marta: 'dejar lo caduco e inspirarse en el Evangelio'

El Evangelio es novedad. La plenitud de la ley son las Bienaventuranzas, la ley del amor, como demostró Jesús


 

La Iglesia nos pide que “dejemos de lado las estructuras caducas”, que no sirven, porque “es necesario tomar odres nuevos: los del Evangelio”.
Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa de este viernes celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta al comentar el Evangelio del día. O sea que el cristiano no debe ser “esclavo de tantas pequeñas leyes”, sino abrir el corazón al mandamiento nuevo del amor. 


El Papa explicó que los escribas querían poner en dificultad a Jesús y por ello le preguntan por qué sus discípulos no ayunan, tendiéndole una trampa y Jesúsy responde hablando de la fiesta y la novedad. 
“A vino nuevo, odres nuevos. La novedad del Evangelio. ¿Qué nos trae el Evangelio?, alegría y novedad. Estos doctores de la ley estaban cerrados en sus mandamientos, en sus prescripciones.
San Pablo, hablando de ellos, dice que antes de llegar Jesús, todos estábamos confinados como prisioneros bajo la ley. Una ley que no era mala: pero los mantuvo prisioneros. Y la fe se ha revelado, en Jesús". 


El pueblo “tenía la ley que le había dado Moisés”; y después tantas de estas “costumbres y pequeñas leyes” que habían codificado los doctores, indicó el Santo Padre.
Alguien podría objetar, indicó el Papa: ¿Pero los cristianos no tienen ley?’; ¡Sí!, enfatizó, y añadió que Jesús ha dicho: ‘Yo no vengo a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud. Y explicó que la plenitud de la ley, por ejemplo, son las Bienaventuranzas, la ley del amor, el amor total, tal como Jesús nos demostró con su amor.
Y cuando Jesús reprende a estas personas, estos doctores de la ley, les llama al órden por no haber mantenido las personas con la Ley, sino de hacerlo esclavo de pequeñas leyes, de muchas pequeñas cosas que deben hacer". 


Cosas que hay que hacer con la libertad que Jesús nos trae en la nueva ley, la ley que Él ha sancionado con su sangre. Y ésta “es la novedad del Evangelio, que es fiesta, es alegría y es libertad”.
"Pablo distingue entre: hijos de la ley e  hijos de la fe. A vino nuevo, odres nuevos. Y por esta razón la Iglesia nos pide, a todos nosotros, algunos cambios nos pide dejar a un lado las estructuras perecederas: ¡No sirven! Y tomar otras nuevas, las del Evangelio. No podemos por ejemplo entender la mentalidad de estos doctores de la ley, estos teólogos fariseos: no se puede entender la mentalidad de ellos con el espíritu del Evangelio.El estilo del Evangelio es un estilo diverso, que lleva la ley a la plenitud. ¡Sí! Pero de un modo nuevo: es el vino nuevo, en odres nuevos”.

Y el Papa concluyó con una petición: Que el Señor nos de la gracia de “no permanecer prisioneros”, sino que “nos de la gracia de la alegría y de la libertad que nos trae la novedad del Evangelio”.

Wednesday, September 03, 2014

Una mamá primorosa que tiene en el corazón el bien de los propios hijos, capaz de dar la vida por ellos, es la Iglesia : Papa Francisco

Una mamá primorosa que tiene en el corazón el bien de los propios hijos, capaz de dar la vida por ellos, es la Iglesia, el Papa en la catequesis



 Con el pedido de que los fieles invoquen la intercesión de María, para “aprender de ella esa ternura que nos permite ser testigos de la maternidad de la Iglesia” el Obispo de Roma concluyó su catequesis en la que afirmó que “Nadie se hace cristiano a sí mismo: nacemos y crecemos en la fe dentro del pueblo de Dios. Por eso decimos que la Iglesia es Madre, porque nos da vida en Cristo y nos hace vivir junto a otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo”.

Francisco se refirió a la Iglesia tomando la imagen de María: “El nacimiento de Jesús en el seno de María como primogénito de muchos hermanos es como el preludio de la vida nueva que reciben los cristianos en el bautismo. La Iglesia también es madre porque nos cuida como hijos y nos indica el camino de la salvación. Nos alimenta y nos sostiene con los sacramentos; nos ilumina con la luz del Evangelio, orientándonos al bien y animándonos en los momentos de oscuridad y nos defiende de las asechanzas del maligno, exhortándonos a la vigilancia para no sucumbir a sus seducciones”.

Así la Iglesia, expresó el Papa, es una madre tierna que, como la Virgen María, tiene en el corazón el bien de sus hijos. Exhortando: “Queridos hermanos, no olvidemos que la Iglesia somos todos los bautizados, y que su maternidad se expresa también en nuestra capacidad de acoger, de perdonar, de infundir ánimo y esperanza”.




Texto completo del resumen de la catequesis del Papa en nuestro idioma:
 Queridos hermanos y hermanas:

Nadie se hace cristiano a sí mismo: nacemos y crecemos en la fe dentro del pueblo de Dios. Por eso decimos que la Iglesia es Madre, porque nos da vida en Cristo y nos hace vivir junto a otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo.

El modelo de la maternidad de la Iglesia es la Virgen Madre. El nacimiento de Jesús en el seno de María como primogénito de muchos hermanos es como el preludio de la vida nueva que reciben los cristianos en el bautismo.

La Iglesia también es madre porque nos cuida como hijos y nos indica el camino de la salvación. Nos alimenta y nos sostiene con los sacramentos; nos ilumina con la luz del Evangelio, orientándonos al bien y animándonos en los momentos de oscuridad y nos defiende de las asechanzas del maligno, exhortándonos a la vigilancia para no sucumbir a sus seducciones.

Queridos hermanos, no olvidemos que la Iglesia somos todos los bautizados, y que su maternidad se expresa también en nuestra capacidad de acoger, de perdonar, de infundir ánimo y esperanza.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Cuba, Costa Rica, Guatemala, Colombia, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a invocar la intercesión maternal de María y aprender de ella esa ternura que nos permite ser testigos de la maternidad de la Iglesia. Muchas gracias.


Texto de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General: RealAudioMP3 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! en las precedentes catequesis hemos tenido ocasión de remarcar varias veces que no nos hacemos cristianos por sí mismos, es decir con las propias fuerzas, en modo autónomo, ni siquiera nos hacemos cristianos en laboratorio, pero que se es generados y hechos crecer en la fe al interior de aquel gran cuerpo que es la Iglesia. En este sentido, la Iglesia es de verdad madre, ¡nuestra Madre Iglesia! ¿Es bello decirlo así, eh? Nuestra Madre Iglesia. Una madre que nos da vida en Cristo y que nos hace vivir con los otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo.

1. En esta maternidad suya, la Iglesia tiene como modelo a la Virgen María, el modelo más bello y más alto que pueda existir. Es lo que ya las primeras comunidades cristianas han sacado a la luz y el Concilio Vaticano II ha expresado en modo admirable. (cfr. Cost. Lumen Gentium, 36-64). La maternidad de María es ciertamente única, singular, y se ha cumplido en la plenitud de los tiempos, cuando la Virgen dio a la luz el Hijo de Dios, concebido por obra del Espíritu Santo. Y, sin embargo, la maternidad de la Iglesia se coloca precisamente en continuidad con aquella de María, como su prolongación en la historia. La Iglesia, en la fecundidad del Espíritu, continúa a generar nuevos hijos en Cristo, siempre en la escucha de la Palabra de Dios y en la docilidad a su designio de amor. La Iglesia es madre. El nacimiento de Jesús en el seno de María, en efecto, es preludio del nacimiento de todo cristiano en el seno de la Iglesia, desde el momento que Cristo es el primogénito de una multitud de hermanos (cfr. Rm, 8,29). Es nuestro primer hermano Jesús, nacido de María, es el modelo y todos nosotros hemos nacido de la Iglesia. Comprendemos entonces cómo la relación que une María a la Iglesia es muy profunda: mirando a María, descubrimos el rostro más bello y más tierno de la Iglesia y mirando a la Iglesia reconocemos los lineamientos sublimes de María. Nosotros cristianos no somos huérfanos, tenemos una mamá, tenemos madre, ¡y esto es grande! ¡No somos huérfanos! La Iglesia es madre, María es madre.

2. La Iglesia es nuestra Madre porque nos ha dado a la luz en el Bautismo. Cada vez que bautizamos un niño se transforma en hijo de la Iglesia, viene adentro de la Iglesia. Y desde aquel día, como mamá primorosa, nos hace crecer en la fe y nos indica, con la fuerza de la Palabra de Dios, el camino de la salvación, defendiéndonos del mal.

La Iglesia ha recibido de Jesús el tesoro precioso del Evangelio, no para retenerlo para sí misma, sino para donarlo generosamente a los otros: como hace una mamá. En este servicio de evangelización se manifiesta en modo peculiar la maternidad de la Iglesia, empeñada, como una madre, en ofrecer a sus hijos la nutrición espiritual que alimenta y hace fructificar la vida cristiana. Todos, por lo tanto, estamos llamados a acoger con mente y corazón abiertos, la Palabra de Dios que la Iglesia cada día dispensa, porque esta Palabra tiene la capacidad de cambiarnos desde adentro, ¡sólo la palabra de Dios tiene esta capacidad, de cambiarnos bien desde adentro, desde nuestras raíces más profundas! Tiene este poder la Palabra de Dios, ¿y quién nos da la Palabra de Dios? La madre Iglesia. Nos amamanta desde niños con esta Palabra, nos cría durante toda la vida con esta Palabra. ¡Y esto es grande! ¡Es precisamente la madre Iglesia, que con esta Palabra de Dios, nos cambia desde adentro! La Palabra de Dios que nos da la Madre Iglesia nos transforma, hace nuestra humanidad no palpitante según la mundanidad de carne, sino según el Espíritu.

En su cuidado maternal, la Iglesia se esfuerza por mostrar a los creyentes el camino a seguir para vivir una existencia fecunda de alegría y paz. Iluminados por la luz del Evangelio y sostenidos por la gracia de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, nosotros podemos orientar nuestras elecciones al bien y atravesar con valentía y esperanza los momentos de oscuridad y los senderos más tortuosos, que los hay, ¡en la vida también los hay! El camino de salvación, a través del cual la Iglesia nos guía y nos acompaña con la fuerza del Evangelio y el apoyo de los Sacramentos, nos da la capacidad para defendernos del mal. La Iglesia tiene el coraje de una madre que sabe que debe proteger a sus hijos de los peligros que resultan de la presencia de satanás en el mundo, para llevarlos al encuentro con Jesús. Una madre siempre defiende a los hijos. Esta defensa consiste también en el exhortar a la vigilancia: vigilar contra el engaño y la seducción del maligno. Porque si también Dios ha vencido a Satanás, este siempre vuelve con sus tentaciones, nosotros lo sabemos, todos nosotros somos tentados, hemos sido tentados y somos tentados. A nosotros nos corresponde no ser ingenuos, él viene como “león rugiente” dice el apóstol Pedro (1 Pedro 5.8). Nos corresponde a nosotros no ser ingenuos sino vigilar y resistir firmes en la fe. Resistir con los consejos de la madre, resistir con la ayuda de la madre Iglesia, que como buena madre, siempre acompaña a sus hijos en los momentos difíciles.

3. Queridos amigos, esta es la Iglesia. Esta es la Iglesia que amamos todos, esta es la Iglesia que yo amo. Una madre que tiene en el corazón el bien de los propios hijos, y que es capaz de dar la vida por sus hijos. No debemos olvidar, sin embargo, que la Iglesia no son los sacerdotes, o nosotros los obispos. No, ¡somos todos! La Iglesia somos todos, ¿de acuerdo? Y también nosotros somos hijos y al mismo tiempo, madres de otros cristianos. Todos los bautizados, hombres y mujeres, juntos, somos la Iglesia. ¡Cuántas veces en nuestra vida no damos el testimonio de esta maternidad de la Iglesia, de esta valentía maternal de la Iglesia! Cuántas veces somos cobardes, ¿eh? ¿No eh? Entonces encomendémonos a María, para que ella como madre de nuestro primer hermano, del primogénito Jesús, nos enseñe a tener su mismo espíritu maternal con nuestros hermanos, con la capacidad sincera de recibir, de perdonar, de dar fuerza, y de infundir fe y esperanza. Y esto es lo que hace una mamá. ¡Gracias!

Thursday, August 28, 2014

La Cruz condicion del seguimiento de Cristo.



Homilia Escrita del 31 de Agosto de 2014 (22A)
De P. Roberto Mena, ST
Cargar con la propia cruz es condición para seguir a Cristo y para alcanzar la salvación. Es el tema que Jesús les comenta hoy a sus discípulos. ¿Cuál es nuestra experiencia del dolor? ¿Qué pensamientos nos vienen a la mente cuando decimos"cruz"?
Hermanas y hermanos:
1. El cristianismo es amor, pero la caridad y la cruz son inseparables. El lenguaje del amor es la cruz, es siempre una bendición. La cruz transforma, enriquece, hace más humana y profunda nuestra vida porque nos hace amar y entender a los demás. Si no hemos sufrido, no podemos comprender a los demás. La cruz duele, humilla, siempre parece injusta. La cruz de otro parece más llevadera. Pero la mía parece imposible de llevar.
2. Podemos pensar que se puede vivir sin cruz y entonces nos insensibilizamos, y nos entregamos a las delicias de este mundo. Podemos también aceptarla como un mal menor que no se puede evitar y entonces adoptamos una actitud pesimista, monótona, sin color; y este estado de ánimo nos consume. Pero también podemos acoger con amor la invitación de Cristo a tomar su cruz y seguirlo diariamente. Es síntoma de autenticidad cristiana.
3. A Pedro le escandaliza el hecho de que el Mesías pueda sufrir injusticias e intenta impedirlo. La respuesta de Cristo es muy dura: "aléjate de mí, Satanás porque eres para mí ocasión de escándalo". ¡Son las mismas palabras que dirigió Jesús al tentador en el desierto! Y añade: "Porque no piensas según Dios sino según los hombres". Esta es la tentación de todos los tiempos.
La cruz, el sufrimiento, parecen ideas de tiempos oscuros del pasado; sin embargo Cristo nos las presenta como la condición indispensable para ser su discípulo. El verdadero seguidor de Cristo asume estas actitudes: negarse a sí mismo, cargar con su cruz y seguir a Jesús. Esto significa soportar dificultades, enfrentarse a las situaciones de infamia, de prueba o de dolor que se encuentran en la vida cotidiana, estar dispuestos a dar la vida por Cristo, si fuera necesario.
Cuando Jesús sentencia: "¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma", está invitando, no a despreciar los bienes de este mundo, sino a administrarlos responsablemente siguiendo el ejemplo de Cristo.
Dialoga con Cristo: "Señor, no puedo huir de la cruz, la encuentro a lo largo de mi vida: en el dolor del cuerpo, en el dolor del alma, en la tribulación, en el fracaso, en el miedo, en la angustia, en la desesperanza, en la duda, en las contrariedades, en las dificultades, en el trabajo. La vida no es siempre un camino de rosas. Tú me has dado ejemplo de cargar primero con la cruz. Dame la gracia y la fuerza para seguirte no sólo hasta el Tabor, sino también hasta el Calvario".



Wednesday, August 27, 2014

Papa Francisco: Envidia y habladurías no son cristianas y atentan contra la unidad de la Iglesia

Envidia y habladurías no son cristianas y atentan contra la unidad de la Iglesia: Papa Francisco

Papa Francisco. Foto: Republic of Korea (CC BY-SA 2.0)
Papa Francisco. Foto: Republic of Korea (CC BY-SA 2.0)
VATICANO, 27 Ago. 14 /  En su catequesis de hoy, el Papa Francisco alentó a los cristianos a no caer en la envidia y la habladurías dentro de la Iglesia, pues esto atenta contra la unidad por la que ha rezado Cristo y es “obra del diablo”.
El Santo Padre recordó que al hacer “nuestra profesión de fe recitando el ‘Credo’, afirmamos que la Iglesia es ‘una’ y ‘santa’. Es una, porque tiene su origen en Dios Trinidad, misterio de unidad y de comunión plena. Y la Iglesia es santa, porque está fundada en Jesucristo, animada por su Santo Espíritu, colmada por su amor y por su salvación”.
“Al mismo tiempo, sin embargo, es santa pero compuesta por pecadores, todos nosotros. Pecadores que experimentamos cada día las propias fragilidades y las propias miserias. Así, esta fe que profesamos nos mueve a la conversión, a tener el valor de vivir cotidianamente la unidad y santidad; y si nosotros no estamos unidos, si no somos santos, es porque no somos fieles a Jesús”.
El Santo Padre aseguró que “Él, Jesús, no nos deja solos, no abandona a su Iglesia. Él camina con nosotros, Él nos comprende. Comprende nuestras debilidades, nuestros pecados, ¡nos perdona! Siempre que nosotros nos dejemos perdonar, ¿no? Pero Él está siempre con nosotros ayudándonos a ser menos pecadores, más santos, más unidos”.
“El primer consuelo nos llega del hecho que Jesús rezó tanto por la unidad de sus discípulos. Es la oración de la última cena, Jesús pidió tanto: ‘Padre que sean uno’. Rezó por la unidad. Y justo en la inminencia de la Pasión, cuando estaba a punto de ofrecer toda su vida por nosotros. Es aquello que estamos invitados a leer y meditar continuamente, en una las páginas más intensas y conmovedoras del Evangelio de Juan, el capítulo diecisiete”.
“¡Qué bello es saber que el Señor, apenas antes de morir, no se preocupó por sí mismo, sino que pensó en nosotros! Y en su diálogo intenso con el Padre, oró justamente para que podamos ser una cosa sola con Él y entre nosotros”.
Francisco señaló que “la Iglesia ha buscado desde el principio realizar este propósito, que es tan querido por Jesús”.
“La experiencia, sin embargo, nos dice que son tantos los pecados contra la unidad. Y no pensamos solamente en los cismas, pensamos en faltas muy comunes en nuestras comunidades, en pecados ‘parroquiales’, en los pecados en las parroquias”.
“A veces, de hecho, nuestras parroquias, llamadas a ser lugares de comunión y donde compartir, son tristemente marcadas por la envidia, los celos, las antipatías”.
“Y las habladurías están a la mano de todos ¿eh?”, continuó el Papa. “¡Cuánto se habla en las parroquias! ¿Es bueno esto o no es bueno? ¿Es bueno?…Y si, uno es elegido ‘presidente’ de tal asociación: se habla contra de él… Y si tal otra es elegida ‘presidenta’ de la catequesis: las demás hablan contra de ella…Pero esto, ¡no es la Iglesia! Esto no se debe hacer, ¡no debemos hacerlo! No les digo que se corten la lengua, no, no, no, tanto no, pero pedir al Señor la gracia de no hacerlo”.
Francisco indicó que “esto es humano, ¡pero no es cristiano! Esto sucede cuando apuntamos a los primeros puestos; cuando nos ponemos en el centro, con nuestras ambiciones personales y nuestras formas de ver las cosas, y juzgamos a los demás; cuando nos fijamos en los defectos de los hermanos, en lugar de ver sus cualidades; cuando damos más importancia a lo que nos divide en lugar de aquello que nos une”.
El Papa recordó que “una vez, en la diócesis que tenía antes, oí un comentario interesante y bello: se hablaba de una anciana que había trabajado toda su vida en la parroquia. Y una persona que la conocía bien dijo: ‘esta mujer jamás ha hablado mal, nunca participó de habladurías, siempre tenía una sonrisa’. ¡Una persona así podría ser canonizada mañana!”.
“En vista de todo esto, tenemos que hacer seriamente un examen de conciencia. En una comunidad cristiana, la división es uno de los pecados más graves, porque la hace signo no de la obra de Dios, sino de la obra del diablo, el cual es, por definición, aquel que separa, que arruina las relaciones, que insinúa prejuicios”.
El Santo Padre señaló que “Dios, en cambio, quiere que crezcamos en la capacidad de acogernos, de perdonarnos y de bien querernos, para parecernos cada vez más a Él, que es comunión y amor. En esto está la santidad de la Iglesia: en el reconocerse imagen de Dios, colmada de Su misericordia y de Su gracia”.
“Queridos amigos, hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: ‘Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios’. Pedimos sinceramente perdón por todas las veces que hemos sido motivo de división o de incomprensión al interno de nuestras comunidades, sabiendo bien que no se llega a la comunión, sino es a través de la continua conversión. ¿Y qué es la conversión?: ‘Señor, dame la gracia de no hablar mal, de no criticar, de no chismorrear, de querer bien a todos’. ¡Es una gracia que el Señor nos da! Esto es convertir el corazón, ¿no? “.
“Y pedimos que el tejido cotidiano de nuestras relaciones pueda convertirse en un reflejo siempre más bello y gozoso de la relación entre Jesús y el Padre. Gracias”, concluyó.

Monday, August 25, 2014

sobre la homilia

Con mucha frecuencia oímos decir que el cura, durante la homilía dominical,
“habló muy bonito, pero no se le entendió nada”. Si bien es cierto que uno de los
grandes retos que tiene el sacerdote en su predicación es acercarse de manera sencilla
y eficaz a sus fieles, y más aún, hacerle cercano a Dios en sus vidas; esta gran tarea
queda corta cuando no se pone en diálogo la palabra de Dios con la vida de los fieles.
Llevar a cabo esta misión es posible solo en el contacto frecuente que el sacerdote
tenga con Dios a través de la oración y la meditación de su
palabra, así como en la proximidad
que tenga con las personas a las que
se dirige. La oración consecratoria de
los sacerdotes, que citábamos en el
boletín anterior, insiste en que, por
su predicación, los presbíteros deben
hacer que “la palabra del Evangelio
dé fruto en el corazón de los
hombres”. En efecto, esta tarea
depende sobre todo de la fuerza
de la misma Palabra, pero es al
sacerdote a quien compete
acercarla a la vida de las personas,
teniendo presente que “el Señor se
complace de verdad en dialogar con
su pueblo y al predicador le toca
hacerle sentir este gusto del
Señor a su gente.” (EG, 141)
 Poner a Dios, que se ha hecho palabra, en contacto con su pueblo es la
misión principal del sacerdote en la homilía. Es justo pues que él mismo se convenza
de ello y para que pueda hablar desde el corazón con palabras sencillas, calurosas y
afectuosas; palabras que entran en sintonía con la sencilla y transparente
personalidad de los feligreses, palabras que, por la fuerza del Espíritu Santo, salen del
corazón de Dios y llegan como un dardo encendido (Cf. Lc 12,49) al corazón de los
hombres y mujeres que celebran su fe en la Misa dominical. “Durante el tiempo que
dura la homilía, los corazones de los creyentes hacen silencio y lo dejan hablar a Él. El
Señor y su pueblo se hablan de mil maneras directamente, sin intermediarios. Pero en
la homilía quieren que alguien haga de instrumento y exprese los sentimientos,
de manera tal que después cada uno elija por dónde sigue su conversación”. (EG,
143)

Friday, August 15, 2014

La Iglesia En Salida Llamada A Tener Un Corazon MIsionero





FR. Roberto Mena ST - Homilia Oral y Escrita Del 17 de Agosto de 2014
 
La liturgia de hoy cuestiona las posiciones cómodas de los cristianos a los que les basta ser buenos pero que no se esfuerzan por ser mejores, ni mueven un dedo para mejorar el mundo.
En la esencia de nuestra vocación está el ser misioneros, como los primeros frailes que evangelizaron el nuevo mundo hace cinco siglos, o como los jóvenes y las familias misioneras de hoy que van de puerta en puerta acercándose a los que tienen su fe empolvada. Cristo murió para rescatarlos a todos. Al final de la parábola de la oveja perdida Jesús nos recuerda que la salvación es para todos: “Es voluntad del Padre que no se pierda ni uno sólo de estos pequeños”.
Hermanas y hermanos:
1.  ¿A quienes hay que misionar? A los más lejanos. “Los lejanos” son los no creyentes, los cristianos inconstantes, los indiferentes. Todos ellos viven en una condición de disgusto existencial y, en el fondo, están esperando que alguien les hable del Señor y los acerque a Él. Los hombres, consciente o inconscientemente buscan a Dios y a tropezones intentan encontrarlo.
La actitud del cristiano tiene que ser abiertamente la de buscar a Dios en estos hermanos alejados y acompañarlos en el camino de la salvación. Descubrir el rostro de Cristo en todo ser humano, sea cual sea su situación, su pasado, su estado de vida.
2.  Nuestro acercamiento misionero a los hermanos lejanos, debe estar marcado por el diálogo abierto y respetuoso, llevado con inteligencia, paciencia y gradualidad, nunca con rigorismo. La fe se propone, no se impone. Apertura a todos los hombres, sin ninguna discriminación racial, cultural o religiosa. Sin embargo, esto no significa convertir el celo misionero en un “sincretismo indiferenciado” que nos llevaría a aceptar cualquier cosa ajena a la fe y a renegar o a disminuir los valores de la salvación que nos trajo Jesucristo.
3.  No todos tenemos la oportunidad de acceder a otras culturas o países o religiones lejos de nuestro ámbito cultural, pero sí podemos hacer realidad nuestra vocación misionera en los ambientes más cercanos como la familia, el trabajo, las relaciones sociales, donde debemos promover lo que une y luchar contra las divisiones y alejamientos.
Esta actitud de comunión se hace visible cuando somos capaces de ver lo positivo que hay en el otro, para acogerlo y valorarlo como un regalo de Dios: un don para mí. Es saber dar espacio al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.
Hermanas y hermanos: Que la Palabra de Dios nos comprometa a ser mejores cristianos en la vida diaria estando abiertos con simpatía y confianza a todos nuestros hermanos, creyentes y no creyentes, dejando de lado cualquier actitud agresiva. El mundo necesita testimonios de vida cristiana coherente y atractiva. “Haz esto y vivirás” nos dice el Señor.
Padre Roberto Mena ST

Monday, July 14, 2014

san Antonio Maria Zaccaria

San Antonio María Zaccaría
«Ángel en carne. Gran reformador y artífice de los Clérigos regulares de San Pablo (barnabitas). Aspirando a lo máximo, se ocupó de recordar a sus hijos que debían alcanzar las grandes cotas de la santidad»
- Antonio María fue otro rayo de luz para la Iglesia, como san Cayetano y san Ignacio, en una época marcada por las ansias de reforma que en lo eclesial discurría entre una ferviente búsqueda de Dios y la tibieza de miembros de la Iglesia, incluidos pontífices y prelados, que habían sucumbido bajo el influjo mundano del Renacimiento. Antes de morir dejó este excelso legado a los suyos: «No quiero que seáis santos pequeños: os quiero grandes santos. No digáis nunca: ¡solamente hasta aquí!, en vuestras ascensiones espirituales, porque siempre queda cuesta por subir. Es preciso que corramos como locos no sólo hacia Dios, sino también hacia los prójimos, porque en ellos entregamos a Dios lo que no podemos darle directamente, no teniendo Él necesidad de nuestros bienes».
Nació a finales de 1502 en Cremona, Italia. Su padre era de ascendencia genovesa y origen patricio. Fue hijo único, aunque estuvo rodeado de sus parientes cercanos, tíos y primos, que compartían un palacio destinado también al próspero negocio de paños de lana de su propiedad. A buen seguro que la unidad existente entre todos, coronada por el patriarca de la familia, tendría su trascendencia en la formación del futuro santo que vio cómo iban dejando este mundo paulatinamente algunos de estos seres queridos, uno de ellos su propio padre. Cuando su madre Antonieta enviudó, él tenía año y medio de vida, una edad en la que el perfil de los rostros amados suele permanecer desdibujado. Pensando en su bien, ella no volvió a casarse. Transmitió a su hijo el valor de la abnegación, de la pobreza y de la renuncia en beneficio del prójimo. Tan bien asimiló esta lección el santo que siempre huyó de lo superfluo y ostentoso. En su adolescencia se desprendió sin dudarlo de su capa de terciopelo para que se cubriese con ella un pobre harapiento. Este gesto, tras el que se adivinan otros similares, se producía en unas circunstancias calamitosas para su ciudad: damnificados por el desbordamiento del río, fiebres y miseria por doquier. Para alguien de su sensibilidad era un escenario ante el que no podía quedar impasible.
A los 15 años comenzó estudios de filosofía en Pavía donde permaneció tres años. Entretanto, Lutero clavaba en las puertas del castillo de Wittenberg su repulsa contra las indulgencias, plasmadas en las famosas 95 tesis. En diciembre de 1520 quemó la bula de excomunión papal. Ese año Antonio María se había trasladado a Padua para cursar medicina. Como universitario y creyente, vivió de lleno las consecuencias derivadas de este funesto episodio que tuvo gran repercusión en el ambiente universitario en el que se movía. Renunció a la herencia que le correspondía, y solo aceptó lo preciso para vivir.
En 1524, nada más concluir los estudios de medicina, regresó a Cremona. Eligió la carrera para poder ayudar al prójimo y enseguida vio que sus anhelos iban más allá del cuidado del cuerpo. Comenzó a frecuentar a los dominicos, y consagró su virginidad a María. También se fraguó su vocación sacerdotal. Confió este sentimiento a su director espiritual y después de cursar los estudios eclesiásticos, en 1528 se ordenó sacerdote. En su primera misa, y en el instante de la consagración, se produjo un hecho sobrenatural: el altar quedó inundado de luz durante un tiempo mientras era escoltado por ángeles que se unían a su adoración a Cristo.
Las catequesis con niños de diversa condición fue una de sus primeras acciones apostólicas. Las impartía en la iglesia de San Vitale orientando sus vidas evangélicamente frente a las ideas profanas y laxas defendidas por la corriente renacentista predominante. A este grupo infantil se fueron uniendo sus madres y el resto de familiares. Querían escuchar a este apóstol que salía a la calle a buscar a la gente que andaba por el mal camino con el crucifijo en la mano, y que en medio del asfalto les exhortaba a la penitencia y al arrepentimiento de sus pecados. Puso en marcha a las angélicas con el apoyo de la condesa de Guastalla, Luisa Torelli, que adquirió una casa para llevar vida de perfección con otras jóvenes.
En 1530 se trasladó a Milán, donde se involucró en la Sociedad de la Sapiencia Eterna. Conoció entonces a Giacomo Antonio Morigia y a Bartolomé Ferrari, que deseaban iniciar una sociedad de sacerdotes. Al conocer al santo se materializó su proyecto dando lugar a los Clérigos regulares de San Pablo (barnabitas), nombre que aludía al lugar de reunión, la iglesia de San Bernabé. Esta fundación les acarreó no pocos disgustos y amenazas de personas exaltadas, como un predicador que arremetió contra ellos tildándolos de fanáticos y locos. Fueron denunciados ante el arzobispado, el Senado y la Inquisición. Lleno de confianza Antonio Maria acudió al tribunal, y en el transcurso del proceso los jueces comprendieron que todo era fruto de una calumnia. El acusador inicuo se retractó antes de morir, mientras el santo lo acogía en sus brazos.
A este enamorado de Cristo y de María se debe el toque de las tres de la tarde todos los viernes, y las cuarenta horas de adoración al Santísimo Sacramento solemne y perpetua, prácticas que inculcó a los fieles y que siguen vigentes. También constituyó una congregación para los casados con el fin de introducir el espíritu de la reforma en las familias. Con indecible fatiga, debido a la lucha que mantuvo día tras día, cayó extenuado en Guastalla. Ni siquiera podía trasladarse con sus hermanos de comunidad, y rogó que le enviasen con su madre a Cremona. Ésta, al verle en tal estado a sus 36 años, estalló en llanto. Y él le dijo: «¡Ah, madrecita, dejad de llorar! En breve, gozaréis conmigo de aquella gloria eterna en que, desde ya, espero entrar». Vaticinó que él moriría el día de la octava de san Pedro y san Pablo, y así sucedió el 5 de julio de 1539. León XIII confirmó su culto el 3 de enero de 1890, y lo canonizó el 27 de mayo de 1897. Fue considerado por sus paisanos «Padre de la Patria» y «Ángel en carne».

Friday, July 11, 2014

Vaticano promueve Pausa Por la Paz durante la Copa Mundial de Futbol 2014

El Pontificio Consejo para la Cultura ha lanzado una iniciativa que busca unir a todo el mundo por la paz, especialmente en los países en donde hay guerra o conflicto, pidiendo un momento de silencio durante la final del Mundial FIFA Brasil 2014 que disputarán el domingo 13 de julio las selecciones de Argentina y Alemania.
“Los deportes nacieron alrededor de festividades religiosas. Los eventos deportivos eran momentos de paz cuando las guerras cesaban, un momento para la tregua olímpica”, explicó a CNA –agencia hermana en inglés del grupoACI– Mons. Melchor Sánchez de Toca y Alameda, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura y encargado de la sección de cultura y deporte, al lanzar la campaña este 10 de julio.
“¿Por qué no para la Copa Mundial (de fútbol)? ¿Por qué no una pausa, un momento de silencio, una tregua por la paz?” cuestionó, recordando que en el mundo antiguo esas pausas se daban para que los atletas, los artistas y sus familias pudieran viajar con seguridad y tranquilidad para participar de las olimpiadas; y para que luego tuviesen un retorno seguro a sus lugares de origen.
Richard Rouse, miembro del Pontificio Consejo para la Cultura, dijo que la iniciativa que ha sido lanzada en el perfil de la red social Facebook del dicasterio vaticano, es “un llamado a la paz”.
“Es simplemente lo que dice ser. Es una frase sencilla y única: vivimos en una era de simplicidad, no necesitamos grandes discursos para establecer un punto. Solo queremos paz, tan simple como eso”, indicó.
Sobre las razones que impulsan esta iniciativa, Rouse dijo que “todo el mundo está atento a este importante partido y pensamos que sería una buena oportunidad para tomar un momento, 30 segundos o un minuto, para recordar a todos los que están sufriendo en las guerras a nuestro alrededor”.
“Esta pausa podría ser al comienzo del juego, a la mitad o en cualquier momento”, afirmó, y añadió que “dejaremos que eso lo decidan los organizadores para darse un momento para pedir por la paz en medio de tantos conflictos”.
El Pontificio Consejo para la Cultura promueve esta iniciativa, también en twitter, con el hashtag #PAUSEforPeace.