Thursday, January 04, 2007

Recuperar el Tiempo Perdido


de P. Roberto Mena, ST

I. Hoy, es un buen momento para hacer balance del año que ha pasado y propósitos para el que comienza. Buena oportunidad para pedir perdón por lo que no hicimos, por el amor que faltó; buena ocasión para dar gracias por todos los beneficios del Señor. La Iglesia nos recuerda que somos peregrinos y que durante esta vida nos dirigimos hacia la eternidad.

El tiempo es una parte importante de la herencia recibida de Dios; es la distancia que nos separa de ese momento en el que nos presentaremos ante nuestro Señor con las manos llenas o vacías. Sólo ahora podemos merecer para la eternidad. Pasado este tiempo, ya no habrá otro. Esta vida, en comparación con la que nos espera, es como una sombra, nos dice San Pablo (1 Corintios 7, 31).

Hoy podemos preguntarnos si nuestro tiempo ha sido aprovechado o, por el contrario, ha sido un año de ocasiones perdidas en el trabajo, en el apostolado, en la vida de familia; si hemos abandonado con frecuencia la Cruz, porque nos hemos quejado ante la contradicción o lo inesperado.


II. Al hacer examen es fácil que encontremos, en este año terminado, omisiones en la caridad, escasa laboriosidad en el trabajo profesional, mediocridad espiritual aceptada, poca limosna, egoísmo, vanidad, faltas de mortificación en las comidas, gracias del Espíritu Santo no correspondidas, intemperancias, malhumor, mal carácter, distracciones voluntarias en nuestras prácticas de piedad... Son innumerables los motivos para empezar el año pidiendo perdón al Señor, haciendo actos de contrición y desagravio.

Y también empezar el año agradeciendo al Señor la gran misericordia que ha tenido con nosotros y los innumerables beneficios que nos ha dado, muchos de ellos desconocidos por nosotros mismos. Y junto a la contrición y el agradecimiento, el propósito de amar más a Dios, y de luchar más por adquirir las virtudes y desarraigar nuestros defectos, como si fuera el último año que el Señor nos concede.


III. El año que comienza nos traerá, en proporciones desconocidas, alegrías y contrariedades. Un año bueno, para un cristiano, es aquel en que unas y otras nos han servido para amar un poco más a Dios. Un año bueno es aquel en el que hemos servido mejor a Dios y a los demás, aunque en el plano humano haya sido un desastre.

Pidamos a la Virgen la gracia de vivir este año que comienza luchando como si fuera el último que el Señor nos concede.

Padre Roberto Mena, S.T.

1 comment:

Francisco Rueda said...

Dear Fr. Roberto,

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Francisco Rueda
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