Sunday, August 12, 2012

sobre el proximo sinodo acerca de Nueva Evangelizacion

Relectura del concepto de “Nueva Evangelización” a partir del “Instrumentum Laboris” del próximo Sínodo
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Ya disponemos del Instrumento de trabajo del próximo Sínodo sobre la Nueva Evangelización y la transmisión de la fe. Se trata de un extenso documento de 169 números, dividido en un prefacio, una introducción, cuatro capítulos y una conclusión. En él se recogen muchas de las ideas de los “Lineamenta” (el primer documento que abrió el proceso de consulta a toda la Iglesia) y se incluyen las ideas y perspectivas resultantes de esa gran consulta. El primer capítulo está dedicado a “Jesucristo, Evangelio de Dios para el hombre”; el segundo “Tiempo de nueva evangelización”; el tercero “Transmitir la fe” y el cuarto “Reavivar la acción pastoral”. Quiero ofrecer mi relectura del Instrumentum Laboris en una serie de breves artículos que irán apareciendo seguidamente: 1) Concepto; 2) Espiritualidad; 3) Nuevos escenarios; 4) Agentes e Iniciativas prioritarias; 5) Mis reflexiones personales.
La Iglesia contemporánea ha mostrado un especial interés en hablar de su misión en términos de “nueva evangelización” y ésta entendida como “transmisión de la fe”. De hecho, el Sínodo del próximo octubre 2012 abordará monográficamente este tema y el Papa Benedicto XVI ha creado expresamente un Dicasterio romano para la Nueva Evangelización. El Instrumentum Laboris del próximo Sínodo recoge y sintentiza las respuestas al amplio cuestionario de los Lineamenta, que se han recibido de toda la Iglesia. Ahí encontramos cómo comprende la Iglesia que en el momento actual su misión consiste en una “nueva evangelización”.
En el contexto del mega-proyecto que el Espíritu Santo lleva adelante en la historia, contando con la humanidad y las energías del cosmos, le cabe a la Iglesia una misión específica: ofrecer a quienes no forman parte de la comunidad cristiana, la fe, el Evangelio, la revelación, la visión apocalíptica del Reino de Dios, las celebraciones sacramentales. El Sínodo lo denomina con dos expresiones: “nueva evangelización” y “transmisión de la fe”.
I. El Concepto: “Nueva Evangelización”
Veamos, en primer lugar, cómo describe el Instrumentum Laboris la “nueva evangelización”. Comprobaremos que, partiendo del concepto originario de evangelización, es, al fin y al cabo, un concepto en construcción.
1. Punto de partida: El concepto originario de “evangelización”
El “Instrumentum Laboris” parte de una convicción básica: la tarea principal de la Iglesia consiste en “continuar la obra evangelizadora de Jesucristo, haciéndola presente y actual, en las condiciones del mundo de hoy[1].”
El Evangelio que Jesús proclamó llevó a cumplimiento lo que las Escrituras (Ley, Profetas, Sabiduría) anunciaban[2], y aportó, sobre todo, “novedad”[3]. Evangelizó ofreciendo el Evangelio que transfigura al ser humano -su mundo e historia- (IL, 31). Dos gestos acompañaban su actividad evangelizadora: la curación y el perdón (IL, 29). Así Jesús atraía al ser humano hacia la intimidad de Dios y hacía posible que en la intimidad del ser humano naciera la fe en Dios (IL, 23).
Jesús quiso que sus discípulos y discípulas proclamasen también el Evangelio a todos, enseñándoles a observar todo lo que Él les ha mandado (cf. Mc 16,15; Mt 28,20); así se sintió Pablo: «apóstol … escogido para el Evangelio de Dios» (Rm 1,1). Desde entonces sabe la Iglesia que su tarea principal es la “traditio Evangelii” –entrega del Evangelio- (IL, 26).
Jesús le hizo ver a su comunidad la misión evangelizadora que compartían era obra del Espíritu en ellos: la presencia y experiencia del Espíritu inició, animó y culminó la misión de Jesús y también la de la comunidad cristiana en Pentecostés y después en su despliegue misioneros. El Señor resucitado quiso a sus Apóstoles y mujeres discípulas, testigos y profetas por medio del Espíritu (cf. Hch 1,8; 2,17). Del Espíritu recibieron aquella serena audacia y libertad o “parresia” (cf. Hch 2,29), que les llevó a comunicar a otros su experiencia de Jesús y su esperanza, desde Jerusalén a toda la región de Judea y de Samaría, e incluso hasta los extremos confines de la tierra (IL, 26):
“El Espíritu Santo que los impulsó a abrir las puertas del cenáculo, transformándolos en evangelizadores y evangelizadoras (cf. Hch 2,1-4), es el mismo Espíritu que guía hoy a la Iglesia y la estimula a un renovado anuncio de esperanza dirigido a los hombres de nuestro tiempo” (IL, 41).
Desde el inicio de la Iglesia el testimonio ha sido colocado en el corazón de la misión evangelizadora. No basta decir y hacer. Es necesario que la nueva evangelización sea avalada por la propia conducta de vida, por la credibilidad personal y comunitaria: “creí, por eso hable” (2 Cor 4,13)
2. “Nueva evangelización”: concepto “en construcción”
El Instrumentum Laboris del Sínodo repite una y otra vez la expresión “nueva evangelización”. Uno tiene la impresión de que se trata de un concepto “en construcción”, polivalente, fluctuante. Se le van dando y añadiendo nuevos significados a medida que se reflexionan los diversos temas. Esa definición o descripción fluctuante, al mismo tiempo que insiste en elementos nucleares por otra parte se muestra susceptible de múltiples aplicaciones.
Intentaré ofrecer una visión coherente de la “nueva evangelización” teniendo en cuenta –en primer lugar- el significado de “evangelización” sin adjetivos para descubrir después lo que el adjetivo “nueva” le añade, según el Instrumentum Laboris. Será necesario este trabajo de correlación y síntesis de múltiples textos, dado que el Instrumento de trabajo sinodal ha sido elaborado –según mi apreciación- yendo a lo fácil, desde una cierta pereza mental, con poco rigor, con poca armonía entre sus diversos capítulos. No creo que el texto actual del Instrumento de Trabajo facilite suficientemente el discernimiento sinodal tanto por su excesiva extensión, como por la aglomeración un tanto caótica de temas y perspectivas.
Veamos, pues, de extraer del Instrumentum Laboris su descripción sintética y ordenada de la “nueva evangelización”: partiremos del magisterio de Juan Pablo II, veremos después cómo entenderla “hoy” y cuál es su principal destinatario.
a) La “nueva evangelización” en el Magisterio de Juan Pablo II
El lenguaje de la “evangelización” no es nuevo. “Evangelización” se comenzó a utilizar en los años cincuenta del siglo pasado para hablar del primer anuncio de la fe y distinguirlo de la catequesis. Eso mismo dice el IL: ¡no es una absoluta novedad en la Iglesia! Arraiga ya en el Concilio Vaticano II ha sido abordado sucesiva y autorizadamente por los diversos papas, hasta Benedicto XVI.
Juan Pablo II fue sistemáticamente profundizando en este concepto en no pocos de sus discursos (IL, 13). A los obispos latinoamericanos les pidió –con motivo de los quinientos años de la evangelización de América “un compromiso no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión»[4]. Fue el documento de Puebla (1979) el que por vez primera usó la expresión al hablar de “situaciones nuevas que nacen de los cambios socio-culturales y que requiere una nueva evangelización” (Puebla, n. 366).
Juan Pablo II, a partir de su primera visita a Polonia en el 1979, utilizó con frecuencia esta expresión, que ha ido asumiendo múltiples significados[5]. Se refería a:
«la urgencia y la necesidad de la “nueva evangelización”, consciente de que Europa, hoy, no debe apelar simplemente a su herencia cristiana anterior; hay que alcanzar de nuevo la capacidad de decidir sobre el futuro de Europa en un encuentro con la persona y el mensaje de Jesucristo»[6].
Es necesaria una nueva evangelización para las regiones des-cristianizadas y para las personas cuya fe ha quedado atrofiada, sin crecer con el paso de los años (IL, 12.13). Añadió así mismo que para llevar a cabo esta nueva evangelización la Iglesia necesita ser evangelizada[7].
Para Juan Pablo II el significado más completo de la nueva evangelización podría condensarse en el siguiente texto de “Novo Millenio Ineunte”:
“reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: “¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Co 9,16). Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos “especialistas”, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos»[8].
Decir “nueva evangelización” es de suyo redundante, tautológico, porque significa “nueva buena nueva”. Pero lo tautológico tiene sentido. Significa el desvelamiento súbito de algo que estaba ahí y no acabábamos de ver:
“La nueva evangelización se convierte así en recordatorio de una crisis, en reconocimiento de un hecho obvio: que la buena nueva cristiana se ha convertido para muchos en relato viejo de un pasado muerto. Es preciso, por tanto… mostrarla de nuevo en su fuerza original, en su prístina creatividad de experiencia renovadora”[9].
Este lenguaje intenta, pues, introducir notables innovaciones en la propuesta o comunicación de nuestra fe a través de nuevos lenguajes, métodos, estilos que respondan a los desafíos que se le presentan hoy[10]. No se trata de anunciar un nuevo Evangelio, sino de anunciar el Evangelio de una forma nueva, en nuestra sociedad de hoy.
Yo me atrevería a decir –anticipando ya una de las conclusiones de mi estudio sobre el IL-, que la “nueva evangelización” es la iniciativa del Espíritu para sanar a la Iglesia de una parálisis transversal que la aqueja; por eso, la nueva evangelización es también una tarea transversal que ha de influir y configurar todas las dimensiones de la Iglesia y de nuestras Órdenes o Congregaciones.
b) El concepto de “nueva evangelización” “hoy”
En este inicio de milenio la prioridad de la Iglesia debe ser asumir con renovado impulso la propia misión evangelizadora, subrayando en ella el carácter de “novedad” (IL, 6).
En su momento inicial, la nueva evangelización responde a una pregunta: ¿cómo ha de vivir un creyente su vocación espiritual y misionera ante los cambios sociales y culturales de nuestro tiempo? ¿Hacia dónde lleva el Espíritu hoy a las comunidades cristianas? ¿Se dejan guiar por Él (IL, 46)? “En nuestros días el anuncio del Evangelio se muestra mucho más complejo que en el pasado” (IL, 41); no es fácil dar razón de nuestro fe ante una situación inesperada, en un contexto que, respecto al pasado, presenta muchos rasgos nuevos, pero también críticos. (IL, 42) y que “modifican la percepción de nuestro mundo” (IL, 43).
La tarea evangelizadora de la Iglesia se encuentra hoy en profunda transformación (IL, 76). Las figuras tradicionales (países de misión y necesitados de evangelización, tarea pastoral etc.) resultan hoy demasiado simples y hacen referencia a un contexto superado (IL, 76) [11]. Algunas Iglesias lo han denominado este nuevo contexto con otras expresiones: “renovación misionera”, o “conversión pastoral”(IL, 79).
El concepto de “nueva evangelización” se clarifica en el IL poniendo de relieve qué no es nueva evangelización.
No es un nuevo modelo de acción pastoral, que substituye simplemente otras formas de acción (la primera evangelización, la atención pastoral), sino más bien de un proceso de relanzamiento de la misión fundamental de la Iglesia (IL, 77).
No es una cuestión organizativa o estratégica, sino más bien espiritual (IL, 158). El secreto último de la nueva evangelización es la respuesta a la llamada a la santidad de cada cristiano. (IL, 158).
No significa “nuevo Evangelio”, porque «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos» (Hb 13,8). Significa dar una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que muestran la cultura a través de la cual expresamos nuestra identidad y buscamos el sentido de nuestras existencias. Consiste en promover una cultura más profundamente arraigada en el Evangelio (IL, 164), en descubrir «el hombre nuevo» (Ef 4,24), que está en nosotros gracias al Espíritu que nos ha sido dado por Jesucristo y por el Padre.
La “novedad” de esta evangelización, hoy necesaria, proviene de la confrontación con las “transformaciones sociales y culturales, que están profundamente modificando la percepción que el hombre tiene de sí mismo y del mundo, generando repercusiones también sobre su modo de creer en Dios ” (IL, 6). Tales transformaciones generan desorientación, desconfianza hacia todo aquello que nos ha sido transmitido sobre el sentido de la vida y llevan al abandono de la fe (IL, 7). La situación de debilidad, disminución, privatización, reducción y falta de empeño en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones requieren una nueva evangelización (IL, 48). Por ello, la Iglesia necesita re-novar, hacer “nueva” su evangelización.
“imaginando nuevos instrumentos y nuevas palabras que hagan audible y comprensible la palabra de la fe en los nuevos desiertos” (IL, 8),
“reanimando el fervor de la fe y del testimonio”,
“redescubriendo la alegría de creer, y el entusiasmo en la comunicación de la fe.” (IL, 9)[12],
recuperando energías, voluntad, frescura e ingenio en su modo de vivir la fe y de transmitirla” (IL, 49).
“Nueva evangelización” quiere decir :
“discernimiento para anunciar adecuadamente el Evangelio en nuevos escenarios” (IL; 51),
audacia misionera para hacernos presentes en el tejido social. (IL, 138),
creatividad y fantasía para transmitir la fe a través del arte y la belleza (IL, 157),
renovada modalidad de anuncio, sobre todo para quienes viven en contextos de secularización, sin excluir de ello a los mismos países de tradición cristiana (IL, 44).
Estamos ahora en una etapa ulterior en el proceso de comprensión profunda del significado de la “nueva evangelización”: acontece con la convocatoria de este Sínodo y la creación, por parte del papa Benedicto XVI, del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización:
“que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un impulso misionero capaz de promover una nueva evangelización … todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos necesitan un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia»[13].
Estos significados muestran cómo el concepto de “nueva evangelización” va madurado y se va expresando a través de formas muy diferentes. No obstante, todavía seguimos en “búsqueda de su significado”, en discernimiento y nos sentimos estimulados hacia una nueva forma de evangelizar (IL, 44).
El número 92 del Instrumento de trabajo, intenta sintetizar el concepto de “nueva evangelización” diciendo que se trata de un proceso a través del cual la Iglesia:
movida por el Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo, llamando a la conversión, mediante la catequesis y los sacramentos de la iniciación;
impulsada por la caridad, impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas.
Hace renacer en sí misma la transmisión de la fe.
c) El principal destinatario de la nueva evangelización: ¿el Occidente cristiano?
En el número 85 del Instrumentum Laboris se habla de “evangelización” y “nueva evangelización” en sentido amplio:
«En sentido amplio: “evangelización” se refiere al aspecto ordinario de la pastoral; “nueva evangelización” a los que han abandonado la vida cristiana»[14]: definición fue luego retomada por la Exhortación Apostólica Postsinodal Africae munus[15]. (IL, 85).
El Instrumentum Laboris concentra ahora el concepto de Nueva Evangelización en el espacio del Occidente cristiano, aunque inmediatamente añade que sin ser exclusivo.
Destinatarios de ese evangelización son los bautizados que viven una nueva situación existencial y cultural, que viven en un “desierto interior”, que no se preguntn por Dios. Deber de la nueva evangelización es imaginar situaciones, lugares de vida y acciones pastorales, que permitan a estas personas entrar de nuevo en relación con Dios (IL, 86).
Esta referencia preponderante al Occidente cristiano tiene valor de ejemplaridad o referencia, más que de una definición completa y detallada (IL, 87). En ella el Occidente es asumido como un lugar ejemplar, más que como el objetivo único de toda la actividad de la nueva evangelización, que no puede ser reducida a un simple ejercicio de actualización de algunas prácticas pastorales, sino que, al contrario, requiere una comprensión muy seria y profunda de las causas que han llevado al Occidente cristiano a encontrarse en tal situación.
Benedicto XVI aplica también a África el concepto de “nueva evangelización”:
«también en África, hay muchas situaciones que reclaman una nueva presentación del Evangelio, “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión” [...] La nueva evangelización es una empresa urgente para los cristianos en África, ya que también ellos deben renovar su entusiasmo por pertenecer a la Iglesia. Inspirados por el Espíritu del Señor resucitado, están llamados a vivir, en el ámbito personal, familiar y social, la Buena Nueva y a anunciarla con renovado celo a las personas cercanas y lejanas, empleando para su difusión los nuevos métodos que la providencia divina pone a nuestra disposición»[16].
Análogas afirmaciones valen, obviamente aplicadas según las situaciones particulares, para los cristianos en América, en Asia, en Europa y en Oceanía, continentes en los cuales desde hace tiempo la Iglesia está comprometida en la promoción de la nueva evangelización.
Por eso, el Instrumentum Laboris, afirma que no existe ninguna situación eclesial que pueda considerarse excluida de este programa (IL, 8): no solo las antiguas Iglesias sino también las nuevas Iglesias, sobre todo en las grandes ciudades y en algunos sectores que ejercen un influjo cultural y social determinante. Como gran desafío social y cultural, las nuevas metrópolis – que surgen y se expanden con gran rapidez sobre todo en los Países en vía de desarrollo – son seguramente un terreno adecuado para la nueva evangelización. La nueva evangelización se refiere, pues, también a las Iglesias jóvenes, comprometidas en experiencias de inculturación que exigen continuas verificaciones para poder introducir el Evangelio, que purifica y eleva las culturas, y sobre todo para abrirlas a su novedad.
Más en general, todas las comunidades cristianas tienen necesidad de una nueva evangelización, porque están comprometidas en el ejercicio de una atención pastoral que parece siempre más difícil de llevar adelante y corre el riesgo de transformarse en una actividad repetitiva poco capaz de comunicar las razones para las cuales ha nacido.
(Continuará: La Espiritualidad de la Nueva Evangelización).
(Quien desee ver todo el texto en pdf, haga click aquí



[1] Cf. Lumen gentium, 17. 35.
[2] La misión de Jesús está profundamente conectada con el AT: “según las Escrituras”. Esto nos lleva a una relectura “misionera” y “evangelizadora” de todo el Antiguo Testamento. Jesús evangeliza llevando a plenitud la evangelización diseminada y presente en las Escrituras (IL, 21).
[3] Cf. IL, 22
[4] JUAN PABLO II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM (Port au Prince, 9 de marzo de 1983), 3: AAS 75 I (1983) 778.
[5] Cf. Redemptoris Missio, n.33, con el significado de “re-evangelización”; en otros casos, como una visión transversal de toda la misión de la Iglesia: “nuevo entusiasmo, nuevo lenguaje, nuevos métodos”
[6] JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Europa (28 de junio de 2003), 2.45: AAS 95 (2003) 650; 677. Todas las Asambleas sinodales continentales celebradas como preparación al Jubileo del 2000 se han ocupado de la nueva evangelización: cf. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Africa (14 de septiembre de 1995), 57.63: AAS 85 (1996) 35-36, 39-40; ID., Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in America (22 de enero de 1999), 6.66: AAS 91 (1999) 1011, 56; ID., Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Asia (6 de noviembre de 1999), 2: AAS 92 (2000) 450-451; ID., Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Oceania (22 de noviembre de 2001), 18: AAS 94 (2002) 386-389.
[7] “El problema que la Iglesia está llamada a afrontar, es decir, el desafío de la nueva evangelización sabiendo que las transformaciones no sólo se refieren al mundo y a la cultura, sino que también tocan en primera persona a la misma Iglesia, a sus comunidades, a sus acciones y a su identidad” (IL, 16).
[8] JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte (6 de enero de 2001), 40: AAS 93 (2001) 294.
[9] Cf. Andrés Torres Queiruga, Del terror de Isaac al Abbá de Jesús: hacia una nueva imagen de Dios, Verbo Divino, Estella, 2000, p. 325.
[10] Lineamenta, nn.1-9.
[11] “«No es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados… los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa” Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 37.
[12] «La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!» Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 2: AAS 83 (1991) 251.
[13] BENEDICTO XVI, Carta Apostólica en forma de motu proprio Ubicumque et semper (21 de septiembre de 2010: AAS 102 (2010) 790-791.
[14] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización (3 de diciembre de 2007), 12: AAS 100 (2008) 501.
[15] Cf. BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Africae munus (19 de noviembre de 2011), 160: Libreria Editrice Vaticana, Vaticano 2011, p. 123.
[16] Ibid., 165. 171: pp. 126, 129-130.

neopelagianismo moderno se llama autoayuda

Las viejas herejías son como las olas de calor: siempre vuelven. El pelagianismo está superado desde el concilio de Éfeso (431), pero sigue apareciendo de cuando en cuando y con especial fuerza en estos tiempos.
Normal. Vivimos momentos de exaltación del ego: “tú vales mucho”, “tienes que cuidarte”, “cultiva tu yo”, que suena muy bien pero que es de un egoísmo que tira de espaldas. Al rebufo de estas viejísimas teorías revestidas de modernez de lo más “in” se ha desarrollado una corriente de libros y experiencias de autoayuda que a servidor le parecen una mezcla de engaño, ingenuidad, comercio y ganas de vivir a la última.
Merece la pena darse una vuelta por cualquier librería y observar los títulos que más se venden. Gente como loca que desea corregir su yo profundo, enfatizar sus experiencias vitales, sublimar las energías positivas, analizar el subconsciente edípico y neutralizar la negatividad para conseguir el equilibrio cósmico y la armonía existencial. Hasta en mi pueblo, donde he venido para celebrar el cumpleaños de mi anciana madre, he visto carteles anunciando cosas de estas.
Pues señores, en todo esto hay un fallo fundamental. Y es que la clave en los desórdenes del ser humano está en una cosa mal vista, y que se quisiera ocultar, y se niega, y se omite, pero que está ahí y se llama pecado.
Y querer vencer el pecado con autoanálisis del yo y reconocimiento de funciones discordantes, con el esfuerzo de uno sin más es como pretender alcanzar la luna meneado los bracitos a guisa de alitas en ciernes. Vamos, que no.
El hombres sólo puede vencer el pecado y llegar al hombre perfecto en plenitud por los méritos de Cristo. En Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Sin la ayuda de Cristo, sin su gracia, sin su amor, sin su perdón, no somos nada. No hay transformación, no hay santidad, no hay vida, no hay misericordia.
Cristo nos da su gracia en la oración y en los sacramentos. Por eso pretender cambiar, convertirse, llegar a la perfección a la que nos sentimos llamados desde lo hondo –Dios está en lo más íntimo del hombre, San Agustín dixit- sin oración y sin sacramentos es tarea baldía.
¿Quieres cambiar de corazón, quieres ser la persona perfecta, deseas ser santo? Deja los libros de autoayuda. Pídeselo al señor de corazón, reza con insistencia. Una buena confesión para que el Señor perdone tus pecados. Misa y participar de la Eucaristía, que es el alimento del camino. Y olvidarse de Pelagio que lleva enterrado muchos años.

Thursday, August 02, 2012

nuevo libro del Papa


La Sala de Prensa de la Santa Sede anunció esta mañana que el Papa Benedicto XVIterminó durante estos días, en su residencia de verano de Castel Gandolfo, el tercer volumen de su obra sobre Jesús de Nazaret dedicado a la infancia de Cristo.
El volumen, cuyo título original en alemán es Die Kindheitsgeschichtenconstituye "la terminación de los dos precedentes", indica un comunicado del Vaticano.
El texto de la Sala de Prensa de la Santa Sede explica además que se está procediendo a las traducciones en diversas lenguas, que serán hechas directamente del original en alemán.
Se espera que la publicación del libro se realice al mismo tiempo en las lenguas de mayor difusión, lo que "exigirá un espacio de tiempo prudente para una traducción precisa de este importante y esperado texto", concluye el comunicado.
El nuevo volumen es la continuación de "Jesús de Nazaret", publicado en 2007; y "Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta laResurrección", publicado en 2011. Ambos libros fueron publicados en siete idiomas y en formato electrónico, y superaron el millón de copias vendidas.
Además de terminar su libro sobre Jesús, el Papa también prepara sus discursos para el viaje apostólico al Líbano, que se realizará del 14 al 16 de septiembre, en ocasión de la firma de la exhortación apostólica post-sinodal de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos.
Por su parte, el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, señaló ayer durante la celebración de la homilía celebrada en laIglesia Parroquial de Introd, en el Valle d’Aosta (Italia), donde pasa unos días de reposo, que después de la publicación del libro sobre Jesús, "quizá también tenga lugar una encíclica", la cuarta del Santo Padre.
Asimismo, Benedicto XVI escribe sus discursos para la próxima celebración del 50 aniversario del Concilio Vaticano II y la inauguración del Año de la Fe, que empieza el próximo 11 de octubre.

Sunday, July 22, 2012

consejos para blogs

Diez Consejos Para Evangelizar en la Blogósfera 



La revolución mediática, especialmente la difusión de las redes sociales y los blogs han creado confusión entre muchos laicos y una sensación de torpeza, cuando se trata de compartir la fe en estos medios. En esta entrada, les ofrecemos diez consejos que bien pudieran servir también para evangelizar en vivo. En el espacio de comentarios, podemos compartir aún más.

(1) Se tú mismo. No des la impresión de estar posando o tratando de personificar a alguien más. Es cierto que no somos perfectos, pero eso no es ninguna desventaja, sino lo contrario. La mejor forma de apelar el interés de los demás es ser plenamente tú mismo. Recuerda que cada uno de nosotros es original y no existe ninguna copia de nuestra persona en ninguna parte del mundo. Ni nuestro ADN puede ser clonado con perfección. Confía en tu propia originalidad. El derecho de autor por tu creación corresponde exclusivamente a Dios.

(2) No juzgues a la gente. Primero, hazles sentir que los amas. Puede ser que las acciones de ciertas personas te parezcan reprobables y de hecho lo sean. Sin embargo, es difícil determinar qué está sucediendo en sus vidas. Pueden estar pasando por situaciones muy difíciles, o también puede influir el factor cultura y el entorno que rodea a esa persona. San Efraín solía decir: “Seamos generosos con cada persona que nos encontremos porque está librando una gran batalla”. Primero, brindémosles el beneficio de la duda, con un corazón abierto, con un trato dulce y dejemos que esa persona se acerque a nosotros y nos confíe sus problemas o dolor. Esa es la mejor manera para que confíen en nosotros. Como decía San Francisco de Sales, el Doctor de la Amabilidad: “Una gota de miel atrae más moscas que un barril de hiel”.

(3) Evangeliza con tus acciones, más que con tus palabras. Puede que las palabras convenzan, pero el buen ejemplo arrastra. Más que usar los medios para promover tu fe, úsalos para ejercerla. Busca al hermano afligido, ofrece consuelo, ayuda, proponle concretamente algo que le ayude y lo motive.

(4) No trates de ganar argumentos, a menos que se trate de un foro con debate específico. Más bien, gana los corazones y la buena voluntad de la gente. Tampoco busques pleitos ni confrontaciones, evita personas que promuevan estas conductas. Trata de detectar cuál es la necesidad o la inquietud de tus interlocutores, escuchando cuidadosamente. Evangelizar no equivale a proselitismo político. También evitemos el estilo de las sectas, que enfocan su proselitismo a atacar nuestra fe. La Apologética nos enseña a defender nuestra fe educando y formando.

(5) No olvides que la Evangelización más efectiva empieza con las personas con quienes nos relacionamos. No necesitamos que nos envíen a un lugar lejano. Los mejores testimonios de fe están a nuestro alrededor, con nuestros seres queridos, aunque no nos gusten, pero ellos forman parte de nuestro campo de misión.

(6) Enfócate en lo positivo de los demás. Aunque a veces tengamos que mencionar aspectos patéticos, enfaticemos lo positivo, aún cuando se trate de normas y prohibiciones. Consideremos que detrás de cada ‘NO’de los Mandamientos, hay un inmenso ‘SI’ de bendiciones y oportunidades. Trata de compartir lo bueno. Una tía en nuestra familia, tenía la virtud de la benedicencia muy arraigada. Para ella no había muchachos malos y jamás hablaba mal, ni de los peores. Cierta vez comentaba acerca de un sobrino con serios problemas de conducta. Decía: “tiene buen corazón, es alegre, pero está confundido. Si le ayudamos, va a salir adelante’. En sus palabras siempre había esperanza, que atraía como un imán a quienes necesitaban el buen consejo. Nosotros también podemos hacer la diferencia haciendo brillar la luz de esta esperanza en nuestro horizonte.

(7) No pretendas tener la razón siempre. Admite tus errores. Eso contribuye a proyectar humildad, a la vez que fortalece tus relaciones con los demás. Recuerda que la Iglesia no es un museo de santos, más bien es como un hospital para sanar a los pecadores. No tienes que tener la respuesta para todo, sino más bien unámonos al camino junto con otros para encontrarla y compartirla. ¿Recuerdan a los discípulos de Emaús?

(8) No digas las cosas como te salgan. Observa quién ‘está presente’ y edita. Las palabras pueden ser muy poderosas y tienen el potencial de herir a otras personas y puede haber ramificaciones. Contesta los comentarios con sensibilidad y cortesía. Mide tu audiencia, pesa tus palabras, evita la vulgaridad y trata de usar un lenguaje que denote empatía. Recuerda que aunque no haya contacto personal en vivo, de todas maneras comunicas tus valores.

(9) Mantén el balance. No seas unidimensional. Trata de inferir historias, anécdotas de experiencias y vivencias que no sean religiosas. No hables sólo de Dios todo el tiempo. Relata experiencias de música, películas, algún evento político o histórico, deportes, arte, ciencia o una broma breve. Esto ayuda a que las personas que aún no conocen nuestra fe con profundidad se vayan asimilando, a la vez que relacionan actos de su vida ordinaria con la fe. También nosotros estamos en formación continua y ese balance es propicio para la Comunión.

(10) Trata de proyectar alegría. Santa Teresa de Ávila decía que “un santo triste es un mal santo”, mientras que San Juan Bosco no se cansaba de proclamar ‘santidad es alegría’. La fe es portadora de paz y una alegría que se contagia.

No olvides que Dios te ha seleccionado. Acéptalo con un corazón lleno de gratitud por haber confiado en ti. Él nos hizo sus discípulos y ahora nos envía como misioneros a la blogósfera y a las redes sociales.
-Yvette Camou-


Referencias Bibliográficas:
Aldrich, R.F.; Johnson, Ben. "15 Online Evangelization Priorities". Catholic Dossier. March 2011.


Bonacci, Mary Beth. "Catholic Daughters of America in Campus". Opinion Page. 'The Chicago Tribune'. February 22nd, 2010.


Bosco, Teresio, "Biografía de Don Bosco". EE


Shalit Wendy, "The end of Discretion". June 2009. Commentary Magazine.


Fitzpatrick, J. Edward, "The Social Media Horizon on our Faith". The Wanderer. January 3, 2012.


St. Francis de Sales, "Spiritual Readings'. St. Ignatius Press.



nuevo humanismo lo necesitamos

Uno de los debates culturales más serios del momento actual es el que mantienen entre sí el laicismo y religión. Dos fuerzas que aspiran a asumir la hegemonía cultural de nuestra sociedad, dos polos contrapuestos sobre los que gravita el pensamiento contemporáneo y en medio de estos dos frentes nos encontramos nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI obligados a tomar una postura en consonancia con nuestras aspiraciones personales. El humanismo sin Dios aspira a sustituir al humanismo religioso.

Desde h ace tiempo un secularismo sectario nos invade por todas las partes su mensaje no es nada alentador: la religión tiene que desaparecer del ámbito público y quedar relegada a la sacristía, como si se tratara de una amenaza para la sociedad. Su voz debe ser silenciada, sus manifestaciones públicas prohibidas, sus signos y símbolos retirados de los lugares públicos, si algún derecho tiene a existir sería única y exclusivamente en el ámbito estrictamente privado ¿Por qué?... pues porque un Estado debe ser laico que es tanto como decir neutral y la neutralidad es ausencia de religión.

Estamos cansado de oír decir por ahí que para ser libre no hay que creer en nada... Falacias y más falacias. “¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? Se preguntaba Unamuno ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro, y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa”. Lo decía Unamuno y lo dice también Benedicto XVI “El laicismo ha dejado de constituir un elemento de neutralidad capaz de abrir espacios de libertad para todos”. , El laicista, cuando habla de religión, no le da igual una cosa u otra, claro que no, se muestra abiertamente en contra de ella y esto no es neutralidad.

El laicismo no es neutral cuando trata de excluir al creyente de la vida publica y trata de relegarle a la sacristía. No es neutral cuando se comporta como lo viene haciendo el Parlamento Europeo acusando tendenciosamente a unos y exculpando a otros o el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo al prohibir la presencia de crucifijos en las escuelas. No se es neutral cuando al creyente se le coarta y restringe sus derechos y libertades.

No se es neutral cuando a través de los medios de comunicación se manipulan las noticias, aireando lo que perjudica y silenciando lo que favorece a la Iglesia. El presunto neutralismo laicista , no es tal, ni nunca lo ha sido. En realidad, los hombres y las mujeres, necesitan creer en algo, lo que sea. Sucede que hay una confesionalidad sin Dios; pero al fin y al cabo confesionalidad y los dogmas religiosos de los que se prescinde, acaban siendo sustituidos por otros. La aconfesionalidad ligada a la inocencia política, en la práctica, no existe, lo que sucede hoy es que el celo laicista por hacer olvidar a Dios, es bastante más intolerante que el celo del creyente por hacerle presente.

Hemos afrontado al tercer milenio con grandes incertidumbres. A estas alturas hay quien se dispone a vivir una época definitivamente posreligiosa, mientras que otros aseguran que el futuro de la humanidad será religioso o no será. De lo que no hay duda es de que tanto creyentes como no creyentes tendrán que hacer frente a un mismo destino porque pertenecen a la misma familia humana, comparten los mismos miedos, se sienten agitados por las mismas ansias de felicidad. Todos se ven en la necesidad de tener que admitir que la muerte es parte de la vida. Sobre unos y otros gravita el mismo interrogante, no exento de dramatismo: ¿Qué nos queda después de haber vivido? La inmanencia o la trascendencia son las dos posibles respuestas a esta pregunta, hay que elegir entre el más acá o el más allá, entre la nada o la infinitud, dos abismos sin fondo ambos estremecedores; pero no hay más alternativas posibles y es aquí donde los caminos de unos y de otros se separan

Hubo un tiempo en que la gente estaba preo cupados por el futuro, hoy no, hoy se vive con intensidad el presente, al más puro estilo del “Carpe diem”. Los hombres y mujeres de hoy quieren ser felices aquí abajo, siguiendo la consigna de Nietzsche. “Os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no deis crédito a los que os hablan de fe en esperanzas sobrenaturales”. El actual laicismo ha sabido traducir bien este mensaje nietzschiano en un slogan publicitario que colgado de los autobuses ha deambulando por acá y por allá haciéndose visible en plazas y calles de nuestras ciudades y que reza así: “PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA DE LA VIDA”. Se trata de una llamada dirigida a las personas. Se nos invita a comer de todos los frutos prohibidos de un huerto que ya no tiene dueño. La estrategia laicista se pone así de de manifiesto; no se pretende ya sólo expulsar a Dios de la sociedad y del estado, también de las familias y de las conciencias.

¿Por qué así? Sencillamente porque Dios es considerado el enemigo de la vida y de todo lo humano; se piensa que mientras Él esté presente, los hombres no podrán nunca ser felices y libres. La afirmación del hombre conlleva la negación de Dios, en consecuencia para poder disfrutar de la vida, previamente hemos de liberarnos de unos mandatos y preceptos divinos opresivos que la religión se ha encargado de imponer a las conciencias. La última razón en la que el laicismo se fundamenta para combatir a la moral religiosa, es la de que mata los anhelos de las aspiraciones humanas; pero habría que preguntarse; una vez removido Dios del horizonte moral ¿ qué queda ya? no más que el vacío, así lo reconocen los mismos ateos.

Se comenzó pensando que una humanidad huérfana de Dios ensalzaría al hombre, le haría dueño de su propio destino; pero la experiencia nos ha ido demostrando que una humanidad sin Dios ni es más grande, ni es más libre, ni es más feliz. Del desencanto hemos ido pasando a la indignación, de la indignación a la resignación después de haber constatado que el estado del bienestar es frágil y huidizo como la propia vida y es aquí donde ahora nos encontramos.

¿Cómo habrá de ser el humanismo para siglo XXI? A nivel mundial se perciben signos que apuntan en la dirección de una religiosidad renovada capaz de devolver a los hombres y mujeres esa esperanza abierta a la trascendencia que tanto necesita. Presiento que el cristianismo volverá ser en Occidente lo que nunca debió de dejar de ser. Creo sinceramente que el hombre moderno tarde o temprano volverá sus ojos al humanismo de la esperanza, porque es en él donde podrá encontrar la razón última para seguir viviendo. Sólo Dios puede ser la última respuesta de un mundo desesperanzado como el nuestro que se está quedando sin horizonte.

Monday, July 16, 2012

la particula de Dios

La partícula de Dios
La partícula sub atómica ´bosón de Higgs´, ¿es un intento de negar la existencia de Dios?
Autor: Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz | Fuente: es.gaudiumpress.org

Un amigo periodista, sabiendo que además de sacerdote, soy químico de profesión, me entrevistó en radio y me preguntó que si la expresión "partícula de Dios" , referida a una partícula sub atómica, más adecuadamente llamada "bosón de Higgs", no era un intento de negar la existencia de Dios y le comenté que no era así, pues incluso, quien acuñó el término de "partícula de Dios", para una novela de divulgación científica, el Premio Nobel de Física (1988), Leon Lederman, había señalado que demostrar la existencia del "bosón de Higgs" ayudaría a comprender mejor "cómo Dios hizo el universo".

La intención de los científicos europeos que dieron a conocer en Ginebra que habían comprobado la existencia de "la partícula de Dios", contando con la presencia del Doctor George Higgs, quien en los años sesenta propuso la existencia del "bosón", no es negar la existencia de Dios o distorsionar la imagen que de Él tenemos los creyentes.

Ciertamente la utilización del término "partícula de Dios", con el que también es conocido el "bosón de Higgs", a más de alguno le podría hacer pensar que Dios es materia y tiene partículas y por lo mismo es "medible" y "manipulable"; a otros les podrí a hacer suponer una especie de un "panteísmo", donde el conjunto del todo "hace a Dios" e incluso algunos podrían llegar a afirmar que "Dios no existe".

Contrario a esas posturas, la comprobación de la existencia de esta partícula señala como la ciencia y la fe, no están en contraposición, sino que se complementan, pues tienen como objeto común la verdad, a la cual se acercan de diversos modos. La ciencia a través de las causas segundas y la religión a través de la causa primera que es Dios. La ciencia pretende saber "el cómo", la religión nos dice "Quien".

Dios es el creador de todo cuanto existe, visible e invisible y se distingue de su creatura. Es Espíritu y por lo mismo es inmensurable, es decir no medible. Sin embargo esto no significa que no podamos reconocer su existencia a través de la razón y de la ciencia, las cuales nos proporcionan algunos datos sobre Dios. Él mismo, se autorevela veladamente en el Antiguo Testamento y plenamente lo hace en la persona de Cristo. Como un acto libérrimo de amor, se limita y toma nuestra condición humana, sin dejar de ser Dios, para redimirnos, para que lo conozcamos mejor, experimentemos su amor y sepamos que estamos llamados a la Vida Eterna; datos que conocemos porque el mismo Dios nos lo reveló por su amado Hijo, Jesucristo.


El mundo en un orden maravilloso

El orden maravilloso que encontramos en el mundo de las partículas subatómicas, así como la belleza macrocósmica de las imágenes de las constelaciones en los límites del Universo captadas por el Telescopio Espacial "Hubble" y dadas a conocer en el 2009, nos hablan no sólo de un orden y una perfecta armonía, contarios al caos o al azar, sino de una mente creadora, que para los católicos es mucho más que "una mente " o "una energía", pues es persona y es nuestro Padre que se revela en la naturaleza y en cada ser humano, pues Dios mismo asume nuestra condición humana en su Hijo Jesucristo. Por lo mismo, este hallazgo científico como creyentes nos alegra, pues habla de la capacidad del hombre de escudriñar el mundo material, para conocer sus secretos y a través de ellos tener mayor número de evidencias la existencia de Dios.

El 4 de julio del 2012 para los físicos del mundo será recordado como el día en que pudieron comprobar hipótesis sobre las "partículas subatómicas" y que su visión de la "materialidad" del mundo era correcta, pues encontraron el "eslabón perdido" que le da sustento a las hipótesis que desde la segunda mitad del siglo pasado habían propuesto para explicar la manera en que las partículas subatómicas interactúan, se mantienen unidas para dar consistencia a la materia y se comportan de la manera en que lo hacen.

En 1972, junto con algunos amigos de la Preparatoria 8 de la UNAM en la que estudié, presentamos en una exposición universitaria, la figura tridimensional de un "Orbital D"; dato científico que en ese entonces era una novedad, pues después de los descubrimientos que dieron pie a la utilización de la energía atómica aún faltaba mucho por conocer sobre la constitución subatómica de la materia y su comportamiento, por lo que contaba con diversas hipótesis, como la que ahora se ha comprobado.

En general, desde la secundaria y en la preparatoria también, a todos, se nos habla de los elementos de la Tabla Periódica, de los átomos, de los protones, neutrones y electrones y quizá, cuando se estudia el proceso de vida de las plantas, se menciona a los fotones. En estudios más especializado s sobre el mundo de las partículas subatómicas se habla de los "quarks" y "leptones" que son de seis variedades cada uno. Los "leptones" aparecen de manera individual y los "quarks" en pares, los cuales están unidos por "gluones". Recordemos que estos nombres se fueron dando a las partículas según se iban "suponiendo" y descubriendo.

Para explicar algunos "comportamientos de estas partículas", el científico Inglés George Higgs propuso la existencia de una partícula más a la que llamó "bosón", por lo que desde 1964, esta partícula hipotética fue llamada "bosón de Higgs". Años después, en una novela de divulgación científica, esta partícula fue denominada por Leon Lederman como "la partícula de Dios", sin ninguna connotación de tipo religioso, sino solamente analógico, con la idea de que se sabía que existí ;a, pero que nadie la había visto.
 

Thursday, July 12, 2012

el sacerdote no debe modificar oraciones en misa

El Cardenal estadounidense Raymond Burke, Presidente de la Corte Suprema del Vaticano, explicó que los sacerdotes no deben cambiar las oraciones de la Misa dado que ellos no son los protagonistas de la liturgia, sino que lo es el mismo Jesucristo.
En entrevista concedida a ACI Prensa, el Presidente del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en el Vaticano explicó que el sacerdote no debe modificar o añadir palabras a las oraciones de la Misa considerando que todo presbítero es "un servidor del rito" y "no el protagonista ya que lo es Cristo".
"Entonces es totalmente equivocado que un sacerdote piense ‘¿cómo puedo hacer esto más interesante?’ o ‘¿cómo lo puedo hacer mejor’?"
El Cardenal, que es uno de los colaboradores más cercanos al Papa Benedicto XVI, recordó que el Código de Derecho Canónico señala que el sacerdote debe "con precisión y devotamente observar lo escrito en los libros litúrgicos y así tener cuidado para no agregar otras ceremonias u oraciones de acuerdo a su propio juicio".
"¿Qué tipo de pensamiento tiene alguien que puede pesar que puede mejorar la liturgia que ha estado en la Iglesia por siglos? Pensar eso es absurdo", precisó el Purpurado.
El Purpurado explicó luego que el Código de 1917, modificado por el de 1983, establece que un sacerdote en pecado mortal no debe celebrar Misa "sin antes no acceder a la confesión sacramental" o lo más pronto posible "en el caso de no contar con un confesor", cuando la Misa sea "muy necesaria" y haya hecho un acto de contrición perfecto.
"Me parece que ese canon de 1917 fue eliminado pero creo que debe reintroducirse, porque la idea de dignidad está bien de manera preeminente para un sacerdote que está ofreciendo el sacrificio", dijo.
El Cardenal de 64 años de edad también dijo a ACI Prensa que es necesaria una reforma de la sagrada liturgia, siguiendo lo establecido por el Papa Benedicto XVI y "enraizada en las enseñanzas del Concilio Ecuménico Vaticano II" así como "adecuadamente conectada con la tradición".
En su opinión, esto significa evitar diversas innovaciones como los "servicios de la comunión" liderados por laicos o religiosos cuando existe una parroquia sin sacerdote para presidir la Eucaristía dominical.
"No es bueno para la gente participar repetidamente en estos tipos de servicios los domingos porque pierden el sentido del Santísimo Sacramento", precisó.
El exceso de este tipo de servicios, añadió, puede ser también algo que desaliente las ordenaciones sacerdotales porque con estos servicios un joven con vocación al sacerdocio "ya no ve ante sus ojos la identidad de la vocación a la que está llamado".
En la entrevista con ACI Prensa, el Presidente de la Signatura Apostólica se refirió también a "la duda" en la aplicación de penas canónicas en las décadas recientes y a los "abusos y violaciones de la ley eclesial" que se dan en el ámbito litúrgico.
Tales sanciones, dijo el Cardenal Burke, son "primeramente medicinales" y buscan "llamar la atención de la persona sobre la gravedad de lo que está haciendo para que no lo haga más".
"Las sanciones son necesarias", agregó.
"Si en 20 siglos de la vida de la Iglesia se necesitaron sanciones, ¿por qué en nuestro siglo de repente debemos pensar que no son necesarias? Eso también es absurdo", concluyó.

Friday, July 06, 2012

comunion espiritual

Con el nombre de Comunión Espiritual se entiende el piadoso deseo de recibir la Sagrada Eucaristía, cuando no se la puede recibir sacramentalmente.
"De dos maneras -advierte Santo Tomás- se puede recibir espiritualmente a Cristo. Una en su estado natural, y de esta manera la reciben espiritualmente los ángeles, en cuanto unidos a Él por la fruición de la caridad perfecta y de la clara visión, y no con la fe, co mo nosotros estamos unidos aquí (en la Tierra) a Él. Este pan lo esperamos recibir, también en la gloria. Otra manera de recibirlo espiritualmente es en cuanto contenido bajo las especies sacramentales, creyendo en Él y deseando recibirlo sacramentalmente. Y esto no solamente es comer espiritualmente a Cristo, sino también recibir espiritualmente el sacramento" (III, 80, 2).
De las palabras finales del Doctor Angélico, se deduce que la Comunión Espiritual nos trae, de cierto modo, el fruto espiritual de la propia Eucaristía recibida sacramentalmente, aunque no sea ex opere operato, sino únicamente ex opere operantis.

Excelencia
Por la noción que acabamos de dar, se puede vislumbrar la gran excelencia de la Comunión Espiritual. Fue recomendada vivamente por el Concilio de Trento (D 881), y ha sido practicada por todos los santos, con gran provecho espiritual.
Sin duda, constituye una fuente ubérrima de gracias para quien la practique fervorosa y frecuentemente. Más aún: puede ocurrir que con una Comunión Espiritual muy fervorosa se reciban mayor cantidad de gracias que con una Comunión Sacramental recibida con poca devoción. Con la ventaja de que la Comunión Sacramental no puede recibirse más que una sola vez por día, y la Espiritual puede repetirse muchas veces.

Modo de hacerla
No se prescribe ninguna fórmula determinada, ni es necesario recitar ninguna oración vocal. Basta un acto interior por el cual se desee recibir la Eucaristía. Es conveniente, sin embargo, que abarque tres actos distintos, aunque sea brevísimamente:
a) Un acto de Fe, por el cual renovamos nuestra firme convicción de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Es excelente preparación para comulgar espiritual o sacramental mente;
b) Un acto de deseo de recibir sacramentalmente a Cristo y de unirse íntimamente con Él. En este deseo consiste formalmente la Comunión Espiritual;
c) Una petición fervorosa, pidiendo al Señor que nos conceda espiritualmente los mismos frutos y gracias que nos otorgaría e l a Eucaristía realmente recibida.

Advertencias
1) La Comunión Espiritual, como ya dijimos, puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas.
2) Todos los que no comulgan sacramentalmente deberían hacerlo al menos espiritualmente, al oír la Santa Misa. El momento más oportuno es, naturalmente, aquel en que comulga el sacerdote.
3) Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual. De lo contrario, para nada les aprovecharía, y sería hasta una irreverencia, aunque no un sacrilegio.

Wednesday, July 04, 2012

arzobispo de los Angeles sobre libertad religiosa

El Arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos), Mons. José Gómez, señaló que las acciones propuestas por la Administración de Barack Obama muestran que la amenaza contra la libertad religiosa es real en el país y no una exageración como algunos medios o personas en el Gobierno quieren hacer creer.
En su última columna publicada en ACI Prensa, el Prelado se refirió al mandato que obligará en el 2013 a las entidades católicas a adquirir seguros de salud que provean la anticoncepción y el aborto. Dijo que este texto atenta contra la libertad religiosa porque amenaza "nuestra capacidad como cristianos individuales para vivir de la manera que Jesús quiere que vivamos" y la capacidad de la Iglesia para llevar adelante su misión.
En ese sentido, dijo que la iniciativa de los obispos "Fortnight for freedom" (Quincena por la Libertad)", debe ser una ocasión para que los estadounidenses renueven su "dedicación a las libertades fundamentales que ha hecho los Estados Unidos tan excepcional. Si no lo hacemos, arriesgamos olvidar las lecciones de la historia y arriesgamos olvidar por qué esas libertades son tan importantes".
"Como cristianos, también tenemos el deber de amar la libertad y defender la libertad que amamos. La historia de la Iglesia nos enseña que tenemos que luchar por esas libertades; ellas nunca han sido dadas a los cristianos gratuitamente", añadió.
Por ello, dijo que la mayor amenaza es "la propia indiferencia, o nuestro sentimiento de que esta lucha realmente no nos afecta personalmente". Mons. Gómez advirtió que la libertad religiosa no es un concepto abstracto, sino que tiene mucho que ver con la vida diaria.
"Es verdad que hoy somos libres de ir a la iglesia, de leer nuestras Biblias, de orar en nuestras casas, de leer publicaciones religiosas y de encontrar programación religiosa en la televisión y el Internet. Pero la libertad religiosa significa más que eso, porque ser cristiano significa más que eso", afirmó.
En ese sentido, destacó que "Fortnight for freedom" –que culmina el 4 de julio-, coincida con el recuerdo de importantes santos que murieron defendiendo la libertad religiosa.
"La quincena comenzó en la Vigilia de la Fiesta de San Juan Fisher y Santo Tomás Moro", que fueron ejecutados por no doblegarse "a las presiones políticas del rey Enrique VIII, quien demandaba que ellos aceptaran su ‘supremacía’ sobre la Iglesia y que ellos negaran las enseñanzas de la Iglesia sobre la santidad del matrimonio".
También se recordó a San Juan Bautista, "ejecutado por un rey tirano por defender la ley de Dios sobre el matrimonio". Además se recordó "a los primeros mártires de la Iglesia de Roma" y a San Pedro y San Pablo, "los más grandes de esos primeros mártires".
"Todos esos valientes hombres y mujeres sufrieron la muerte por defender las libertades que a menudo nosotros damos por supuestas. Todos ellos usaron su libertad en Cristo para transformar sus sociedades. Desde dentro. Por la fuerza de su amor y su ejemplo. Cada uno de nosotros estamos llamados a la misma misión en nuestra sociedad", afirmó.
Por ello, invitó a los estadounidenses a pedir la intercesión de esos mártires y para que "Nuestra Señora de Los Ángeles que nos dé el valor para defender la libertad de la Iglesia y nuestra libertad de conciencia".
La columna completa de Mons. Gómez está en http://www.aciprensa.com/josegomez/?p=73

testimonio de un sacerdote

Joseph Freedy: el quarterback que llegó a ser sacerdote
Juan Antonio Ruiz | Editor de Buenas-Noticias.org



Multitudes con la mirada fija en él y aclamándolo como su héroe. Ese era el pasado de Joseph Freedy cuando era el quarterback en el equipo de fútbol americano de la Universidad de Buffalo. Tenía talento y él lo sabía. Y sin embargo ese «ruido del mundo», como él lo llamaba, no llenaba su corazón. ¿Y cómo es que hoy tiene una sonrisa que le dibuja el rostro? ¿Qué pasó? Todo empezó con la lectura de un libro… Pero vale la pena volver un poco la mirada para entender su camino.


Nacido en una familia católica en el oeste de Pensylvania (EEUU), Joseph creció en un ambiente de fe, uno en el que «los sacerdotes no eran personas a las que no sólo veías en Misa, sino que te los encontrabas en casa con tus padres», como dice él mismo. Ver a esos hombres vestidos de negro siempre le impresionaba e incluso los sentía como familiares que de vez en cuando venían a hacer una visita.


Pero esa religiosidad poco a poco empezó a desaparecer cuando el fútbol americano entró en su vida: «En mi región, el fútbol se toma muy en serio, por lo que jugar no era algo ordinario. Yo me lo tomé tan a pecho que construí toda mi vida alrededor del fútbol; de hecho, lo usé como un medio para llenar un vacío interior que se había creado por una inseguridad personal en esos años. No sé de dónde vino exactamente, porque tenía una familia genial, pero desde el High School e incluso durante la universidad quería, e incluso necesitaba, ser el joven que yo pensé que todos querían que fuese».


Dejó su fe aparcada y el ambiente lo engulló, especialmente el de las famosas fiestas universitarias. Pero una buena novia que tuvo durante esos años y la misma seriedad con que afrontó su carrera deportiva le hicieron medir sus salidas y excesos. De hecho, en 1999 se convirtió en el quarterback titular de la Universidad de Buffalo.


El camino para Joseph parecía claro y fijo en su vida. Pero el tema de su fe aún le martilleaba un poco la conciencia, si bien le daba siempre largas. Por eso, fue Dios mismo quien le salió al paso.


Sucedió en unas vacaciones de Navidad, cuando fue a visitar a su familia. Una mañana que estaba algo ocioso, empezó a curiosear por la casa. Al llegar a una mesa, encontró la Biblia que su padre leía antes de salir todos los días al trabajo. Junto a ella, otro libro le atrajo la atención: La Cena del Cordero de Scott Hahn. Lo tomó y empezó a leer…


«El párrafo inicial me llamó la atención, pues describía mi propia vida. Básicamente decía que nada es más familiar a los católicos que la misa y, sin embargo, casi nadie sabía lo que realmente significaba. Eso era lo que me pasaba. […] Eso me picó la curiosidad y seguí leyendo. Lo que encontré ahí me transformó».


Como si de un nuevo San Agustín se tratar, la lectura del libro le trajo paz a su alma. Le hizo darse cuenta de una realidad que desde hacía tiempo Dios le regalaba: sólo en la Misa encontraría la auténtica felicidad que tanto anhelaba su corazón.


Tras esta nueva conversión, Joseph quiso compartir su experiencia en la universidad. Lo intentó en todos lados, incluyendo grupos protestantes como Fellowship of Christian Athletes. Traía la fuerza del enamorado a flor de piel y lo hacía notar. Y de repente en el corazón de Joseph empezó a aflorar una voz que lo desconcertaba y que quería, por todos los medios, callar: sentía que Dios le llamaba a ser sacerdote.


«Me iba a la capilla para pedirle al Señor qué quería de mí. Me pasaba mucho tiempo ahí, luchando contra Dios acerca de aquello que Él tenía pensado para mí. Porque sentía una contradicción: por un lado, nunca había sido tan feliz como ahora; pero por otro, no quería abandonar mis planes de vida para ser sacerdote».


Por fin, se decidió hablar con un guía vocacional, que le animó a darle a Dios la oportunidad de mostrarle qué camino había pensado para él. No sin esfuerzo, pero confiando en la acción de Dios, decidió ir al seminario.


Hoy, Joseph es sacerdote –se ordenó el 21 de junio del 2008– y al ver la historia de su vocación no puede sino agradecer infinitamente a Dios por todo lo que le ha dado. El derrotero de su formación le han llevado a lugares como el Pontificio Colegio Americano de Roma, en donde pudo presenciar el funeral de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI, para terminar en la diócesis de Pittsburgh, en donde actualmente funge como director de la pastoral vocacional diocesana.


«Saber que mis manos han sido ungidas para traer el Cuerpo y la Sangre de Cristo al mundo y para perdonar los pecados es una bendición indescriptible. ¡El don del sacerdocio es abrumador! Fui ordenado hace ya casi cuatro años y puedo decir que nunca he sido infeliz como sacerdote». Y esta experiencia es, sin duda, el mejor touchdown que el P. Joseph pueda anotar en su vida.

Beato Juan Pablo II un gran comunicador

En el contexto de la beatificación de Juan Pablo II, del 1 de mayo de 2011, el presidente del sindicato de los periodistas romanos, Romano Bartolini, pidió a Benedicto XVI que el nuevo beato fuera declarado patrón de los comunicadores. Por las mismas fechas, aunque en otro contexto, un grupo en Facebook expresaba el mismo deseo. No se trataba de un colectivo cualquiera en esa red social sino del constituido a raíz del inédito «Vatican Meeting Blog» organizado por esas mismas fechas por el Pontificio Consejo para la Cultura y para las Comunicaciones Sociales (cf. A. Spadaro, «Il “Vatican bloggers meeting”», La Civiltà Cattolica II (2011), 492-500; G. Ravasi, «Tra Chiesa e bloggers un riuscito vis-a-vis», L`Osservatore Romano, edición en lengua italiana, 22 de mayo de 2011).


Independientemente de una eventual o no declaración como «patrón de los comunicadores», las dos manifestaciones referidas evidenciaban el reconocimiento de un rasgo característico de ese pontífice: a Juan Pablo II como «comunicador».


Podría decirse que, en cuanto comunicador, el pontificado de Juan Pablo fue siempre en dos líneas paralelas pero complementarias: el de la de la teoría y el de la práctica.


Comunicador teórico


Conceptos hoy ampliamente citados en ambientes relacionados con la comunicación social en la Iglesia fueron originalmente acuñados por Juan Pablo II. Piénsese en el de «nuevos areópagos» referido en la carta encíclica Redemptoris Missio de 1991 (por ejemplo en el número 37 donde se habla de los medios como «primer areópago de nuestra época») o en las aplicaciones pastorales específicas del uso de los medios de comunicación recogidas en otros documentos más definidos.


Uno de esos documentos, de los últimos en la vida del Papa, abordó precisamente el tema del ágil desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. Se trata de la Carta apostólica «El rápido desarrollo de los medios de comunicación social», del 24 de enero de 2005, dirigida a los responsables de las comunicaciones sociales. Tres meses después fallecería Juan Pablo II. La carta fue uno de los documentos pontificios de envergadura en esa área tan específica del quehacer y la reflexión magisterial de la Iglesia. El mensaje-tarea de la carta fue el siguiente:


«La Iglesia, de hecho, no está llamada solamente a usar los medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, sobre todo hoy más que nunca, a integrar el mensaje de salvación en la “nueva cultura” que estos poderosos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y tecnologías de comunicación contemporáneas forman parte de su propia misión en el tercer milenio» (cf. n. 2)


Y más adelante queda diáfanamente referido el vínculo fe-mass media:


«En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. La Iglesia los utiliza también para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, considerando su uso como una respuesta al mandato del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mt 16, 15)» (cf. n. 7)


Ciertamente no fue el único documento teórico donde el pensamiento del Papa quedó recogido. Juan Pablo II abordó temáticamente no pocas ámbitos de la «massmediología» y su relación con otras áreas del quehacer y de la vida humana y eclesial en los mensajes anuales para las Jornadas Mundiales para las Comunicaciones Sociales (JMCS en adelante). A finales del mes de abril de 2011 se presentó en Roma un volumen que recoge los 27 mensajes que Juan Pablo II ofreció con ocasión de las JMCS. El libro se titula «Giornalisti abbiate coraggio. I messaggi di Giovanni Paolo II al mondo della comunicazione», Federazione Nazionale della Stampa Italiana y Asr (ed.). Los repasamos de modo sumario:


1979

Las comunicaciones sociales por la tutela y promoción de la infancia en la familia y la sociedad (XIII JMCS)


1980

Papel de las comunicaciones sociales e incumbencias de la familia (XIV JMCS)


1981

Las comunicaciones sociales al servicio de la libertad responsable del hombre (XV JMCS)


1982

Senectud y medios de comunicación (XVI JMCS)


1983

La promoción de la paz (XVII JMCS)


1984

Las comunicaciones sociales, instrumento de encuentro entre fe y cultura (XVIII JMCS)


1985

Las comunicaciones sociales para una promoción de la juventud (XIX JMCS)


1986

La contribución que las comunicaciones sociales pueden dar a la formación cristiana de la opinión pública (XX JMCS)


1987

Las comunicaciones sociales al servicio de la justicia y de la paz (XXI JMCS)


1988

«Comunicar» se convierte en «fraternizar», «comunicar significa «solidaridad» humana (XXII JMCS)


1989

La religión en los medios de comunicación (XXIII JMCS)


1990

La nueva cultura informática (XXIV JMCS)


1991

Vuelta al mensaje central de la Communio et Progressio (XXV JMCS)


1992

¿Qué se celebra en las JMCS? (XXVI JMCS)


1993

Visión del mundo moderno que la instrucción pastoral Aetatis Novae presenta y sobre las implicaciones prácticas de las situaciones que describe (XXVII JMCS)


1994

La televisión (XXVIII JMCS)


1995

El cine, transmisor de culturas y valores (XXIX JMCS)


1996

Los medios de comunicación social: un ambito moderno para la promoción de la mujer en la sociedad (XXX JMCS)


1997

Comunicar a Jesús: el camino, la verdad y la vida (XXXI JMCS)


1998

Animados por el Espíritu Santo comuniquemos la esperanza (XXXII JMCS)


1999

Los mass media, presencia amiga para quien busca al Padre (XXXIII JMCS)


2000

Anunciar a Cristo en los medios de comunicación social al alba del tercer milenio (XXXIV JMCS)


2001

Proclamar desde los terrados: el Evangelio en la era de la comunicación global (XXXV JMCS)


2002

Internet, un nuevo foro para la proclamación del Evangelio (XXXVI JMCS)


2003

Los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz a la luz de la «Pacem in terris» (XXXVII JMCS)


2004

Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza (XXXVIII JMCS)


2005

Los medios de comunicación al servicio del entendimiento entre los pueblos (XXXIX JMCS)


Fue durante el pontificado de Juan Pablo II que uno de las dependencias de la Santa Sede, precisamente la dedicada a la comunicación social, pasó de «Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales» a «Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales». De esta forma la Iglesia pasaba a contar con un dicasterio específicamente reconocido y dedicado a «las cuestiones relacionadas con los instrumentos de comunicación social, para que, también por medio de ellos el mensaje de la salvación y el progreso humano puedan servir al incremento de la civilización y las costumbres» (Constitución Apostólica «Pastor Bonus», n. 169.)


En cuanto órgano al servicio de la misión del Papa, no son pocos los argumentos que este dicasterio en particular ha tocado en el ámbito de la comunicación, concretamente durante el pontificado de Juan Pablo II. En 1989, «Pornografía y violencia en los medios de comunicación: una respuesta pastoral» (7 de mayo) y «Criterios de colaboración ecuménica e interreligiosa en el campo de las comunicaciones» (4 de octubre); en 1992, la «Instrucción Pastoral Aetatis Novae, sobre las comunicaciones sociales, en el XX aniversario de la Communio et Progressio» (22 de febrero); en 1997, «Ética en la publicidad» (22 de febrero); en 2000, «Ética en las comunicaciones sociales» (2 de junio); en 2002 «Ética en internet» y «La Iglesia en Internet», ambas del 28 de febrero. El último documento, «La Iglesia en internet», tiene sus precedentes inmediatos en los mensajes de Juan Pablo II para las JMCS de 1989 («La religión en los medios de comunicación»), 1990 («La nueva cultura informática»), 2001 («Proclamar desde los terrados: el Evangelio en la era de la comunicación global»), y 2002 («Internet, un nuevo foro para la proclamación del Evangelio»), por lo que bien se pueden considerar sus fuentes inspiradoras y ulterior desarrollo más acabado.


Con su trabajo como Consejo Pontificio y el apoyo decidido que el Vicario de Cristo les dio contribuyó al incremento del magisterio de la Iglesia en temáticas tan diversas de la comunicación. Juan Pablo II tocó por vez primera el tema de internet en el Mensaje para la XXXVI JMCS de 2002, «Internet, un nuevo foro para la proclamación del Evangelio».


Comunicador práctico


Aunque fue rica y amplia la parte «teórica», no fue exclusiva. Juan Pablo II no sólo habló de internet sino que incluso lo usó: era el 22 de noviembre de 2001 cuando un Papa envió por vez primera un correo electrónico en la historia de la humanidad. El documento enviado fue el texto de la «Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesiae in Oceania» y los destinatarios eran las iglesias locales de aquel continente. Fue también el Papa Wojtyla el que dio su «nihil obstat», su «sí», a la propuesta de sor Judith Zoebelein para lanzar, el 25 de diciembre de 1995, la primera web católica oficial del mundo, Vatican.va (antes, incluso, que la web del Estado italiano, cuando la world wide web apenas comenzaba a mundializarse). Juan Pablo II también grabó y lanzó en 1999 un cedé titulado «Abba Pater» que alcanzó el «hit parade» de la música internacional y que supuso un éxito en ventas. Por último, fue Juan Pablo II el que impulsó la fundación del Centro Televisivo Vaticano, en 1983.


Esos y tantos otros gestos fueron una constante en sus 26 años de pontificado. De suyo, su ministerio como sucesor del apóstol San Pedro comenzó con una cercanía tácita hacia los informadores. A los pocos días de su elección, Juan Pablo II quiso reunirse y expresar su gratitud a los periodistas y operadores audiovisuales que habían cubierto el cónclave y el inicio de su pontificado. Se inauguraba así una nueva forma de vínculo entre el obispo de Roma y el mundo de los medios de comunicación, una relación posteriormente reforzada por las entrevistas que el mismo Papa concedía a los periodistas que le acompañaban en sus viajes apostólicos y de visitas de Estado a los diferentes lugares del planeta y que actualmente, con Benedicto XVI, siguen siendo una constante. Sobre este punto es relevante el libro publicado por la Librería Editorial Vaticana «Compagni di viaggio. Interviste al volo con Giovanni Paolo II» (2011), una recopilación de la periodista Angela Ambrogetti con todas las entrevistas concedidas por Juan Pablo II durante los vuelos en sus viajes apostólicos. En el libro se aprecia esa creciente relación cordial continuamente fortalecida entre los comunicadores y el Papa.


Su copiosa producción literaria no quedó circunscrita al papel específico que como Vicario de Cristo le competía. Como comunicador de ideas escribió y publicó cinco libros de carácter más bien personal: en octubre de 1994, «Cruzando el umbral de la esperanza»; en noviembre de 1996, «Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal»; en marzo de 2003, «Tríptico romano-Meditaciones», un libro de poesías; en mayo de 2004, «¡Levantaos, Vamos»; y, en febrero de 2005, «Memoria e identidad», su última obra.


Es precisamente en «Don y misterio» donde Juan Pablo II habla de Karol Wojtyla. Se sabe que en el año académico 1938-1939, ya como estudiante en la universidad Jagellonica, de Cracovia, se asocia al círculo teatral «Estudio 38». En noviembre de 1941 participaría en su primera representación teatral: Król Duch («Espíritu Real»), de Juliusz Słowacki. Dos años más tarde, en marzo de 1943, interpretará al protagonista en una obra del mismo autor. Esa sería también su última aparición en escena pues poco después ingresaría al seminario.


Aquellos dotes de actor formados por el gusto y la natural inclinación se prolongaron como capacidad empática-comunicativa entre un Papa y millones de seres humanos que entraron fácilmente en sintonía con él, no sólo católicos. No actuaba sino que sabía comunicar un mensaje y, en la mayoría de las ocasiones, más bien con los gestos que con las letras. Los encuentros ya con niños, ya con jóvenes, ya con familia, enfermos, ancianos o presos eran lecciones de comunicación práctica.


Puede resultar anecdótico pero el hecho de que se haya llamado «Juan» «Pablo» hace pensar también en dos de los primeros apóstoles: san Juan y san Pablo. El primero contemplaba y a su contemplación debemos los versículos más elevados acerca de Dios como amor. Su modo de evangelización fue la palabra escrita, teorizada, por así decir.


Para san Pablo la palabra, además de escrita, estaba especialmente convertida en testimonio y predicación, como sucedió con el primer pontífice polaco. Una y otra dimensión estuvieron en equilibrio y diálogo y son esos dos matices los que nos permiten visualizar en la figura del último Papa Magno a la de un comunicador cuya principal aportación en el área de la comunicación fue su testimonio, signo creíble de fe y, como tal, comunicación convertida en evangelización que también nos interpela y recuerda aquella máxima paolina: «¡Ay de mí si no evangelizara!».
Padre Roberto Mena ST