Camino, servicio, gratuidad”. Son las tres palabras en torno a las cuales el Papa Francisco desarrolló su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que un discípulo está llamado a caminar para servir y anunciar el Evangelio gratuitamente, venciendo el engaño de que “la salvación viene de las riquezas”.
El Evangelio de la Salvación
“Camino, servicio, gratuidad”. El Santo Padre articuló su homilía sobre estos tres puntos, comentando el pasaje del Evangelio del día, en que Jesús envía a los discípulos a anunciar la Buena Nueva. Y recordó que el Señor los envía a hacer un camino que no es “un paseo”, sino que los envía con “un mensaje: anunciar el Evangelio, salir para llevar la Salvación, el Evangelio de la Salvación”.
Llevar la Buena Nueva a través de un recorrido interior
El Papa Bergoglio explicó que la tarea que Jesús da a los discípulos es llevar la Buena Noticia. Mientras si un discípulo se queda detenido y no sale, no da a los demás lo que ha recibido en el Bautismo, no es un verdadero discípulo de Jesús, puesto que le falta el carácter misionero, le falta salir de sí mismo para llevar algo bueno a los demás”:
“El recorrido del discípulo de Jesús es ir más allá para llevar esta buena noticia. Pero hay otro recorrido del discípulo de Jesús: el recorrido interior, el recorrido dentro de sí, el recorrido del discípulo que busca al Señor todos los días en la oración, en la meditación. También ese recorrido el discípulo debe hacerlo, porque si no busca siempre a Dios, el Evangelio que lleva a los demás será un Evangelio débil, diluido, sin fuerza”.
Un discípulo de Jesús que no sirve no es cristiano
“Este doble recorrido – dijo el Papa– es el doble camino que Jesús quiere de sus discípulos”. Después está la segunda palabra: “Servir”. “Un discípulo que no sirve a los demás – añadió Francisco – no es cristiano. El discípulo debe hacer lo que Jesús ha predicado en aquellas dos colonias del cristianismo: las Bienaventuranzas y después el ‘protocolo’ sobre el cual nosotros seremos juzgados, Mateo, (capítulo) 25”. Estas dos columnas – advirtió el Santo Padre – “son el marco propio del servicio evangélico”:
El servicio a Cristo en los demás
“Si un discípulo no camina para servir no sirve para caminar. Si su vida no es para el servicio, no sirve para vivir como cristiano. Y allí se encuentra la tentación del egoísmo: ‘Sí, yo soy cristiano, para mí estoy en paz, me confieso, voy a Misa, cumplo los mandamientos’. ¡Pero el servicio! A los demás: el servicio a Jesús en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el desnudo. ¡Lo que Jesús nos ha dicho que debemos hacer porque Él está allí! El servicio a Cristo en los demás”.
Servir gratuitamente, contrastar el engaño de las riquezas
La tercera palabra es “gratuidad”. “Gratuitamente han recibido, gratuitamente den”, es la admonición de Jesús. “El camino del servicio es gratuito – subrayó Francisco – porque hemos recibido la salvación gratuitamente, pura gracia: ninguno de nosotros ha comprado la salvación, ninguno de nosotros la ha merecido. Es pura gracia del Padre en Jesucristo, en el sacrificio de Jesucristo”:
“Es triste cuando se encuentran a cristianos que se olvidan de esta Palabra de Jesús: ‘Gratuitamente han recibido, gratuitamente den’. Es triste cuando se encuentran comunidades cristianas, ya sean parroquias, congregaciones religiosas, diócesis, independientemente de las comunidades cristianas que sean, que se olvidan de la gratuidad, porque detrás de esto y debajo de esto está el engaño (de presumir) que la salvación viene de las riquezas, del poder humano”.
Tres palabras – reafirmó el Papa – “camino como un envío para anunciar. Servicio: la vida del cristiano no es para sí mismo, sino para los demás, como fue la vida de Jesús. Y tercera: “gratuidad. Nuestra esperanza está en Jesucristo que nos envía así una esperanza que no decepciona jamás”. Pero – advirtió – “cuando la esperanza está en la propia comodidad en el camino o la esperanza está en el egoísmo de buscar las cosas para sí mismos y no para servir a los demás, o cuando la esperanza está en las riquezas o en las pequeñas seguridades mundanas, todo esto se derrumba. El Señor mismo lo hace caer”.
P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santisima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica. Es el Director Hispano de Comunicaciones de los Siervos Misioneros en Silver Spring, Maryland. Ayuda los fines de semana como Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park, Maryland. Tiene programas radiales en www.esneradio.com y ewtn radio www.ewtn.com
Thursday, June 11, 2015
Wednesday, June 10, 2015
La enfermedad dentro de la Familia es un aspecto comun: Papa Francisco
La enfermedad representa un aspecto muy común en la familia, el Papa en su catequesis
El Papa Francisco durante la audiencia general del segundo miércoles de junio con miles de fieles en la Plaza de San Pedro - ANSA
(RV).- En su catequesis de la audiencia general – celebrada el segundo miércoles de junio en una soleada Plaza de San Pedro y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países – el Papa Francisco, prosiguió sus reflexiones sobre la familia y la vida real, centrándose, en esta ocasión, en la enfermedad que representa un aspecto muy común en la vida familiar.
Se trata de una experiencia de nuestra fragilidad – dijo el Obispo de Roma hablando en italiano – que vivimos generalmente en la familia, desde niños y después, sobre todo, cuando somos ancianos.
Al respecto el Papa explicó que en el ámbito de las relaciones familiares, la enfermedad de las personas que amamos se siente con mayor sufrimiento y angustia, porque el amor nos lo hace sentir así, dado que tantas veces, para una madre o un padre, es más difícil soportar la enfermedad de un hijo, de una hija e incluso la propia.
El Papa Bergoglio añadió que se puede afirmar que la familia desde siempre ha sido el “hospital” más cercano, mientras aún hoy, en tantas partes del mundo, el hospital es un privilegio para pocos, que además, frecuentemente está lejos. De ahí que haya afirmado que son la mamá, el papá, los hermanos y las hermanas quienes suelen garantizar la atención necesaria para ayudar a las personas enfermas de su propia familia.
El Pontífice también explicó que en general, el tiempo de la enfermedad hace que aumente la fuerza de las relaciones familiares. Y dirigió su pensamiento a la importancia de educar a los hijos desde pequeños a la solidaridad en el tiempo de la enfermedad. Porque como dijo el Santo Padre, una educación que deja de lado la sensibilidad por la enfermedad humana, endurece el corazón y hace que los chicos sean “anestesiados” ante el sufrimiento de los demás, incapaces de confrontarse con el sufrimiento y de vivir la experiencia del límite.
Hacia el final de su catequesis el Papa afirmó que la debilidad y el sufrimiento de nuestros seres queridos pueden ser, para nuestros hijos y nietos, una escuela de vida, especialmente cuando los momentos de la enfermedad están acompañados con la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares.
La comunidad cristiana – concluyó Francisco – sabe bien que a la familia, en la prueba de la enfermedad, no se la debe abandonar. Y debemos dar gracias al Señor – dijo – por esas bellas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y del sufrimiento. Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para una parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace que se entienda el Reino de Dios mejor que con tantos razonamientos.
“Pidamos al Señor – invitó el Santo Padre al final de sus saludos en nuestro idioma – para que con su gracia la enfermedad sea una ocasión de fortalecimiento de los vínculos familiares; y que las familias puedan vivir los momentos difíciles del dolor y del sufrimiento sostenidas por la cercanía y oración de la comunidad cristiana. Muchas gracias”.
Texto y audio del resumen de esta catequesis que el Papa Francisco leyó en nuestro idioma:
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, sobre los temas de la familia, tratamos de la enfermedad, que es una experiencia común en la vida de las familias. En muchas partes del mundo, donde el hospital todavía es un privilegio para unos pocos, la familia se considera desde siempre como el “hospital” más cercano, donde gracias a sus cuidados amorosos, se garantiza al enfermo la atención y la ayuda necesarias.
Los Evangelios nos narran muchos encuentros de Jesús con enfermos y su voluntad de sanarlos. Cristo lucha contra la enfermedad y cura al hombre de todos sus males. Ésta es también la misión que ha dado a su Iglesia: hacerse cargo de los enfermos, hasta sus últimas consecuencias, siguiendo su ejemplo. Por eso, la preocupación, la asistencia y la oración por los enfermos forman parte fundamental de la vida de la Iglesia y de todo cristiano.
En la familia es importante educar a los hijos desde pequeños para que sean sensibles y solidarios ante la enfermedad. Asimismo, la comunidad cristiana tiene que acompañar a las familias para que vivan la enfermedad desde una perspectiva de fe, de oración y de cercanía afectuosa.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, República Dominicana, Argentina, México y otros países latinoamericanos.
Pidamos al Señor para que con su gracia la enfermedad sea una ocasión de fortalecimiento de los vínculos familiares; y que las familias puedan vivir los momentos difíciles del dolor y del sufrimiento sostenidas por la cercanía y oración de la comunidad cristiana. Muchas gracias.
Texto completo de la Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Seguimos con las catequesis sobre la familia, y en esta catequesis me gustaría tocar un aspecto muy común en la vida de nuestras familias, el de la enfermedad. Es una experiencia de nuestra fragilidad, que vivimos principalmente en la familia, desde niños, y luego sobre todo como ancianos, cuando llegan los “achaques”. En el ámbito de los lazos familiares, la enfermedad de las personas que amamos se padece con mayor sufrimiento y angustia. Es el amor que nos hace sentir esto. Muchas veces para un padre y una madre, es más difícil soportar el dolor de un hijo, de una hija, que el suyo propio. La familia, podemos decir, siempre ha sido el “hospital” más cercano. Aún hoy, en muchas partes del mundo, el hospital es un privilegio para pocos, y con frecuencia se encuentra lejos. Son la mamá, el papá, los hermanos, las hermanas, las abuelas, quienes garantizan los cuidados y ayudan a sanar.
En los Evangelios, muchas páginas hablan de los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso de sanarlos. Él se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. Es verdaderamente conmovedora la escena evangélica apenas indicada en el Evangelio de Marcos. Dice así: «Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados» (1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso gente amiga lo llevaban delante de un enfermo para que lo tocase y lo sanase, no dejaba de hacerlo; la sanación estaba antes que la ley, también de aquella tan sagrada como la del descanso del sábado (Mc 3,1-6). Los doctores de la ley reprendían a Jesús porque Él sanaba el sábado, hacia el bien el sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien: ¡y esto está siempre en primer lugar!
Jesús envía a sus discípulos a cumplir su propia obra y les dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo (cfr. Mt 10,1). Hay que tener en cuenta lo que Jesús dijo a sus discípulos en el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9,1-5). Los discípulos - ¡con el ciego ahí adelante! - discutían sobre quién había pecado porque había nacido ciego, si él o sus padres, para causar su ceguera. El Señor dijo claramente, ni él, ni sus padres; es así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Y lo sanó. ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea.
La Iglesia invita a la oración continua por los propios seres queridos afectados por la enfermedad. Nunca debe faltar la oración por los enfermos. Aún más, debemos impulsar cada vez más la oración, tanto personal como en la comunidad. Pensemos en el episodio evangélico de la mujer cananea (cfr Mt 15,21-28). Es una mujer pagana, no es del pueblo de Israel, sino una pagana, que le suplica a Jesús que le cure a su hija. Jesús, para poner a prueba su fe, primero le responde duramente: ‘No puedo, debo pensar primero en la ovejas de Israel’. La mujer no retrocede – una mamá, cuando pide ayuda para su criatura, nunca cede: todos sabemos que las mamás luchan por sus hijos – y responde: ‘¡También a los perritos, cuando sus dueños han comido, se les da algo!’. Como queriendo decir: ‘¡Por lo menos, trátame como a una perrita!’. Entonces Jesús le dice: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!».
Ante la enfermedad, también en familia surgen dificultades, debido a la debilidad humana. Pero, en general, el tiempo de la enfermedad fortalece los lazos familiares. Y pienso en cuán importante es educar a los hijos, desde pequeños, a la solidaridad en el tiempo de la enfermedad. Una educación que deja de lado la sensibilidad hacia la enfermedad humana, hace que los corazones se vuelvan áridos. Hace que los chicos se queden ‘anestesiados’ hacia el sufrimiento de los demás, incapaces de afrontar el sufrimiento y de vivir la experiencia del límite. ¡Cuántas veces, vemos llegar al trabajo a un hombre, a una mujer con la cara cansada, con cansancio, y cuando se le pegunta ‘¿qué pasa?’, responde: ‘he dormido sólo dos horas porque en casa nos turnamos para estar cerca del niño, de la niña, del enfermo, del abuelo, de la abuela’. Y la jornada prosigue con el trabajo. ¡Estas cosas son heroicas, son la heroicidad de las familias! Esas heroicidades escondidas que se realizan con ternura y con valentía, cuando en casa hay alguien que está enfermo.
La debilidad y el sufrimiento de nuestros seres más queridos y más sagrados, pueden ser, para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida – es importante educar a los hijos, a los nietos a comprender esta cercanía en la enfermedad, en familia – y ello sucede cuando los momentos de la enfermedad están acompañados por la oración y por la cercanía cariñosa y solícita de los familiares. La comunidad cristiana sabe bien que no se debe dejar sola a la familia, en la prueba de la enfermedad. Y debemos decirle gracias al Señor por esas experiencias bellas de fraternidad eclesial, que ayudan a las familias a afrontar el difícil momento del dolor y del sufrimiento. Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para la parroquia; un tesoro de sapiencia, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y ¡hace comprender el Reino de Dios mejor que tantas palabras! ¡Son caricias de Dios!
Tenemos la certeza del Espiritu y no necesitamos de videntes dijo Papa Francisco
Días después de señalar que la decisión sobre las apariciones de Medjugorje llegaría pronto, el Papa Francisco advirtió en la Misa de la Casa Santa Marta que andar pendiente de “videntes” para saber qué les dirá en “la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde”, no es parte de la identidad cristiana, sino que la diluye.
Durante la rueda de prensa que dio en su vuelo de regreso de Sarajevo, el Papa señaló que la comisión nombrada por Benedicto XVI para estudiar las supuestas apariciones marianas había hecho “un buen trabajo” después de cuatro años de investigaciones y que se está en la etapa de toma de decisiones.
En ese sentido, durante la Misa celebrada este martes en la Casa Santa Marta, Francisco advirtió a los fieles que hay dos caminos que diluyen el testimonio cristiano. “Hay algunos que siempre necesitan novedades en la identidad cristiana y olvidan que han sido elegidos, ungidos”, que “tienen la garantía del Espíritu” y que “buscan: ¿dónde están los videntes, qué nos dice hoy la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde? – Por ejemplo ¿no? Y viven de esto. Ésta no es identidad cristiana. La última palabra de Dios se llama ‘Jesús’ y nada más”, señaló.
Para llegar a la identidad cristiana, explicó, Dios “nos ha hecho andar por un largo camino de historia”, hasta que envió a su Hijo. “También nosotros tenemos que hacer un largo camino en nuestra vida, para que esta identidad cristiana sea fuerte”, y de este modo podemos dar testimonio.
Indicó que es verdad que está el pecado, “y el pecado nos hace caer, pero tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y seguir adelante con nuestra identidad. Diría que también el pecado es parte de nuestra identidad: somos pecadores, pero pecadores con la fe en Jesucristo”.
“No es sólo una fe de conocimiento, no. Es una fe que es un don de Dios y que ha entrado en nosotros gracias a Dios. Es Dios mismo el que nos confirma en Cristo. Y nos ha ungido, el que nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Es Dios el que nos da este don de la identidad”, añadió.
En ese sentido, alentó a “ser fieles a esta identidad cristiana y dejar que el Espíritu Santo, que es la garantía, la prenda en nuestro corazón, nos lleve adelante en la vida”. Además reiteró que los cristianos no son personas que andan “detrás de una filosofía”, sino que han sido ungidos y tienen la garantía del Espíritu.
“Es una bella identidad, que se ve en el testimonio. Por ello Jesús nos habla del testimonio como del lenguaje de nuestra identidad cristiana”, dijo el Papa, subrayando que ello se verifica aun “cuando la misma identidad cristiana – puesto que somos pecadores – es tentada; las tentaciones llegan siempre”, por lo que la identidad “puede debilitarse y perderse”.
En ese sentido, advirtió que hay dos caminos peligrosos que debilitan la identidad cristiana.
“Primero, pasar del testimonio a las ideas, diluir el testimonio. ‘Sí, soy cristiano… el cristianismo es esto, una bella idea. Yo le rezo a Dios…’ Y así, del Cristo concreto, porque la identidad cristiana es concreta – lo leemos en la Bienaventuranzas; concreción que está también en Mateo 25: la identidad cristiana es concreta – pasamos a esta religión un poco blanda, con el aire y el camino de los gnósticos. Detrás está el escándalo. Esta identidad cristiana es escandalosa. Y la tentación es: ‘No, no, sin escándalo’”.
“La cruz es un escándalo”, reiteró. Por ello, exhortó a no buscar a Dios “con esas espiritualidades cristianas un poco etéreas”.
El otro camino, señaló, es la mundanidad. “Ampliar tanto la conciencia para que entre todo. ‘Sí, somos cristianos, pero esto sí…’ No sólo moralmente, sino también humanamente. La mundanidad es humana. Y así la sal pierde su sabor. Y vemos a comunidades cristianas, también a cristianos, que dicen que son cristianos, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo. Y así la identidad retrocede, retrocede y se pierde”.
“Este nominalismo mundano lo vemos todos los días. En la historia de salvación de Dios, con su paciencia de Padre, nos ha llevado de la ambigüedad a la certeza, a lo concreto de la encarnación y la muerte redentora de su Hijo. ¡Ésta es nuestra identidad!”.
Francisco concluyó recordando que San Pablo se vanagloria de Jesús hecho hombre y muerto por obediencia, ésta es la identidad y allí está el testimonio. Es una gracia que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no intenta adaptarse a las cosas, hasta perder su sabor de sal.
Durante la rueda de prensa que dio en su vuelo de regreso de Sarajevo, el Papa señaló que la comisión nombrada por Benedicto XVI para estudiar las supuestas apariciones marianas había hecho “un buen trabajo” después de cuatro años de investigaciones y que se está en la etapa de toma de decisiones.
En ese sentido, durante la Misa celebrada este martes en la Casa Santa Marta, Francisco advirtió a los fieles que hay dos caminos que diluyen el testimonio cristiano. “Hay algunos que siempre necesitan novedades en la identidad cristiana y olvidan que han sido elegidos, ungidos”, que “tienen la garantía del Espíritu” y que “buscan: ¿dónde están los videntes, qué nos dice hoy la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde? – Por ejemplo ¿no? Y viven de esto. Ésta no es identidad cristiana. La última palabra de Dios se llama ‘Jesús’ y nada más”, señaló.
Para llegar a la identidad cristiana, explicó, Dios “nos ha hecho andar por un largo camino de historia”, hasta que envió a su Hijo. “También nosotros tenemos que hacer un largo camino en nuestra vida, para que esta identidad cristiana sea fuerte”, y de este modo podemos dar testimonio.
Indicó que es verdad que está el pecado, “y el pecado nos hace caer, pero tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y seguir adelante con nuestra identidad. Diría que también el pecado es parte de nuestra identidad: somos pecadores, pero pecadores con la fe en Jesucristo”.
“No es sólo una fe de conocimiento, no. Es una fe que es un don de Dios y que ha entrado en nosotros gracias a Dios. Es Dios mismo el que nos confirma en Cristo. Y nos ha ungido, el que nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Es Dios el que nos da este don de la identidad”, añadió.
En ese sentido, alentó a “ser fieles a esta identidad cristiana y dejar que el Espíritu Santo, que es la garantía, la prenda en nuestro corazón, nos lleve adelante en la vida”. Además reiteró que los cristianos no son personas que andan “detrás de una filosofía”, sino que han sido ungidos y tienen la garantía del Espíritu.
“Es una bella identidad, que se ve en el testimonio. Por ello Jesús nos habla del testimonio como del lenguaje de nuestra identidad cristiana”, dijo el Papa, subrayando que ello se verifica aun “cuando la misma identidad cristiana – puesto que somos pecadores – es tentada; las tentaciones llegan siempre”, por lo que la identidad “puede debilitarse y perderse”.
En ese sentido, advirtió que hay dos caminos peligrosos que debilitan la identidad cristiana.
“Primero, pasar del testimonio a las ideas, diluir el testimonio. ‘Sí, soy cristiano… el cristianismo es esto, una bella idea. Yo le rezo a Dios…’ Y así, del Cristo concreto, porque la identidad cristiana es concreta – lo leemos en la Bienaventuranzas; concreción que está también en Mateo 25: la identidad cristiana es concreta – pasamos a esta religión un poco blanda, con el aire y el camino de los gnósticos. Detrás está el escándalo. Esta identidad cristiana es escandalosa. Y la tentación es: ‘No, no, sin escándalo’”.
“La cruz es un escándalo”, reiteró. Por ello, exhortó a no buscar a Dios “con esas espiritualidades cristianas un poco etéreas”.
El otro camino, señaló, es la mundanidad. “Ampliar tanto la conciencia para que entre todo. ‘Sí, somos cristianos, pero esto sí…’ No sólo moralmente, sino también humanamente. La mundanidad es humana. Y así la sal pierde su sabor. Y vemos a comunidades cristianas, también a cristianos, que dicen que son cristianos, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo. Y así la identidad retrocede, retrocede y se pierde”.
“Este nominalismo mundano lo vemos todos los días. En la historia de salvación de Dios, con su paciencia de Padre, nos ha llevado de la ambigüedad a la certeza, a lo concreto de la encarnación y la muerte redentora de su Hijo. ¡Ésta es nuestra identidad!”.
Francisco concluyó recordando que San Pablo se vanagloria de Jesús hecho hombre y muerto por obediencia, ésta es la identidad y allí está el testimonio. Es una gracia que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no intenta adaptarse a las cosas, hasta perder su sabor de sal.
Monday, June 08, 2015
CINCO CONSEJOS DEL PAPA FRANCISCO PARA USAR BIEN LA TELEVISIÓN E INTERNET
CINCO CONSEJOS DEL PAPA FRANCISCO PARA USAR BIEN LA TELEVISIÓN E INTERNET
Queridos amigos, durante el encuentro con los jóvenes, este sábado en Sarajevo, el Papa Francisco habló con ellos sobre la televisión y los nuevos medios de comunicación: ordenador, tabletas, teléfonos móviles. … Y dio una serie de consejos para usarlos bien, que podemos sintetizar así:
1-“En la época de la imagen hay que... hacer lo que se hacía en la época de los libros: elegir lo que me hace bien”. Por eso, “hay que saber elegir los programas, y esta es una responsabilidad nuestra. Si veo que un programa no es bueno para mí, me echa por tierra los valores, me hace ser vulgar, incluso con cosas sucias, tengo que cambiar de canal. Como se hacía en mi época ‘de la piedra’: cuando un libro era bueno, lo leías; cuando un libro te hacía daño, lo tirabas”.
2- Cuidado con “la fantasía mala, la fantasía que mata el alma. Si tú, que eres joven, vives conectado al ordenador y te conviertes en un esclavo del ordenador, pierdes la libertad. Y si tú buscas en el ordenador programas sucios, pierdes la dignidad”. Tanto en la televisión como en internet “hay cosas sucias, que van de la pornografía a la semi-pornografía”.
3- Atención también “a los programas vacíos, sin valores: por ejemplo, programas relativistas, hedonistas, consumistas, que fomentan todas estas cosas. Nosotros sabemos que el consumismo es un cáncer de la sociedad. De eso hablaré en la próxima Encíclica, que saldrá este mes”.
4- Ordenadores y televisiones, mejor en un lugar común de la casa: “Hay padres muy preocupados que no permiten que haya ordenadores en las habitaciones de los niños: los ordenadores deben estar en un lugar común de la casa. Estas son pequeñas ayudas que los padres encuentran” para evitar que los hijos se expongan a todo este tipo de material del que hemos hablado antes.
5- “Estar demasiado apegado a ordenadores, teléfonos móviles, etc. hace daño al alma y quita la libertad: te hace esclavo de esos medios. Es curioso, en muchas familias los papás y las mamás me dicen: estamos en la mesa con los hijos, y ellos con el teléfono móvil están en otro mundo”.
“Es cierto que el lenguaje virtual es una realidad que no podemos negar: debemos llevarla por el buen camino, porque es un progreso de la humanidad.
Pero cuando nos lleva fuera de la vida común, de la vida familiar, de la vida social, y también del deporte, del arte… y nos quedamos pegados al ordenador, eso es una patología”.
"Ver la televisión, usar el ordenador, pero para cosas buenas, cosas grandes, cosas que nos hagan crecer. ¡Esto es bueno!".
El Papa Francisco subrayó también “la responsabilidad que tienen los centros de televisión en hacer programas que ayuden, que sean buenos para los valores, que construyan la sociedad, que nos lleven hacia delante, que no nos tiren abajo. Y luego hacer programas que ayuden a que los valores, los verdaderos valores, sean cada vez más fuertes y nos preparen para la vida. Esta es la responsabilidad de los centros de televisión”.
Queridos amigos, durante el encuentro con los jóvenes, este sábado en Sarajevo, el Papa Francisco habló con ellos sobre la televisión y los nuevos medios de comunicación: ordenador, tabletas, teléfonos móviles. … Y dio una serie de consejos para usarlos bien, que podemos sintetizar así:
1-“En la época de la imagen hay que... hacer lo que se hacía en la época de los libros: elegir lo que me hace bien”. Por eso, “hay que saber elegir los programas, y esta es una responsabilidad nuestra. Si veo que un programa no es bueno para mí, me echa por tierra los valores, me hace ser vulgar, incluso con cosas sucias, tengo que cambiar de canal. Como se hacía en mi época ‘de la piedra’: cuando un libro era bueno, lo leías; cuando un libro te hacía daño, lo tirabas”.
2- Cuidado con “la fantasía mala, la fantasía que mata el alma. Si tú, que eres joven, vives conectado al ordenador y te conviertes en un esclavo del ordenador, pierdes la libertad. Y si tú buscas en el ordenador programas sucios, pierdes la dignidad”. Tanto en la televisión como en internet “hay cosas sucias, que van de la pornografía a la semi-pornografía”.
3- Atención también “a los programas vacíos, sin valores: por ejemplo, programas relativistas, hedonistas, consumistas, que fomentan todas estas cosas. Nosotros sabemos que el consumismo es un cáncer de la sociedad. De eso hablaré en la próxima Encíclica, que saldrá este mes”.
4- Ordenadores y televisiones, mejor en un lugar común de la casa: “Hay padres muy preocupados que no permiten que haya ordenadores en las habitaciones de los niños: los ordenadores deben estar en un lugar común de la casa. Estas son pequeñas ayudas que los padres encuentran” para evitar que los hijos se expongan a todo este tipo de material del que hemos hablado antes.
5- “Estar demasiado apegado a ordenadores, teléfonos móviles, etc. hace daño al alma y quita la libertad: te hace esclavo de esos medios. Es curioso, en muchas familias los papás y las mamás me dicen: estamos en la mesa con los hijos, y ellos con el teléfono móvil están en otro mundo”.
“Es cierto que el lenguaje virtual es una realidad que no podemos negar: debemos llevarla por el buen camino, porque es un progreso de la humanidad.
Pero cuando nos lleva fuera de la vida común, de la vida familiar, de la vida social, y también del deporte, del arte… y nos quedamos pegados al ordenador, eso es una patología”.
"Ver la televisión, usar el ordenador, pero para cosas buenas, cosas grandes, cosas que nos hagan crecer. ¡Esto es bueno!".
El Papa Francisco subrayó también “la responsabilidad que tienen los centros de televisión en hacer programas que ayuden, que sean buenos para los valores, que construyan la sociedad, que nos lleven hacia delante, que no nos tiren abajo. Y luego hacer programas que ayuden a que los valores, los verdaderos valores, sean cada vez más fuertes y nos preparen para la vida. Esta es la responsabilidad de los centros de televisión”.
Friday, June 05, 2015
Papa Francisco: La Eucaristia nos santifica, nos purifica y nos une en comunión
La tarde del jueves 4 de junio el Papa Francisco presidió la Misa en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo desde el atrio de la Basílica de San Juan de Letrán, para luego dar inicio a la Procesión Eucarística hasta la no muy lejana Basílica de Santa María la Mayor.
En su homilía el Obispo de Roma nos recordó que Jesús “ha derramado su Sangre como precio y como baño sagrado que nos lava, para que fuéramos purificados de todos los pecados”. A través de este “sacrificio de amor infinito” Cristo con su sangre nos libra de nuestros pecados y nos restituye nuestra dignidad, puntualizó el Papa, subrayando que en la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, tenemos la alegría no solamente de celebrar este misterio, sino también de alabarlo y cantarlo “por las calles de nuestra ciudad”.
Con la procesión al final de la Misa, Francisco pidió a todos expresar reconocimiento “por todo el camino que Dios nos ha hecho recorrer a través del desierto de nuestras miserias, para hacernos salir de la condición servil, nutriéndonos de su Amor mediante el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”.
Asimismo el Papa instó a sentirnos en comunión “con tantos de nuestros hermanos y hermanas que no tienen la libertad para expresar su fe en el Señor Jesús”. “Sintámonos unidos a ellos: cantemos con ellos, alabemos con ellos, adoremos con ellos. Y veneremos en nuestro corazón a aquellos hermanos y hermanas a los que ha sido requerido el sacrificio de la vida por fidelidad a Cristo: que su sangre, unida a aquella del Señor, sea prenda de paz y de reconciliación para el mundo entero.” En el vídeo se visualiza y escucha la Misa completa presidida por el Papa Francisco y la procesión del Corpus por el centro de Roma. El texto completo de la homilía del Santo Padre es el siguiente:
el estupor de la Iglesia no cesa jamás. Una maravilla que alimenta siempre la contemplación, la adoración, la memoria. Nos lo demuestra un texto muy bello de la Liturgia de hoy, el Responsorio de la segunda lectura del Oficio de las Lecturas, que dice así: «Reconozcan en este pan, a aquél que fue crucificado; en el cáliz, la sangre brotada de su costado. Tomen y coman el cuerpo de Cristo, beban su sangre: porque ahora son miembros de Cristo. Para no disgregarse, coman este vínculo de comunión; para no despreciarse, beban el precio de su rescate».
Nos preguntamos: ¿qué significa, hoy, disgregarse y disolverse?
Nosotros nos disgregamos cuando no somos dóciles a la Palabra del Señor, cuando no vivimos la fraternidad entre nosotros, cuando competimos por ocupar los primeros lugares, cuando no encontramos el valor para testimoniar la caridad, cuando no somos capaces de ofrecer esperanza. La Eucaristía nos permite el no disgregarnos, porque es vínculo de comunión, y cumplimiento de la Alianza, señal viva del amor de Cristo que se ha humillado y anonadado para que permanezcamos unidos. Participando a la Eucaristía y nutriéndonos de ella, estamos incluidos en un camino que no admite divisiones. El Cristo presente en medio a nosotros, en la
señal del pan y del vino, exige que la fuerza del amor supere toda laceración, y al mismo tiempo que se convierta en comunión con el pobre, apoyo para el débil, atención fraterna con los que fatigan en el llevar el peso de la vida cotidiana.
Y ¿qué significa hoy para nosotros “disolverse”, o sea diluir nuestra dignidad cristiana? Significa dejarse corroer por las idolatrías de nuestro tiempo: el aparecer, el consumir, el yo al centro de todo; pero también el ser competitivos, la arrogancia como actitud vencedora, el no tener jamás que admitir el haberse equivocado o el tener necesidades. Todo esto nos disuelve, nos vuelve cristianos mediocres, tibios, insípidos.
Jesús ha derramado su Sangre como precio y como baño sagrado que nos lava, para que fuéramos purificados de todos los pecados: para no disolvernos, mirándolo, saciándonos de su fuente, para ser preservados del riesgo de la corrupción. Y entonces experimentaremos la gracia de una transformación: nosotros siempre seguiremos siendo pobres pecadores, pero la Sangre de Cristo nos librará de nuestros pecados y nos restituirá nuestra dignidad. Sin mérito nuestro, con sincera humildad, podremos llevar a los hermanos el amor de nuestro Señor y Salvador. Seremos sus ojos que van en busca de Zaqueo y de la Magdalena; seremos su mano que socorre a los enfermos del cuerpo y del espíritu; seremos su corazón que ama a los necesitados de reconciliación y de comprensión.
De esta manera la Eucaristía actualiza la Alianza que nos santifica, nos purifica y nos une en comunión admirable con Dios.
Hoy, fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, tenemos la alegría no solamente de celebrar este misterio, sino también de alabarlo y cantarlo por las calles de nuestra ciudad. Que la procesión que realizaremos al final de la Misa, pueda expresar nuestro reconocimiento por todo el camino que Dios nos ha hecho recorrer a través del desierto de nuestras miserias, para hacernos salir de la condición servil, nutriéndonos de su Amor mediante el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.
Dentro de poco, mientras caminaremos a largo de la calles, sintámonos en comunión con tantos de nuestros hermanos y hermanas que no tienen la libertad para expresar su fe en el Señor Jesús. Sintámonos unidos a ellos: cantemos con ellos, alabemos con ellos, adoremos con ellos. Y veneremos en nuestro corazón a aquellos hermanos y hermanas a los que ha sido requerido el sacrificio de la vida por fidelidad a Cristo: que su sangre, unida a aquella del Señor, sea prenda de paz y de reconciliación para el mundo entero.
En su homilía el Obispo de Roma nos recordó que Jesús “ha derramado su Sangre como precio y como baño sagrado que nos lava, para que fuéramos purificados de todos los pecados”. A través de este “sacrificio de amor infinito” Cristo con su sangre nos libra de nuestros pecados y nos restituye nuestra dignidad, puntualizó el Papa, subrayando que en la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, tenemos la alegría no solamente de celebrar este misterio, sino también de alabarlo y cantarlo “por las calles de nuestra ciudad”.
Asimismo el Papa instó a sentirnos en comunión “con tantos de nuestros hermanos y hermanas que no tienen la libertad para expresar su fe en el Señor Jesús”. “Sintámonos unidos a ellos: cantemos con ellos, alabemos con ellos, adoremos con ellos. Y veneremos en nuestro corazón a aquellos hermanos y hermanas a los que ha sido requerido el sacrificio de la vida por fidelidad a Cristo: que su sangre, unida a aquella del Señor, sea prenda de paz y de reconciliación para el mundo entero.” En el vídeo se visualiza y escucha la Misa completa presidida por el Papa Francisco y la procesión del Corpus por el centro de Roma. El texto completo de la homilía del Santo Padre es el siguiente:
Vídeo completo en español de la procesión del Corpus con el Papa Francisco
En la Última Cena, Jesús dona su Cuerpo y su Sangre mediante el pan y el vino, para dejarnos el memorial de su sacrificio de amor infinito. Con este “viático” lleno de gracia, los discípulos tienen todo lo necesario para su camino a lo largo de la historia, para hacer extensivo a todos el Reino de Dios. Luz y fuerza será para ellos el don que Jesús ha hecho de sí mismo, inmolándose voluntariamente sobre la cruz. Y este Pan de vida ¡ha llegado hasta nosotros! Ante esta realidad Nos preguntamos: ¿qué significa, hoy, disgregarse y disolverse?
Nosotros nos disgregamos cuando no somos dóciles a la Palabra del Señor, cuando no vivimos la fraternidad entre nosotros, cuando competimos por ocupar los primeros lugares, cuando no encontramos el valor para testimoniar la caridad, cuando no somos capaces de ofrecer esperanza. La Eucaristía nos permite el no disgregarnos, porque es vínculo de comunión, y cumplimiento de la Alianza, señal viva del amor de Cristo que se ha humillado y anonadado para que permanezcamos unidos. Participando a la Eucaristía y nutriéndonos de ella, estamos incluidos en un camino que no admite divisiones. El Cristo presente en medio a nosotros, en la
Y ¿qué significa hoy para nosotros “disolverse”, o sea diluir nuestra dignidad cristiana? Significa dejarse corroer por las idolatrías de nuestro tiempo: el aparecer, el consumir, el yo al centro de todo; pero también el ser competitivos, la arrogancia como actitud vencedora, el no tener jamás que admitir el haberse equivocado o el tener necesidades. Todo esto nos disuelve, nos vuelve cristianos mediocres, tibios, insípidos.
Jesús ha derramado su Sangre como precio y como baño sagrado que nos lava, para que fuéramos purificados de todos los pecados: para no disolvernos, mirándolo, saciándonos de su fuente, para ser preservados del riesgo de la corrupción. Y entonces experimentaremos la gracia de una transformación: nosotros siempre seguiremos siendo pobres pecadores, pero la Sangre de Cristo nos librará de nuestros pecados y nos restituirá nuestra dignidad. Sin mérito nuestro, con sincera humildad, podremos llevar a los hermanos el amor de nuestro Señor y Salvador. Seremos sus ojos que van en busca de Zaqueo y de la Magdalena; seremos su mano que socorre a los enfermos del cuerpo y del espíritu; seremos su corazón que ama a los necesitados de reconciliación y de comprensión.
De esta manera la Eucaristía actualiza la Alianza que nos santifica, nos purifica y nos une en comunión admirable con Dios.
Dentro de poco, mientras caminaremos a largo de la calles, sintámonos en comunión con tantos de nuestros hermanos y hermanas que no tienen la libertad para expresar su fe en el Señor Jesús. Sintámonos unidos a ellos: cantemos con ellos, alabemos con ellos, adoremos con ellos. Y veneremos en nuestro corazón a aquellos hermanos y hermanas a los que ha sido requerido el sacrificio de la vida por fidelidad a Cristo: que su sangre, unida a aquella del Señor, sea prenda de paz y de reconciliación para el mundo entero.
Wednesday, June 03, 2015
Estar cerca de las familias que viven en pobreza pide Papa Francisco
3 de junio de 2015.- (13 TV / Radio Vaticano / Camino Católico) En su catequesis de la audiencia general – celebrada el primer miércoles de junio en la Plaza de San Pedro y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países – el Papa Francisco, prosiguió sus reflexiones sobre la familia y la vida real, considerando, en esta ocasión, la vulnerabilidad de la familia, en las condiciones de vida que la ponen a prueba.
El Santo Padre explicó que una de estas pruebas es la pobreza. Y, de hecho, invitó a los fieles presentes a pensar en las tantas familias que pueblan las periferias de las megalópolis, pero también de las zonas rurales… ¡Cuánta miseria, cuánto degrado!, exclamó el Obispo de Roma. Y añadió que en algunos lugares llega también la guerra a agravar la situación. Porque como dijo el Papa la guerra es siempre una cosa terrible, que perjudica de modo especial a las poblaciones civiles, y a las familias. Verdaderamente dijo el Papa Francisco, la guerra es la “madre de todas las pobrezas”, una gran predadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos.
Francisco haa reafirmado la necesidad de que se destinen los medios públicos en favor de un orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva a la ruina a la sociedad. En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen que el Papa ha hecho en español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos miércoles hemos reflexionado sobre la familia. Y vamos adelante con este tema. Reflexionar sobre la familia. Y desde hoy nuestras catequesis se abren con la reflexión de la consideración de las vulnerabilidades que tiene la familia, en las condiciones de vida que la ponen a prueba. La familia tiene muchos problemas que le ponen a prueba. Hoy comenzaremos por una.
Una de estas pruebas es la pobreza. Pensemos en tantas familias que pueblan las periferias de las megalópolis, también en las zonas rurales… ¡Cuánta miseria, cuánto degrado! Y además, para agravar la situación, en algunos lugares llega también la guerra. La guerra es siempre algo terrible. Además golpea especialmente a las poblaciones civiles, las familias. Realmente la guerra es la madre de todas las pobrezas, la guerra empobrece la familia. Una gran depredadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos.
A pesar de todo esto, hay muchas familias pobres que con dignidad buscan conducir su vida cotidiana, a menudo confiando abiertamente en la bendición de Dios. Esta lección, sin embargo, no debe justificar nuestra indiferencia, ¡sino aumentar nuestra vergüenza! que haya tanta
pobreza. Es casi un milagro que, también en la pobreza, la familia continúa formándose, e incluso que hasta conserve --como puede-- la humanidad especial de sus uniones. El hecho irrita a esos planificadores del bienestar que consideran los afectos, la generación, las uniones familiares, como una variable secundaria de la calidad de vida. No entienden nada. Sin embargo, tendremos que arrodillarnos delante de estas familias, que son una verdadera escuela de humanidad que salva las sociedades de la barbarie.
¿Qué queda, entonces, si cedemos al chantaje de César y dinero, de la violencia y del dinero, y renunciamos también a los afectos familiares? Una nueva ética civil llegará solamente cuando los responsables de la vida pública reorganicen la unión social a partir de la lucha a la espiral perversa entre familia y pobreza, que nos lleva al abismo.
La economía actual a menudo se ha especializado en el goce del bienestar individual, pero practica ampliamente la explotación de las uniones familiares. ¡Esta es una contradicción grave! ¡El inmenso trabajo de la familia no aparece en los balances, naturalmente! De hecho, la economía y la política son avaras en el reconocer esto. Además, la formación interior de la persona y la circulación social de los afectos tienen precisamente allí su pilar. Si lo quitas, se cae todo.
No es solo cuestión de pan. Hablamos de trabajo, instrucción, sanidad. Es importante entender esto. Nos conmueve siempre cuando vemos las imágenes de niños desnutridos y enfermos que se nos muestran en tantas partes del mundo. Al mismo tiempo, nos conmueve también mucho la mirada brillante de muchos niños, privados de todos, que están en escuelas hechas de nada, cuando muestran con orgullo su lápiz y su cuaderno. ¡Y cómo miran con amor a su maestro o su maestra! ¡Realmente los niños saben que el hombre no vive solo de pan! También el afecto familiar está. Cuando hay miseria sufren los niños porque ellos quieren el amor, la unión familiar.
Nosotros los cristianos tenemos que estar cada vez más cerca de las familias que están a prueba por la pobreza. Pesemos todos si conocemos a alguno. Papá sin trabajo, mamá sin trabajo. La familia sufre. Las uniones se debilitan. Es feo esto. De hecho, la miseria social golpea la familia y a veces la destroza. La falta o la pérdida de trabajo, o su fuerte precariedad, inciden pesadamente sobre la vida familiar, poniendo a dura prueba las relaciones. Las condiciones de vida de los barrios más desfavorecidos, con problemas de vivienda y de transporte, como también la reducción de los servicios sociales, sanitarios, escolares, causan más dificultades. A
estos factores materiales se añade el daño causado a la familia por los pseudo-modelos, difundidos por los medios de comunicación basados en el consumismo y el culto del aparentar, que afectan a las clases sociales más pobres e incrementan la desintegración de las uniones familiares. Cuidar las familias, cuidar el afecto, pero la miseria pone a prueba a la familia.
La Iglesia es madre, y no debe olvidar este drama de sus hijos. También ella debe ser pobre, para hacerse fecunda y responder a tanta miseria. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica une sencillez voluntaria en la propia vida --en sus instituciones, en el estilo de vida de sus miembros-- para abatir cada muro de separación, sobre todo de los pobres. Es necesaria la oración y la acción. Recemos intensamente al Señor, que nos sacuda, para hacer a nuestras familias cristianas protagonistas de esta revolución de la proximidad familiar, que ahora es tan necesaria. De esta proximidad familiar, desde el principio, está hecha la Iglesia. Y no olvidemos que nuestro juicio sobre los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa al juicio de Dios. No olvidemos esto.
Y hagamos todo, todo lo que podamos para ayudar a las familias a ir adelante en la prueba de la pobreza y la miseria, que golpean los afectos y las uniones familiares.
Yo quisiera leer otra vez el texto de la Biblia que hemos escuchado al principio. Y que cada uno de nosotros piense en las familias que pasan por la prueba, que son probados por la miseria y la pobreza. La Biblia dice así: “Hijo mío, no prives al pobre de su sustento ni hagas languidecer los ojos del indigente” Pero pensemos cada palabra. “No hagas sufrir al que tiene hambre ni irrites al que está en la miseria. No exasperes más aún al que está irritado ni hagas esperar tu don al que lo necesita. No rechaces la súplica del afligido ni apartes tu rostro del pobre. No apartes tus ojos del indigente ni des lugar a que alguien te maldiga”. Porque esto será lo que haga el Señor, lo dice el Evangelio, si no hacemos estas cosas. Gracias.
(El Papa ha dicho en español:)
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy nos referimos a la pobreza, como condición de vida que pone a prueba la familia y la hace vulnerable. La pobreza azota a muchas familias en las periferias de las grandes ciudades y también en las zonas rurales. Muchas veces se ve agravada por la guerra, que es sin duda la madre de todas las pobrezas, depredadora de vidas, de almas y de los afectos más queridos.
En medio de estas situaciones, muchas familias intentan vivir con dignidad, confiando en la bendición de Dios, convirtiéndose así en una auténtica escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie. Pero este reconocimiento no nos exime de nuestra obligación de velar con la oración y con la acción para que a nadie falte el pan, el trabajo, la educación y la sanidad.
Es necesario que desde todas las instancias de la vida pública se pongan los medios para un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva la sociedad a la ruina. También nosotros cristianos debemos estar cada vez más cerca de las familias que sufren la pobreza. La Iglesia madre no debe olvidar nunca este drama de sus hijos. Ella también está llamada a ser pobre, practicando la simplicidad en su propia vida, de manera que llegue a ser fecunda y pueda dar una respuesta a tanta miseria.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Venezuela, Guatemala, y Uruguay, así como a los venidos de otros países latinoamericanos. Pidamos a Dios que sostenga a las familias sometidas a la dura prueba de la pobreza, para que puedan seguir siendo en el mundo lugar de acogida y escuelas de auténtica humanidad. Que Dios los bendiga
(Luego, el Papa ha dicho:)
Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. De manera particular me dirijo hoy a los jóvenes que se reúnen nuevamente en Lednica para expresar su adhesión a Cristo y a su Iglesia.
Queridos amigos jóvenes, con todo el corazón comparto su alegría, entusiasmo y anhelo de recibir el Espíritu Santo. Es Él el que los anima y les dona su amor. Es creativo, dona la vida, las fuerzas necesarias y el impulso. ¡Todos tenemos una gran necesidad de Él!
La vida de ustedes, como la vida de los hermanos y hermanas de Jesús, como la de sus discípulos, no puede ser vacía, banal, sin objetivos. ¡Abran sus corazones al Espíritu Santo, para que los colme de sus dones! Acójanlo como huésped especial, llenen sus corazones con la presencia del Espíritu Santo. Pídanle que los acompañe cada día en el trabajo, mientras estudian, en la oración, en las decisiones, en la superación de sí mismos y en el hacer el bien. ¡Sean fuertes con su poder! ¡Con Él transformen el mundo!
Es el Espíritu Santo el que dona la verdadera vida, sana nuestra soledad, nos acompaña constantemente y nos guía. Propónganse llegar a ser maduros en la plenitud de la vida, en la plenitud del amor. Asuman la responsabilidad de sus vidas, no se conformen con las apariencias.
Reciban al Espíritu Consolador como en la confirmación. ¡Abran sus corazones a su santidad y poder! Que Él los fortalezca en la fe, en la esperanza y los lleve a un amor maduro y responsable, que es más fuerte que la muerte. Que los ayude a asumir el gran diálogo con Dios, con el hombre y con el mundo, en nuestra etapa de la historia. Llenos con el poder del Espíritu Santo id donde los envíe. ¡Ánimo! ¡Emprenderán el camino con Él! ¡Que Él los conduzca! Los bendigo de corazón.
El Santo Padre explicó que una de estas pruebas es la pobreza. Y, de hecho, invitó a los fieles presentes a pensar en las tantas familias que pueblan las periferias de las megalópolis, pero también de las zonas rurales… ¡Cuánta miseria, cuánto degrado!, exclamó el Obispo de Roma. Y añadió que en algunos lugares llega también la guerra a agravar la situación. Porque como dijo el Papa la guerra es siempre una cosa terrible, que perjudica de modo especial a las poblaciones civiles, y a las familias. Verdaderamente dijo el Papa Francisco, la guerra es la “madre de todas las pobrezas”, una gran predadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos.
Francisco haa reafirmado la necesidad de que se destinen los medios públicos en favor de un orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva a la ruina a la sociedad. En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen que el Papa ha hecho en español, cuyo texto completo es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos miércoles hemos reflexionado sobre la familia. Y vamos adelante con este tema. Reflexionar sobre la familia. Y desde hoy nuestras catequesis se abren con la reflexión de la consideración de las vulnerabilidades que tiene la familia, en las condiciones de vida que la ponen a prueba. La familia tiene muchos problemas que le ponen a prueba. Hoy comenzaremos por una.
Una de estas pruebas es la pobreza. Pensemos en tantas familias que pueblan las periferias de las megalópolis, también en las zonas rurales… ¡Cuánta miseria, cuánto degrado! Y además, para agravar la situación, en algunos lugares llega también la guerra. La guerra es siempre algo terrible. Además golpea especialmente a las poblaciones civiles, las familias. Realmente la guerra es la madre de todas las pobrezas, la guerra empobrece la familia. Una gran depredadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos.
A pesar de todo esto, hay muchas familias pobres que con dignidad buscan conducir su vida cotidiana, a menudo confiando abiertamente en la bendición de Dios. Esta lección, sin embargo, no debe justificar nuestra indiferencia, ¡sino aumentar nuestra vergüenza! que haya tanta
¿Qué queda, entonces, si cedemos al chantaje de César y dinero, de la violencia y del dinero, y renunciamos también a los afectos familiares? Una nueva ética civil llegará solamente cuando los responsables de la vida pública reorganicen la unión social a partir de la lucha a la espiral perversa entre familia y pobreza, que nos lleva al abismo.
La economía actual a menudo se ha especializado en el goce del bienestar individual, pero practica ampliamente la explotación de las uniones familiares. ¡Esta es una contradicción grave! ¡El inmenso trabajo de la familia no aparece en los balances, naturalmente! De hecho, la economía y la política son avaras en el reconocer esto. Además, la formación interior de la persona y la circulación social de los afectos tienen precisamente allí su pilar. Si lo quitas, se cae todo.
Nosotros los cristianos tenemos que estar cada vez más cerca de las familias que están a prueba por la pobreza. Pesemos todos si conocemos a alguno. Papá sin trabajo, mamá sin trabajo. La familia sufre. Las uniones se debilitan. Es feo esto. De hecho, la miseria social golpea la familia y a veces la destroza. La falta o la pérdida de trabajo, o su fuerte precariedad, inciden pesadamente sobre la vida familiar, poniendo a dura prueba las relaciones. Las condiciones de vida de los barrios más desfavorecidos, con problemas de vivienda y de transporte, como también la reducción de los servicios sociales, sanitarios, escolares, causan más dificultades. A
La Iglesia es madre, y no debe olvidar este drama de sus hijos. También ella debe ser pobre, para hacerse fecunda y responder a tanta miseria. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica une sencillez voluntaria en la propia vida --en sus instituciones, en el estilo de vida de sus miembros-- para abatir cada muro de separación, sobre todo de los pobres. Es necesaria la oración y la acción. Recemos intensamente al Señor, que nos sacuda, para hacer a nuestras familias cristianas protagonistas de esta revolución de la proximidad familiar, que ahora es tan necesaria. De esta proximidad familiar, desde el principio, está hecha la Iglesia. Y no olvidemos que nuestro juicio sobre los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa al juicio de Dios. No olvidemos esto.
Y hagamos todo, todo lo que podamos para ayudar a las familias a ir adelante en la prueba de la pobreza y la miseria, que golpean los afectos y las uniones familiares.
(El Papa ha dicho en español:)
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy nos referimos a la pobreza, como condición de vida que pone a prueba la familia y la hace vulnerable. La pobreza azota a muchas familias en las periferias de las grandes ciudades y también en las zonas rurales. Muchas veces se ve agravada por la guerra, que es sin duda la madre de todas las pobrezas, depredadora de vidas, de almas y de los afectos más queridos.
En medio de estas situaciones, muchas familias intentan vivir con dignidad, confiando en la bendición de Dios, convirtiéndose así en una auténtica escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie. Pero este reconocimiento no nos exime de nuestra obligación de velar con la oración y con la acción para que a nadie falte el pan, el trabajo, la educación y la sanidad.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Venezuela, Guatemala, y Uruguay, así como a los venidos de otros países latinoamericanos. Pidamos a Dios que sostenga a las familias sometidas a la dura prueba de la pobreza, para que puedan seguir siendo en el mundo lugar de acogida y escuelas de auténtica humanidad. Que Dios los bendiga
(Luego, el Papa ha dicho:)
Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. De manera particular me dirijo hoy a los jóvenes que se reúnen nuevamente en Lednica para expresar su adhesión a Cristo y a su Iglesia.
La vida de ustedes, como la vida de los hermanos y hermanas de Jesús, como la de sus discípulos, no puede ser vacía, banal, sin objetivos. ¡Abran sus corazones al Espíritu Santo, para que los colme de sus dones! Acójanlo como huésped especial, llenen sus corazones con la presencia del Espíritu Santo. Pídanle que los acompañe cada día en el trabajo, mientras estudian, en la oración, en las decisiones, en la superación de sí mismos y en el hacer el bien. ¡Sean fuertes con su poder! ¡Con Él transformen el mundo!
Es el Espíritu Santo el que dona la verdadera vida, sana nuestra soledad, nos acompaña constantemente y nos guía. Propónganse llegar a ser maduros en la plenitud de la vida, en la plenitud del amor. Asuman la responsabilidad de sus vidas, no se conformen con las apariencias.
Reciban al Espíritu Consolador como en la confirmación. ¡Abran sus corazones a su santidad y poder! Que Él los fortalezca en la fe, en la esperanza y los lleve a un amor maduro y responsable, que es más fuerte que la muerte. Que los ayude a asumir el gran diálogo con Dios, con el hombre y con el mundo, en nuestra etapa de la historia. Llenos con el poder del Espíritu Santo id donde los envíe. ¡Ánimo! ¡Emprenderán el camino con Él! ¡Que Él los conduzca! Los bendigo de corazón.
Monday, June 01, 2015
Papa Francisco : ¡CUÁNTAS VECES HEMOS DICHO A JESÚS: "VETE"!
HOMILÍA DEL LUNES: ¡CUÁNTAS VECES HEMOS DICHO A JESÚS: "VETE"!
Dios siempre da vida a una «historia de amor» con cada uno de nosotros. Y a pesar de lo que parece ser «fracaso», pequeño o grande, al final vence el «sueño de amor». Precisamente este camino nuestro por una «senda difícil».
Para el Papa, la parábola de los labradores y del dueño de la viña, que relata san Marcos en el pasaje evangél...ico (12, 1-12) propuesto hoy por la liturgia, «es un resumen de la historia de salvación que Jesús presenta —como hemos escuchado— a los jefes de los sacerdotes, a los escribas, a los ancianos: es decir, a los dirigentes del pueblo de Israel, a quienes tenían en sus manos la promesa de Dios».
Y «es una bella parábola», destacó el Papa Francisco, que «comienza con un sueño, un proyecto de amor: el hombre que plantó la viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar» y construyó una torre. Todo esto «se hizo con amor». El hombre, en efecto, «amaba esta viña» y es así que «la dejó en alquiler, la entregó» para que dé frutos.
Luego, «en el momento oportuno, mandó un criado a los labradores para que retirase su parte del fruto de la viña y comenzó todo lo que hemos escuchado: a uno lo golpearon, a otro lo azotaron, a otro lo mataron». Al final «envió a su hijo», pero los labradores «lo mataron: y así termina la historia».
Al final de cuentas, explicó el Papa, «esta historia que parece una historia de amor, que tenía que seguir adelante con pasos de amor entre Dios y su pueblo», se presenta en cambio como «una historia de fracasos».
«El fracaso inicia desde el primer momento, desde el comienzo hay sangre —la sangre de Abel— y desde allí continúa: la sangre de todos los profetas que fueron a hablar al pueblo, a ayudar a custodiar la viña, hasta la sangre de su Hijo». Sin embargo, añadió el Papa Francisco, «al final hay una Palabra de Dios, que nos hace pensar»: «¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y pondrá al pueblo ante el juicio».
Al respecto, Jesús dijo «una palabra que parece un poco fuera de lugar: “¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?”». El Papa aclaró que «esa historia de fracaso no prospera, y lo que había sido descartado se convierte en fuerza».
De este modo, «los profetas, los hombres de Dios hablaron al pueblo, que no fueron acogidos, que fueron descartados, serán su gloria». Y «el Hijo, el último enviado, que fue precisamente descartado, juzgado, no escuchado y asesinado, se convirtió en la piedra angular».
He aquí, entonces, que «esta historia, que comienza con un sueño de amor y parece ser una historia de amor, pero luego parece acabar en una historia de fracasos, termina con el gran amor de Dios, que del descarte saca la salvación; de su Hijo descartado, nos salva a todos».
Para el Pontífice es una experiencia bella «leer en la Biblia tantos, tantos lamentos de Dios». Por lo demás, «cuando Dios habla a su pueblo dice: “¿Por qué has hecho esto? Recuerda todo lo que hice por ti: cómo te elegí, cómo te liberé. ¿Por qué me haces esto?”». Y «al final» está precisamente «el llanto de Jesús ante Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas”».
Es «un pueblo que no sabe obedecer a Dios, porque quiere llegar a ser dios». Esta actitud hace que sea «un pueblo cerrado, un pueblo en el que los ministros se endurecen». Por lo tanto, el Papa señaló que «el final de este pasaje, que hemos leído, es triste», porque emerge «la rigidez de esos sacerdotes, de esos doctores de la ley: trataban de capturar a Jesús para matarlo pero tenían miedo de la multitud». De hecho, «se dieron cuenta de que había contado la parábola contra ellos». Y así «lo dejaron y se fueron».
«La vía de nuestra redención es un camino donde no faltan muchos fracasos», reconoció el Pontífice. Tanto es así que «también el último, el de la cruz, es un escándalo: pero precisamente ahí el amor vence». Y «esa historia que comienza con un sueño de amor, y continúa con una historia de fracasos, termina con la victoria del amor: la cruz de Jesús».
El Papa Francisco instó a «no olvidar este camino», aunque «es un camino difícil». Y, «también el nuestro» es siempre un camino difícil. Así, «si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces ha echado fuera a los profetas; cuántas veces ha dicho a Jesús: “¡vete!”; cuántas veces ha querido salvarse a sí mismo; cuántas veces ha pensado tener la razón».
«El amor de Dios con su pueblo se manifiesta en el sacrificio de su Hijo, que ahora celebraremos una vez más, verdaderamente», dijo el Papa Francisco antes de reanudar la celebración eucarística. «Y cuando Él desciende sobre el altar y lo ofrecemos al Padre — añadió— nos hará bien hacer memoria de esta historia de amor que parece fracasar, pero al final vence».
Es importante, por lo tanto, «hacer memoria, en la historia de nuestra vida, de la semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros». Y en consecuencia, «hacer lo que Jesús hizo en nuestro nombre: se humilló». Así que también a nosotros, concluyó, «nos hará bien humillarnos ante el Señor que ahora viene para celebrar con nosotros el memorial de su victoria».
Dios siempre da vida a una «historia de amor» con cada uno de nosotros. Y a pesar de lo que parece ser «fracaso», pequeño o grande, al final vence el «sueño de amor». Precisamente este camino nuestro por una «senda difícil».
Para el Papa, la parábola de los labradores y del dueño de la viña, que relata san Marcos en el pasaje evangél...ico (12, 1-12) propuesto hoy por la liturgia, «es un resumen de la historia de salvación que Jesús presenta —como hemos escuchado— a los jefes de los sacerdotes, a los escribas, a los ancianos: es decir, a los dirigentes del pueblo de Israel, a quienes tenían en sus manos la promesa de Dios».
Y «es una bella parábola», destacó el Papa Francisco, que «comienza con un sueño, un proyecto de amor: el hombre que plantó la viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar» y construyó una torre. Todo esto «se hizo con amor». El hombre, en efecto, «amaba esta viña» y es así que «la dejó en alquiler, la entregó» para que dé frutos.
Luego, «en el momento oportuno, mandó un criado a los labradores para que retirase su parte del fruto de la viña y comenzó todo lo que hemos escuchado: a uno lo golpearon, a otro lo azotaron, a otro lo mataron». Al final «envió a su hijo», pero los labradores «lo mataron: y así termina la historia».
Al final de cuentas, explicó el Papa, «esta historia que parece una historia de amor, que tenía que seguir adelante con pasos de amor entre Dios y su pueblo», se presenta en cambio como «una historia de fracasos».
«El fracaso inicia desde el primer momento, desde el comienzo hay sangre —la sangre de Abel— y desde allí continúa: la sangre de todos los profetas que fueron a hablar al pueblo, a ayudar a custodiar la viña, hasta la sangre de su Hijo». Sin embargo, añadió el Papa Francisco, «al final hay una Palabra de Dios, que nos hace pensar»: «¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y pondrá al pueblo ante el juicio».
Al respecto, Jesús dijo «una palabra que parece un poco fuera de lugar: “¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?”». El Papa aclaró que «esa historia de fracaso no prospera, y lo que había sido descartado se convierte en fuerza».
De este modo, «los profetas, los hombres de Dios hablaron al pueblo, que no fueron acogidos, que fueron descartados, serán su gloria». Y «el Hijo, el último enviado, que fue precisamente descartado, juzgado, no escuchado y asesinado, se convirtió en la piedra angular».
He aquí, entonces, que «esta historia, que comienza con un sueño de amor y parece ser una historia de amor, pero luego parece acabar en una historia de fracasos, termina con el gran amor de Dios, que del descarte saca la salvación; de su Hijo descartado, nos salva a todos».
Para el Pontífice es una experiencia bella «leer en la Biblia tantos, tantos lamentos de Dios». Por lo demás, «cuando Dios habla a su pueblo dice: “¿Por qué has hecho esto? Recuerda todo lo que hice por ti: cómo te elegí, cómo te liberé. ¿Por qué me haces esto?”». Y «al final» está precisamente «el llanto de Jesús ante Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas”».
Es «un pueblo que no sabe obedecer a Dios, porque quiere llegar a ser dios». Esta actitud hace que sea «un pueblo cerrado, un pueblo en el que los ministros se endurecen». Por lo tanto, el Papa señaló que «el final de este pasaje, que hemos leído, es triste», porque emerge «la rigidez de esos sacerdotes, de esos doctores de la ley: trataban de capturar a Jesús para matarlo pero tenían miedo de la multitud». De hecho, «se dieron cuenta de que había contado la parábola contra ellos». Y así «lo dejaron y se fueron».
«La vía de nuestra redención es un camino donde no faltan muchos fracasos», reconoció el Pontífice. Tanto es así que «también el último, el de la cruz, es un escándalo: pero precisamente ahí el amor vence». Y «esa historia que comienza con un sueño de amor, y continúa con una historia de fracasos, termina con la victoria del amor: la cruz de Jesús».
El Papa Francisco instó a «no olvidar este camino», aunque «es un camino difícil». Y, «también el nuestro» es siempre un camino difícil. Así, «si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces ha echado fuera a los profetas; cuántas veces ha dicho a Jesús: “¡vete!”; cuántas veces ha querido salvarse a sí mismo; cuántas veces ha pensado tener la razón».
«El amor de Dios con su pueblo se manifiesta en el sacrificio de su Hijo, que ahora celebraremos una vez más, verdaderamente», dijo el Papa Francisco antes de reanudar la celebración eucarística. «Y cuando Él desciende sobre el altar y lo ofrecemos al Padre — añadió— nos hará bien hacer memoria de esta historia de amor que parece fracasar, pero al final vence».
Es importante, por lo tanto, «hacer memoria, en la historia de nuestra vida, de la semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros». Y en consecuencia, «hacer lo que Jesús hizo en nuestro nombre: se humilló». Así que también a nosotros, concluyó, «nos hará bien humillarnos ante el Señor que ahora viene para celebrar con nosotros el memorial de su victoria».
La respuesta al sufrimiento la encontrarán en la mirada amorosa de Dios
¿Por qué sufren los niños?, fue la pregunta sobre la que reflexionó el Papa Francisco durante el emotivo encuentro del pasado viernes 29 de mayo en la Casa Santa Marta con unos 20 niños gravemente enfermos -acompañados de sus padres y voluntarios-, que participan del “Tren de la Alegría”. El Pontífice dijo que la respuesta a esta interrogante es un misterio, pero que el consuelo y la fortaleza para seguir adelante las encontrarán en la mirada amorosa de Dios Padre.
Hay una pregunta “cuya explicación no se aprende en la catequesis”, señaló el Papa. “Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘¿Por qué sufren los niños?’. Y no hay explicaciones. También esto es un misterio. Solo miro a Dios y pregunto: ‘¿Pero por qué?’. Y mirando la Cruz: ‘¿Por qué tu Hijo y ellos? ¿Por qué?’. Es el misterio de la Cruz”, indicó.
En el encuentro también estaban voluntarios y responsables de UNITALSI, una organización nacional italiana que transporta a los enfermos a Lourdes (Francia) y a otros santuarios.
Los niños eran 20, entre 7 y 14 años, pero también algunos pequeños de 2 o 3 años. Una niña de nombre Mascia le dijo al Papa unas palabras, recordando el encuentro del 31 de mayo de 2013 también con niños enfermos. La menor recordó a todos los que estaban presentes, algunos niños que ahora están en el cielo y le aseguró que todos han rezado mucho por el Papa, como les había pedido.
El Papa también agradeció a un padre y a su esposa por haber sido valientes y rechazar abortar a su hijo enfermo, tal como les habían “aconsejado”. El texto completo de las palabras del Santo Padre es el siguiente:
Cuando en la catequesis nos han enseñado la Santísima Trinidad, nos han dicho que era un misterio: que sí, está el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, pero que comprenderlo todo no se podía. Es cierto, tenemos las pruebas de que es verdad, pero comprenderlo es otra cosa. Las pruebas las tenemos. También aquí, si miramos a Jesús, la Eucaristía, en aquel pedazo de pan está Jesús, es verdad. Pero ¿cómo así? No entendemos cómo puede…pero es verdad, es Él. Es un misterio, decimos. Es así, si hacemos algunas otras preguntas de la catequesis, no podemos explicar profundamente, pero tenemos las pruebas.
Hay también una pregunta cuya explicación no se aprende en la catequesis. Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘¿Por qué sufren los niños?’. Y no hay explicaciones. También esto es un misterio. Solo miro a Dios y pregunto: ‘¿Pero por qué?’. Y mirando la Cruz: ‘¿Por qué tu Hijo y ellos? ¿Por qué?’. Es el misterio de la Cruz. Tantas veces pienso en la Virgen, cuando le han dado el cuerpo muerto de su Hijo, todo herido, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Y qué hizo la Madre? ‘¿Llévatelo?’. No, lo abrazó, lo acarició. También la Virgen no comprendía. Porque ella, en aquel momento, recordó aquello que el ángel le había dicho: ‘Será Rey, será grande, será profeta…’; y dentro de sí, seguramente, con aquel cuerpo así herido entre los brazos, con tanto sufrimiento antes de morir, dentro de sí seguramente habría tenido deseo de decirle al ángel: ‘¡Mentiroso! Fui engañada’. También ella no tenía respuesta.
Cuando los niños crecen, llegan a una cierta edad en la cual no comprenden bien cómo es el mundo, hacia los dos años, más o menos. Y comienzan a hacer preguntas: ‘Papá, ¿por qué? Mamá, ¿por qué?’. Y cuando el papá o la mamá comienzan a explicar, no escuchan. Hacen otro ‘¿por qué?’. ‘¿Y por qué ello? Y ellos no quieren escuchar la explicación. Solamente, con este ‘¿por qué?’, reclaman para ellos la mirada del papá y de la mamá. Nosotros podemos preguntar al Señor: ‘Pero Señor, ¿por qué? ¿Por qué los niños sufren? ¿Por qué este niño?
El Señor no nos dirá palabras, pero sentiremos su mirada sobre nosotros y esto nos dará fuerza. No tengan miedo de preguntar, también de provocar al Señor. ‘¿Por qué?’. Quizá no llegará alguna explicación, pero su mirada de Padre te dará la fuerza para seguir adelante. Y te dará también aquella cosa extraña de la cual ha hablado este hermano en su doble experiencia: un sentimiento diverso, un sentimiento extraño (El Papa se refiere al testimonio dado por el papá de un niño enfermo). Y quizá este sentimiento de ternura hacia su niño enfermo será la explicación, porque es la mirada del Padre. No tengan temor de preguntarle a Dios: ‘¿Por qué?’; provocarle: ‘¿Por qué?’, siempre que estén con el corazón abierto a recibir su mirada de Padre. La única explicación que podrá darte será: ‘También mi Hijo sufrió’. Pero aquella es la explicación. La cosa más importante es la mirada. Y su fuerza está ahí: la mirada amorosa del Padre.
‘Pero él que es obispo –ustedes pueden hacer la pregunta-, que ha estudiado tanta teología, ¿no tiene nada más que decirnos?’. No. La Trinidad, la Eucaristía, la gracia de Dios, el sufrimiento de los niños son un misterio. Y se puede entrar en el misterio solamente si el Padre nos mira con amor. Yo de verdad no sé qué cosa decirles porque tengo tanta admiración por su fortaleza, por su coraje. Tú has dicho que les habían aconsejado el aborto. Han dicho: ‘No, que venga, tiene derecho a vivir’. Nunca, nunca se resuelve un problema haciendo fuera a una persona. Nunca. Esta es la regla de los mafiosos: ‘Hay un problema, lo hacemos fuera…’ Nunca.
Los acompaño así como son, como siento. Y de verdad no siento una compasión momentánea, no. Los acompaño con el corazón en este camino, que es un camino de coraje, que es un camino de cruz, y también un camino que me hace bien, me hace bien su ejemplo. Y les agradezco de ser así valientes. Tantas veces, en mi vida, fui cobarde, y su ejemplo me ha hecho bien. ¿Por
qué sufren los niños? Es un misterio. Se debe llamar a Dios como el niño llama a su papá y dice: ‘¿Por qué? ¿Por qué?’, reclamar la mirada de Dios, que la única cosa que nos dirá es: ‘Mira mi Hijo, también Él’.
El hecho que en un mundo donde es tan cotidiano vivir la cultura del descarte, lo que no anda bien se descarta, ustedes llevan esta situación así, me permito decirlo – pero no quiero hacer una lisonja, no, lo digo de corazón- esto es heroicidad. Ustedes son los pequeños héroes de la vida. He escuchado tantas veces la gran preocupación de papás y mamás como ustedes y estoy seguro que es la de ustedes: que (mi hijo) no se quede solo en la vida, que (mi hija) no se quede sola en la vida. Quizá es la única ocasión en la cual los padres piden al Señor llamar primero al hijo, para que no se quede solo en la vida. Esto es amor.
Les agradezco su ejemplo. No sé qué cosa más decir, de verdad, porque estas cosas me impresionan tanto. También yo no tengo respuesta. ‘Pero él es Papa, ¡debe saber todo!’. No, sobre estas cosas no hay respuestas, solamente la mirada del Padre. Y después, ¿qué cosa hago yo? Rezo por ustedes, por estos niños, por aquel sentimiento de alegría, de dolor, todo mezclado, del cual ha hablado nuestro hermano. Y el Señor sabe consolar este dolor en modo especial. Que dé Él la consolación justa a cada uno de ustedes, aquella que necesitan.
Gracias por la visita, ¡gracias, gracias!
El Padre Joannis (Mons. Gaid, uno de sus dos secretarios personales del Papa, que han acompañado el grupo), que es un poco especial, ustedes lo conocen, me hizo la sugerencia de contarles una historia. Quizá les ayudará a mirar al Señor.
Había un niño que jugaba. El papá lo miraba desde la ventana del tercer piso y el niño quería mover una piedra grande, pero no podía, pesaba mucho. Después el niño, inteligente, agarró un instrumento de hierro para moverla y no podía, después llamó a sus compañeros para moverla, pero no podían porque era una piedra pesada. Y ellos querían moverla para jugar en ese lugar. Al final el papá que miraba desde la ventana salió, y con mucha fuerza y con una herramienta de hierro sacó la piedra. Y el niño reprochó al papá: ‘Pero papá, tú viste que yo no podía moverla’ – ‘Sí’- ‘¿Y por qué no viniste antes? - “Porque no me llamaste”.
No olviden esto: llamar al Señor. Él sabrá cómo vendrá, cuándo vendrá, y esta será su consolación. Recen también por mí. Gracias. Recemos a la Virgen: Ave María…
Hay una pregunta “cuya explicación no se aprende en la catequesis”, señaló el Papa. “Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘¿Por qué sufren los niños?’. Y no hay explicaciones. También esto es un misterio. Solo miro a Dios y pregunto: ‘¿Pero por qué?’. Y mirando la Cruz: ‘¿Por qué tu Hijo y ellos? ¿Por qué?’. Es el misterio de la Cruz”, indicó.
En el encuentro también estaban voluntarios y responsables de UNITALSI, una organización nacional italiana que transporta a los enfermos a Lourdes (Francia) y a otros santuarios.
Los niños eran 20, entre 7 y 14 años, pero también algunos pequeños de 2 o 3 años. Una niña de nombre Mascia le dijo al Papa unas palabras, recordando el encuentro del 31 de mayo de 2013 también con niños enfermos. La menor recordó a todos los que estaban presentes, algunos niños que ahora están en el cielo y le aseguró que todos han rezado mucho por el Papa, como les había pedido.
El Papa también agradeció a un padre y a su esposa por haber sido valientes y rechazar abortar a su hijo enfermo, tal como les habían “aconsejado”. El texto completo de las palabras del Santo Padre es el siguiente:
Hay también una pregunta cuya explicación no se aprende en la catequesis. Es la pregunta que tantas veces me he hecho, y tantos de ustedes, tanta gente se la hace: ‘¿Por qué sufren los niños?’. Y no hay explicaciones. También esto es un misterio. Solo miro a Dios y pregunto: ‘¿Pero por qué?’. Y mirando la Cruz: ‘¿Por qué tu Hijo y ellos? ¿Por qué?’. Es el misterio de la Cruz. Tantas veces pienso en la Virgen, cuando le han dado el cuerpo muerto de su Hijo, todo herido, escupido, ensangrentado, sucio. ¿Y qué hizo la Madre? ‘¿Llévatelo?’. No, lo abrazó, lo acarició. También la Virgen no comprendía. Porque ella, en aquel momento, recordó aquello que el ángel le había dicho: ‘Será Rey, será grande, será profeta…’; y dentro de sí, seguramente, con aquel cuerpo así herido entre los brazos, con tanto sufrimiento antes de morir, dentro de sí seguramente habría tenido deseo de decirle al ángel: ‘¡Mentiroso! Fui engañada’. También ella no tenía respuesta.
Cuando los niños crecen, llegan a una cierta edad en la cual no comprenden bien cómo es el mundo, hacia los dos años, más o menos. Y comienzan a hacer preguntas: ‘Papá, ¿por qué? Mamá, ¿por qué?’. Y cuando el papá o la mamá comienzan a explicar, no escuchan. Hacen otro ‘¿por qué?’. ‘¿Y por qué ello? Y ellos no quieren escuchar la explicación. Solamente, con este ‘¿por qué?’, reclaman para ellos la mirada del papá y de la mamá. Nosotros podemos preguntar al Señor: ‘Pero Señor, ¿por qué? ¿Por qué los niños sufren? ¿Por qué este niño?
El Señor no nos dirá palabras, pero sentiremos su mirada sobre nosotros y esto nos dará fuerza. No tengan miedo de preguntar, también de provocar al Señor. ‘¿Por qué?’. Quizá no llegará alguna explicación, pero su mirada de Padre te dará la fuerza para seguir adelante. Y te dará también aquella cosa extraña de la cual ha hablado este hermano en su doble experiencia: un sentimiento diverso, un sentimiento extraño (El Papa se refiere al testimonio dado por el papá de un niño enfermo). Y quizá este sentimiento de ternura hacia su niño enfermo será la explicación, porque es la mirada del Padre. No tengan temor de preguntarle a Dios: ‘¿Por qué?’; provocarle: ‘¿Por qué?’, siempre que estén con el corazón abierto a recibir su mirada de Padre. La única explicación que podrá darte será: ‘También mi Hijo sufrió’. Pero aquella es la explicación. La cosa más importante es la mirada. Y su fuerza está ahí: la mirada amorosa del Padre.
‘Pero él que es obispo –ustedes pueden hacer la pregunta-, que ha estudiado tanta teología, ¿no tiene nada más que decirnos?’. No. La Trinidad, la Eucaristía, la gracia de Dios, el sufrimiento de los niños son un misterio. Y se puede entrar en el misterio solamente si el Padre nos mira con amor. Yo de verdad no sé qué cosa decirles porque tengo tanta admiración por su fortaleza, por su coraje. Tú has dicho que les habían aconsejado el aborto. Han dicho: ‘No, que venga, tiene derecho a vivir’. Nunca, nunca se resuelve un problema haciendo fuera a una persona. Nunca. Esta es la regla de los mafiosos: ‘Hay un problema, lo hacemos fuera…’ Nunca.
Los acompaño así como son, como siento. Y de verdad no siento una compasión momentánea, no. Los acompaño con el corazón en este camino, que es un camino de coraje, que es un camino de cruz, y también un camino que me hace bien, me hace bien su ejemplo. Y les agradezco de ser así valientes. Tantas veces, en mi vida, fui cobarde, y su ejemplo me ha hecho bien. ¿Por
El hecho que en un mundo donde es tan cotidiano vivir la cultura del descarte, lo que no anda bien se descarta, ustedes llevan esta situación así, me permito decirlo – pero no quiero hacer una lisonja, no, lo digo de corazón- esto es heroicidad. Ustedes son los pequeños héroes de la vida. He escuchado tantas veces la gran preocupación de papás y mamás como ustedes y estoy seguro que es la de ustedes: que (mi hijo) no se quede solo en la vida, que (mi hija) no se quede sola en la vida. Quizá es la única ocasión en la cual los padres piden al Señor llamar primero al hijo, para que no se quede solo en la vida. Esto es amor.
Les agradezco su ejemplo. No sé qué cosa más decir, de verdad, porque estas cosas me impresionan tanto. También yo no tengo respuesta. ‘Pero él es Papa, ¡debe saber todo!’. No, sobre estas cosas no hay respuestas, solamente la mirada del Padre. Y después, ¿qué cosa hago yo? Rezo por ustedes, por estos niños, por aquel sentimiento de alegría, de dolor, todo mezclado, del cual ha hablado nuestro hermano. Y el Señor sabe consolar este dolor en modo especial. Que dé Él la consolación justa a cada uno de ustedes, aquella que necesitan.
Gracias por la visita, ¡gracias, gracias!
El Padre Joannis (Mons. Gaid, uno de sus dos secretarios personales del Papa, que han acompañado el grupo), que es un poco especial, ustedes lo conocen, me hizo la sugerencia de contarles una historia. Quizá les ayudará a mirar al Señor.
Había un niño que jugaba. El papá lo miraba desde la ventana del tercer piso y el niño quería mover una piedra grande, pero no podía, pesaba mucho. Después el niño, inteligente, agarró un instrumento de hierro para moverla y no podía, después llamó a sus compañeros para moverla, pero no podían porque era una piedra pesada. Y ellos querían moverla para jugar en ese lugar. Al final el papá que miraba desde la ventana salió, y con mucha fuerza y con una herramienta de hierro sacó la piedra. Y el niño reprochó al papá: ‘Pero papá, tú viste que yo no podía moverla’ – ‘Sí’- ‘¿Y por qué no viniste antes? - “Porque no me llamaste”.
No olviden esto: llamar al Señor. Él sabrá cómo vendrá, cuándo vendrá, y esta será su consolación. Recen también por mí. Gracias. Recemos a la Virgen: Ave María…
Francisco
Thursday, May 28, 2015
Papa Francisco: El noviazgo pone las bases para el matrimonio
En su catequesis de la audiencia general – celebrada el último miércoles de mayo en la Plaza de San Pedro y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países – el Papa Francisco, prosiguió sus reflexiones sobre la familia y la vida real, centrándose, en esta ocasión, en el noviazgo, llamado a poner las bases de un proyecto de amor común asumido con plena conciencia.
El Santo Padre explicó que la misma palabra “noviazgo”, tiene que ver con la confianza, la confidencia y la fiabilidad. Confidencia con la vocación que Dios da – dijo también Francisco – porque el matrimonio es, ante todo, el descubrimiento de una llamada de Dios.
El Papa Francisco Padre concluyó afirmando que el tiempo del noviazgo puede llegar a ser un tiempo de iniciación a la sorpresa de los dones espirituales con los que el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición. En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen que el Papa ha hecho en español, cuyotexto completo es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar de noviazgo. El noviazgo --se escucha en la palabra-- tiene que ver con la confianza, la confidencia, la fiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es sobre todo el descubrimiento de una llamada de Dios.
Ciertamente es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero precisamente la libertad de la unión requiere una consciente armonía de la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve. Requiere un camino.
El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el que los dos están llamados a hacer un buen trabajo sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va a la profundidad. Se conocen el uno al otro: el hombre “aprende” la mujer aprendiendo esta mujer, su novia; y la mujer “aprende” el hombre aprendiendo este hombre, su novio. No infravaloremos la importancia de este aprendizaje: es un compromiso bonito, y el amor mismo lo requiere, porque no es solamente una felicidad sin preocupaciones, una emoción encantada…
El pasaje bíblico habla de toda la creación como un bonito trabajo del amor de Dios: “Dios miró, así dice el libro del Génesis. todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”. Solamente al final, Dios “descansó”. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No! Fue un bonito trabajo. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.
La alianza de amor entre hombre y mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día para otro, no hay matrimonio exprés: es necesario trabajar en el amor. Es necesario caminar. La alianza del amor entre el hombre y la mujer se aprende y se afina. Me permito decir, es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola. Es también casi un milagro. Un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe. Tendríamos quizá que comprometernos más en este punto, porque nuestras “coordinadas sentimentales” están un poco confusas. Quien pretende querer todo y enseguida, cede también sobre todo --y enseguida-- a la primera dificultad, o a la primera ocasión. No hay esperanza por la confianza y la felicidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumar el amor como una especia de “integrador” del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto! El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por tentadora que pueda resultar la oferta.
También Dios, cuando habla de la alianza con su pueblo lo hace, algunas veces en la Biblia, en términos de noviazgo. En el libro de Jeremías, hablando al Pueblo cómo se había alejado de Él, dice así en el capítulo 2. ‘Yo recuerdo el tiempo de tu juventud, el tiempo de tu noviazgo’ Cuando el Pueblo era la novia de Dios y Dios ha hecho este recorrido de noviazgo. Hace también una
promesa, lo hemos oído, ahí, al inicio de la audiencia en el libro de Oseas. ‘Te haré mi esposa para siempre, y te daré como dote el derecho y la justicia, en el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’ . Es un largo recorrido que el Señor hace con su Pueblo en este camino de noviazgo.
Al final Dios se casa con su Pueblo, en Jesucristo, se casa en Jesús con la Iglesia, el Pueblo de Dios es la esposa de Jesús. Pero cuánto camino, y vosotros italianos, en vuestra literatura, tenéis una obra maestra sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes lo conozcan, lo lean. Es una obra maestra donde se cuenta la historia de los novios que han sufrido mucho dolor, han hecho un camino de muchas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. Pero no dejéis de lado esta obra maestra sobre el noviazgo que la literatura italiana os ha ofrecido. Id adelante, leerlo y ved la belleza, también el sufrimiento, pero la fidelidad de los novios. (se refiere a Gli sposi promessi de Alessandro Manzoni)
La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y ser esposos, precisamente en vista de la delicadeza y la profundidad de esta verificación. Estemos atentos a no despreciar a la ligera esta sabia enseñanza, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu. (1 Cor 6,15-20).
Cierto, la cultura y la sociedad de ahora se han convertido lamentablemente indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este pasaje. Y por otro lado, no se puede decir que sean generosos con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y a traer hijos al mundo. Es más, a menudo ponen mil obstáculos, mentales y prácticos.
El noviazgo es un recorrido de vida, que debe madurar, como la fruta. Es un camino de maduración, el amor. Hasta el momento en el que se convierte precisamente en matrimonio.
Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos muchas parejas, que quizá llegan al curso un poco sin ganas. ‘Estos sacerdotes nos hacen hacer este curso, pero ¿por qué? Nosotros sabemos...’ Lo hacen sin ganas. Pero después están contentos y dan las gracias, porque de hecho han encontrado allí una ocasión --a menudo la única-- para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales. Sí, muchas parejas están juntas desde hace mucho tiempo, quizá también en la intimidad, a veces viviendo juntas, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, se debe revalorar el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir un proyecto.
El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de cónyuges cristianos. Y dirigiéndose también aquí sobre lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, de forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también esa oración ‘doméstica’, de vivir en familia. Los sacramentos, la vida sacramental, la confesión, la comunión... El Señor viene a vivir en los novios y les prepara para acogerlos verdaderamente el uno con el otro con la gracia de Cristo; y la fraternidad con los pobres y con los necesitados, que nos provocan a la sobriedad y al compartir. Los novios que se comprometen en esto, ambos, esto lleva a preparar una bonita celebración del matrimonio. De forma distinta, no mundana, sino de forma cristiana.
Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo, como el novio a la novia. ‘Te haré mi esposa para siempre, y te daré como dote el derecho y la justicia, en el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’.
Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro ‘te haré mi esposa, te haré mi esposo, espero ese momento’ Es un momento, es un recorrido que va despacio hacia adelante pero que es un recorrido de maduración. No deben quemarse las etapas del camino. La maduración se hace así, paso a paso.
El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación, ¿a qué? a la sorpresa, a la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.
Ahora, os invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, José y María. Rezar para que la familia tenga este camino de preparación. Y rezar por los novios. Rezamos a la Virgen todos juntos, un Ave María por todos los novios para que puedan entender la belleza de este camino hacia el matrimonio. Ave María…
Y a los novios que están en la plaza: ¡Buen camino de noviazgo!
(El Papa ha dicho en español:)
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en el noviazgo, llamado a poner las bases de un proyecto de amor común y que debe asumido con plena conciencia.
El matrimonio, como vocación de Dios, no es sólo una relación basada en la atracción y el sentimiento, sino que establece una alianza tan sólida y duradera, que hace de dos vidas una sola, un auténtico milagro de la libertad humana y de la gracia de Dios. Una alianza así no se improvisa de un día para otro. El noviazgo crea las condiciones favorables para que el hombre y la mujer se conozcan a fondo, para que maduren la decisión responsable por algo tan grande, que no se puede ni comprar ni vender.
La cultura consumista del “usar y tirar”, del “todo y enseguida”, imperante en nuestra sociedad muchas veces tiende a convertir el amor en un objeto de consumo, que no puede constituir el fundamento de un compromiso vital.
La Iglesia, en su sabiduría sabe que el amor no se compra y por esto ha preservado la distinción entre el noviazgo y el matrimonio, precisamente para proteger la profundidad del sacramento. Los cursos prematrimoniales son una expresión de esta solicitud por la preparación de los esposos. Hoy más que nunca es necesario revalorizar el noviazgo, como una iniciación a la sorpresa de los dones espirituales con los cuales Dios bendice y enriquece a la familia.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Invito a todos, especialmente a los esposos cristianos, a acompañar con la oración y el testimonio de amor y fidelidad, a los jóvenes novios que se preparan para el matrimonio. Muchas gracias.
(Luego, el Papa ha dicho:)
Hago llegar un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Ayer se celebraba la memoria de san Felipe Neri, de quien celebramos el quinto centenario del nacimiento.
Que su atención al oratorio impulse en ustedes, queridos jóvenes, a testimoniar con alegría la fe en sus vidas. Que su confiada entrega a Cristo Salvador sostenga, a ustedes queridos enfermos, en los momentos de mayor desaliento. Y que su apostolado en las periferias, los invite a ustedes, queridos recién casados, a sostener a los más débiles y necesitados en sus familias
El Santo Padre explicó que la misma palabra “noviazgo”, tiene que ver con la confianza, la confidencia y la fiabilidad. Confidencia con la vocación que Dios da – dijo también Francisco – porque el matrimonio es, ante todo, el descubrimiento de una llamada de Dios.
El Papa Francisco Padre concluyó afirmando que el tiempo del noviazgo puede llegar a ser un tiempo de iniciación a la sorpresa de los dones espirituales con los que el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición. En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen que el Papa ha hecho en español, cuyotexto completo es el siguiente:
En estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar de noviazgo. El noviazgo --se escucha en la palabra-- tiene que ver con la confianza, la confidencia, la fiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es sobre todo el descubrimiento de una llamada de Dios.
Ciertamente es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco. Pero precisamente la libertad de la unión requiere una consciente armonía de la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve. Requiere un camino.
El pasaje bíblico habla de toda la creación como un bonito trabajo del amor de Dios: “Dios miró, así dice el libro del Génesis. todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”. Solamente al final, Dios “descansó”. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No! Fue un bonito trabajo. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.
La alianza de amor entre hombre y mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día para otro, no hay matrimonio exprés: es necesario trabajar en el amor. Es necesario caminar. La alianza del amor entre el hombre y la mujer se aprende y se afina. Me permito decir, es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola. Es también casi un milagro. Un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe. Tendríamos quizá que comprometernos más en este punto, porque nuestras “coordinadas sentimentales” están un poco confusas. Quien pretende querer todo y enseguida, cede también sobre todo --y enseguida-- a la primera dificultad, o a la primera ocasión. No hay esperanza por la confianza y la felicidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumar el amor como una especia de “integrador” del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto! El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por tentadora que pueda resultar la oferta.
También Dios, cuando habla de la alianza con su pueblo lo hace, algunas veces en la Biblia, en términos de noviazgo. En el libro de Jeremías, hablando al Pueblo cómo se había alejado de Él, dice así en el capítulo 2. ‘Yo recuerdo el tiempo de tu juventud, el tiempo de tu noviazgo’ Cuando el Pueblo era la novia de Dios y Dios ha hecho este recorrido de noviazgo. Hace también una
Al final Dios se casa con su Pueblo, en Jesucristo, se casa en Jesús con la Iglesia, el Pueblo de Dios es la esposa de Jesús. Pero cuánto camino, y vosotros italianos, en vuestra literatura, tenéis una obra maestra sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes lo conozcan, lo lean. Es una obra maestra donde se cuenta la historia de los novios que han sufrido mucho dolor, han hecho un camino de muchas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. Pero no dejéis de lado esta obra maestra sobre el noviazgo que la literatura italiana os ha ofrecido. Id adelante, leerlo y ved la belleza, también el sufrimiento, pero la fidelidad de los novios. (se refiere a Gli sposi promessi de Alessandro Manzoni)
La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y ser esposos, precisamente en vista de la delicadeza y la profundidad de esta verificación. Estemos atentos a no despreciar a la ligera esta sabia enseñanza, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu. (1 Cor 6,15-20).
El noviazgo es un recorrido de vida, que debe madurar, como la fruta. Es un camino de maduración, el amor. Hasta el momento en el que se convierte precisamente en matrimonio.
Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos muchas parejas, que quizá llegan al curso un poco sin ganas. ‘Estos sacerdotes nos hacen hacer este curso, pero ¿por qué? Nosotros sabemos...’ Lo hacen sin ganas. Pero después están contentos y dan las gracias, porque de hecho han encontrado allí una ocasión --a menudo la única-- para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales. Sí, muchas parejas están juntas desde hace mucho tiempo, quizá también en la intimidad, a veces viviendo juntas, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, se debe revalorar el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir un proyecto.
El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de cónyuges cristianos. Y dirigiéndose también aquí sobre lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, de forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también esa oración ‘doméstica’, de vivir en familia. Los sacramentos, la vida sacramental, la confesión, la comunión... El Señor viene a vivir en los novios y les prepara para acogerlos verdaderamente el uno con el otro con la gracia de Cristo; y la fraternidad con los pobres y con los necesitados, que nos provocan a la sobriedad y al compartir. Los novios que se comprometen en esto, ambos, esto lleva a preparar una bonita celebración del matrimonio. De forma distinta, no mundana, sino de forma cristiana.
Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro ‘te haré mi esposa, te haré mi esposo, espero ese momento’ Es un momento, es un recorrido que va despacio hacia adelante pero que es un recorrido de maduración. No deben quemarse las etapas del camino. La maduración se hace así, paso a paso.
El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación, ¿a qué? a la sorpresa, a la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.
Ahora, os invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, José y María. Rezar para que la familia tenga este camino de preparación. Y rezar por los novios. Rezamos a la Virgen todos juntos, un Ave María por todos los novios para que puedan entender la belleza de este camino hacia el matrimonio. Ave María…
(El Papa ha dicho en español:)
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en el noviazgo, llamado a poner las bases de un proyecto de amor común y que debe asumido con plena conciencia.
El matrimonio, como vocación de Dios, no es sólo una relación basada en la atracción y el sentimiento, sino que establece una alianza tan sólida y duradera, que hace de dos vidas una sola, un auténtico milagro de la libertad humana y de la gracia de Dios. Una alianza así no se improvisa de un día para otro. El noviazgo crea las condiciones favorables para que el hombre y la mujer se conozcan a fondo, para que maduren la decisión responsable por algo tan grande, que no se puede ni comprar ni vender.
La cultura consumista del “usar y tirar”, del “todo y enseguida”, imperante en nuestra sociedad muchas veces tiende a convertir el amor en un objeto de consumo, que no puede constituir el fundamento de un compromiso vital.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Invito a todos, especialmente a los esposos cristianos, a acompañar con la oración y el testimonio de amor y fidelidad, a los jóvenes novios que se preparan para el matrimonio. Muchas gracias.
(Luego, el Papa ha dicho:)
Hago llegar un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Ayer se celebraba la memoria de san Felipe Neri, de quien celebramos el quinto centenario del nacimiento.
Que su atención al oratorio impulse en ustedes, queridos jóvenes, a testimoniar con alegría la fe en sus vidas. Que su confiada entrega a Cristo Salvador sostenga, a ustedes queridos enfermos, en los momentos de mayor desaliento. Y que su apostolado en las periferias, los invite a ustedes, queridos recién casados, a sostener a los más débiles y necesitados en sus familias
Tres tipos de cristianos segun el Papa Francisco
En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa habló sobre los tipos de cristianos que alejan a la gente de Dios. Se trata de: los egoístas, mundanos y los que se dejan llevar por el rigor.
FRANCISCO
"Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que dice que es cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús. Están los rigoristas, aquellos a los que Jesús reprocha que cargan tantos pesos sobre los hombros de la gente ”.
Francisco subrayó que existen también los cristianos de verdad, aquellos coherentes que "escuchan el grito de los que necesitan al Señor”.
"Aquel grupo de gente, tampoco hoy siente el grito de los tantos que tienen necesidad de Jesús. Un grupo de indiferentes: no sienten, creen que la vida es su grupito, allí; están contentos; son sordos al clamor de tanta gente que tiene necesidad de salvación, que tiene necesidad de la ayuda de Jesús, que tiene necesidad de la Iglesia. Esta gente es gente egoísta. Vive para sí misma. Son incapaces de sentir la voz de Jesús”.
"Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepción, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a aquellos que gritan ayuda a Jesús. Después están los rigoristas, aquellos a los que Jesús reprocha que cargan tantos pesos sobre los hombros de la gente. Jesús les dedica a ellos todo el capítulo 23 de San Mateo. ‘Hipócritas – les dice – explotan a la gente’. Y en lugar de responder al grito que pide salvación, alejan a la gente”.
"Está el grupo de los cristianos que tienen coherencia entre lo que creen y lo que viven, y ayudan a acercarse a Jesús, a la gente que grita, pidiendo salvación, pidiendo la gracia, pidiendo la salud espiritual para su alma”.
Tuesday, May 26, 2015
El apego a las riquezas es peligroso dijo el Papa Francisco
«El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo»
25 de mayo de 2015.- (Radio Vaticano / Camino Católico) Es necesario hacer de modo que si se poseen riquezas éstas sirvan al “bien común”. Porque la abundancia que se vive de manera egoísta es “triste”, quita “esperanza” y genera “todo tipo de corrupción”, grande o pequeña. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El camello y el ojo de la aguja, es decir, cómo el “entusiasmo” por Cristo se transforma en pocos instantes en “tristeza y cerrazón en sí mismo”. La escena que el Santo Padre comentó en su homilía es una de las más famosas del Evangelio. El joven rico que encuentra a Jesús, pide seguirlo y le asegura que quiere vivir desde siempre los mandamientos, pero después cambia totalmente su humor y actitud cuando el Maestro le dice que el último paso que debe cumplir, eso que le falta es vender sus bienes, darlos a los pobres y entonces seguirlo. De golpe, “la alegría y la esperanza” desaparecen en aquel joven, porque él, no quiere renunciar a su riqueza:
“El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo”.
Ricos y estériles
El Papa observó que “hay un misterio en la posesión de las riquezas”. Porque “las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y de hacernos creer que estamos en un paraíso terrenal”. En cambio – afirmó Francisco – aquel paraíso terrenal es un lugar sin “horizonte”, semejante a aquel barrio que el Papa Bergoglio recordó haber visto en la década de los años setenta, en que vivía gente acomodada que había fortificado los límites para defenderse de los ladrones:
“Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza, es una vita triste. El apego a las riquezas nos da tristeza y nos hace estériles. Digo ‘apego’, no digo ‘administrar bien las riquezas’, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor a una persona se las da es para que las utilice para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las encierre en su corazón, que después con esto se vuelve corrupto y triste”.
Abrir la mano y el horizonte
El Santo Padre insistió en que las riquezas que carecen de generosidad, “nos hacen creer que somos poderosos, como Dios. Y al final nos quitan lo mejor, la esperanza”. Pero Jesús – recordó Francisco – en el Evangelio indica cuál es la justa modalidad para vivir una abundancia de bienes:
“La primera Bienaventuranza: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, despojarse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado a él sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tú tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como aquel hombre que hacía banquetes y se vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que tienen necesidad y terminarás como aquel hombre: lejos de Dios”.
El camello y el ojo de la aguja, es decir, cómo el “entusiasmo” por Cristo se transforma en pocos instantes en “tristeza y cerrazón en sí mismo”. La escena que el Santo Padre comentó en su homilía es una de las más famosas del Evangelio. El joven rico que encuentra a Jesús, pide seguirlo y le asegura que quiere vivir desde siempre los mandamientos, pero después cambia totalmente su humor y actitud cuando el Maestro le dice que el último paso que debe cumplir, eso que le falta es vender sus bienes, darlos a los pobres y entonces seguirlo. De golpe, “la alegría y la esperanza” desaparecen en aquel joven, porque él, no quiere renunciar a su riqueza:
Ricos y estériles
El Papa observó que “hay un misterio en la posesión de las riquezas”. Porque “las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y de hacernos creer que estamos en un paraíso terrenal”. En cambio – afirmó Francisco – aquel paraíso terrenal es un lugar sin “horizonte”, semejante a aquel barrio que el Papa Bergoglio recordó haber visto en la década de los años setenta, en que vivía gente acomodada que había fortificado los límites para defenderse de los ladrones:
Abrir la mano y el horizonte
El Santo Padre insistió en que las riquezas que carecen de generosidad, “nos hacen creer que somos poderosos, como Dios. Y al final nos quitan lo mejor, la esperanza”. Pero Jesús – recordó Francisco – en el Evangelio indica cuál es la justa modalidad para vivir una abundancia de bienes:
“La primera Bienaventuranza: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, despojarse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado a él sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tú tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como aquel hombre que hacía banquetes y se vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que tienen necesidad y terminarás como aquel hombre: lejos de Dios”.
Monday, May 25, 2015
Los dramas humanos que conmueven al Papa Francisco
Los dramas humanos que conmueven a Francisco
Entrevista del Papa al diario argentino La Voz del Pueblo. Su pontificado, lo que le hace llorar, y lo que añora. No recibe más a políticos porque usan su foto. La contradicción de no permitir darle un par de chirlos al hijo y aceptar el aborto
Ver dramas humanos, como el del pueblo rohingya, que andan arriba de esos barcones en aguas tailandesas y cuando se acercan a tierra les dan un poco de comida, agua y los echan otra vez al mar. Ver esto, conmueve al Santo Padre. También lo hace ver chicos enfermos. “Cuando veo lo que acá llaman ‘enfermedades raras’, que son producidas por descuido del ambiente, se me revuelve todo”. Y cuando ve a esas criaturas le dice al Señor: “Por qué ellos y no yo”. Francisco también se conmueve cuando va a la cárcel. Siente dolor por ellos y le agradece a Dios no estar allí.
Todo esto le lleva al llanto interior. Pero, reconoce que le ha pasado dos veces que ha estado al límite de llorar con lágrimas, “pero me pude frenar a tiempo”. Estaba demasiado conmovido, incluso hubo algunas lágrimas que se escaparon, pero me hice el tonto y después de un rato me pasé la mano por la cara, explica Francisco. Una de las situaciones, recuerda, fue escuchando hablar de la persecución de los cristianos en Irak.
Así lo cuenta en una entrevista publicada este domingo en La Voz del Pueblo, diario de la localidad argentina Tres Arroyos. En una conversación de 45 minutos con el periodistas Juan Berretta, el Santo Padre conversa sobre temas tan variados como su pontificado, las cosas que le hacen llorar, las utopías, lo que añora o el fútbol.
El Santo Padre recordó que 'nunca hay que darle un cachetazo en la cara a un chico porque la cara es sagrada, pero dos o tres palmadas en el traste no vienen mal'. Y que cuando dijo esto en una audiencia "algunos países me criticaron. Son países que tienen leyes de protección al menor muy estrictas". Y añadió que "curiosamente esos países, que incluso castigan al padre o a la madre que le pega al menor, tienen leyes que les permiten matar a los chicos antes de que nazcan. Esas son las contradicciones que vivimos ahora".
Sobre su nombramiento como sucesor de Pedro, el Papa asegura que nunca lo soñó, y recuerda que con respecto a la posibilidad de serlo, “yo estaba en la lista de los papables en el otro cónclave… Pero esta vez, la segunda, por la edad, 76 años, y porque además había gente más valiosa ciertamente”. Tanto era el asunto --señala-- que ni una foto mía salió en los diarios, nadie pensaba en mí. Y asegura que “yo tampoco pensaba en mí, ni se me ocurría”.
Pero insiste que cuando fue elegido sintió paz y pensó “si Dios lo quiere” y después “me llevaron a la Sacristía, me cambiaron la sotana, y a la cancha. Y ahí dije lo que me vino”.
El periodista le pregunta por el magnetismo que genera en la gente y el Papa responde que “primero no entendía por qué ocurría eso. Y me cuentan algunos cardenales que la gente dice ‘le entendemos’”. A propósito explica que él trata “de ser plástico en las audiencias”, “de ser concreto” .
Francisco disfruta de la audiencia general “en un sentido humano y espiritual”. La gente me hace bien, me tira buena onda, asegura. De este modo recuerda que su elección de vivir en Santa Marta es por la necesidad que él tiene de estar con gente, “eso a mí me hace muy bien”. Yo me hice cura para estar con la gente. Doy gracias a Dios que eso no se me haya ido, explica el Santo Padre.
Por otro lado, el Pontífice reconoce que hay algo que echa de menos: “Salir a la calle. Eso sí lo añoro, la tranquilidad de caminar por las calles. O ir a una pizzería a comer una buena pizza”. Y así, asegura que no sale del Vaticano. “Voy a las parroquias… Pero no puedo salir. Imaginate que yo salgo ahí (por la calle) y se arma”, explica el Papa. Al respecto cuenta una anécdota de un día que salió “en el auto sólo con el chofer y me olvidé de cerrar la ventanilla, estaba abierta y no me di cuenta. Y se armó un lío… Yo iba en el asiento del acompañante, teníamos que ir ahí nomás, pero la gente no dejaba avanzar el auto”.
También habla de su descanso. El Santo Padre explica que duerme seis horas, a las 9 va a la cama y lee hasta las 10, y además duerme 40 minutos de siesta, “los días que no duermo la siesta lo siento”, asegura. Ahora está leyendo sobre san Silvano del Monte Athos, “un gran maestro espiritual”.
Las presiones existen, indica el Papa. “Estoy llevando un ritmo de trabajo muy fuerte, es el síndrome del fin del año escolar, que acá termina a fin de junio. Y entonces se juntan mil cosas, y problemas hay... Y después están los problemas que te arman, con que dije o no dije…”. Y explica una anécdota sobre cómo los medios de comunicación en ocasiones descontextualizan lo que dice. En la parroquia de Ostia, saludando a los ancianos y a los enfermos el Papa indicó “miren qué divertido, acá donde jugaban los chicos están los ancianos y los enfermos. Yo los comprendo a ustedes porque también soy anciano y también tengo mis achaques, soy un poco enfermo”. Al día siguiente el titular en muchos periódicos era “el Papa confesó que estaba enfermo”.
A propósito, Francisco explica que no está encima de lo que publican. Así, explica que a diario lee La Repubblica y que no le lleva más de 10 minutos ojearlo. Televisión no ve desde el año 1990 por una promesa que le hizo a la Virgen del Carmen. Pero para conocer los resultados del fútbol, un guardia suizo le deja los resultados todas las semanas. No utiliza internet y “dar entrevistas jamás, ahora se me ha dado, es el estado de gracia. Antes enfrentarme a un periodista me daba pánico”, confiesa Francisco.
En la entrevista el Papa dice que ve Argentina como un país de muchas posibilidades y de tantas oportunidades perdidas. “Somos un país que ha perdido tantas oportunidades a lo largo de la historia. Algo pasa, con toda la riqueza que tenemos”, razona el Papa. Al respecto asegura que no sigue la política de su país. Dejó de recibir políticos porque se dio cuenta de que algunos usaban su foto.
Aborda en la entrevista también el tema de la pobreza. El periodista pregunta si no es utópico pensar que se puede erradicar a lo que el Papa responde así: “Hay tres cosas que tenemos que tener todos en la vida: memoria, capacidad de ver el presente y utopía para el futuro. La memoria no hay que perderla. Cuando los pueblos pierden su memoria está el gran drama de descuidar a los ancianos. Capacidad de hermenéutica frente al presente, interpretarlo y saber por dónde hay que ir con esa memoria, con esas raíces que traigo, cómo la juego en el presente, y ahí está la vida de los jóvenes y adultos. Y el futuro, ahí está la de los jóvenes sobre todo y la de los niños. Con memoria, con capacidad de gestión en el presente, de discernimiento y la utopía hacia el futuro, que ahí se involucran los jóvenes”.
Sobre los peores males que aquejan al mundo hoy, Francisco cree que son “pobreza, corrupción, trata de personas”. A propósito observa que en cuanto a los gastos en el mundo después de la alimentación, el vestido y la medicina; el cuarto son los cosméticos y el quinto las mascotas. “Es grave eso”, asegura el Papa. Y observa que “el cuidado de las mascotas es como el amor un poco programado, es decir, yo puedo programar la respuesta amorosa de un perro o de una gatita, y ya no necesito tener la experiencia de un amor de reciprocidad humana. Estoy exagerando, que no se tome textual, pero es para preocuparse”.
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