En su catequesis de la audiencia general, celebrada el segundo miércoles de febrero en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco continuó sus reflexiones sobre la familia, refiriéndose en esta ocasión a los hijos como don de Dios para los padres y la sociedad.
Tras destacar que un hijo es amado por ser hijo y no porque sea bello, sano, bueno o porque piense o encarne los deseos de sus padres, el Obispo de Roma recordó que ser hijos nos permite descubrir la dimensión gratuita del amor, de ser amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, e incluso antes de venir al mundo, “lo que representa – dijo – una experiencia fundamental para conocer el amor de Dios, fuente última de este auténtico milagro”.
Aludiendo al cuarto mandamiento que nos pide “honrar al padre y a la madre” el Papa Bergoglio afirmó que una sociedad que descarta a sus mayores es una sociedad sin dignidad, que pierde sus raíces y se marchita; mientras una sociedad que no se rodea de hijos, que los considera un problema, o un peso, no tiene futuro.
Además, teniendo en cuenta que la concepción de los hijos debe ser responsable, el Santo Padre también dijo que el simple hecho de tener muchos hijos no puede ser visto como una decisión irresponsable, puesto que la vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose.
Y en el sucederse de las generaciones – concluyó – se realiza el designio amoroso de Dios sobre la humanidad.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
Resumen de la catequesis del Papa Francisco para los fieles de nuestro idioma:
Queridos hermanos y hermanas:
Siguiendo la serie de catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablarles de los hijos como don de Dios para los padres y la sociedad.
Un hijo es amado por ser hijo: no porque sea bello, sano, bueno; no porque piense igual que yo, o encarne mis deseos. Todos hemos sido hijos. Ser hijos nos permite descubrir la dimensión gratuita del amor, de ser amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, e incluso antes de venir al mundo.
Es una experiencia fundamental para conocer el amor de Dios, fuente última de este auténtico milagro. Además, este amor nos da fuerza para afrontar la vida sin miedo, construir un mundo nuevo, ser mejores cada día sin arrogancia y sin presunción.
El cuarto mandamiento que nos pide “honrar al padre y a la madre” está a la base de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres. Una sociedad que descarta a sus mayores es una sociedad sin dignidad, pierde sus raíces y se marchita; una sociedad que no se rodea de hijos, que los considera un problema, que los considera un peso, no tiene futuro.
La concepción de los hijos debe ser responsable, pero el simple hecho de tener muchos hijos no puede ser visto como una decisión irresponsable.
La vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose. Los hijos crecen compartiendo alegrías y sacrificios. En el sucederse de las generaciones se realiza el designio amoroso de Dios sobre la humanidad.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en especial a los fieles de Mallorca, acompañados de su Obispo, Mons. Javier Salinas Viñals, así como a los grupos provenientes de España, Colombia, Argentina, México y otros países latinoamericanos.
Que la Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de Lourdes, nos conceda a todos sus hijos consuelo y fortaleza para crecer en el amor y caminar juntos hasta la meta del cielo. Muchas gracias.
Texto completo de la catequesis del Santo Padre:
La familia: los hijos
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Después de haber reflexionado sobre las figuras de la madre y del padre, en esta catequesis sobre la familia quisiera hablar del hijo, o mejor dicho, de los hijos. Me inspiro en una bella imagen de Isaías. El profeta escribe: «Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón» (60,4-5a). Es una espléndida imagen, una imagen de la felicidad que se realiza en el encuentro entre padres e hijos, que caminan juntos hacia un futuro de libertad y paz, después de mucho tiempo de privaciones y separaciones, como fue, en aquel tiempo, esa historia, cuando estaban lejos de su patria.
De hecho, hay una estrecha relación entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre generaciones. Esto tenemos que pensarlo bien ¿eh? Hay un vínculo estrecho entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre generaciones. La alegría de los hijos hace palpitar el corazón de los padres y vuelve a abrir el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de los muchos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres... No, no. Los hijos son un don. Son un regalo: ¿entendido? Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible; y al mismo tiempo, inconfundiblemente ligado a sus raíces. Ser hijo e hija, de hecho, según el designio de Dios, significa llevar en sí la memoria y la esperanza de un amor que se ha realizado a sí mismo encendiendo la vida de otro ser humano, original y nuevo. Y para los padres cada hijo es sí mismo, es diferente, diverso. Permítanme un recuerdo de familia. Recuerdo que mi mamá decía sobre nosotros, éramos cinco: “Yo tengo cinco hijos”, “¿cuál es tu preferido?”, le preguntábamos. Y ella: “Yo tengo cinco hijos, como tengo cinco dedos. Si me golpean éste me hace mal; si me golpean éste me hace mal. Me hacen mal los cinco, ¡todos son míos! Pero todos diferentes como los dedos de una mano”. ¡Y así es la familia! La diferencia de los hijos, pero todos hijos.
Un hijo se ama porque es hijo: no porque sea bello, o porque sea así o asá, ¡no! ¡Porque es hijo! No porque piensa como yo, o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo: una vida generada por nosotros, pero destinada a él, a su bien, para el bien de la familia, de la sociedad, de toda la humanidad.
De ahí viene también la profundidad de la experiencia humana del ser hijo e hija, que nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que nunca deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen. Cuántas veces encuentro a las mamás aquí que me hacen ver la panza y me piden la bendición… porque son amados estos niños antes de venir al mundo. Y ésta es gratuidad, esto es amor; son amados antes, como el amor de Dios, que nos ama siempre antes. Son amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, ¡incluso antes de venir al mundo! Ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, por más vulnerable que sea, Dios pone el sello de este amor, que está en la base de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir.
Hoy en día parece más difícil para los hijos imaginar su futuro. Los padres - como mencioné en las catequesis anteriores - quizás han dado un paso atrás y los hijos se han vuelto más inciertos en el dar pasos hacia adelante. Podemos aprender la buena relación entre generaciones de nuestro Padre Celestial, que nos deja libres a cada uno de nosotros, pero nunca nos deja solos. Y si nos equivocamos, Él continúa siguiéndonos con paciencia sin disminuir su amor por nosotros. El Padre Celestial no da pasos hacia atrás en su amor por nosotros, ¡jamás! Va siempre hacia adelante y si no se puede ir adelante, nos espera, pero nunca va hacia atrás; quiere que sus hijos sean valientes y den pasos hacia adelante.
Los hijos, por su parte, no deben tener miedo del compromiso de construir un mundo nuevo: ¡es justo desear que sea mejor del que han recibido! Pero esto debe hacerse sin arrogancia, sin presunción. A los hijos hay que saber reconocerles su valor, y a los padres siempre se los debe honrar.
El cuarto mandamiento pide a los hijos – ¡y todos lo somos! – honra a tu padre y a tu madre (cf. Ex 20:12). Este mandamiento viene inmediatamente después de los que tienen que ver con Dios mismo; después de los tres mandamientos que tienen que ver con Dios mismo, viene el cuarto. De hecho contiene algo de sagrado, algo de divino, algo que está en la raíz de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres. Y en la formulación bíblica del cuarto mandamiento se añade: «Honra a tu padre y a tu madre para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da». El vínculo virtuoso entre generaciones es una garantía de futuro, y es garantía de una historia verdaderamente humana. Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor; ¡cuando no se honran a los padres se pierde el propio honor! Es una sociedad destinada a llenarse de jóvenes áridos y ávidos. Pero también una sociedad avara de generaciones, que no ama rodearse de hijos, que los considera sobre todo una preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en tantas sociedades que conocemos aquí en Europa: son sociedades deprimidas porque no quieren hijos, no tienen hijos, el nivel de nacimientos no llega al uno por ciento. ¿Por qué? Que cada uno piense y se responda. Si una familia generosa de hijos se ve como si fuera un peso, ¡hay algo mal!
La concepción de los hijos debe ser responsable, como enseña también la Encíclica Humanae Vitae del Beato Papa Pablo VI, pero el tener muchos hijos no puede ser visto automáticamente como una elección irresponsable. Es más, no tener hijos es una elección egoísta. La vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose: ¡se enriquece, no se empobrece! Los hijos aprenden a hacerse cargo de su familia, maduran compartiendo sus sacrificios, crecen en la apreciación de sus dones. La experiencia alegre de la fraternidad anima el respeto y cuidado de los padres, a quienes debemos nuestra gratitud. Muchos de ustedes aquí presentes tienen hijos y todos somos hijos. Hagamos una cosa, un minutito, no nos extenderemos mucho. Que cada uno de nosotros piense en su corazón en sus hijos, si los tiene, piense en silencio. Y todos pensemos en nuestros padres y agradezcamos a Dios por el don de la vida. En silencio, quienes tienen hijos piensen en ellos, y todos pensemos en nuestros padres. Que el Señor bendiga a nuestros padres y bendiga a sus hijos.
Que Jesús, el Hijo eterno, hecho hijo en el tiempo, nos ayude a encontrar el camino de una nueva irradiación de esta experiencia humana tan simple y tan grande que es ser hijos. En el multiplicarse de las generaciones hay un misterio de enriquecimiento de la vida de todos, que proviene de Dios mismo. Debemos redescubrirlo, desafiando los prejuicios; y vivirlo, en la fe, en la perfecta alegría. Y les digo: ¡Qué hermoso es cuando paso entre ustedes y veo a los papás y a las mamás que alzan a sus hijos para que sean bendecidos! Es un gesto casi divino. ¡Gracias por hacerlo!
P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santisima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica. Es el Director Hispano de Comunicaciones de los Siervos Misioneros en Silver Spring, Maryland. Ayuda los fines de semana como Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park, Maryland. Tiene programas radiales en www.esneradio.com y ewtn radio www.ewtn.com
Wednesday, February 11, 2015
Tuesday, February 10, 2015
Papa Francisco: Si un cristiano quiere conocer su identidad no puede quedarse sentado
Para encontrar a Dios hay que correr el riesgo de ponerse en camino, porque un cristiano “quieto” jamás podrá conocer el rostro del Padre. Fue la reflexión que desarrolló el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Si un cristiano quiere conocer su identidad, no puede quedarse cómodamente sentado en el sillón ojeando un libro porque en el mundo “no existe un catálogo” con la imagen de Dios. Y tampoco se puede trazar a un Dios ventajoso obedeciendo a reglas que con Dios no tienen nada que hacer.
Los inquietos verán a Dios
La lectura del Génesis, que relata la creación del hombre “a imagen de Dios” sugirió al Papa Francisco una meditación sobre el camino justo y los muchos caminos equivocados que se abren ante un cristiano que quiera conocer su origen. La imagen de Dios – afirmó Francisco – ciertamente no la encuentro en la computadora o en las enciclopedias. Para encontrarla y, por lo tanto, para comprender “mi identidad”, sólo hay una única manera: “poniéndose en camino”. De lo contrario – dijo el Papa – “jamás podremos conocer el rostro de Dios”:
“Quien no se pone en camino, jamás conocerá la imagen de Dios, jamás encontrará el rostro de Dios. Los cristianos sentados, los cristianos quietos no conocerán el rostro de Dios: no lo conocen. Dicen: ‘Dios es así, así…’, pero no lo conocen. Los quietos. Para caminar es necesaria esa inquietud que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón y que te lleva adelante a buscarlo”.
La “caricatura” di Dio
Francisco afirmó que “ponerse en camino es dejar que Dios o la vida nos ponga a prueba, ponerse en camino es correr un riesgo”. Y así también han hecho, desafiando peligros y sintiéndose extenuados por la fatiga y el desánimo, algunos gigantes como el profeta Elías, o Jeremías, o Job. Pero también existe otro modo de estar quietos y por tanto de falsear la búsqueda de Dios, que el Papa ve en el episodio del Evangelio en el que los escribas y los fariseos reprochan a Jesús porque sus discípulos comen sin haber realizado las abluciones rituales:
“En el Evangelio, Jesús encuentra a gente que tiene miedo de ponerse en camino y que se adapta con una caricatura de Dios. Es un falso documento de identidad. Estos no-inquietos han hecho callar la inquietud del corazón, pintan a Dios con mandamientos y se olvidan de Dios: ‘Ustedes, descuidando el mandamiento de Dios, observan la tradición de los hombres’, y así se alejan de Dios, no caminan hacia Dios y cuando les falta la seguridad, inventan o hacen otro mandamiento”.
La gracia de estar en camino
Quien se comporta de este modo – concluyó el Papa Francisco – realiza un “camino entre comillas”, un “camino que no camina, un camino quieto”:
“Hoy la liturgia nos hace reflexionar sobre estos dos textos: dos documentos de identidad. El que todos nosotros tenemos, porque el Señor nos ha hecho así, y el que nos dice: ‘Ponte en camino y tú tendrás conocimiento de tu identidad, porque tú eres imagen de Dios, eres hecho a imagen de Dios. Ponte en camino y busca a Dios’. Y el otro: ‘No, tranquilo: cumple todos estos mandamientos y esto es Dios. Éste es el rostro de Dios’. Que el Señor nos dé a todos la gracia del coraje de ponernos siempre en camino, para buscar el rostro del Señor, aquel rostro que un día veremos pero que aquí, en la Tierra, debemos buscar”.
Monday, February 09, 2015
Papa Francisco: Deja que Jesús predique para ti
PAPA FRANCISCO EN LA MISA DE ESTE DOMINGO: 8 de Febrero:
En la tarde de ayer domingo, el Papa Francisco visitó la parroquia romana de San Miguel Arcángel en Pietralata.
En la tarde de ayer domingo, el Papa Francisco visitó la parroquia romana de San Miguel Arcángel en Pietralata.
"Deja que Jesús te sane, sólo Él es paz. El diablo es padre de la guerra"
El Papa Francisco sugirió dos propósitos: leer cada día un pasaje del Evangelio - para dejar que Jesús predique para nosotros - y rezar para que Jesús sane nuestras heridas.
Con el canto «Somos tu pueblo Señor», cantado en español, comenzó la Santa Misa que presidió el Papa Francisco en la parroquia romana de San Miguel Arcángel en Pietralata. Terminando así su visita pastoral, la tarde del domingo 8 de febrero. Antes de llegar a esta parroquia, el Papa quiso detenerse para saludar a un grupo de personas que viven en un campo de viviendas pobres y precarias, denominado Campo Arco Iris, en el que viven desplazados latinoamericanos, africanos, rusos y ucranianos, que recibieron con inmensa sorpresa, alegría y gratitud la visita del Obispo de Roma. Hablaron y rezaron con él en español y recibieron su bendición.
Con el canto «Somos tu pueblo Señor», cantado en español, comenzó la Santa Misa que presidió el Papa Francisco en la parroquia romana de San Miguel Arcángel en Pietralata. Terminando así su visita pastoral, la tarde del domingo 8 de febrero. Antes de llegar a esta parroquia, el Papa quiso detenerse para saludar a un grupo de personas que viven en un campo de viviendas pobres y precarias, denominado Campo Arco Iris, en el que viven desplazados latinoamericanos, africanos, rusos y ucranianos, que recibieron con inmensa sorpresa, alegría y gratitud la visita del Obispo de Roma. Hablaron y rezaron con él en español y recibieron su bendición.
Luego, al llegar a la parroquia, el Santo Padre saludó a las distintas realidades y grupos parroquiales. Con palabras de ternura, cercanía y aliento, como las que dirigió a los enfermos, recordándoles que Dios es nuestro Papá, y como un Padre nunca deja solos a sus hijos. También un grupo de personas necesitadas, recibió un saludo especial del Papa:
«La gente no conoce el nombre de ustedes y los llama ‘sin techo’. Y ustedes soportan esto: es su cruz y su paciencia. Pero hay algo en el corazón de todos ustedes, les ruego que estén seguro de ello: está el Espíritu Santo».
En el momento dedicado a los niños, el Santo Padre recordó el sufrimiento que causan las guerras, en tantas partes del mundo, como en Irak, Ucrania, África. Guerras debidas al odio, cuyo padre es el diablo, dijo, recordando que Dios quiere la unidad:
«¿Quién es el padre de la guerra? Díganlo fuerte.... (los niños responden: ¡el diablo!) Porque el diablo es el padre del odio. ¿De acuerdo? Es el padre de las mentiras... ¿Por qué? Porque no quiere la unidad. Mientras que Dios quiere la unidad... Si sienten celos en su corazón hacia otro, otra persona, éste es el comienzo de una guerra. Los celos no son de Dios».
En su homilía, hizo hincapié en la importancia de rezar rogando a Jesús que sane nuestras heridas:
«La gente no conoce el nombre de ustedes y los llama ‘sin techo’. Y ustedes soportan esto: es su cruz y su paciencia. Pero hay algo en el corazón de todos ustedes, les ruego que estén seguro de ello: está el Espíritu Santo».
En el momento dedicado a los niños, el Santo Padre recordó el sufrimiento que causan las guerras, en tantas partes del mundo, como en Irak, Ucrania, África. Guerras debidas al odio, cuyo padre es el diablo, dijo, recordando que Dios quiere la unidad:
«¿Quién es el padre de la guerra? Díganlo fuerte.... (los niños responden: ¡el diablo!) Porque el diablo es el padre del odio. ¿De acuerdo? Es el padre de las mentiras... ¿Por qué? Porque no quiere la unidad. Mientras que Dios quiere la unidad... Si sienten celos en su corazón hacia otro, otra persona, éste es el comienzo de una guerra. Los celos no son de Dios».
En su homilía, hizo hincapié en la importancia de rezar rogando a Jesús que sane nuestras heridas:
Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una tontera, porque el diablo, de una tontera hace que se vuelva un mundo. Luego, tantas veces las enemistades duran muchos años. Y se destruye esa familia: los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la esposa de un hijo no habla con el otro... Celos, envidias... Esto lo siembra el diablo. Y el único que echa fuera los demonios es Jesús. El único que sana estas cosas es Jesús. Por eso le digo a cada uno de ustedes: ¡‘déjate sanar por Jesús’!»
«¡Deja que Jesús predique para ti!, exhortó también el Santo Padre, alentando una vez más a leer el Evangelio para escuchar lo que Jesús nos quiere decir:
«Debemos acostumbrarnos a esto: escuchar la Palabra de Jesús, en el Evangelio. Leer un pasaje, pensar sobre lo que dice, lo que me dice a mí. Si no percibo lo que me dice, paso a otro. Pero hay que tener este contacto cotidiano con el Evangelio. Porque así Jesús me predica a mí, me dice con el Evangelio lo que me quiere decir».
«¡Deja que Jesús predique para ti!, exhortó también el Santo Padre, alentando una vez más a leer el Evangelio para escuchar lo que Jesús nos quiere decir:
«Debemos acostumbrarnos a esto: escuchar la Palabra de Jesús, en el Evangelio. Leer un pasaje, pensar sobre lo que dice, lo que me dice a mí. Si no percibo lo que me dice, paso a otro. Pero hay que tener este contacto cotidiano con el Evangelio. Porque así Jesús me predica a mí, me dice con el Evangelio lo que me quiere decir».
Papa Francisco: Custodiar la Creación, responsabilidad del Cristiano
HOMILÍA DEL LUNES: CUSTODIAR LA CREACIÓN, RESPONSABILIDAD DEL CRISTIANO
El Papa: ¿Custodiar la Creación es de los ‘verdes’? ¡No, es cristiano!
Los cristianos es...tán llamados a custodiar la Creación. Lo subrayó el Papa Francisco en la misa matutina en la casa de Santa Marta. El Pontífice reflexionó sobre la “segunda creación” obrada por Jesús que ha “re-creado” lo que había sido arruinado por el pecado.
El Papa: ¿Custodiar la Creación es de los ‘verdes’? ¡No, es cristiano!
Los cristianos es...tán llamados a custodiar la Creación. Lo subrayó el Papa Francisco en la misa matutina en la casa de Santa Marta. El Pontífice reflexionó sobre la “segunda creación” obrada por Jesús que ha “re-creado” lo que había sido arruinado por el pecado.
Dios crea el universo y “continuamente sostiene lo que ha creado”. El Papa ha desarrollado su homilía deteniéndose en el pasaje del Génesis, en la Primera Lectura, que narra la creación del universo. En el Evangelio del día, dijo, vemos “la otra creación de Dios”, “aquélla de Jesús, que viene a re-crear lo que había sido arruinado por el pecado”.
¿Cómo respondemos a la creación de Dios?
Vemos a Jesús entre la gente, dijo, y “quienes lo tocaban estaban salvados”: es la “re-creación”. “Esta ‘segunda creación’ – explicó Francisco – es más maravillosa que la primera; este segundo trabajo es más maravilloso”.
Al final, el Espíritu Santo realiza “otro trabajo”, la “perseverancia en la fe”:
“Dios trabaja, continúa trabajando y nosotros podemos preguntarnos cómo debemos responder a esta creación de Dios, que nació del amor, porque Él trabaja por amor. A la ‘primera creación’ debemos responder con la responsabilidad que el Señor nos da: ‘La Tierra es suya, llévenla adelante, domínenla, háganla crecer’. También nosotros tenemos la responsabilidad de hacer crecer la Tierra, de hacer crecer la Creación, de custodiarla y hacerla crecer según sus leyes. Nosotros somos señores de la Creación, no dueños”.
Custodiar la Creación es deber del cristiano
El Papa advirtió que debemos “tener cuidado de no adueñarnos de la Creación, sino de hacerla seguir adelante, fiel a sus leyes”. Por lo tanto – agregó – “ésta es la primera respuesta al trabajo de Dios: trabajar para custodiar la Creación”:
“Cuando nosotros escuchamos que la gente hace reuniones para pensar en cómo custodiar la Creación, podemos decir: '¡Son los verdes!’. ¡No, no son los ‘verdes’! ¡Esto es cristiano! Es nuestra respuesta a la ‘primera creación de Dios. Es nuestra responsabilidad".
"Un cristiano que no custodia la Creación, que no la hace crecer, es un cristiano al cual no le importa el trabajo de Dios, ese trabajo nacido del amor de Dios por nosotros. Y ésta es la primera respuesta a la primera Creación: custodiar la Creación, hacerla crecer”.
Dejémonos reconciliar con Jesús
Francisco se preguntó cómo respondemos “a la segunda creación”. San Pablo – recordó – nos dijo que nos dejemos “reconciliar con Dios”, “recorrer el camino de la reconciliación, de la reconciliación comunitaria, porque la reconciliación es obra de Cristo”.
Y luego, recordando al Apóstol de los Gentiles, el Pontífice dijo que no debemos entristecer al Espíritu Santo que está en nosotros, que está dentro de nosotros y trabaja dentro de nosotros. Y agregó: nosotros “creemos en un Dios personal”: “es persona Padre, persona Hijo y persona Espíritu Santo”:
“Y los tres están involucrados en esta Creación, en esta re-creación, en esta perseverancia en la re-creación. Y a los tres respondemos: custodiar y hacer crecer la Creación, dejarnos reconciliar con Jesús, con Dios en Jesús, en Cristo, cada día, y no entristecer al Espíritu Santo, no echarlo: es el huésped de nuestro corazón que nos acompaña y nos hace crecer”.
“Que el Señor – concluyó el Obispo de Roma – nos dé la gracia de entender que Él está obrando y nos dé la gracia de responder justamente a este trabajo de amor”.
¿Cómo respondemos a la creación de Dios?
Vemos a Jesús entre la gente, dijo, y “quienes lo tocaban estaban salvados”: es la “re-creación”. “Esta ‘segunda creación’ – explicó Francisco – es más maravillosa que la primera; este segundo trabajo es más maravilloso”.
Al final, el Espíritu Santo realiza “otro trabajo”, la “perseverancia en la fe”:
“Dios trabaja, continúa trabajando y nosotros podemos preguntarnos cómo debemos responder a esta creación de Dios, que nació del amor, porque Él trabaja por amor. A la ‘primera creación’ debemos responder con la responsabilidad que el Señor nos da: ‘La Tierra es suya, llévenla adelante, domínenla, háganla crecer’. También nosotros tenemos la responsabilidad de hacer crecer la Tierra, de hacer crecer la Creación, de custodiarla y hacerla crecer según sus leyes. Nosotros somos señores de la Creación, no dueños”.
Custodiar la Creación es deber del cristiano
El Papa advirtió que debemos “tener cuidado de no adueñarnos de la Creación, sino de hacerla seguir adelante, fiel a sus leyes”. Por lo tanto – agregó – “ésta es la primera respuesta al trabajo de Dios: trabajar para custodiar la Creación”:
“Cuando nosotros escuchamos que la gente hace reuniones para pensar en cómo custodiar la Creación, podemos decir: '¡Son los verdes!’. ¡No, no son los ‘verdes’! ¡Esto es cristiano! Es nuestra respuesta a la ‘primera creación de Dios. Es nuestra responsabilidad".
"Un cristiano que no custodia la Creación, que no la hace crecer, es un cristiano al cual no le importa el trabajo de Dios, ese trabajo nacido del amor de Dios por nosotros. Y ésta es la primera respuesta a la primera Creación: custodiar la Creación, hacerla crecer”.
Dejémonos reconciliar con Jesús
Francisco se preguntó cómo respondemos “a la segunda creación”. San Pablo – recordó – nos dijo que nos dejemos “reconciliar con Dios”, “recorrer el camino de la reconciliación, de la reconciliación comunitaria, porque la reconciliación es obra de Cristo”.
Y luego, recordando al Apóstol de los Gentiles, el Pontífice dijo que no debemos entristecer al Espíritu Santo que está en nosotros, que está dentro de nosotros y trabaja dentro de nosotros. Y agregó: nosotros “creemos en un Dios personal”: “es persona Padre, persona Hijo y persona Espíritu Santo”:
“Y los tres están involucrados en esta Creación, en esta re-creación, en esta perseverancia en la re-creación. Y a los tres respondemos: custodiar y hacer crecer la Creación, dejarnos reconciliar con Jesús, con Dios en Jesús, en Cristo, cada día, y no entristecer al Espíritu Santo, no echarlo: es el huésped de nuestro corazón que nos acompaña y nos hace crecer”.
“Que el Señor – concluyó el Obispo de Roma – nos dé la gracia de entender que Él está obrando y nos dé la gracia de responder justamente a este trabajo de amor”.
Wednesday, February 04, 2015
Papa Francisco" "Un buen padre sabe atender y perdonar "
Un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”, afirmó el Papa Francisco durante la Audiencia General en el Aula Pablo VI, en la que reflexionó sobre el papel del padre en la familia, poniendo como ejemplo la parábola del Hijo Pródigo.
Como ya anunciase la semana pasada, la catequesis de hoy se refirió a la función del padre en la familia, desde una perspectiva positiva, dejando de lado los “peligros de los padres 'ausentes'”.
“Toda familia necesita al padre”, comenzó diciendo. El padre “sabe todo lo que cuesta transmitir esta herencia: la cercanía, la dulzura y la firmeza” pero también “¡cuánto consuelo y cuanta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia! Es una alegría que redime toda fatiga, que supera cada incomprensión y cura todas las heridas”.
Francisco habló después de algunas necesidades, como “que el padre esté presente en la familia”. “Que sea cercano con la mujer, para compartir todo, alegría y dolores, fatigas y esperanzas, y que sea cercano a los hijos durante su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan en algo, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresa y cuando están taciturnos, cuando son atrevidos y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando reencuentran el camino”. En todas estas ocasiones “el padre debe estar siempre presente”.
Pero, el Papa alertó de que estar presente no es lo mismo que “controlar”: “Los padres demasiado controladores anulan a los hijos, no les dejan crecer”.
El Pontífice puso como ejemplo el Evangelio que habla de Dios como de un “padre bueno” y la Parábola del Hijo Pródigo o “del padre misericordioso”.
“Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay que hacer nada más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia”.
Y es que “un buen padre sabe atender y perdonar, desde lo profundo del corazón”. Aunque “es verdad que también corregir con firmeza: no es un padre débil, que deja hacer lo que sea, sentimental. El padre sabe corregir sin desanimar y al igual sabe proteger sin descanso”.
Para hacer más comprensibles sus palabras el Papa puso el siguiente ejemplo: “Una vez escuché en una reunión de matrimonio a un padre decir: 'algunas veces tengo que pegar un poco a los hijos... pero nunca en la cara para no humillarles'”.
“Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden la valentía y abandonan el campo, pero los hijos necesitan encontrar a un padre que les espere cuando vuelvan de sus fallos. Harán lo que sea para no admitirlo, para no reconocerlo, pero lo necesitan: y no encontrarlo abre sus heridas difíciles de sanar”.
En su catequesis, Francisco tomó algunas citas del Libro de los Proverbios dirigidas a los propios hijos: “'Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón: mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud'”.
“No se puede expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio”.
El Papa explicó que este padre no decía “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. “No, le dice alguna cosa más importante, que podríamos interpretar así: 'Seré feliz cada vez que te vea actuar con prudencia, y seré conmovido cada vez que escuche hablar con rectitud'”.
“'Esto es lo que he querido dejarte, para que se convierta en algo tuyo: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y porque tú podrías ser así, te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e insensato. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que quizás no entendieras, cuando habrías querido sólo complicidad y protección”.
El Papa continuó con el ejemplo: “He querido yo mismo, primero, ponerme en la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Cuando veo que buscas ser así con tus hijos, y con todos, me conmuevo. Estoy feliz de ser tu padre”.
Y “esto dice cómo es un padre sabio, un padre maduro”, aseguró Francisco.
Por último, el Papa aseguró que “la Iglesia, nuestra madre, está empeñada en sostener con todas sus fuerzas la buena y generosa presencia de los padres en las familias, porque ellas son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y en la protección de Dios, como San José”.
Tuesday, February 03, 2015
El Papa nos invita a contemplar diariamente el Evangelio
La contemplación cotidiana del Evangelio nos ayuda a tener la verdadera esperanza. Es cuanto subrayó el Papa Francisco en su homilía de laMisa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, la primera del mes de febrero.
El Pontífice exhortó nuevamente a los fieles a leer el Evangelio cada día, al menos durante diez minutos, para dialogar con el Señor, en lugar de perder tiempo mirando una telenovela o escuchando los chismes del vecino.
¿Cuál es el centro de la esperanza?, se preguntó Francisco. Tener “fija la mirada sobre Jesús”, fue su respuesta. El Santo Padre desarrolló su homilía a partir del pasaje de la Carta a los Hebreos que se detiene precisamente sobre la esperanza.
Y subrayó que sin escuchar al Señor tal vez podamos igualmente “tener optimismo y ser positivos”, pero la esperanza “se aprende mirando a Jesús”.
Refiriéndose a la oración “de contemplación”, el Pontífice observó que “es bueno rezar el Rosario todos los días”, hablar “con el Señor, cuando tengo una dificultad, o con la Virgen o con los Santos...”. Pero – añadió – es importante realizar la “oración de contemplación” y ésta sólo se puede hacer “con el Evangelio en la mano”:
“¿Cómo realizo la contemplación con el Evangelio de hoy? Veo que Jesús estaba en medio de la muchedumbre, que en torno a él había mucha gente. Cinco veces dice este pasaje la palabra ‘muchedumbre’. Pero yo puedo pensar: ¿Jesús, no descansaba?… Siempre con la muchedumbre. Pero la mayor parte de la vida de Jesús la ha pasado en la calle, con la muchedumbre. ¿Pero no descansaba?; Sí, una vez: dice el Evangelio, que dormía en la barca. Pero llegó la tempestad y los discípulos lo despertaron. Jesús estaba continuamente entre la gente. Y se mira a Jesús así, contemplo a Jesús así, me imagino a Jesús así. Y le digo a Jesús lo que me viene a la mente”.
El Papa también dijo comentando el Evangelio del día que Jesús se da cuenta de que había una mujer enferma en medio de aquella muchedumbre que lo toca. Jesús – explicó Francisco – “no sólo entiende a la muchedumbre, siente a la muchedumbre”, “siente el latido del corazón de cada uno de nosotros, de cada uno.
¡Siempre se ocupa de todos y de cada uno!” Lo mismo sucede – añadió – cuando el jefe de la sinagoga va “a contarle de su hijita enferma gravemente: y Él deja todo y se ocupa de esto”.
El Santo Padre continuó imaginando cuanto sucedió en aquellos momentos: Jesús llega a esa casa, las mujeres lloran porque la niña ha muerto, pero el Señor les dice que estén tranquilas y la gente se burla de él. Aquí – dijo el Papa – se ve “la paciencia de Jesús”. Y después de la resurrección de la niña, en lugar de decirles “¡Fuerza Dios!”, les dice: “Por favor denle de comer”. “Jesús – notó el Pontífice – tiene siempre pequeños detalles”.
“Lo que yo he hecho con este Evangelio – dijo también Francisco – es precisamente la oración de contemplación: tomar el Evangelio, leer e imaginarme en la escena, imaginarme qué cosa sucede y hablar con Jesús, como me viene del corazón.
“Y con esto nosotros hacemos crecer la esperanza, porque tenemos fija la mirada sobre Jesús. Hagan esta oración de contemplación. ‘¡Pero tengo tanto que hacer!’; ‘pero en tu casa, 15 minutos, toma el Evangelio, un pasaje pequeño, imagina qué cosa ha sucedido y habla con Jesús de aquello. Así tu mirada estará fija sobre Jesús, y no tanto sobre la telenovela, por ejemplo; tu oído estará fijo sobre las palabras de Jesús, y no tanto sobre las charlas del vecino, de la vecina…”.
“Y así – reafirmó el Papa – la oración de contemplación nos ayuda en la esperanza. Vivir de la sustancia del Evangelio. ¡Rezar siempre!”.
Francisco invitó a “rezar las oraciones, a rezar el Rosario, a hablar con el Señor, pero también a hacer esta oración de contemplación para tener nuestra mirada fija sobre Jesús”. De esta oración – añadió – “viene la esperanza”. Y así “nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza”:
“Memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas por el Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza. Y para mirar al Señor, para conocer al Señor tomemos el Evangelio y hagamos esta oración de contemplación. Hoy, por ejemplo, aparten diez minutos, no más de quince, lean el Evangelio, imaginen y digan algo a Jesús. Y nada más. Y así su conocimiento de Jesús será más grande y su esperanza crecerá. No se olviden, teniendo fija la mirada sobre Jesús. Y para esto la oración de contemplación”.
Wednesday, January 28, 2015
Papa Francisco: La ausencia de un padre en la familia produce lagunas.
El Papa Francisco decidió retomar sus catequesis de la Audiencia General sobre el tema de la familia. En el Aula Pablo VI y ante miles de fieles reunidos habló sobre los problemas que se generan cuando el padre está ausente y los hijos son “huérfanos” en la práctica.
El Santo Padre dijo que “la ausencia de la figura paterna en la vida de los pequeños y de los jóvenes produce lagunas y heridas que pueden ser también muy graves”. “Y, de hecho -agregó- las desviaciones de los niños y adolescentes pueden atribuirse en gran medida a esta falta, la falta de ejemplos y guías autorizadas en su vida cotidiana”.
“Los padres están a menudo tan centrados en sí mismos y en su trabajo, y a veces en su propia realización personal, que olvidan también a la familia. Y dejan solos a los pequeños y jóvenes”.
Para entender mejor esta realidad, puso un ejemplo que vivió siendo Arzobispo de Buenos Aires: “advertía el sentido de orfandad que viven hoy los chicos. A menudo preguntaba a los padres si jugaban con sus hijos, si tenían la valentía del amor de perder tiempo con sus hijos. La respuesta era fea. La mayoría de los casos respondía: 'No puedo porque tengo mucho trabajo'. El padre estaba ausente de aquel hijo que crecía, y no jugaba con él, no perdía tiempo con él”.
El Papa explicó que muchos niños son huérfanos en la práctica porque cuando los padres están en casa “no se comportan como padres, no cumplen su tarea educativa no dan a los hijos, con su ejemplo acompañado de palabras, aquellos principios, aquellos valores, aquella regla de vida de la que tienen necesidad como si fuera pan”.
El Pontífice explicó asimismo que la palabra “padre” es “el nombre con el que Jesús nos ha enseñado a llamar Dios 'Padre'”. “El sentido de este nombre ha recibido una nueva profundidad a partir del modo en el que Jesús lo usaba para dirigirse a Dios y manifestar su especial relación con Él”.
“El misterio bendito de la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, revelado por Jesús, es el corazón de nuestra fe cristiana”.
Francisco dijo que la palabra “padre” es “universal” y que “indica una relación fundamental cuya realidad es tan antigua como la misma historia del hombre”. “Hoy, sin embargo -continuó- hemos llegado a afirmar que la nuestra sería una 'sociedad sin padres'. En otros términos, en particular en la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, ida, eliminada”.
A este respecto, explicó que “en un primer momento, la cosa fue percibida como una liberación: la liberación del padre-maestro, del padre como representante de la ley que se impone desde el exterior, del padre como censor de la felicidad de los hijos y obstáculo a la emancipación y a la autonomía de los jóvenes”.
Describiendo la situación que se ha vivido en algunas familias, comentó que “a veces en nuestros hogares reinó en el pasado el autoritarismo, en algunos casos incluso con vejación: padres que trataban a sus hijos como sirvientes, no respetando las exigencias personas de su crecimiento; padres que no les ayudaban a emprender su camino con libertad y asumir las propias responsabilidades para construir su futuro y el de la sociedad”.
Pero, “hemos pasado de une extremos al otro”, subrayó el Pontífice. Porque “el problema de nuestros días no parece ser más tanto la presencia invasiva de los padres, como más bien su ausencia, su inacción”.
Sobre la educación, el Papa afirmó que “la calidad educativa de la presencia paterna es tanto más necesaria cuanto el padre se ve obligado por el trabajo a estar lejos de casa”.
“A veces parece que el padre no sabía bien qué lugar ocupar en la familia y la forma de educar a los niños. Entonces, en caso de duda, se abstienen, se retiran y abandonan sus responsabilidades, tal vez refugiándose en una relación improbable ‘a la par’ con los niños”.
Francisco comentó también que “la comunidad civil, con sus instituciones, tiene una responsabilidad -podemos decir paterna- hacia los jóvenes, una responsabilidad que a veces se descuida o se ejerce mal”.
En su opinión, “a menudo se deja a los huérfanos y no se les propone una verdadera perspectiva” por lo que “los jóvenes permanecen, así, huérfanos de las calles seguras que recorrer, huérfanos de maestros en los que fiarse, huérfanos de ideales que calienten el corazón, huérfanos de valores y esperanzas que les sostengan en el día a día”.
Estos, “están llenos de ídolos, pero se roba sus corazones; son empujados al sueño del entretenimiento y los placeres, pero no les dan trabajo; son engañados con el dios del dinero, y les son negadas las verdaderas riquezas”.
Por todo ello, “hará bien a todos, a padres y a hijos, volver a escuchar la promesa que Jesús hizo a sus discípulos: 'No os dejaré huérfanos'. Y Él, en efecto, es la vía que recorrer, el maestro que escuchar, la esperanza con la que el mundo puede cambiar, que el amor vence al odio, que puede ser un futuro de fraternidad y de paz para todos”.
Al final de la catequesis, un grupo de artistas del Circo Medrano de Roma ofrecieron al Papa un breve espectáculo.
Wednesday, January 07, 2015
Papa Francisco agradece a todas las madres del mundo en su audiencia hoy
En su primera cita del 2015 con los peregrinos de tantos países, el Papa Francisco reiteró sus mejores deseos de esperanza y de paz para el nuevo año. En el marco de sus catequesis sobre la familia, destacó el papel central de las mamás, así como su importante contribución en la sociedad y en la Iglesia, recordó a María, Madre de Dios y de la Iglesia y extendió su cariñoso agradecimiento a todas las mamás del mundo.
En la alegría de este tiempo navideño, el Obispo de Roma invocó sobre las familias del mundo la gracia y la paz del Señor Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, Madre nuestra. Y agradeciendo las numerosísimas felicitaciones para estas fiestas y las oraciones por su magisterio pontificio, deseó de todo corazón Feliz Año, rogando a la Virgen María Madre de Dios y de la Iglesia que sea la estrella que protege la vida de las familias.
Saludando cordialmente a los peregrinos de lengua francesa, en particular a la delegación de los imanes franceses empeñada en las relaciones entre cristianos y musulmanes, así como al grupo proveniente de diversos medios de comunicación de Francia, el Papa Francisco deseó que en este tiempo de Navidad todos impulsen con valentía su servicio en favor de la paz, de la fraternidad y de la verdad.
Con su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en especial a los de Oriente Medio, el Papa alentó a estos queridos hermanos y hermanas a escuchar a las mamás: «¡una mamá sabe siempre qué es lo más importante para que un hijo camine bien en la vida y está siempre lista a sacrificar su vida por sus hijos!»
Con profunda emoción, el Santo Padre dirigió un saludo entrañable y cordial también a los peregrinos polacos, «en particular, para la delegación de supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, liberados hace setenta años».
Mirando a María Madre de Dios, el Papa se quiso dirigir a todas las madres: ¡queridísimas mamás, gracias, gracias, por lo que son en la familia y por lo que dan a la Iglesia y al mundo!
Agradeciendo a los circenses del Golden Circus, el Obispo de Roma destacó la importancia de crear belleza en sus espectáculos. La belleza que hace bien al alma y a la razón. Al pensar, «porque somos animales que piensan, no que piensan como animales» - bromeó, para luego destacar la importancia de la armonía de la mente y del corazón. «¡Dios es verdad, es bueno y es bello!» Y «¡la humanidad tiene tanta necesidad de belleza!».
Y los alentó a ser «no sólo portadores de sonrisas y mensajeros de solidaridad entre los pueblos y las naciones», sino sobre todo creadores de belleza sus espectáculos.
Y en sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados – «a los que llamo valientes ¡porque hay que ser valientes para casarse!» - recordó que, después de la Epifanía debemos seguir mirando la estrella que los Magos siguieron. A los queridos jóvenes los alentó a ser testimonios entusiasmados de la luz de Cristo entre sus coetáneos. A los queridos enfermos, a tomar de su luz la fortaleza en el dolor. Y a los queridos recién casados a ser signo de la presencia luminosa de Dios con su amor fiel.
En la alegría de este tiempo navideño, el Obispo de Roma invocó sobre las familias del mundo la gracia y la paz del Señor Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, Madre nuestra. Y agradeciendo las numerosísimas felicitaciones para estas fiestas y las oraciones por su magisterio pontificio, deseó de todo corazón Feliz Año, rogando a la Virgen María Madre de Dios y de la Iglesia que sea la estrella que protege la vida de las familias.
Saludando cordialmente a los peregrinos de lengua francesa, en particular a la delegación de los imanes franceses empeñada en las relaciones entre cristianos y musulmanes, así como al grupo proveniente de diversos medios de comunicación de Francia, el Papa Francisco deseó que en este tiempo de Navidad todos impulsen con valentía su servicio en favor de la paz, de la fraternidad y de la verdad.
Con su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en especial a los de Oriente Medio, el Papa alentó a estos queridos hermanos y hermanas a escuchar a las mamás: «¡una mamá sabe siempre qué es lo más importante para que un hijo camine bien en la vida y está siempre lista a sacrificar su vida por sus hijos!»
Con profunda emoción, el Santo Padre dirigió un saludo entrañable y cordial también a los peregrinos polacos, «en particular, para la delegación de supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, liberados hace setenta años».
Mirando a María Madre de Dios, el Papa se quiso dirigir a todas las madres: ¡queridísimas mamás, gracias, gracias, por lo que son en la familia y por lo que dan a la Iglesia y al mundo!
Agradeciendo a los circenses del Golden Circus, el Obispo de Roma destacó la importancia de crear belleza en sus espectáculos. La belleza que hace bien al alma y a la razón. Al pensar, «porque somos animales que piensan, no que piensan como animales» - bromeó, para luego destacar la importancia de la armonía de la mente y del corazón. «¡Dios es verdad, es bueno y es bello!» Y «¡la humanidad tiene tanta necesidad de belleza!».
Y los alentó a ser «no sólo portadores de sonrisas y mensajeros de solidaridad entre los pueblos y las naciones», sino sobre todo creadores de belleza sus espectáculos.
Y en sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados – «a los que llamo valientes ¡porque hay que ser valientes para casarse!» - recordó que, después de la Epifanía debemos seguir mirando la estrella que los Magos siguieron. A los queridos jóvenes los alentó a ser testimonios entusiasmados de la luz de Cristo entre sus coetáneos. A los queridos enfermos, a tomar de su luz la fortaleza en el dolor. Y a los queridos recién casados a ser signo de la presencia luminosa de Dios con su amor fiel.
Friday, December 26, 2014
los 13 vicios de la curia segun el Papa Francisco
El Papa Francisco tuvo este lunes su encuentro anual con la
Curia Vaticana para intercambiar las felicitaciones de Navidad y en su discurso
advirtió que si bien “es hermoso pensar en la Curia Romana como en un pequeño
modelo de la Iglesia”, esta también está expuesta a enfermedades que debilitan el
servicio a Cristo.
En la Sala Clementina, Francisco dijo a los miembros de los
dicasterios, tribunales, consejos, oficinas y comisiones, que es hermoso pensar
en la Curia Romana como en un pequeño modelo de la Iglesia, “es decir como un
cuerpo que intenta día tras día ser más vivo, más sano y armonioso y más unido
entre sí y con Cristo”.
“La Curia está siempre llamada a mejorar y crecer en comunión,
santidad y sabiduría para realizar plenamente su misión. Y sin embargo, como
cada cuerpo, también está expuesta a las enfermedades... Me gustaría mencionar
algunas de las más frecuentes en nuestras vidas de curia. Son enfermedades y
tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor”, dijo el Papa, que invitó
al examen de conciencia para prepararse a la Navidad y luego enumeró las quince
enfermedades:
1 – ''La enfermedad de sentirse ‘inmortal’,
‘inmune’ o incluso ‘indispensable’, dejando de lado los controles necesarios y
normales. Una Curia que no es autocrítica, que no se actualiza, que no intenta
mejorarse es un cuerpo enfermo... Es la enfermedad del rico insensato que
pensaba vivir eternamente y también de aquellos que se convierten en amos y se
sienten superiores a todos y no al servicio de todos''.
2 – “La enfermedad de ‘martalismo’ (en referencia a Marta), de la excesiva
operosidad: es decir, de aquellos que están inmersos en el trabajo, dejando de
lado, inevitablemente, ‘la mejor parte’: Sentarse a los pies de Jesús. Por eso,
Jesús invitó a sus discípulos a ‘descansar’ porque descuidar el necesario reposo
conduce al estrés y la agitación. El tiempo del reposo para aquellos que han
completado su misión, es necesario, es debido y debe tomarse en serio: pasar un
‘tiempo de calidad’ con la familia y respetar las
vacaciones como un tiempo para recargarse espiritual y físicamente; hay que
aprender lo que enseña el Eclesiastés que ‘hay un tiempo para todo’”.
3 – ''La enfermedad del endurecimiento mental y
espiritual:.. Es la de los que, a lo largo del camino, pierden la
serenidad interior, la vivacidad y la audacia y se esconden bajo los papeles
convirtiéndose en ‘máquinas de trabajo’ y no en ‘hombres de Dios’... Es
peligroso perder la sensibilidad humana necesaria para hacernos llorar con los
que lloran y se regocijan con los que gozan. Es la enfermedad de los que pierden
‘los sentimientos de Jesús’”.
4 – ''La enfermedad de la planificación excesiva y el
funcionalismo: Es cuando el apóstol planifica todo minuciosamente y
cree que haciendo así, las cosas efectivamente progresan, convirtiéndose en un
contador o contable...Se cae en esta enfermedad porque siempre es más fácil y
cómodo quedarse en la propia posición estática e inmutable. De hecho, la Iglesia
se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no pretende regularlo ni
domesticarlo... Él es la frescura, la fantasía, la innovación".
5 – ''La enfermedad de la mala coordinación:
Sucede cuando los miembros pierden la comunión entre sí y el cuerpo pierde la
funcionalidad armoniosa y la templanza convirtiéndose en una orquesta que hace
ruido porque sus miembros no cooperan y no viven el espíritu de comunión y
equipo''.
6 – ''La enfermedad de Alzheimer espiritual:
Es decir, la de olvidar la ‘historia de la salvación’ la historia personal con
el Señor, el ‘primer amor’. Es una disminución progresiva de las facultades
espirituales... Lo vemos en los que han perdido el recuerdo de su encuentro con
el Señor...en los que construyen muros alrededor de sí mismos y se convierten,
cada vez más, en esclavos de las costumbres y de los ídolos que han esculpido
con sus propias manos''.
7 – ''La enfermedad de la rivalidad y la
vanagloria: Pasa cuando la apariencia, los colores de las ropas y las
insignias de honor se convierten en el principal objetivo de la vida... Es la
enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir una ‘mística’
falsa y un falso ‘quietismo’”.
8 – ''La enfermedad de la esquizofrenia
existencial: Es la enfermedad de los que viven una doble vida, fruto de
la hipocresía típica de los mediocres y del progresivo vacío espiritual que ni
grados ni títulos académicos pueden llenar. Se crean así su propio mundo
paralelo, donde dejan a un lado todo lo que enseñan con severidad a los demás y
empiezan a vivir una vida oculta y, a menudo, disoluta''.
9 – ''La enfermedad de las habladurías, de la
murmuración, del cotilleo: Es una enfermedad grave que comienza con facilidad,
tal vez sólo para charlar, pero que se apodera de la persona convirtiéndola en
‘sembradora de cizaña’ (como Satanás), y en muchos casos en ‘asesino a sangre
fría’ de la fama de sus colegas y hermanos. Es la enfermedad de las personas
cobardes que por no tener valor de hablar a la cara, hablan a las
espaldas''.
10 – ''La enfermedad de divinizar a los jefes:
Es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, con la esperanza de
conseguir su benevolencia. Son víctimas del arribismo y del oportunismo, honran
a las personas y no a Dios. Son personas que viven el servicio pensando sólo en
lo que tienen que conseguir y no en lo que tienen que dar. Personas mezquinas,
infelices e inspiradas sólo por su egoísmo fatal''.
11 – ''La enfermedad de la indiferencia hacia los
demás: Es cuando todo el mundo piensa sólo en sí mismo y pierde la
sinceridad y la calidez de las relaciones humanas. Cuando los más expertos no
ponen sus conocimientos al servicio de los colegas con menos experiencia.
Cuando, por celos se siente alegría al ver que otros caen en lugar de
levantarlos y animarlos”.
12 – ''La enfermedad de la cara de funeral: Es
decir, la de las personas rudas y sombrías, que consideren que para ser serios
hace falta pintarse la cara de melancolía, de severidad y tratar a los demás -
especialmente a aquellos considerados inferiores - con rigidez, dureza y
arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo estéril son a
menudo los síntomas del miedo y la inseguridad en sí mismo”.
13 – ''La enfermedad de la acumulación: Cuando
el apóstol busca llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes
materiales, no por necesidad, sino simplemente para sentirse seguro... La
acumulación solamente pesa y ralentiza el camino inexorablemente”.
14 – ''La enfermedad de los círculos cerrados:
Donde la pertenencia al grupo se vuelve más fuerte que la del Cuerpo y, en
algunas situaciones que la de a Cristo mismo. También esta enfermedad comienza
siempre con buenas intenciones, pero con el paso del tiempo esclaviza a los
miembros convirtiéndose en ‘un cáncer’ que amenaza la armonía del cuerpo y puede
causar tanto daño - escándalos - especialmente a nuestros hermanos más
pequeños”.
15 – ''La enfermedad de la ganancia mundana,
del lucimiento: Cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en
mercancía para conseguir beneficios mundanos o más poderes. Es la enfermedad de
la gente que busca insaciablemente multiplicar su poder y para ello son capaces
de calumniar, difamar y desacreditar a los demás, incluso en periódicos y
revistas. Naturalmente para lucirse y demostrarse más capaces que los
otros”.
“Hermanos – señaló Francisco -, tales enfermedades y
tentaciones son naturalmente un peligro para cada cristiano y cada curia,
comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial y pueden golpear a nivel
individual y comunitario”.
Ante ello, aseguró que “solo el Espíritu Santo – el ánima del
Cuerpo Místico de Cristo, como lo afirma el Credo Niceno Constantinopolitano:
‘Creo…en el Espíritu Santo, Señor y vivificador-, sana toda enfermedad. Es el
Espíritu Santo que sostiene cada sincero esfuerzo de purificación y toda buena
voluntad de conversión. Él nos hace entender que cada miembro participa en la
santificación del cuerpo y a su debilitamiento”.
“La curación – indicó Francisco- es también fruto de la
conciencia de la enfermedad y de la decisión personal y comunitaria de curarse
soportando pacientemente y con perseverancia la cura”.
“Por lo tanto, en este tiempo de Navidad y todo el tiempo de
nuestro servicio y de nuestra existencia - a vivir ‘según la verdad en el amor,
intentando crecer en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el
cuerpo, bien concertado, mediante la colaboración de todas las coyunturas, según
la energía propia de cada miembro, recibe fuerza para crecer de manera de
edificarse a sí mismo en la caridad’''.
''Una vez leí que los sacerdotes son como los aviones, son
noticia sólo cuando se caen, pero hay tantos que vuelan. Muchos los critican y
pocos rezan por ellos. Es una frase muy simpática, pero también muy cierta, ya
que describe la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal y
cuánto daño puede causar un sacerdote que ‘cae’ a todo el cuerpo de la
Iglesia''.
“Por lo tanto, para no caer en estos días que nos preparamos a
la Confesión, pidamos a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia,
que sane las heridas del pecado que cada uno de nosotros lleva en su corazón y
sostenga a la Iglesia y a la Curia a fin de que seamos sanos y resanados, santos
y santificados, para la gloria de su Hijo y la salvación nuestra y del mundo
entero. Pidámosle que nos haga amar a la Iglesia como la ama Cristo, su Hijo y
Señor nuestro, y de tener el coraje de reconocernos pecadores y necesitados de
su Misericordia y de no tener temor de nuestra mano entre sus manos maternas”,
concluyó
Wednesday, December 17, 2014
Papa Francisco habla sobre la importancia de la familia
Texto de la Audiencia General del 17 de Diciembre de 2014
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Sínodo de los Obispos sobre la Familia,
apenas celebrado, ha sido la primera etapa de un camino, que se concluirá el próximo octubre con la celebración de otra Asamblea sobre el tema “Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo”. La oración y la reflexión que deben acompañar este
camino involucran a todo el Pueblo de
Dios. Quisiera que también las meditaciones habituales de las audiencias del miércoles se inserten en este camino común.
Por esto, he decidido reflexionar con ustedes, en este año, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que
el Señor hizo al mundo desde el principio, cuando confirió a Adán y Eva la misión de multiplicarse y de llenar la tierra (cfr Gen 1,28). Aquel don que Jesús ha confirmado y sellado en su Evangelio.
Y la cercanía de la Navidad enciendo sobre este misterio una gran luz.
La encarnación de Hijode Dios abre
un nuevo inicio en la historia universal del hombre y de la mujer. Y este nuevo inicio acaece en el seno de una familia, en Nazaret. Jesús nació en una familia. Él podía venir especularmente, o como un guerrero, un emperador…No, no. Viene como un hijo de familia,
en una familia. Esto es importante: mirar en el pesebre esta escena tan bella.
Dios ha elegido nacer en una familia humana, que ha formado Él mismo.
La ha formado en un apartado pueblo de la periferia del Imperio Romano.
No en Roma, que esta la ciudad capital del Imperio, no en una gran ciudad, sino en una periferia casi invisible, o mejor dicho, más bien de mala fama.
Lo recuerdan también los Evangelios, casi como un modo de decir: “De Nazaret, ¿puede salir alguna vez algo bueno?” (Jn, 1,46). Quizás, en muchas partes del mundo, nosotros mismos hablamos todavía así, cuando escuchamos el nombre de algún lugar periférico de
una grande ciudad. Pues bien, precisamente de allí, de aquella periferia del gran Imperio, ¡inició la historia más santa y más buena, aquella de Jesús entre los hombres! Y allí estaba esta familia.
Jesús permaneció en esa periferia por más de treinta años. El evangelista
Lucas resume este periodo así: “…vivía sujeto a ellos", es decir a María y José. Pero uno dice: ¿pero este Dios que viene a salvarnos ha perdido treinta años allí, en aquella periferia de mala fama? ¡Ha perdido treinta años! Y Él ha querido esto. El camino de
Jesús estaba en esa familia. "La madre conservaba todas estas cosas
en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en
gracia, delante de Dios y de los hombres”. (2, 51-52). No se habla de milagros o curaciones, de predicaciones – no hizo ninguna en aquel tiempo – no se habla de predicaciones, de muchedumbres que se aglomeran; en Nazaret todo parece suceder “normalmente”,
según las costumbres de una pía y trabajadora familia israelí: se
trabajaba, la mamá cocinaba, hacía todas las cosas de la casa, planchaba las camisas…todas cosas de mamá. El papá, carpintero, trabajaba, enseñaba al hijo a trabajar. Treinta años: “¡pero que desperdicio padre! Pero, nunca se sabe. Los caminos de Dios son misteriosos.
¡Pero aquello era importante, allí estaba la familia! ¡Y eso no era un desperdicio, eh! Eran grandes santos: María, la mujer más santa, inmaculada, y José, el hombre más justo. La familia.
Ciertamente estaríamos enternecidos por el relato de cómo Jesús adolescente
afrontaba los encuentros de la comunidad religiosa y los deberes de la vida social; en el conocer cómo, cuando era un joven obrero, trabajaba con José;
y luego su modo de participar en la escucha de las Escrituras, en la oración de los salmos y en tantas otras costumbres de la vida cotidiana. Los Evangelios, en su sobriedad, no refieren nada acerca de la adolescencia de Jesús y
dejan esta tarea a nuestra afectuosa meditación. El arte, la literatura, la música han recorrida esta vía de la imaginación. Ciertamente, ¡no es difícil imaginar cuánto las mamás podrías aprender de los cuidados de María por el hijo! ¡Y cuánto los papás podrían
ganar del ejemplo de José, hombre justo, que dedicó su vida a sostener y a defender el niño y la esposa – su familia – en los momentos difíciles! ¡Y no digamos cuánto los jóvenes podrían ser alentados por Jesús adolescente a comprender la necesidad y la belleza
de cultivar su vocación más profunda y desoñar a la grande!
Y Jesús ha cultivado en aquellos treinta años su vocación por la cual el Padre lo ha enviado, ¿no? El Padre Dios. Jesús jamás en aquel tiempo se desalentó, sino que creció en coraje para
seguir adelante con su misión.
Cada familia cristiana – como hicieron María y José - puede en primer
lugar acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestro corazón y en nuestras jornadas al Señor. Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡cuántas dificultades tuvieron
que superar! No era una familia fingida, no era una familia irreal. La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, da toda familia. Y como sucede en aquellos treinta años en Nazaret, así puede suceder también para
nosotros: hacer que se transforme en normal el amor y no el odio, hacer que se transforme común la mutua ayuda, no la indiferencia o la enemistad. Entonces, no es casualidad, que Nazaret signifique “Aquella que custodia”,
como María, que – dice el Evangelio “… conservaba estas cosas y las
meditaba en su corazón.” (cfr Lc 2, 19-51)). Desde entonces, cada vez que hay una familia que custodia este misterio, aunque esté en la periferia del mundo, el misterio del Hijo de Dios, el misterio de Jesús que viene a salvarnos, está obrando. Y viene para
salvar al mundo. Y ésta es la grande misión de la familia: hacer lugar a Jesús que viene, recibir a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos, porque Jesús está allí. Recibirlo allí, para que crezca espiritualmente
en esa familia. Que el Señor nos de esta gracia en estos últimos días antes de Navidad. Gracias.
"Queridos hermanos y hermanas: Con vistas al Sínodo sobre la familia, que
tendrá lugar en el próximo mes de octubre, he decidido dedicar las catequesis de este año a reflexionar sobre la familia, este gran don que Dios dio al mundo desde el principio de la creación. La cercanía de la Navidad nos recuerda que Dios quiso nacer en
una familia, en un pequeño y apartado pueblo del Imperio Romano. Jesús permaneció en Nazaret alrededor de 30 años, llevando una vida normal, en el seno de una familia israelita piadosa y trabajadora. Entre otras costumbres de la vida cotidiana, se dedicó al
cumplimiento de los deberes sociales y religiosos, el trabajo con José, la escucha de la Escritura y el rezo de los salmos. María y José acogieron con amor a Jesús, teniendo que superar muchas dificultades por ello. La suya no era una familia irreal, de fábula.
Cuánto podemos aprender de María y de José, y especialmente de su amor a Jesús. Ellos nos ayudan a redescubrir la vocación y la misión de la familia, de toda familia. Cada vez que una familia, en cualquier parte del mundo, acoge este misterio, en ella actúa
el misterio del Hijo de Dios que viene a salvar el mundo.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes
de España, Argentina, México, y otros países latinoamericanos. Que la proximidad del nacimiento de Jesús avive en todas nuestras familias el deseo de recibirlo con un corazón puro y agradecido. Muchas gracias y que Dios los bendiga"
Oración del Papa por Víctimas de Actos Terroristas
«Quisiera rezar junto con ustedes por las víctimas de los inhumanos ataques terroristas perpetrados en los días pasados, en Australia, en
Pakistán y en Yemen. Que el Señor acoja en su paz a los difuntos, consuele a sus familiares y convierta el corazón de los violentos, que no se detienen ni siquiera ante los niños. Cantemos el Padrenuestro pidiendo esta gracia», expresó el Papa Francisco en
la Audiencia Gernal del 17 de diciembre.
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