VATICANO, 17 Jun. 2013 / Para el cristiano, Jesús es "el todo" y de aquí deriva su magnanimidad. Lo subrayó el Papa Francisco en la Misa del lunes en la Casa de Santa Marta. El Papa recordó que la justicia que trae Jesús es superior a aquella de los escribas, al ojo por ojo, diente por diente.
"Si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra". El Papa centró su homilía de hoy en las fuertes palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos. La historia del golpe, observó el Pontífice, "se ha convertido en un argumento clásico para burlarse de los cristianos". En la vida agregó, la "lógica normal" nos enseña que "debemos luchar, debemos defender nuestra posición" y si nos dan un golpe "nosotros daremos dos, así nos defendemos".
Por lo demás, dijo Francisco, cuando aconsejo a los padres reprender a los propios hijos les digo siempre: "Jamás en la mejilla", porque "la mejilla es la dignidad". Jesús en cambio, luego el golpe en la mejilla continúa y pide también de dar el manto, despojarse de todo.
"La justicia que Él trae –afirmó el Santo Padre– es una justicia totalmente diversa del ojo por ojo, diente por diente. Es otra justicia". Y esto, observó, lo podemos entender cuando San Pablo habla de los cristianos como "gente que no tiene nada" y "en cambio posee todo".
He aquí entonces que la seguridad cristiana se encuentra en este "todo" que es Jesús. "El ‘todo’ – agregó es Jesucristo. Lo demás es ‘nada’ para el cristiano". En cambio, advirtió el Papa, "para el espíritu del mundo el ‘todo’ son las cosas: las riquezas, las vanidades", "tener posiciones más encumbradas" y "la ‘nada’ es Jesús".
Por lo tanto si un cristiano puede caminar 100 kilómetros cuando le piden recorrer 10, "es porque para él eso es ‘nada’" y, tranquilamente, "puede dar el manto cuando le piden la túnica". He aquí el "secreto de la magnanimidad cristiana, que siempre va acompañada con la docilidad", y el "todo", es Jesucristo:
"El cristiano es una persona que ensancha su corazón, con esta magnanimidad, porque tiene el ‘todo’, que es Jesucristo. Las otras cosas son la ‘nada’. Son buenas, sirven, pero en el momento del enfrentamiento escoge siempre el ‘todo’, con aquella docilidad, aquella docilidad cristiana que es el signo de los discípulos de Jesús: docilidad y magnanimidad. Y vivir así no es fácil, porque en serio te dan los golpes, ¿eh?, ¡te los dan! Y en las dos mejillas".
"Pero, el cristiano es dócil, el cristiano es magnánimo: ensancha su corazón. Pero cuando encontramos estos cristianos con el corazón reducido, con el corazón encogido, que no funcionan… esto no es cristianismo: esto es egoísmo, enmascarado de cristianismo".
"El verdadero cristiano", dijo el Papa Francisco, "sabe resolver esta oposición bipolar, esta tensión entre el ‘todo’ y la ‘nada’, como Jesús nos había aconsejado: ‘Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás viene después":
"El Reino de Dios es el ‘todo’, lo demás es secundario, no es lo principal. Y todos los errores cristianos, todos los errores de la Iglesia todos nuestros errores nacen de aquí, cuando decimos a la ‘nada’ que es el ‘todo’ y al ‘todo’ que, parece que no cuenta... Seguir a Jesús no es fácil, no es fácil. Pero tampoco es difícil, porque en el camino del amor el Señor hace las cosas de forma que nosotros podamos ir hacia adelante; el mismo Señor nos ensancha el corazón".
Esta es la oración que debemos hacer, agregó, "ante estas propuestas del golpe, del manto, de los 100 kilómetros". Debemos pedir al Señor que ensanche "nuestro corazón", para que "seamos magnánimos, seamos dóciles", y no luchemos "por las pequeñeces, por la ‘nada’ de cada día".
"Cuando uno opta por la ‘nada’, de aquella opción nacen los enfrentamientos en una familia, en las amistades, con los amigos, en la sociedad, también; los enfrentamientos que finalizan en la guerra: ¡por la ‘nada’! La ‘nada’ es la semilla de guerras, siempre. Porque es semilla de egoísmo. El ‘todo’ es aquello grande, es Jesús. Pidamos al Señor que ensanche nuestro corazón, que nos haga humildes, dóciles y magnánimos, porque en Él tenemos el ‘todo’; y que nos proteja de los problemas cotidianos alrededor de la ‘nada’", concluyó.
P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santisima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica. Es el Director Hispano de Comunicaciones de los Siervos Misioneros en Silver Spring, Maryland. Ayuda los fines de semana como Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park, Maryland. Tiene programas radiales en www.esneradio.com y ewtn radio www.ewtn.com
Monday, June 17, 2013
Sunday, June 16, 2013
lectio divina para el 11 domingo del tiempo ordinario ciclo C
Lo primero es disponerse y entrar en la onda del Señor...
¿Qué sueles hacer para ponerte en la presencia de Dios? Busca silencio. Céntrate en lo que haces ahora. Si invocas al Espíritu Santo te hará ver que es Dios quien quiere hablar contigo.
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Después, haz por leer siguiendo estos pasos:
11º del TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. Lc 7,36-8,3
Un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y,colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El contestó: «Dímelo, Maestro». «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?». Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente».Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz». Después de esto iba él caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes. |
Lee orando y creyendo con mucha atención a cada palabra. ¿Ves cómo la mujer agradece con cariño el perdón de los pecados que tanto extraña a los fariseos? ¿Por qué relaciona Jesús el amor con el perdón?
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| ¿Jesús propone la historia de los deudores para enseñarnos qué? ¿Qué hay en la cabeza de los fariseos? ¿Ves cómo salva y da paz en el corazón la fe en Jesús? | |||||
| | ¿Por qué mostró la mujer, así, públicamente, con ternura y delicadeza, tanto amor por su Señor? ¿Ves cómo Jesús nos pone a cada uno en nuestro sitio con su Palabra y su perdón? | ||||
| ¿No te parece oración lo de aquella mujer con los pies de Jesús? ¿Y a ti cuánto se te ha perdonado? El perdón da mucha paz y sanación. ¿Tardas mucho en perdonar cuando te ofenden? |
Friday, June 14, 2013
El Papa nos habla como somos vasos de barro
La única forma de recibir realmente el don de la salvación de Cristo es reconocerse con sinceridad, débiles y pecadores, evitando toda forma de auto justificación. Lo afirmó el Papa Francisco durante la homilía de la Misa de esta mañana, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Este viernes con el Pontífice concelebraron el prefecto y el secretario de la Congregación para el Clero, cardenal Mauro Piacenza y el arzobispo Celso Morga Iruzubieta –acompañados por sacerdotes y personal del dicasterio– además del cardenal Giuseppe Bertello y el obispo de Humahuaca, Argentina, Pedro Olmedo Rivero, y mons. Benjamín J. Almoneda, obispo emérito de Daet, Filipinas.
Consciente de ser un frágil vaso de barro, sin embargo custodio de un gran tesoro que le ha sido donado de forma totalmente gratuita. Éste es el seguidor de Cristo ante su Señor. El Santo Padre reflexionó sobre la Carta en la que Pablo explica a los cristianos de Corinto que, para que sea claro que la “extraordinaria potencia” de la fe es obra de Dios, debe ser derramada sobre hombres pecadores, en “vasos de barro”. Precisamente de la relación “entre la gracia y la potencia de Jesucristo” y nosotros pobres pecadores, brota, observó el Papa, “el diálogo de la salvación”. Y sin embargo, este diálogo debe evitar todo tipo de “auto justificación”, “debe ser como somos nosotros”:
“Pablo, ha hablado tantas veces – es como un estribillo, ¿no? – de sus pecados. ‘Les digo esto: yo que he sido un perseguidor de la Iglesia, he perseguido…’ Vuelve siempre a su memoria de pecado. Se siente pecador. Pero en aquel momento no dice: ‘Era, pero ahora soy santo’, no. También ahora, una espina de Satanás en mi carne. Nos hace ver la propia debilidad. El propio pecado. Es un pecador que acoge a Jesucristo. Dialoga con Jesucristo”.
La clave, indicó el Papa, es la humildad. El mismo Pablo lo demuestra. Él reconoce públicamente, dijo Francisco, “su currículo de servicio”, o sea todo aquello que ha cumplido como Apóstol enviado por Jesús. Pero no por esto se esconde o esconde aquello que el Pontífice define “su prontuario”, o sea sus pecados:
“También, éste es el modelo de la humildad de nosotros curas, de nosotros sacerdotes. Si sólo nos gloriamos de nuestro currículo y nada más, terminaremos equivocados. No podemos anunciar a Jesucristo Salvador porque en el fondo no lo sentimos. Debemos ser humildes, pero con una humildad real, con nombre y apellido: ‘Soy pecador por esto, por esto, por esto’. Como dice Pablo: ‘He perseguido a la iglesia”, como hace él, pecadores concretos. No pecadores con esa humildad que más parece cara de estampita, ¿no? No, la humildad fuerte”.
“La humildad del sacerdote, la humildad del cristiano es concreta”, afirmó el Obispo de Roma, para quien, si un cristiano no puede “hacerse esta confesión a sí mismo y tampoco a la Iglesia, algo no funciona”. Y la primera cosa que no funciona es el no poder “entender la belleza de la salvación que nos trae Jesús”:
“Hermanos, nosotros tenemos un tesoro: éste de Jesucristo Salvador. La Cruz de Jesucristo, este tesoro del que nos jactamos. Pero lo tenemos en un vaso de barro. Jactémonos también de nuestro prontuario, de nuestros pecados. De esta forma el diálogo es cristiano y católico: concreto, porque la salvación de Jesucristo es concreta. Jesucristo no nos ha salvado con una idea, con un programa intelectual. No. Nos ha salvado con la carne, con lo concreto de la carne. Se ha abajado, hecho hombre, hecho carne hasta el final. Pero solamente, sólo se puede entender sólo se puede recibir, en vasos de barro”.
También la Samaritana que encuentra a Jesús y luego de haberle hablado cuenta a sus conterráneos primero su pecado y luego de haber encontrado el Señor se comporta de forma similar a Pablo. “Yo creo –observó el Papa Francisco– que esta mujer está en el cielo, seguro” porque, como dice el poeta y escritor italiano Manzoni, "jamás vi que el Señor haya iniciado un milagro sin terminarlo bien’ y este milagro que Él inició seguramente lo terminó bien en el Cielo”. A Ella, concluyó el Papa, pidamos “que nos ayude a ser vasos de barro para poder llevar y entender el misterio glorioso de Jesucristo”.
Consciente de ser un frágil vaso de barro, sin embargo custodio de un gran tesoro que le ha sido donado de forma totalmente gratuita. Éste es el seguidor de Cristo ante su Señor. El Santo Padre reflexionó sobre la Carta en la que Pablo explica a los cristianos de Corinto que, para que sea claro que la “extraordinaria potencia” de la fe es obra de Dios, debe ser derramada sobre hombres pecadores, en “vasos de barro”. Precisamente de la relación “entre la gracia y la potencia de Jesucristo” y nosotros pobres pecadores, brota, observó el Papa, “el diálogo de la salvación”. Y sin embargo, este diálogo debe evitar todo tipo de “auto justificación”, “debe ser como somos nosotros”:
“Pablo, ha hablado tantas veces – es como un estribillo, ¿no? – de sus pecados. ‘Les digo esto: yo que he sido un perseguidor de la Iglesia, he perseguido…’ Vuelve siempre a su memoria de pecado. Se siente pecador. Pero en aquel momento no dice: ‘Era, pero ahora soy santo’, no. También ahora, una espina de Satanás en mi carne. Nos hace ver la propia debilidad. El propio pecado. Es un pecador que acoge a Jesucristo. Dialoga con Jesucristo”.
La clave, indicó el Papa, es la humildad. El mismo Pablo lo demuestra. Él reconoce públicamente, dijo Francisco, “su currículo de servicio”, o sea todo aquello que ha cumplido como Apóstol enviado por Jesús. Pero no por esto se esconde o esconde aquello que el Pontífice define “su prontuario”, o sea sus pecados:
“También, éste es el modelo de la humildad de nosotros curas, de nosotros sacerdotes. Si sólo nos gloriamos de nuestro currículo y nada más, terminaremos equivocados. No podemos anunciar a Jesucristo Salvador porque en el fondo no lo sentimos. Debemos ser humildes, pero con una humildad real, con nombre y apellido: ‘Soy pecador por esto, por esto, por esto’. Como dice Pablo: ‘He perseguido a la iglesia”, como hace él, pecadores concretos. No pecadores con esa humildad que más parece cara de estampita, ¿no? No, la humildad fuerte”.
“La humildad del sacerdote, la humildad del cristiano es concreta”, afirmó el Obispo de Roma, para quien, si un cristiano no puede “hacerse esta confesión a sí mismo y tampoco a la Iglesia, algo no funciona”. Y la primera cosa que no funciona es el no poder “entender la belleza de la salvación que nos trae Jesús”:
“Hermanos, nosotros tenemos un tesoro: éste de Jesucristo Salvador. La Cruz de Jesucristo, este tesoro del que nos jactamos. Pero lo tenemos en un vaso de barro. Jactémonos también de nuestro prontuario, de nuestros pecados. De esta forma el diálogo es cristiano y católico: concreto, porque la salvación de Jesucristo es concreta. Jesucristo no nos ha salvado con una idea, con un programa intelectual. No. Nos ha salvado con la carne, con lo concreto de la carne. Se ha abajado, hecho hombre, hecho carne hasta el final. Pero solamente, sólo se puede entender sólo se puede recibir, en vasos de barro”.
También la Samaritana que encuentra a Jesús y luego de haberle hablado cuenta a sus conterráneos primero su pecado y luego de haber encontrado el Señor se comporta de forma similar a Pablo. “Yo creo –observó el Papa Francisco– que esta mujer está en el cielo, seguro” porque, como dice el poeta y escritor italiano Manzoni, "jamás vi que el Señor haya iniciado un milagro sin terminarlo bien’ y este milagro que Él inició seguramente lo terminó bien en el Cielo”. A Ella, concluyó el Papa, pidamos “que nos ayude a ser vasos de barro para poder llevar y entender el misterio glorioso de Jesucristo”.
Thursday, June 13, 2013
el Papa Francisco nos pide no hablar mal el uno del otro
No hablen mal el uno del otro''
Homilía del papa Francisco este jueves en Santa Mar
Que el Señor nos conceda la gracia de prestar atención a los comentarios que hacemos de los demás: esta fue la idea central dicha por el papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.
Según informa Radio Vaticana, el papa pronunció su homilía en español, estando presente en la celebración el personal de las embajadas y consulados de la Argentina en Italia y ante la FAO. “Desde el 26 de febrero que no celebrababa la misa en español", dijo el papa, "me sentó muy bien", y agradeció a los participantes lo que hacen por su país.
Vivir buenas relaciones
"Que su justicia sea mayor que la de los fariseos". El papa Francisco ha explicado su homilía partiendo de la exhortación dirigida por Jesús a sus discípulos. Palabras que vienen después de las Bienaventuranzas, y después de que Jesús indicó que Él no vino para disolver la Ley, sino para llevarla a cumplimiento. La suya, señaló, "es una reforma sin romper, una reforma en la continuidad: desde la semilla hasta el fruto". Aquel que "entra en la vida cristiana", advirtió, "tiene exigencias superiores a los de los demás"; "no tienen ventajas superiores", advirtió.
Y Jesús menciona algunas de estas necesidades y toca en particular, "el tema de la relación negativa con los hermanos". El que maldice, dice Jesús, "merece el infierno". Si en tu corazón hay "algo de negativo" hacia el hermano, "hay algo que no funciona y te debes convertir, tienes que cambiar." Y añadió que "la ira es un insulto contra el hermano, y ya es algo que se da en la línea de la muerte, lo mata”. Luego observó que, especialmente en la tradición latina, hay como una "creatividad maravillosa" en inventar calificativos. Pero, advirtió, "cuando este epíteto es amistoso está bien, el problema es cuando hay el otro calificativo”, cuando se da "el mecanismo del insulto, una forma de denigración de los demás."
No denigrar al otro
"Y no hay necesidad de ir a un psicólogo –continuó, para saber que cuando se denigra al otro es porque uno mismo no puede crecer y necesita que el otro sea abajado, para sentirse alguien". Y esto es "un mecanismo feo". Jesús, señaló, "con toda la sencillez dice: "No hablen mal el uno del otro. No se denigren, no se descalifiquen". Y esto, dijo, "porque después de todo estamos caminando por el mismo camino, todos vamos en ese camino que nos llevará hasta el final". De este modo, "si no se va de una manera fraterna, todos terminaremos mal: el que insulta y el insultado". Francisco señaló que "si uno no es capaz de dominar la lengua, se pierde," y lo demás, "la agresividad natural, la que tuvo Caín con Abel, se repite a lo largo de la historia". No es que somos malos, dijo el papa, "somos débiles y pecadores". Por eso resulta "mucho más fácil arreglar una situación con un insulto, con una calumnia, con una difamación, que solucionarla por las buenas". "Quisiera pedir al Señor, que nos dé a todos la gracia de poner más atención a la lengua, en relación a lo que decimos de los demás. Es ‘una pequeña penitencia’ --añadió, pero da buenos resultados".
"Hay veces en que uno se queda con hambre" y piensa: "¡Qué lástima que no he probado el fruto de un delicioso comentario hacia el otro, pero a la larga este hambre fructifica y hace bien". Por eso debemos pedirle al Señor esta gracia: adaptar nuestra vida "a esta nueva Ley, que es la Ley de la mansedumbre, la Ley del amor, la Ley de la paz, y por lo menos 'podar' un poco nuestra lengua, ‘podar’ un poco los comentarios que hacemos sobre los demás y las explosiones que nos conducen al insulto o a la ira fácil. ¡Que el Señor nos conceda a todos esta gracia!”.
“Quisiera dar gracias al Señor también --concluyó el papa, por la feliz coincidencia de que el arzobispo mayor de los ucranianos, monseñor Sviatoslav Shevchuk, que había sido obispo en Buenos Aires, “esté en Roma para la reunión de la Secretaría del Sínodo. Por lo tanto, pudo participar con nosotros en esta nostalgia argentina”.
Según informa Radio Vaticana, el papa pronunció su homilía en español, estando presente en la celebración el personal de las embajadas y consulados de la Argentina en Italia y ante la FAO. “Desde el 26 de febrero que no celebrababa la misa en español", dijo el papa, "me sentó muy bien", y agradeció a los participantes lo que hacen por su país.
Vivir buenas relaciones
"Que su justicia sea mayor que la de los fariseos". El papa Francisco ha explicado su homilía partiendo de la exhortación dirigida por Jesús a sus discípulos. Palabras que vienen después de las Bienaventuranzas, y después de que Jesús indicó que Él no vino para disolver la Ley, sino para llevarla a cumplimiento. La suya, señaló, "es una reforma sin romper, una reforma en la continuidad: desde la semilla hasta el fruto". Aquel que "entra en la vida cristiana", advirtió, "tiene exigencias superiores a los de los demás"; "no tienen ventajas superiores", advirtió.
Y Jesús menciona algunas de estas necesidades y toca en particular, "el tema de la relación negativa con los hermanos". El que maldice, dice Jesús, "merece el infierno". Si en tu corazón hay "algo de negativo" hacia el hermano, "hay algo que no funciona y te debes convertir, tienes que cambiar." Y añadió que "la ira es un insulto contra el hermano, y ya es algo que se da en la línea de la muerte, lo mata”. Luego observó que, especialmente en la tradición latina, hay como una "creatividad maravillosa" en inventar calificativos. Pero, advirtió, "cuando este epíteto es amistoso está bien, el problema es cuando hay el otro calificativo”, cuando se da "el mecanismo del insulto, una forma de denigración de los demás."
No denigrar al otro
"Y no hay necesidad de ir a un psicólogo –continuó, para saber que cuando se denigra al otro es porque uno mismo no puede crecer y necesita que el otro sea abajado, para sentirse alguien". Y esto es "un mecanismo feo". Jesús, señaló, "con toda la sencillez dice: "No hablen mal el uno del otro. No se denigren, no se descalifiquen". Y esto, dijo, "porque después de todo estamos caminando por el mismo camino, todos vamos en ese camino que nos llevará hasta el final". De este modo, "si no se va de una manera fraterna, todos terminaremos mal: el que insulta y el insultado". Francisco señaló que "si uno no es capaz de dominar la lengua, se pierde," y lo demás, "la agresividad natural, la que tuvo Caín con Abel, se repite a lo largo de la historia". No es que somos malos, dijo el papa, "somos débiles y pecadores". Por eso resulta "mucho más fácil arreglar una situación con un insulto, con una calumnia, con una difamación, que solucionarla por las buenas". "Quisiera pedir al Señor, que nos dé a todos la gracia de poner más atención a la lengua, en relación a lo que decimos de los demás. Es ‘una pequeña penitencia’ --añadió, pero da buenos resultados".
"Hay veces en que uno se queda con hambre" y piensa: "¡Qué lástima que no he probado el fruto de un delicioso comentario hacia el otro, pero a la larga este hambre fructifica y hace bien". Por eso debemos pedirle al Señor esta gracia: adaptar nuestra vida "a esta nueva Ley, que es la Ley de la mansedumbre, la Ley del amor, la Ley de la paz, y por lo menos 'podar' un poco nuestra lengua, ‘podar’ un poco los comentarios que hacemos sobre los demás y las explosiones que nos conducen al insulto o a la ira fácil. ¡Que el Señor nos conceda a todos esta gracia!”.
“Quisiera dar gracias al Señor también --concluyó el papa, por la feliz coincidencia de que el arzobispo mayor de los ucranianos, monseñor Sviatoslav Shevchuk, que había sido obispo en Buenos Aires, “esté en Roma para la reunión de la Secretaría del Sínodo. Por lo tanto, pudo participar con nosotros en esta nostalgia argentina”.
el Papa Francisco habla de las tentaciones de la Iglesia
La Iglesia debe estar atenta a las tentaciones de ir hacia atrás y a la del progresismo adolescente, dice el Papa en su homilía
No debemos tener miedo de la libertad que nos da el Espíritu Santo: lo afirmó el Papa Francisco esta mañana en la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Obispo de Roma subrayó que en este momento la Iglesia debe estar atenta a dos tentaciones: la de ir hacia atrás y la del progresismo adolescente.
Concelebró con el Pontífice el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y participó en esta celebración Eucarística un grupo de sacerdotes, religiosos y laicos de este Dicasterio, mientras entre los participantes también se encontraba el Cardenal Bernard Agré, arzobispo emérito de Abidján, en Costa de Marfil.
“No piensen que yo haya venido a abolir la Ley”. Francisco desarrolló su homilía partiendo de estas palabras que Jesús dirigió a los discípulos y observó que este pasaje evangélico sigue al de las Bienaventuranzas, que son “expresión de la nueva ley” más exigente que la de Moisés. Esta ley, explicó el Papa, es “fruto de la Alianza” y no se puede comprender sin ella. “Esta Alianza – prosiguió – esta ley es sagrada porque llevaba al pueblo hacia Dios”. Y comparó la “madurez de esta ley” con el “brote que se abre y florece”. Por esta razón, afirmó, Jesús “es la expresión de la madurez de la ley”, a la vez que añadió que Pablo nos habla de dos tiempos “sin cortar la continuidad” entre la ley de la historia y la ley del Espíritu:
“La hora del cumplimiento de la ley, la hora en que la ley llega a su madurez es la ley del Espíritu. Este ir hacia delante por este camino es un poco riesgoso, pero es el único camino de la madurez, para salir de los tiempos en los cuales no somos maduros. En este camino hacia la madurez de la ley, que viene precisamente con la predicación de Jesús, hay siempre temor, temor de la libertad que nos da el Espíritu. ¡La ley del Espíritu nos hace libres! Esta libertad nos produce un poco de temor, porque tenemos miedo de confundir la libertad del Espíritu con otra libertad humana”.
La ley del Espíritu – dijo también el Papa – “nos conduce por un camino de discernimiento continuo para hacer la voluntad de Dios y esto” nos da miedo. Un miedo – advirtió el Santo Padre – que “tiene dos tentaciones”. La primera, es la de “ir hacia atrás”, la de decir que “se puede hasta aquí, no se puede hasta allá” y, por tanto, al final “permanecemos aquí”. Y añadió que esta es “un poco la tentación del miedo a la libertad, del miedo al Espíritu Santo”. Un miedo “por el cual es mejor ir sobre lo seguro”. A continuación, Francisco se refirió a un superior general que en la década de los años 30, había “recopilado todas las prescripciones contra el carisma” para sus religiosos, “un trabajo que le llevó años”. Después fue a Roma para encontrarse con un abad benedictino que, al oír cuanto había hecho, le dijo que de este modo “había matado el carisma de su Congregación”, “había matado la libertad”, ya que “este carisma da sus frutos en la liberad y él había detenido el carisma”:
“Y esta confianza en el Espíritu, que es más exigente porque Jesús nos dice: ‘En verdad yo les digo: hasta que no pasen el cielo y la tierra, no pasará una solo iota de la ley. ¡Es más exigente! Pero no nos da esa seguridad humana. No podemos controlar al Espíritu Santo: ¡este es el problema! Esta es una tentación”.
El Papa también dijo que hay otra tentación: la del “progresismo adolescente”, que nos hace “salir del camino”. Ver una cultura y “no estar tan separados” de ella:
“Tomamos de acá, tomamos de allá los valores de esta cultura… ¿Quieren hacer esta ley? Adelante con esta ley. ¿Quieren ir adelante con eso? Ensanchamos un poco el camino. Al final, como digo, no es verdadero progresismo. Es un progresismo adolescente: como los adolescentes que quieren tener todo con el entusiasmo ¿y al final? Se resbala… Es como cuando el camino está con hielo y el auto resbala y va fuera del amino… ¡Es la otra tentación en este momento! Nosotros, en este momento de la historia de la Iglesia, ¡no podemos ir hacia atrás, ni salir del camino!”
El camino, dijo el Papa al concluir su homilía, “es el de la libertad en el Espíritu Santo, que nos hace libres, en el discernimiento continuo acerca de la voluntad de Dios para ir hacia delante por este camino, sin ir hacia atrás y sin salirnos del camino”. Pidamos al Señor “la gracia que nos dé al Espíritu Santo para ir hacia adelante”.
No debemos tener miedo de la libertad que nos da el Espíritu Santo: lo afirmó el Papa Francisco esta mañana en la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Obispo de Roma subrayó que en este momento la Iglesia debe estar atenta a dos tentaciones: la de ir hacia atrás y la del progresismo adolescente.
Concelebró con el Pontífice el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y participó en esta celebración Eucarística un grupo de sacerdotes, religiosos y laicos de este Dicasterio, mientras entre los participantes también se encontraba el Cardenal Bernard Agré, arzobispo emérito de Abidján, en Costa de Marfil.
“No piensen que yo haya venido a abolir la Ley”. Francisco desarrolló su homilía partiendo de estas palabras que Jesús dirigió a los discípulos y observó que este pasaje evangélico sigue al de las Bienaventuranzas, que son “expresión de la nueva ley” más exigente que la de Moisés. Esta ley, explicó el Papa, es “fruto de la Alianza” y no se puede comprender sin ella. “Esta Alianza – prosiguió – esta ley es sagrada porque llevaba al pueblo hacia Dios”. Y comparó la “madurez de esta ley” con el “brote que se abre y florece”. Por esta razón, afirmó, Jesús “es la expresión de la madurez de la ley”, a la vez que añadió que Pablo nos habla de dos tiempos “sin cortar la continuidad” entre la ley de la historia y la ley del Espíritu:
“La hora del cumplimiento de la ley, la hora en que la ley llega a su madurez es la ley del Espíritu. Este ir hacia delante por este camino es un poco riesgoso, pero es el único camino de la madurez, para salir de los tiempos en los cuales no somos maduros. En este camino hacia la madurez de la ley, que viene precisamente con la predicación de Jesús, hay siempre temor, temor de la libertad que nos da el Espíritu. ¡La ley del Espíritu nos hace libres! Esta libertad nos produce un poco de temor, porque tenemos miedo de confundir la libertad del Espíritu con otra libertad humana”.
La ley del Espíritu – dijo también el Papa – “nos conduce por un camino de discernimiento continuo para hacer la voluntad de Dios y esto” nos da miedo. Un miedo – advirtió el Santo Padre – que “tiene dos tentaciones”. La primera, es la de “ir hacia atrás”, la de decir que “se puede hasta aquí, no se puede hasta allá” y, por tanto, al final “permanecemos aquí”. Y añadió que esta es “un poco la tentación del miedo a la libertad, del miedo al Espíritu Santo”. Un miedo “por el cual es mejor ir sobre lo seguro”. A continuación, Francisco se refirió a un superior general que en la década de los años 30, había “recopilado todas las prescripciones contra el carisma” para sus religiosos, “un trabajo que le llevó años”. Después fue a Roma para encontrarse con un abad benedictino que, al oír cuanto había hecho, le dijo que de este modo “había matado el carisma de su Congregación”, “había matado la libertad”, ya que “este carisma da sus frutos en la liberad y él había detenido el carisma”:
“Y esta confianza en el Espíritu, que es más exigente porque Jesús nos dice: ‘En verdad yo les digo: hasta que no pasen el cielo y la tierra, no pasará una solo iota de la ley. ¡Es más exigente! Pero no nos da esa seguridad humana. No podemos controlar al Espíritu Santo: ¡este es el problema! Esta es una tentación”.
El Papa también dijo que hay otra tentación: la del “progresismo adolescente”, que nos hace “salir del camino”. Ver una cultura y “no estar tan separados” de ella:
“Tomamos de acá, tomamos de allá los valores de esta cultura… ¿Quieren hacer esta ley? Adelante con esta ley. ¿Quieren ir adelante con eso? Ensanchamos un poco el camino. Al final, como digo, no es verdadero progresismo. Es un progresismo adolescente: como los adolescentes que quieren tener todo con el entusiasmo ¿y al final? Se resbala… Es como cuando el camino está con hielo y el auto resbala y va fuera del amino… ¡Es la otra tentación en este momento! Nosotros, en este momento de la historia de la Iglesia, ¡no podemos ir hacia atrás, ni salir del camino!”
El camino, dijo el Papa al concluir su homilía, “es el de la libertad en el Espíritu Santo, que nos hace libres, en el discernimiento continuo acerca de la voluntad de Dios para ir hacia delante por este camino, sin ir hacia atrás y sin salirnos del camino”. Pidamos al Señor “la gracia que nos dé al Espíritu Santo para ir hacia adelante”.
Tuesday, June 11, 2013
evento en la vida del Papa Francisco cuando era Arzobispo de Buenos Aires
El diario L’Osservatore Romano publicó un artículo de la periodista argentina Evangelina Himitian, autora de una biografía del Papa Francisco, que con el sugerente título “La multiplicación de las empanadillas” evoca un episodio de solidaridad en la vida del entonces Cardenal Jorge Bergolgio.
El artículo es el epílogo de su libro “De la infancia a la elección papal, una vida al servicio de los demás” y en él relata un gesto de caridad del Cardenal Bergoglio reflejo de la “multiplicación de los panes y los peces” de Jesús.
Himitian entrevistó en diversas ocasiones al Papa Francisco cuando todavía era el Arzobispo de Buenos Aires, pero lo que recuerda con más cariño del pontífice no tiene nada que ver con una entrevista. “Puedo decir que una vez lo he visto multiplicar los alimentos, como hizo Jesús con los panes y los peces”, asegura.
La historia ocurrió cuando Himitan colaboraba con la oficina de prensa de los encuentros ecuménicos de católicos y evangélicos que organizaba el “Padre Bergoglio”.
En el estadio donde se celebraba el encuentro no se permitía el ingreso de alimentos y durante las pausas los asistentes “teníamos que comprar de comer en aquel lugar. La oferta no era muy variada: solo había empanadas argentinas”, los típicos rellenos de carne argentinos y aún eran escasas.
Era un día de fiesta nacional y no había más eventos, y “alguien le preguntó a Bergoglio si prefería ir a comer en el exclusivo barrio de Puerto Madero”, situado a pocos pasos del estadio y donde había diversos restaurantes elegantes, “pero él respondió que se quedaba a comer junto a todos los demás”.
Cuando los periodistas se tomaron una pausa para comer ya era demasiado tarde y no quedaba casi comida.
“Mientras recorríamos la sala donde se servía la comida, Bergoglio se acercó, nos saludó uno por uno, y nos agradeció por nuestro trabajo”.
El grupo de periodistas se sentó en una mensa apartada y la camarera les trajo un plato con cinco empanadas, “pero éramos ocho. ‘Compartir’: este era el espíritu del encuentro. Y de todos modos no había elección”.
“El Cardenal Bergoglio vio desde su mesa nuestros movimientos y entendió. Se alzó y comenzó a pedir a los demás clientes si habían acabado de comer. Recuperó de las manos de los sacerdotes y pastores las últimas empanadas, las reunió en un plato y nos las trajo. Conmovidos por su gesto tan atento, nos sentimos halagados y muy sorprendidos. Había multiplicado los alimentos”.
“Su pequeño milagro nos quedó esculpido en el corazón. El hombre que hoy ocupa la sede de Pedro había visto una necesidad y la había calmado, mientras ningún otro se había dado cuenta”.
Monday, June 10, 2013
las Bienaventuranzas son los nuevos mandamientos dijo el Papa Francisco
El Papa Francisco señaló esta mañana, en la habitual homilía de la Misa diaria que celebra en la Casa Santa Marta en donde reside, que las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos" y solo pueden comprenderse si se abre el corazón a la acción del Espíritu Santo.
¿Qué es el consuelo para un cristiano? El Papa Francisco comenzó su homilía señalando que San Pablo, al comienzo de la segunda carta a los Corintios, utiliza varias veces la palabra consuelo. El Apóstol de los gentiles, añadió, "se dirige a los cristianos jóvenes en la fe", personas que "han comenzado hace poco el camino de Jesús".
E insiste en esto, aunque "no todos fueron perseguidos". Eran gente normal "pero que habían encontrado a Jesús". Esto, dijo, "es un cambio de vida tal, que se necesitaba una fuerza especial de Dios", y esta fuerza es el consuelo. El consuelo, volvió a decir, "es la presencia de Dios en nuestro corazón". Pero, advirtió, para que el Señor "esté en nuestro corazón, se debe abrir la puerta", requiere nuestra "conversión":
"La salvación es esto: vivir en el consuelo del Espíritu Santo, no vivir en el consuelo del espíritu del mundo. No, esa no es salvación, eso es pecado. La salvación es seguir adelante y abrir el corazón, para que llegue ese consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación. ¿Pero no se puede negociar un poco de aquí y un poco de allá? Hacer como una ensalada de frutas, digamos, ¿no? Un poco del Espíritu Santo, un poco del espíritu del mundo... ¡No! Una cosa o la otra".
El Señor, prosiguió el Santo Padre, fue claro: "No se puede servir a dos amos: porque o se sirve al Señor, o se sirve al espíritu del mundo". No se puede ‘mezclar’. He aquí, pues, que cuando estamos abiertos al Espíritu del Señor, podemos entender la ‘nueva ley que el Señor nos trae: las Bienaventuranzas’, de las que habla el evangelio de hoy". Estas bienaventuranzas, añadió, "solo se entienden si uno tiene un corazón abierto, se entienden mediante el consuelo del Espíritu Santo", mientras que "no se pueden entender solo con la inteligencia humana".
Francisco dijo luego que las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos. Pero si no tenemos el corazón abierto al Espíritu Santo, les parecerán una tontería. 'Pero mire, ser pobre, ser manso, ser misericordioso no parece ser una cosa que nos lleva al éxito'. Si no tenemos el corazón abierto y si no gozamos de aquel consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación, no se entiende esto. Esta es la ley para los que han sido salvados y han abierto su corazón a la salvación. Esta es la ley de los libres, con la libertad del Espíritu Santo".
Uno, dijo Francisco, "puede regular su vida, organizarla en una lista de mandamientos o procedimientos," una lista "meramente humana". Pero esto "al final no nos lleva a la salvación", solo un corazón abierto nos lleva a la salvación. Recordó que muchos estaban interesados en "examinar", la "nueva doctrina y luego discutir con Jesús".
Y esto se daba porque "tenían el corazón cerrado en sus propias cosas", "cosas que Dios quería cambiar". ¿Por qué, entonces -se preguntó el Papa-, hay personas que "tienen el corazón cerrado a la salvación?" Porque, respondió, "tenemos miedo de la salvación. La necesitamos, pero tenemos miedo", porque cuando el Señor venga "para salvarnos tenemos que darlo todo. ¡Y manda Él! Y tenemos miedo de esto", porque "queremos controlarlo nosotros". Y agregó que, con el fin de entender "estos nuevos mandamientos", necesitamos de la libertad que "nace del Espíritu Santo, que nos salva, que nos consuela" y "da la vida":
"Podemos pedir al Señor hoy la gracia de seguirlo, pero con esta libertad. Porque si queremos seguirle solamente con nuestra libertad humana, al final nos convertimos en hipócritas como aquellos fariseos y saduceos, aquellos que peleaban con Él. La hipocresía es lo siguiente: no permitir que el Espíritu cambie el corazón con su salvación".
"La libertad del Espíritu, que nos da el Espíritu, es también una especie de esclavitud, pero una "esclavitud" al Señor que nos hace libres, es otra libertad. En cambio, nuestra libertad es una esclavitud, pero no para el Señor, sino para el espíritu del mundo. Pidamos la gracia de abrir nuestro corazón al consuelo del Espíritu Santo, para que este consuelo, que es la salvación, nos permita comprender bien estos mandamientos".
No hagamos rutina de la misa dijo el Papa Francisco
El Papa Francisco exhortó a los católicos a que la "Santa Misa no caiga para nosotros en una rutina superficial". Así lo indicó en su mensaje leído ayer por la mañana al inicio de la Eucaristía de clausura en Colonia, Alemania, del Congreso Eucarístico Nacional que se centró sobre el tema "Señor, ¿dónde quién vamos a ir?", y en el que participaron también fieles de otros países vecinos.
Presidió la Misa el Cardenal Paul Josef Cordes, Presidente Emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum", en su calidad de enviado especial del Santo Padre.
"Señor, ¿dónde quién vamos a ir?" pregunta el Apóstol Pedro, portavoz de los seguidores fieles, ante la incomprensión de muchas de las personas que escuchaban a Jesús, y que habrían querido aprovecharse egoístamente de Él.
Al plantearnos esta pregunta –escribe el Papa Francisco en su mensaje– "también nosotros somos miembros de la Iglesia de hoy", y si bien la pregunta "es quizá más titubeante en nuestra boca que en los labios de Pedro, nuestra respuesta, como la del Apóstol, puede ser sólo la persona de Jesús", que "vivió hace dos mil años" y "sin embargo, nosotros podemos encontrarlo en nuestro tiempo cuando escuchamos su Palabra y estamos cerca de Él, de modo único, en la Eucaristía".
De aquí la invitación de Francisco: "¡Que la Santa Misa no caiga para nosotros en una rutina superficial! ¡Que tomemos cada vez más de su profundidad!"
El Santo Padre Papa explica que es precisamente su profundidad la que nos inserta en la inmensa obra de salvación de Cristo, para que afinemos nuestra "vista espiritual" por su amor. Y añade que es necesario "aprender a vivir la Misa", como lo pedía el Beato Juan Pablo II, recordando que a esto nos ayuda el hecho de detenernos en adoración ante el Señor eucarístico en el tabernáculo y recibir el Sacramento de la Reconciliación".
El Papa Francisco observa asimismo que la misma pregunta "Señor, ¿dónde quién vamos a ir?", "se la plantean algunos contemporáneos que –lúcidamente o con un presentimiento oscuro– están aún en busca del Padre de Jesucristo".
Y añade que el "Redentor quiere salir al encuentro de ellos a través de nosotros, que gracias al Bautismo, nos hemos convertido Nexus hermanos y hermanas, y que en la Eucaristía hemos recibido la fuerza de llevar junto a Él su misión de salvación".
De ahí que el Santo Padre añada que "todos nosotros, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos tenemos el compromiso de llevar a Dios al mundo y el mundo a Dios". A la vez que concluye afirmando que "encontrar a Cristo, encomendarse a Cristo, anunciar a Cristo, son los pilares de nuestra fe que se concentran, siempre, en el punto focal de la Eucaristía".
documento de proteccion a los migrantes, segun el obispo de Cristobal de las Casas
Protección a los migrantes
Un problema al que hacer frente
Por Felipe Arizmendi Esquivel
SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS . Ofrecemos el artículo de nuestro colaborador Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, México, que aborda el problema de la seguridad de los migrantes.
SITUACIONES
Es una vergüenza internacional que nuestro país no brinde mayor protección y seguridad a tantos migrantes que pasan por aquí, huyendo de la pobreza y de la violencia de sus países. Muchos son ultrajados, explotados, secuestrados, extorsionados; varias mujeres son violadas; algunos son asesinados por bandas de delincuentes y narcotraficantes. A unos los obligan a sumarse a esas bandas; si no lo hacen, los matan. Sufren un verdadero calvario, que nos avergüenza y nos duele.
En días pasados, a orillas de Pakal Na, una colonia de la ciudad de Palenque, dos mujeres hondureñas fueron macheteadas y asesinadas por criminales que iban en el mismo tren, donde se suben los migrantes que carecen de recursos para atravesar el país sin pagar este transporte, en su ilusión de pasar a Estados Unidos. Esas mujeres habían denunciado, dos días antes, las extorsiones de que eran objeto; de alguna forma se enteraron los de la banda criminal, las identificaron, hicieron que se detuviera el tren, las bajaron y a sangre fría les machetearon el rostro y con un tiro las mataron.
La gente no viaja por curiosidad o por turismo, sino por necesidad. En sus países de origen, no encuentran formas de mejorar sus condiciones económicas, sufren la violencia de los “maras”, tienen deudas enormes que no pueden pagar, y en su desesperación, a pesar de que saben los peligros a que se exponen al pasar por territorio mexicano, se arriesgan y muchos no llegan a su destino.
Otra cara del problema son los migrantes nativos de nuestro Estado que salen a Playa del Carmen, a Cancún, en Quintana Roo, o al norte del país y al extranjero, buscando alternativas a su pobreza, porque los recursos locales les son insuficientes. Son personas muy trabajadoras, pero el café, el maíz, el frijol, el campo en general y la pequeña ganadería no les rinden tanto como para cubrir sus necesidades básicas. ¡Cuánto sufren ellos y sus familias; muchas se desintegran! Se pierde la cultura rural e indígena, con toda su riqueza de idioma, costumbres, religión, vivencia familiar y comunitaria. Se hacen individualistas, interesados más que todo en el dinero; se prostituyen, se contagian de actitudes y criterios destructivos, y varios también de sida. Cuando regresan a sus comunidades, se sienten extraños; critican a sus mayores y a sus paisanos; quieren contaminar a otros jóvenes de costumbres inmorales; se quieren hacer aparecer como grandes y triunfadores sólo porque usan celular, aretes, peinados extravagantes, playeras con letreros en inglés, y se drogan para sentirse fuertes. Muchos cambian de religión, o se alejan totalmente de Dios.
ILUMINACION
Dijimos en Aparecida: “Es expresión de caridad, también eclesial, el acompañamiento pastoral de los migrantes. La Iglesia, como Madre, debe sentirse a sí misma como Iglesia sin fronteras, Iglesia familiar, atenta al fenómeno creciente de la movilidad humana en sus diversos sectores. Considera indispensable el desarrollo de una mentalidad y una espiritualidad al servicio pastoral de los hermanos en movilidad, estableciendo estructuras nacionales y diocesanas apropiadas. Entre las tareas de la Iglesia a favor de los migrantes, está indudablemente la denuncia profética de los atropellos que sufren frecuentemente, como también el esfuerzo por incidir, junto a los organismos de la sociedad civil, en los gobiernos de los países, para lograr una política migratoria que tenga en cuenta los derechos de las personas en movilidad” (Nos. 411-414).
COMPROMISOS
Desde hace tiempo se ha propuesto que se dé a los migrantes algún documento que les permita pasar por el país de una forma segura, sin estar expuestos a los polleros y a las bandas del crimen organizado. Es urgente un trabajo de inteligencia de las corporaciones de seguridad, para detectar a los delincuentes. Que el ejército acompañe a los trenes, dando protección a los migrantes. La autoridad civil debe hacer mucho más para resolver este problema; por nuestra parte, no dejaremos de atenderles humanitariamente, con la solidaridad propia de la mayoría de los mexicanos.
SITUACIONES
Es una vergüenza internacional que nuestro país no brinde mayor protección y seguridad a tantos migrantes que pasan por aquí, huyendo de la pobreza y de la violencia de sus países. Muchos son ultrajados, explotados, secuestrados, extorsionados; varias mujeres son violadas; algunos son asesinados por bandas de delincuentes y narcotraficantes. A unos los obligan a sumarse a esas bandas; si no lo hacen, los matan. Sufren un verdadero calvario, que nos avergüenza y nos duele.
En días pasados, a orillas de Pakal Na, una colonia de la ciudad de Palenque, dos mujeres hondureñas fueron macheteadas y asesinadas por criminales que iban en el mismo tren, donde se suben los migrantes que carecen de recursos para atravesar el país sin pagar este transporte, en su ilusión de pasar a Estados Unidos. Esas mujeres habían denunciado, dos días antes, las extorsiones de que eran objeto; de alguna forma se enteraron los de la banda criminal, las identificaron, hicieron que se detuviera el tren, las bajaron y a sangre fría les machetearon el rostro y con un tiro las mataron.
La gente no viaja por curiosidad o por turismo, sino por necesidad. En sus países de origen, no encuentran formas de mejorar sus condiciones económicas, sufren la violencia de los “maras”, tienen deudas enormes que no pueden pagar, y en su desesperación, a pesar de que saben los peligros a que se exponen al pasar por territorio mexicano, se arriesgan y muchos no llegan a su destino.
Otra cara del problema son los migrantes nativos de nuestro Estado que salen a Playa del Carmen, a Cancún, en Quintana Roo, o al norte del país y al extranjero, buscando alternativas a su pobreza, porque los recursos locales les son insuficientes. Son personas muy trabajadoras, pero el café, el maíz, el frijol, el campo en general y la pequeña ganadería no les rinden tanto como para cubrir sus necesidades básicas. ¡Cuánto sufren ellos y sus familias; muchas se desintegran! Se pierde la cultura rural e indígena, con toda su riqueza de idioma, costumbres, religión, vivencia familiar y comunitaria. Se hacen individualistas, interesados más que todo en el dinero; se prostituyen, se contagian de actitudes y criterios destructivos, y varios también de sida. Cuando regresan a sus comunidades, se sienten extraños; critican a sus mayores y a sus paisanos; quieren contaminar a otros jóvenes de costumbres inmorales; se quieren hacer aparecer como grandes y triunfadores sólo porque usan celular, aretes, peinados extravagantes, playeras con letreros en inglés, y se drogan para sentirse fuertes. Muchos cambian de religión, o se alejan totalmente de Dios.
ILUMINACION
Dijimos en Aparecida: “Es expresión de caridad, también eclesial, el acompañamiento pastoral de los migrantes. La Iglesia, como Madre, debe sentirse a sí misma como Iglesia sin fronteras, Iglesia familiar, atenta al fenómeno creciente de la movilidad humana en sus diversos sectores. Considera indispensable el desarrollo de una mentalidad y una espiritualidad al servicio pastoral de los hermanos en movilidad, estableciendo estructuras nacionales y diocesanas apropiadas. Entre las tareas de la Iglesia a favor de los migrantes, está indudablemente la denuncia profética de los atropellos que sufren frecuentemente, como también el esfuerzo por incidir, junto a los organismos de la sociedad civil, en los gobiernos de los países, para lograr una política migratoria que tenga en cuenta los derechos de las personas en movilidad” (Nos. 411-414).
COMPROMISOS
Desde hace tiempo se ha propuesto que se dé a los migrantes algún documento que les permita pasar por el país de una forma segura, sin estar expuestos a los polleros y a las bandas del crimen organizado. Es urgente un trabajo de inteligencia de las corporaciones de seguridad, para detectar a los delincuentes. Que el ejército acompañe a los trenes, dando protección a los migrantes. La autoridad civil debe hacer mucho más para resolver este problema; por nuestra parte, no dejaremos de atenderles humanitariamente, con la solidaridad propia de la mayoría de los mexicanos.
el Papa Francisco insiste en la misericordia de Dios
A pesar de que el clima estaba un poco inestable y de no ser una particular festividad, la plaza de San Pedro estaba repleta, como buena parte de la Vía de la Concilación. El papa Francisco se asomó ante esta multitud, desde la ventana de su estudio en el Palacio ApostólicoVaticano, para relzar el ángelus con los fieles.
A continuación las palabras del papa:
¡Queridos hermanos y hermanas! El mes de junio es dedicando tradicionalmente al Sagrado Corazón de Jesús, la máxima expresión humana del amor divino. Justamente el viernes pasado hemos celebrado la solemnidad del Corazón de Cristo y esta fiesta le imprime el tono a todo el mes. La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios. Pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que represente el centro, la fuente de la cual brotó la salvación para toda la humanidad”.
En los evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo el pasaje en el que Cristo mismo dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansado y opresos, y yo les daré reposo. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,28-29).
Fundamental es la narración de Juan sobre la muerte de Cristo. Este evangelista de hecho da testimonio de lo que vio en el Calvario. O sea que un soldado, cuando Jesús ya estaba muerto, le atravesó el costado con la lanza y de esa herida fluyeron sangre y agua (Cfr. Gv 19,33-34). Juan reconoce en este hecho, aparentemente casual, el inicio de las profecías: del corazón de Jesús, como un cordero inmolado en la cruz, viene para todos los hombres el perdón y la vida.
Pero la misericordia de Jesús no es solamente un sentimiento, es mucho más. ¡Es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!. Lo dice también el evangelio de hoy, en el episodio de la viuda de Nain (Lc 7,11-17).Jesús con sus discípulos está llegando justamente a Nain, un pueblo de Galilea, en el momento mismo en que se está realizando un funeral: cargan a un joven para enterrarlo, hijo único de una mujer viuda. La mirada de Jesús se fija en seguida sobre la madre en lágrimas.
Dice el evangelista Luca: “Al verla el Señor fue tomado de gran compasión por ella” (v.13). Esta “compasión es el amor de Dios por el hombre, es la misericordia, o sea la actitud de Dios hacia la miseria humana, hacia nuestra indigencia, en el sufrimiento, en la angustia. El término bíblico “compasión” llama a las vísceras maternas: la madre de hecho, tiene una reacción particular delante del dolor de los hijos. Así nos ama Dios, dice la escritura.
¿Y cuál es el fruto de este amor? ¡Es la vida! Jesús le dijo a la viuda de Nain: “¡No llores!”, y entonces llamó al joven muerto y lo despertó como de un sueño(cfr vv. 13-15).
La misericordia de Dios le da la vida al hombre, lo resucita de la muerte. El Señor nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia. ¡No tengamos temor de acercarnos a Él! ¡Hay un corazón misericordioso! Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, ¡Él siempre nos perdona. Es pura misericordia!
Dirijamonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, su corazón de madre ha compartido al máximo la 'compasión' de Dios, especialmente en la hora de la pasión y muerte de Jesús. Nos ayude María a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos.
A continuación el santo padre rezó la oración del ángelus y después dirigió otras palabras.
Hoy en Caracovia son proclamadas beatas dos religiosas polacas: Sofía Czeska Maciejowska que en la primera mitad del siglo XVII fundó la Congregación de las Vírgenes de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María. Y Margarita Lucia Szewczyk, que en el siglo XIX fundó la Congregación de las Hijas de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. ¡Con la Iglesia que está en Cracovia, demos gracias al Señor!
Saludo con afecto a todos los peregrinos hoy presentes: grupos parroquiales, familias, escolares, asociaciones y movimientos. Saludo también a los fieles venidos de Mumbay (India).
Saludo al Movimiento del Amor Familiar de Roma; a las confraternidades y a los voluntarios del Santuario de Mongiovino, en Perusa; a la Juventud Franciscana de Umbria; a la Casa de la Caridad, de Lecce; a los fieles de la provincia de Módena, a quienes animo a la reconstrucción; y a aquellos de Ceprano. Saludo a los peregrinos de Ortona, en donde se veneran las reliquias del apóstol Tomás, quienes realizaron un camino de 'Tomás a Pedro'. ¡Gracias!
El santo padre entonces improvisó unas últimas palabras: “Hoy no nos olvidemos del amor de Dios, del amor de Jesús. Él nos mira, nos ama, nos espera. Es todo corazón, toda misericordia. Vamos con confianza hacia Jesús, Él nos perdona siempre. ¡Buen domingo y buen provecho!
el Papa nos invita a custodiar la Palabra como la virgen Maria
Aprendamos, como María, a recibir y a custodiar la Palabra de Dios. Fue la invitación que el Papa Francisco formuló en la Misa en la Casa de Santa Marta este sábado 8 de junio, memoria del Corazón Inmaculado de la Beata Virgen María.
El papa subrayó que María leía la vida con la Palabra de Dios y esto justamente significa custodiar. En la Misa de hoy participó un grupo de colaboradores de Caritas Internationalis, acompañados por el secretario general, Michel Roy, informa Radio Vaticana.
Asombro y custodia: el Papa desarrolló su homilía de hoy partiendo de este binomio. La ocasión la ofreció el Evangelio del día, que narra del asombro de los maestros de la Ley en el Templo en el escuchar a Jesús y en el guardar de María, en su corazón, la Palabra de Dios. El asombro, observó el pontífice, “es más del gozo: es un momento en el que la Palabra de Dios viene, es sembrada en nuestro corazón”. Pero, advirtió, “no se puede vivir siempre en el asombro”, esto de hecho va llevado “en la vida con la custodia”. Y es precisamente lo que hace María, de la que se dice que se “maravilló” y custodió la “Palabra de Dios”:
“Custodiar la Palabra de Dios: ¿Qué cosa quiere decir esto? ¿Que recibo la Palabra, tomo una botella, meto la Palabra en la botella y la custodio? No. Custodiar la Palabra de Dios quiere decir que nuestro corazón se abre, se ha abierto a aquella Palabra como la Tierra se abre para recibir las semillas. La Palabra de Dios es una semilla que es sembrada. Y Jesús nos ha dicho qué cosa ocurre con la semilla: algunas caen a lo largo del camino, vienen los pájaros y las comen; esta Palabra no ha sido custodiada, esos corazones no han sabido recibirla”.
Otras, continuó, caen en una tierra pedregosa y la semilla muere. Y Jesús dice que aquellos “no saben custodiar la Palabra de Dios porque no son constantes: cuando les sucede una tribulación se olvidan”. La Palabra de Dios, observó el Papa, cae en una tierra no preparada, no custodiada, donde hay espinas. Y ¿qué cosa son las espinas? Jesús, subrayó Francisco, habla del apego a las riquezas, los vicios”. He aquí que “custodiar la Palabra de Dios significa meditar qué cosa nos dice esta Palabra con lo que sucede en la vida”. Y “María hacía esto”, “meditaba y hacía la comparación”. Este, “es un gran trabajo espiritual ”:
“Juan Pablo II decía que con este trabajo, María tenía una particular fatiga en su corazón: tenía el corazón fatigado. Pero esto no es un afán, es una fatiga, es un trabajo. Custodiar la Palabra de Dios se hace con este trabajo: el trabajo de buscar qué cosa significa tal cosa en este momento, qué cosa me quiere decir el Señor en este momento, cómo se entiende tal situación frente a la Palabra de Dios. Leer la vida con la Palabra de Dios: esto significa custodiar”.
Pero también recordar. “La memoria es una custodia de la Palabra de Dios. Nos ayuda a custodiarla, a recordar todo aquello que el Señor ha obrado en mi vida”. Nos recuerda “todas las maravillas de la salvación en su pueblo y en mi corazón. La memoria custodia la Palabra de Dios”. El Papa concluyó su homilía invitando a todos a meditar “en cómo custodiamos la Palabra de Dios, cómo conservamos este asombro, para que los pájaros del camino no la coman, los vicios no la sofoquen”.
“Nos hará bien cuestionarnos: 'Con las cosas que ocurren en la vida, me hago la pregunta: ¿en este momento, qué cosa me dice el Señor con su Palabra?'. Esto se llama custodiar la Palabra de Dios, la Palabra de Dios es el mensaje que el Señor nos da en todo momento. Custodiarla con esto: custodiarla con nuestra memoria. Y también custodiarla con nuestra esperanza. Pidamos al Señor la gracia de recibir la Palabra de Dios y custodiarla, y también la gracia de tener un corazón que se fatiga en esta custodia. Así sea”.
panorama del Papa Francisco hasta hoy
Negros nubarrones asediaban al Vaticano meses atrás. A diario aparecían graves denuncias de corrupción, cientos de noticias sobre el encubrimiento de pederastas, decenas de referencias a las turbias relaciones de las mafias con el Banco del Vaticano, entre otros amagos de tormenta que amenazaban seriamente con desestabilizar a la sede de la Iglesia Católica. Tras la desconcertante y sorpresiva renuncia de Ratzinger, los presagios de un nuevo cisma aumentaron, pero entonces, con el humo blanco, apareció en el balcón la figura humilde y sonriente de Bergoglio, hoy Francisco I, el primer Papa latinoamericano y también el primer jesuita en acceder al cargo pontificio. Desde el inicio, desde sus palabras inaugurales, Bergoglio mostró simpleza, simpatía y moderación. En su sermón inicial, dictado ante una gran concurrencia en la plaza de San Pedro, en un gesto que mostraría su línea de apertura futura a la interrelación religiosa (iniciada con Juan XXIII y continuada por Juan Pablo II), agradeció la presencia de los dignatarios de otras religiones que se hicieron presentes aquel día: grupos de la iglesia cristiana ortodoxa, rabinos, imanes, pastores evangélicos, entre otros. Días después sorprenderían sus declaraciones y renuncias personales a la comodidad y a los lujos pontificios en concordancia con lo que sería su acción sustentada en la pobreza, la caridad y el amor. También causaría revuelo entre los radicales católicos aquella frase que desnudaba su sencillez al decir que "todos los seres humanos seremos redimidos por Dios a través de la sangre de Cristo, todos y no sólo los católicos". Frase a la que el portavoz del Vaticano, inundado de soberbia y el egoísmo de los que pregonan ser los únicos que merecen la salvación, respondió hace pocos días diciendo: "¡Lo siento! Los ateos no pueden ir al cielo, después de todo". Y es que, de algún modo, Bergoglio ha provocado un temblor que resquebraja lentamente los arcaicos cimientos del Vaticano. Las voces de los grandes ideólogos, teólogos y tradicionalistas se ven opacadas por la frescura de un discurso modesto y práctico que se acerca mucho más a la palabra de Jesús y toma distancia con lo teocrático y doctrinario. De hecho, hace pocos días el nuevo Papa restallaba una vez más su látigo en el templo, diciendo: "Cuando la ideología entra en la Iglesia, cuando quiere interferir en la interpretación del Evangelio, no entendemos nada". Y añadió: "Toda interpretación ideológica, no importa de qué lado venga, es una falsificación del Evangelio". Por ahora el cisma de la iglesia, si se concreta en realidad, sería provocado por el propio Bergoglio, un hombre carismático, humilde y terrenal (pero demasiado parecido a Juan Pablo I) que, alentado por el paroxismo del recién llegado, ha cambiado al menos la fachada de un palacio brillante y ostentoso que se descompone por dentro.
Thursday, June 06, 2013
el Papa Francisco invita a la conversion
El papa invita a la conversión durante la misa de hoy jueves
Por Redacción
ROMA, 06 de junio de 2013 Cada uno de nosotros vive con pequeñas o grandes idolatrías, pero el camino que nos lleva a Dios pasa por un amor que es exclusivo a Èl, como Jesús nos lo enseñó. Lo afirmó así este jueves el papa Francisco en la misa matutina de la Casa Santa Marta.
Han concelebrado con el papa tres altos prelados, el arzobispo de Curitiba en Brasil, José Vitti; de Ibiza en España, Juan Segura, y de Sagar en la India, Chirayath Anthony. Según informa Radio Vaticana, también asistieron empleados de la Biblioteca Apostólica Vaticana, acompañados por el viceprefecto Ambrogio Paizzoni, y un grupo de personal de la Universidad Lateranense, acompañados por el vicerrector, monseñor Patrick Valdrini.
Lejos del Reino
Cuando el escriba se acercó a Jesús para preguntarle lo que, según él, es "el primero de todos los mandamientos" es probable que su intención no fuera tan inocente. Es así como el papa Francisco inicia la homilía evaluando el comportamiento del hombre que, en la narración evangélica de la liturgia de hoy, se dirige a Cristo dando la impresión de "meterlo a la prueba", si no es de "hacerlo caer en la trampa".
Y cuando --a la cita bíblica de Jesús: "Escucha, oh Israel. El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno"--, el escriba responde aprobando, el papa llama la atención sobre el comentario de Cristo: "No estás lejos del reino de Dios". En esencia, dice el papa Francisco, con el "no está lejos", Jesús quería decirle al escriba: "Sabes muy bien la teoría", pero "todavía te falta una distancia hacia el Reino de Dios", es decir, debes caminar para transformar en "realidad este mandamiento ", ya que "la confesión de Dios" se hace en el "camino de la vida".
No a las idolatrías
Añadiò el santo padre que "no basta decir: 'Pero yo creo en Dios, Dios es el único Dios'. Está bien, pero ¿cómo vives este camino de vida? Porque podemos decir: 'El Señor es el único Dios, solamente, no hay otro', pero a la vez vivir como si Él no fuera el único Dios y tener otras deidades a nuestra disposición... Es el peligro de la idolatría: la idolatría que llega a nosotros con el espíritu del mundo. Y Jesús, en esto, era claro: el espíritu del mundo, no. Y en la última Cena Jesús pide al Padre que nos defienda del espíritu del mundo, porque el espíritu del mundo nos lleva a la idolatría".
"La idolatría --continúa el papa Francisco, es sutil", todos nosotros "tenemos nuestros ídolos ocultos" y "el camino de la vida para llegar, para no estar lejos del Reino de Dios", implica "descubrir los ídolos ocultos". Un comportamiento que ya se encuentra en la Biblia --recuerda--, se lee en el episodio en el que Raquel, mujer de Jacob, finge no tener consigo ídolos, los cuales ha llevado de la casa de su padre y los ha escondido detrás de su caballo. También nosotros, dijo Francisco, "lo hemos escondido en un caballo, nuestro... Pero tenemos que buscarle y debemos destruirlo", porque la única manera de seguir a Dios es la de un amor basado en la "lealtad".
Ahuyentar los ídolos
"Y la lealtad --prosiguió--, nos pide que ahuyentemos los ídolos, descubrirlos: están ocultos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida. Pero estos ídolos ocultos hacen que no seamos fieles en el amor. El apóstol Santiago, cuando dice: 'Quien es amigo del mundo, es enemigo de Dios', comienza diciendo: '¡Ustedes adúlteros!'. Nos reprocha, pero con el adjetivo: ¡adúlteros! ¿Por qué? Porque quien es "amigo" del mundo es un idólatra, ¡no es fiel al amor de Dios! El camino para no estar lejos, para avanzar en el Reino de Dios, es un camino de lealtad que se asemeja a la del amor conyugal".
Mientras que "con las pequeñas idolatrías que tenemos", ¿cómo es posible --concluye el papa Francisco--, no ser fiel "a un amor tan grande?". Para ello, es necesario confiar en Cristo, que es "fidelidad plena" y que "nos ama tanto".
"Podemos preguntarle ahora a Jesús: 'Señor, tú que eres tan bueno, enséñame el camino para estar cada día menos lejos del Reino de Dios, aquella manera para ahuyentar todos los ídolos'. Es difícil, pero tenemos que empezar... Los ídolos ocultos en los muchos caballos que tenemos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida: mandar lejos el ídolo de lo mundano, que nos lleva a convertirnos en enemigos de Dios. Pidamos esta gracia en Jesús, hoy."
Han concelebrado con el papa tres altos prelados, el arzobispo de Curitiba en Brasil, José Vitti; de Ibiza en España, Juan Segura, y de Sagar en la India, Chirayath Anthony. Según informa Radio Vaticana, también asistieron empleados de la Biblioteca Apostólica Vaticana, acompañados por el viceprefecto Ambrogio Paizzoni, y un grupo de personal de la Universidad Lateranense, acompañados por el vicerrector, monseñor Patrick Valdrini.
Lejos del Reino
Cuando el escriba se acercó a Jesús para preguntarle lo que, según él, es "el primero de todos los mandamientos" es probable que su intención no fuera tan inocente. Es así como el papa Francisco inicia la homilía evaluando el comportamiento del hombre que, en la narración evangélica de la liturgia de hoy, se dirige a Cristo dando la impresión de "meterlo a la prueba", si no es de "hacerlo caer en la trampa".
Y cuando --a la cita bíblica de Jesús: "Escucha, oh Israel. El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno"--, el escriba responde aprobando, el papa llama la atención sobre el comentario de Cristo: "No estás lejos del reino de Dios". En esencia, dice el papa Francisco, con el "no está lejos", Jesús quería decirle al escriba: "Sabes muy bien la teoría", pero "todavía te falta una distancia hacia el Reino de Dios", es decir, debes caminar para transformar en "realidad este mandamiento ", ya que "la confesión de Dios" se hace en el "camino de la vida".
No a las idolatrías
Añadiò el santo padre que "no basta decir: 'Pero yo creo en Dios, Dios es el único Dios'. Está bien, pero ¿cómo vives este camino de vida? Porque podemos decir: 'El Señor es el único Dios, solamente, no hay otro', pero a la vez vivir como si Él no fuera el único Dios y tener otras deidades a nuestra disposición... Es el peligro de la idolatría: la idolatría que llega a nosotros con el espíritu del mundo. Y Jesús, en esto, era claro: el espíritu del mundo, no. Y en la última Cena Jesús pide al Padre que nos defienda del espíritu del mundo, porque el espíritu del mundo nos lleva a la idolatría".
"La idolatría --continúa el papa Francisco, es sutil", todos nosotros "tenemos nuestros ídolos ocultos" y "el camino de la vida para llegar, para no estar lejos del Reino de Dios", implica "descubrir los ídolos ocultos". Un comportamiento que ya se encuentra en la Biblia --recuerda--, se lee en el episodio en el que Raquel, mujer de Jacob, finge no tener consigo ídolos, los cuales ha llevado de la casa de su padre y los ha escondido detrás de su caballo. También nosotros, dijo Francisco, "lo hemos escondido en un caballo, nuestro... Pero tenemos que buscarle y debemos destruirlo", porque la única manera de seguir a Dios es la de un amor basado en la "lealtad".
Ahuyentar los ídolos
"Y la lealtad --prosiguió--, nos pide que ahuyentemos los ídolos, descubrirlos: están ocultos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida. Pero estos ídolos ocultos hacen que no seamos fieles en el amor. El apóstol Santiago, cuando dice: 'Quien es amigo del mundo, es enemigo de Dios', comienza diciendo: '¡Ustedes adúlteros!'. Nos reprocha, pero con el adjetivo: ¡adúlteros! ¿Por qué? Porque quien es "amigo" del mundo es un idólatra, ¡no es fiel al amor de Dios! El camino para no estar lejos, para avanzar en el Reino de Dios, es un camino de lealtad que se asemeja a la del amor conyugal".
Mientras que "con las pequeñas idolatrías que tenemos", ¿cómo es posible --concluye el papa Francisco--, no ser fiel "a un amor tan grande?". Para ello, es necesario confiar en Cristo, que es "fidelidad plena" y que "nos ama tanto".
"Podemos preguntarle ahora a Jesús: 'Señor, tú que eres tan bueno, enséñame el camino para estar cada día menos lejos del Reino de Dios, aquella manera para ahuyentar todos los ídolos'. Es difícil, pero tenemos que empezar... Los ídolos ocultos en los muchos caballos que tenemos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida: mandar lejos el ídolo de lo mundano, que nos lleva a convertirnos en enemigos de Dios. Pidamos esta gracia en Jesús, hoy."
testimonio del confesor del Papa Francisco
El sacerdote franciscano Fray Berislao Ostojic, confesor en Argentina del entonces Cardenal Jorge Bergoglio, dijo que el Papa Francisco es un hombre que tiene los pies en la tierra y que pide que recen por él porque sabe que “el tentador no duerme”.
El sacerdote dijo que en la carta que envió a su hermano Mario Marcos, que nació en Argentina pero que actualmente radica en Croacia. La misiva fue difundida por un portal croata y en esta se ofrece una visión particular del papa Francisco.
En el texto, Fray Ostojic se refiere al permanente pedido del Santo Padre “rece por mí”. Hace poco, recuerda, el Papa pidió “recen por mí, para que no me la crea”. En esta sencilla petición, dice el P. Ostojic, “se contiene su concepto de la autoridad, que es servicio. Y como tiene los pies sobre la tierra y no vive de ilusiones, sabe muy bien que el tentador no duerme y que los tesoros de gracia se llevan en vasos de barro. Esto es puro realismo humano y espiritual”.
Asimismo, advirtió que aunque actualmente los medios de comunicación “cantan loas al nuevo Papa”, los fieles deben “evitar la telaraña de entusiasmos ingenuos”, ya que “la experiencia nos enseña que, con frecuencia, quienes hoy exaltan, mañana, por razones ideológicas, de buenas a primeras se ubican en la vereda opuesta”.
“Basta pensar qué sucederá cuando el Santo Padre reafirme el valor de toda vida humana y pronuncie un claro ‘no’ al aborto, y qué se dirá cuando ratifique el matrimonio entre un varón y una mujer”, y muchas otras cuestiones sensibles. Entonces “muchos entusiastas superficiales cambiarán de vereda, y le harán sentir el peso de la cruz que no se negocia en desmedro de la verdad del Evangelio”, señaló.
El fraile también destacó la capacidad del Papa “de estar frente al Sagrario y abrevar en la intimidad con Cristo las riquezas con las que Jesús llena los corazones que se le abren para que los ilumine y los fortalezca”.
En ese sentido, recordó la homilía del entonces Cardenal Bergoglio cuando ordenó a Mons. Salaberry, jesuita, y abordó las dificultades que se le presentarían al nuevo obispo. El Arzobispo le dijo que “cuando todo parece oscuro”, “aprendé a pelarte las rodillas ante el Sagrario. Él, Jesús, jamás defrauda”.
El texto completo de la carta enviada el 25 de abril de 2013 es el siguiente:
Querido hermano, ¡Paz y bien! Te escribo para compartir con vos la profunda alegría del don que el Señor le hizo a esta tierra que te vio nacer y que en el papa Francisco, desde que yo lo conozco, tiene a un hijo suyo capaz de abrir corazones, tender puentes y estrechar manos sin hacer acepciones espurias. Nada de lo que yo pueda escribirte se inscribe en el afán por novedades coyunturales.
En los primeros gestos y palabras del nuevo Obispo de Roma, tanto quienes llenaban la plaza de San Pedro como quienes seguían el acontecimiento por los medios de comunicación, pudimos ver, apreciar y también gustar el mensaje de un hombre sencillo y entregado al querer de Dios.
Creo que la presentación del papa Francisco muestra que vive profundamente enraizado en ese Jesús que, como a Pedro, le habrá susurrado en lo más íntimo aquella pregunta “¿Me amas?”. Y la respuesta no se hizo esperar y todos pudimos percibirlo.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles tenemos una pista por comprender: “En mi primer libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que Jesús hizo y enseñó, desde…” (Hechos 1,1).
El orden de los verbos, hacer y enseñar, no es casual, es más bien profundamente significativo. Hasta la sabiduría popular hace dos referencias a ese orden en dos frases: “a las palabras se las lleva el viento, los ejemplos convencen” y “obras son amores, no buenas razones”.
Esta sencilla y descarnada introducción permite valorar la importancia de los gestos con los que el papa Francisco sella y autentica la genuina raíz evangélica de sus palabras.
Quienes hemos tenido algún trato y cercanía con quien hasta hace poco era arzobispo de Buenos Aires, y en tantas ocasiones hemos escuchado y nos hemos servido de sus homilías, no nos vimos demasiado sorprendidos por los gestos y tampoco por su estilo llano, cordial y al mismo tiempo incisivo.
Es su manera de hablarle al corazón de la gente, sin distinciones espurias.
Es natural que muchos se pregunten por la raíz o por la columna vertebral de este estilo que tanto cautiva, no solo a quienes están en la Plaza de San Pedro, sino también a cuantos están siguiéndolo en los más variados rincones del mundo.
Las opiniones abundarán. Los mismos medios de comunicación sencillos, como los periódicos y revistas, o los más sofisticados, cantan loas al nuevo Papa y dicen tantas cosas interesantes.
Sin embargo, aun cuando cabe apreciar la misión de los medios, también habrá que evitar la telaraña de entusiasmos ingenuos.
La experiencia nos enseña que, con frecuencia, quienes hoy exaltan, mañana, por razones ideológicas, de buenas a primeras se ubican en la vereda opuesta.
Basta pensar: ¿Qué sucederá cuando el Santo Padre reafirme el valor de toda vida humana y pronuncie un claro NO al aborto? ¿Qué se dirá cuando ratifique el matrimonio entre un varón y una mujer? Y muchas otras preguntas sensibles.
Entonces muchos entusiastas superficiales cambiarán de vereda, y le harán sentir el peso de la cruz que no se negocia en desmedro de la verdad del Evangelio.
Estoy profundamente convencido de que el papa Francisco vive con sereno gozo las alegrías y que sabrá llevar la cruz. Y desde ella invitar a la esperanza que no defrauda.
Quienes por algún motivo entran en contacto con él escucharán de sus labios este pedido: “Rece por mí”.
También ya como Papa hace poquito pidió: “Recen por mí, para que no me la crea”. En esta sencilla petición se contiene su concepto de la autoridad, que es servicio. Y como tiene los pies sobre la tierra y no vive de ilusiones, sabe muy bien que el tentador no duerme y que los tesoros de gracia se llevan en vasos de barro. Esto es puro realismo humano y espiritual.
Vuelvo a la pregunta, a mi entender fundamental para entender cuanto hace y dice el Papa: ¿De dónde le viene la audacia de los gestos, la alegría del servicio?
Desde mi percepción personal la cosa me parece clara. La columna vertebral desde la que se articulan los gestos y las palabras, hay que buscarla y se la reconoce en su actitud orante, en la capacidad de estar frente al Sagrario y abrevar en la intimidad con Cristo, las riquezas con las que Jesús llena los corazones que se le abren para que los ilumine y los fortalezca.
Recuerdo que en la ordenación episcopal del obispo de Azul, Mons. Salaberry, también jesuita, en la homilía, refiriéndose a las dificultades, cuando todo parece oscuro, Bergoglio lo exhortaba: “Entonces, aprendé a pelarte las rodillas ante el Sagrario. Él, Jesús, jamás defrauda”.
La sencillez en el trato, la apertura del corazón, el entusiasmo por llevar el Evangelio a todos, el amor y la ternura por los más débiles, no son riquezas que caen del cielo, se adquieren en la intimidad con Jesús, el único Maestro.
El gesto de pedir que oren por él para que, antes de bendecir él mismo al pueblo, éste implore la bendición para el pastor, no se improvisa. La fuerza del gesto se percibió en el silencio orante que unió, en Cristo, el corazón de los fieles y el del Pastor. Todos pudimos palpar la fecundidad de sabernos miembros vivos de la Iglesia.
Esto de pedir “rece y recen por mí” se da cada vez que despide a alguno con quien se encontró por alguna razón.
Otro gesto que, para mí, lo pinta de cuerpo entero, es su visita a los presos el día Jueves Santo. Así manifestó que su cercanía a los pobres, que aquí en Buenos Aires fue parte viva de sus preocupaciones pastorales, se mantendrá también en Roma.
Claro, como obispo de Roma, todo lo que haga y diga tiene más repercusión por razones fáciles de entender.
Le es muy caro, y lo manifestará con insistencia, el tema de la ternura y de la misericordia de Dios.
Habrá, sin ninguna duda, muchas más expresiones semejantes a las que todos conocemos. “Dios no se cansa nunca de perdonar, pero nosotros nos cansamos a veces de pedir perdón”.
Este es el papa Francisco que yo conozco. Estoy seguro de que, aún cuando sus nuevas y más amplias obligaciones le impongan cambios en algunas formas, en lo esencial seguirá siendo el mismo.
Él es un enamorado de Cristo y en Cristo ama a todos los hombres. Cuando ya no ocupe las primeras páginas de los periódicos, él seguirá dando testimonio creíble y coherente de Jesús.
Nos toca a nosotros orar por él, ser fieles a su Magisterio y, dentro de nuestras posibilidades, colaborar en llevar la semilla del Evangelio al mundo de hoy.
Cada uno de nosotros cabe en algún lugarcito del corazón del papa Francisco. Que él también tenga, junto con Jesús, un lugarcito en nuestros corazones.
Si eligió el nombre de Francisco, para decirlo con una expresión simple, es porque sin dejar de ser un auténtico jesuita, tiene un corazón franciscano.
El Espíritu Santo lo guiará y nuestras oraciones lo sostendrán en su misión de Padre y de Pastor.
Espero no haberte cansado. Que el Señor te bendiga y la Virgen te proteja. Paz y Bien. Te saludo con afecto. Fra Berislav Ostojic.
El sacerdote dijo que en la carta que envió a su hermano Mario Marcos, que nació en Argentina pero que actualmente radica en Croacia. La misiva fue difundida por un portal croata y en esta se ofrece una visión particular del papa Francisco.
En el texto, Fray Ostojic se refiere al permanente pedido del Santo Padre “rece por mí”. Hace poco, recuerda, el Papa pidió “recen por mí, para que no me la crea”. En esta sencilla petición, dice el P. Ostojic, “se contiene su concepto de la autoridad, que es servicio. Y como tiene los pies sobre la tierra y no vive de ilusiones, sabe muy bien que el tentador no duerme y que los tesoros de gracia se llevan en vasos de barro. Esto es puro realismo humano y espiritual”.
Asimismo, advirtió que aunque actualmente los medios de comunicación “cantan loas al nuevo Papa”, los fieles deben “evitar la telaraña de entusiasmos ingenuos”, ya que “la experiencia nos enseña que, con frecuencia, quienes hoy exaltan, mañana, por razones ideológicas, de buenas a primeras se ubican en la vereda opuesta”.
“Basta pensar qué sucederá cuando el Santo Padre reafirme el valor de toda vida humana y pronuncie un claro ‘no’ al aborto, y qué se dirá cuando ratifique el matrimonio entre un varón y una mujer”, y muchas otras cuestiones sensibles. Entonces “muchos entusiastas superficiales cambiarán de vereda, y le harán sentir el peso de la cruz que no se negocia en desmedro de la verdad del Evangelio”, señaló.
El fraile también destacó la capacidad del Papa “de estar frente al Sagrario y abrevar en la intimidad con Cristo las riquezas con las que Jesús llena los corazones que se le abren para que los ilumine y los fortalezca”.
En ese sentido, recordó la homilía del entonces Cardenal Bergoglio cuando ordenó a Mons. Salaberry, jesuita, y abordó las dificultades que se le presentarían al nuevo obispo. El Arzobispo le dijo que “cuando todo parece oscuro”, “aprendé a pelarte las rodillas ante el Sagrario. Él, Jesús, jamás defrauda”.
El texto completo de la carta enviada el 25 de abril de 2013 es el siguiente:
Querido hermano, ¡Paz y bien! Te escribo para compartir con vos la profunda alegría del don que el Señor le hizo a esta tierra que te vio nacer y que en el papa Francisco, desde que yo lo conozco, tiene a un hijo suyo capaz de abrir corazones, tender puentes y estrechar manos sin hacer acepciones espurias. Nada de lo que yo pueda escribirte se inscribe en el afán por novedades coyunturales.
En los primeros gestos y palabras del nuevo Obispo de Roma, tanto quienes llenaban la plaza de San Pedro como quienes seguían el acontecimiento por los medios de comunicación, pudimos ver, apreciar y también gustar el mensaje de un hombre sencillo y entregado al querer de Dios.
Creo que la presentación del papa Francisco muestra que vive profundamente enraizado en ese Jesús que, como a Pedro, le habrá susurrado en lo más íntimo aquella pregunta “¿Me amas?”. Y la respuesta no se hizo esperar y todos pudimos percibirlo.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles tenemos una pista por comprender: “En mi primer libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que Jesús hizo y enseñó, desde…” (Hechos 1,1).
El orden de los verbos, hacer y enseñar, no es casual, es más bien profundamente significativo. Hasta la sabiduría popular hace dos referencias a ese orden en dos frases: “a las palabras se las lleva el viento, los ejemplos convencen” y “obras son amores, no buenas razones”.
Esta sencilla y descarnada introducción permite valorar la importancia de los gestos con los que el papa Francisco sella y autentica la genuina raíz evangélica de sus palabras.
Quienes hemos tenido algún trato y cercanía con quien hasta hace poco era arzobispo de Buenos Aires, y en tantas ocasiones hemos escuchado y nos hemos servido de sus homilías, no nos vimos demasiado sorprendidos por los gestos y tampoco por su estilo llano, cordial y al mismo tiempo incisivo.
Es su manera de hablarle al corazón de la gente, sin distinciones espurias.
Es natural que muchos se pregunten por la raíz o por la columna vertebral de este estilo que tanto cautiva, no solo a quienes están en la Plaza de San Pedro, sino también a cuantos están siguiéndolo en los más variados rincones del mundo.
Las opiniones abundarán. Los mismos medios de comunicación sencillos, como los periódicos y revistas, o los más sofisticados, cantan loas al nuevo Papa y dicen tantas cosas interesantes.
Sin embargo, aun cuando cabe apreciar la misión de los medios, también habrá que evitar la telaraña de entusiasmos ingenuos.
La experiencia nos enseña que, con frecuencia, quienes hoy exaltan, mañana, por razones ideológicas, de buenas a primeras se ubican en la vereda opuesta.
Basta pensar: ¿Qué sucederá cuando el Santo Padre reafirme el valor de toda vida humana y pronuncie un claro NO al aborto? ¿Qué se dirá cuando ratifique el matrimonio entre un varón y una mujer? Y muchas otras preguntas sensibles.
Entonces muchos entusiastas superficiales cambiarán de vereda, y le harán sentir el peso de la cruz que no se negocia en desmedro de la verdad del Evangelio.
Estoy profundamente convencido de que el papa Francisco vive con sereno gozo las alegrías y que sabrá llevar la cruz. Y desde ella invitar a la esperanza que no defrauda.
Quienes por algún motivo entran en contacto con él escucharán de sus labios este pedido: “Rece por mí”.
También ya como Papa hace poquito pidió: “Recen por mí, para que no me la crea”. En esta sencilla petición se contiene su concepto de la autoridad, que es servicio. Y como tiene los pies sobre la tierra y no vive de ilusiones, sabe muy bien que el tentador no duerme y que los tesoros de gracia se llevan en vasos de barro. Esto es puro realismo humano y espiritual.
Vuelvo a la pregunta, a mi entender fundamental para entender cuanto hace y dice el Papa: ¿De dónde le viene la audacia de los gestos, la alegría del servicio?
Desde mi percepción personal la cosa me parece clara. La columna vertebral desde la que se articulan los gestos y las palabras, hay que buscarla y se la reconoce en su actitud orante, en la capacidad de estar frente al Sagrario y abrevar en la intimidad con Cristo, las riquezas con las que Jesús llena los corazones que se le abren para que los ilumine y los fortalezca.
Recuerdo que en la ordenación episcopal del obispo de Azul, Mons. Salaberry, también jesuita, en la homilía, refiriéndose a las dificultades, cuando todo parece oscuro, Bergoglio lo exhortaba: “Entonces, aprendé a pelarte las rodillas ante el Sagrario. Él, Jesús, jamás defrauda”.
La sencillez en el trato, la apertura del corazón, el entusiasmo por llevar el Evangelio a todos, el amor y la ternura por los más débiles, no son riquezas que caen del cielo, se adquieren en la intimidad con Jesús, el único Maestro.
El gesto de pedir que oren por él para que, antes de bendecir él mismo al pueblo, éste implore la bendición para el pastor, no se improvisa. La fuerza del gesto se percibió en el silencio orante que unió, en Cristo, el corazón de los fieles y el del Pastor. Todos pudimos palpar la fecundidad de sabernos miembros vivos de la Iglesia.
Esto de pedir “rece y recen por mí” se da cada vez que despide a alguno con quien se encontró por alguna razón.
Otro gesto que, para mí, lo pinta de cuerpo entero, es su visita a los presos el día Jueves Santo. Así manifestó que su cercanía a los pobres, que aquí en Buenos Aires fue parte viva de sus preocupaciones pastorales, se mantendrá también en Roma.
Claro, como obispo de Roma, todo lo que haga y diga tiene más repercusión por razones fáciles de entender.
Le es muy caro, y lo manifestará con insistencia, el tema de la ternura y de la misericordia de Dios.
Habrá, sin ninguna duda, muchas más expresiones semejantes a las que todos conocemos. “Dios no se cansa nunca de perdonar, pero nosotros nos cansamos a veces de pedir perdón”.
Este es el papa Francisco que yo conozco. Estoy seguro de que, aún cuando sus nuevas y más amplias obligaciones le impongan cambios en algunas formas, en lo esencial seguirá siendo el mismo.
Él es un enamorado de Cristo y en Cristo ama a todos los hombres. Cuando ya no ocupe las primeras páginas de los periódicos, él seguirá dando testimonio creíble y coherente de Jesús.
Nos toca a nosotros orar por él, ser fieles a su Magisterio y, dentro de nuestras posibilidades, colaborar en llevar la semilla del Evangelio al mundo de hoy.
Cada uno de nosotros cabe en algún lugarcito del corazón del papa Francisco. Que él también tenga, junto con Jesús, un lugarcito en nuestros corazones.
Si eligió el nombre de Francisco, para decirlo con una expresión simple, es porque sin dejar de ser un auténtico jesuita, tiene un corazón franciscano.
El Espíritu Santo lo guiará y nuestras oraciones lo sostendrán en su misión de Padre y de Pastor.
Espero no haberte cansado. Que el Señor te bendiga y la Virgen te proteja. Paz y Bien. Te saludo con afecto. Fra Berislav Ostojic.
Wednesday, June 05, 2013
siendo responsables con lo creado evitamos entrar en la cultura de lo descartable
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, patrocinado por las Naciones Unidas, el papa se refirió durante la catequesis semanal, al urgente tema del cuidado de todo lo creado, especialmente a la custodia del hombre como centro de la creación.
Recordó Francisco que las primeras alusiones se encuentran en la Biblia , en el libro del Génesis, donde se dice que “Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultiven y la custodien (cf. 2,15)”. Ante este ‘encargo’ de Dios, el papa se preguntó: “¿Realmente estamos cultivando y custodiando la creación? ¿O la estamos explotando y olvidando?”
Responsables con lo creado
El hecho de “cultivar y custodiar la creación” –dijo--, ha sido una indicación de Dios, “dada no solo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto”. Por lo tanto es tarea de todos hacer crecer el mundo con responsabilidad, “transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos”.
Tomando en cuenta las enseñanzas del papa emérito Benedicto XVI, quien recordaba que “la tarea confiada por Dios Creador a nosotros requiere captar el ritmo y la lógica de la creación”, advirtió que a menudo el hombre se deja llevar “por la soberbia de la dominación, de las posesiones, del manipular, de aprovecharnos (y) no la ‘custodiamos’, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito al cual cuidar”.
A la vez explicó Francisco que este "cultivar y custodiar" no solo tiene relación entre la personas y el medio ambiente, sino tiene que ver también con las relaciones humanas, en la persona humana que “está en peligro”.
Por una “ecología humana”
Recordó cómo los papas han hecho llamados urgentes ante lo que se denominó “ecología humana”, que no es sólo cuestión de economía, “sino de ética y de antropología”. El santo padre se lamentó que hoy no es el hombre un punto de referencia para ciertas decisiones, sino el dinero. “La plata manda”, fue su análisis.
Sin embargo recordó que “Dios nuestro Padre ha dado el encargo de custodiar la tierra, y no el dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres”, denunciando que muchas veces a los hombres y a las mujeres “se les sacrifica ante los ídolos del lucro y del consumo”, con lo que se va configurando una “cultura de lo descartable”.
“Si se rompe un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, los necesitados, los dramas de tantas personas terminan siendo normales”, continuó con su enseñanza, asegurando que si “algunas personas sin hogar mueren de frío en la calle, no es una noticia (..) por el contrario, una reducción de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, es una tragedia”.
En referencia a la llamada "cultura de lo descartable", Francisco se lamentó que en esta “la vida humana , la persona ya no se le percibe como valor primordial a ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si todavía no sirve --como el niño por nacer--, o no sirve más, como los ancianos”.
Cuidar los alimentos
Por otra parte, y en sintonía con el tema del Día Mundial del Medio Ambiente para este año, el papa advirtió que esta cultura de los residuos “nos ha hecho insensibles incluso a los desechos alimentarios, que son aún más desechados, cuando en todas las partes del mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición”.
Esto fue ocasión para que recordara “¡que la comida que se desecha es como si fuese robada de la mesa de los pobres, de los hambrientos!”, por lo que animó a todos a reflexionar “sobre el problema de la pérdida y el desecho de los alimentos, a fin de determinar los medios que aborden seriamente este problema, y sean un vehículo de la solidaridad y un compartir con los más necesitados”.
Trajo al recuerdo la reciente lectura del evangelio en la fiesta del Corpus Christi, que narra la historia del milagro de los panes, en la que Jesús alimenta a la multitud con cinco panes y dos peces. En esta escena –recalcó--, “Jesús les pide a sus discípulos que nada se pierda: ¡ningún desperdicio! (..) Y esto nos dice que cuando la comida se comparte de manera justa, con solidaridad, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede ir al encuentro de los más pobres y necesitados”.
Invitó a los participantes a tomar en serio el compromiso de respetar y proteger la creación, y “a estar atentos a todas las personas, para contrarrestar la cultura de los desperdicios y desechos, a fin de promover una cultura de la solidaridad y del encuentro”.
Saludos en español
Al final de la catequesis, el papa saludó a los peregrinos de lengua española con las siguientes palabras:
“Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Colombia, Uruguay, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a respetar y cuidar la creación, a prestar atención y cuidado a toda persona, a contrarrestar “la cultura del descarte” y del desecho para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro”.
Tuesday, June 04, 2013
ejemplo del Papa Juan XXIII
Juan XXIII, piedra miliar en la historia de la Iglesia del siglo XX
Palabras del papa Francisco en el 50 aniversario de su muerte
CIUDAD DEL VATICANO, 04 de junio de 2013 Con ocasión del 50 aniversario de la muerte del beato papa Juan XXIII, se celebró ayer por la tarde en la Basílica Vaticana, una Santa Misa presidida por monseñor Francesco Beschi, obispo de la diócesis italiana de Bérgamo. Al final de la celebración eucarística, el papa Francisco se encontró en la misma basílica con los participantes en la Peregrinación de la Diócesis de Bérgamo. Luego del saludo de monseñor Beschi, el santo padre dirigió unas palabras a los presentes. Ofrecemos el texto del saludo del papa.
*****
Queridos amigos de la Diócesis de Bérgamo:
Estoy feliz de darles la bienvenida aquí, en la tumba del Apóstol Pedro, en este lugar que es la casa de todo católico. Saludo con afecto a su Obispo, monseñor Francesco Beschi, y le agradezco por las gentiles palabras que me ha dirigido a nombre de todos.
Hace exactamente cincuenta años, precisamente a esta hora, el Beato Juan XXIII dejaba este mundo. Quien, como yo, tiene una cierta edad, mantiene un vivo recuerdo de la conmoción que se difundió por todas partes en aquellos días: la Plaza de San Pedro se había convertido en un santuario a cielo abierto, recibiendo día y noche a los fieles de toda edad y condición social, en trepidación y oración por la salud del Papa. El mundo entero había reconocido en el Papa Juan un pastor, un padre. Pastor porque era padre. ¿Qué cosa lo había convertido en tal? ¿Cómo había podido llegar al corazón de personas tan diversas, incluso de tantos no cristianos? Para responder a esta pregunta, podemos recordar su lema episcopal, Obedientia et pax: obediencia y paz. «Estas palabras - anotaba monseñor Roncalli en la víspera de su consagración episcopal - son un poco mi historia y mi vida» (Diario del Alma, Retiro de preparación para la consagración episcopal, 13-17 de marzo 1925). Obediencia y paz.
Quisiera partir de la paz, porque este es el aspecto más evidente, aquello que la gente ha percibido en el Papa Juan: Angelo Roncalli era un hombre capaz de transmitir paz; una paz natural, serena, cordial; una paz que con su elección al Pontificado se manifestó al mundo entero y recibió el nombre de la bondad. Es tan bello encontrar un sacerdote, un cura bueno, con bondad. Y esto me hace pensar a una cosa que San Ignacio de Loyola -ah, non hago publicidad eh- san Ignacio decía a los jesuitas, cuando hablaba de las cualidades que tiene que tener un superior. Decía: tiene que tener esto esto esto esto, una lista larga de cualidades, pero al final decía: y si no tiene estas virtudes que al menos tenga mucha bondad. Esencial. Es un padre, un sacerdote con bondad. Fue esto indudablemente una característica distintiva de su personalidad, que le permitió construir en todas partes sólidas amistades y que resaltó de manera particular en su ministerio de Representante del Papa, desempeñado por casi tres decenios, a menudo en contacto con ambientes, mundos tan lejanos de aquel universo católico en el que él había nacido y se había formado. Justamente en aquellos ambientes él se demostró un eficaz constructor de relaciones y un válido promotor de unidad, dentro y fuera de la comunidad eclesial, abierto al diálogo con los cristianos de otras Iglesias, con exponentes del mundo judío y musulmán y con tantos otros hombres de buena voluntad. En realidad, el Papa Juan transmitía paz porque tenía un ánimo profundamente pacificado, él se había dejado pacificar por el Espiritu Santo. Y este ánimo pacificado fue fruto de un largo y comprometido trabajo sobre sí mismo, trabajo del que ha quedado abundante rastro en el Diario del Alma. Allí podemos ver al seminarista, al sacerdote, al obispo Roncalli empeñado en el camino de progresiva purificación del corazón. Lo vemos, día a día, atento a reconocer y mortificar los deseos que provienen del propio egoísmo, a discernir las inspiraciones del Señor, dejándose guiar por sabios directores espirituales e inspirar por maestros como san Francisco de Sales y san Carlos Borromeo. Leyendo aquellos escritos asistimos verdaderamente al tomar forma de un alma, bajo la acción del Espíritu Santo que actúa en su Iglesia, en las almas. Ha sido Él, decisivamente, que con estas buenas disposiciones, les ha pacificado el alma. Y aquí llegamos a la segunda y decisiva palabra: “obediencia”. Si la paz ha sido la característica exterior, la obediencia constituyó para Roncalli la disposición interior: la obediencia, en realidad, fue el instrumento para alcanzar la paz. Ante todo ella tuvo un sentido muy simple y concreto: desenvolver en la Iglesia el servicio que los superiores le pedían, sin pretender nada para sí, sin sustraerse a nada de aquello que le era pedido, incluso cuando eso significó dejar la propia tierra, confrontarse con mundos a él desconocidos, permanecer por largos años en lugares donde la presencia de católicos era escasísima. Este dejarse conducir, como un niño, construyó su recorrido sacerdotal que ustedes bien conocen, de secretario de monseñor Radini Tedeschi, padre espiritual en el Seminario diocesano, a Representante pontificio en Bulgaria, Turquía y Grecia, Francia, hasta Pastor de la Iglesia veneciana y finalmente a Obispo de Roma. A través de esta obediencia, el sacerdote y obispo Roncalli vivió también una fidelidad más profunda, que podremos definir, como él habría dicho, abandono a la divina Providencia. Él ha constantemente reconocido, en la fe, que a través de aquel recorrido de vida aparentemente guiado por otros, no conducido por los propios gustos o sobre la base de una sensibilidad espiritual propia, Dios iba diseñando su propio proyecto. Era un hombre de gobierno, era un conductor, pero un conductor conducido, por el Espíritu Santo, por la obediencia. Aun más profundamente, mediante este abandono cotidiano a la voluntad de Dios, el futuro Papa Juan vivió una purificación, que le permitió desprenderse completamente de sí mismo y de adherir a Cristo, dejando así emerger aquella santidad que la Iglesia ha después oficialmente reconocido. «Quien perderá la propia vida por mí, la salvará» nos dice Jesús (Lc 9,24). Aquí se encuentra la verdadera fuente de la bondad del Papa Juan, de la paz que ha difundido en el mundo, aquí se encuentra la raíz de su santidad: en esta su obediencia evangélica.
Y esta es la enseñanza para cada uno de nosotros, pero también para la Iglesia de nuestro tiempo: si sabemos dejarnos conducir por el Espíritu Santo, si sabemos mortificar nuestro egoísmo para hacer espacio al amor del Señor y a su voluntad, entonces encontraremos la paz, entonces sabremos ser constructores de paz y difundiremos paz a nuestro alrededor. A cincuenta años de su muerte, la guía sapiente y paterna del Papa Juan, su amor por la tradición de la Iglesia y la consciencia de su constante necesidad de actualización, la intuición profética de la convocación del Concilio Vaticano II y la ofrenda de la propia vida por su buen término, quedan como piedras miliares en la historia de la Iglesia del siglo XX y como un faro luminoso por el camino que nos espera.
Queridos bergamascos, ustedes están justamente orgullosos del “Papa bueno”, luminoso ejemplo de la fe y de las virtudes de las enteras generaciones de cristianos de su tierra. Custodien su espíritu, profundicen en el estudio de su vida y de sus escritos, pero sobre todo, imiten su santidad. Déjense guiar por el Espíritu Santo. No tengan miedo de los riesgos, así como él no ha tenido miedo. Docilidad al Espíritu, amor a la Iglesia y adelante. El Señor hará todo. Que desde el Cielo él continúe acompañando con amor a su Iglesia, que tanto amó en vida, y obtenga para ella del Señor el don de numerosos y santos sacerdotes, de vocaciones a la vida religiosa y misionera, como también a la vida familiar y al compromiso laical en la Iglesia y en el mundo. ¡Gracias por su visita al Papa Juan! Los bendigo a todos de corazón.
*****
Queridos amigos de la Diócesis de Bérgamo:
Estoy feliz de darles la bienvenida aquí, en la tumba del Apóstol Pedro, en este lugar que es la casa de todo católico. Saludo con afecto a su Obispo, monseñor Francesco Beschi, y le agradezco por las gentiles palabras que me ha dirigido a nombre de todos.
Hace exactamente cincuenta años, precisamente a esta hora, el Beato Juan XXIII dejaba este mundo. Quien, como yo, tiene una cierta edad, mantiene un vivo recuerdo de la conmoción que se difundió por todas partes en aquellos días: la Plaza de San Pedro se había convertido en un santuario a cielo abierto, recibiendo día y noche a los fieles de toda edad y condición social, en trepidación y oración por la salud del Papa. El mundo entero había reconocido en el Papa Juan un pastor, un padre. Pastor porque era padre. ¿Qué cosa lo había convertido en tal? ¿Cómo había podido llegar al corazón de personas tan diversas, incluso de tantos no cristianos? Para responder a esta pregunta, podemos recordar su lema episcopal, Obedientia et pax: obediencia y paz. «Estas palabras - anotaba monseñor Roncalli en la víspera de su consagración episcopal - son un poco mi historia y mi vida» (Diario del Alma, Retiro de preparación para la consagración episcopal, 13-17 de marzo 1925). Obediencia y paz.
Quisiera partir de la paz, porque este es el aspecto más evidente, aquello que la gente ha percibido en el Papa Juan: Angelo Roncalli era un hombre capaz de transmitir paz; una paz natural, serena, cordial; una paz que con su elección al Pontificado se manifestó al mundo entero y recibió el nombre de la bondad. Es tan bello encontrar un sacerdote, un cura bueno, con bondad. Y esto me hace pensar a una cosa que San Ignacio de Loyola -ah, non hago publicidad eh- san Ignacio decía a los jesuitas, cuando hablaba de las cualidades que tiene que tener un superior. Decía: tiene que tener esto esto esto esto, una lista larga de cualidades, pero al final decía: y si no tiene estas virtudes que al menos tenga mucha bondad. Esencial. Es un padre, un sacerdote con bondad. Fue esto indudablemente una característica distintiva de su personalidad, que le permitió construir en todas partes sólidas amistades y que resaltó de manera particular en su ministerio de Representante del Papa, desempeñado por casi tres decenios, a menudo en contacto con ambientes, mundos tan lejanos de aquel universo católico en el que él había nacido y se había formado. Justamente en aquellos ambientes él se demostró un eficaz constructor de relaciones y un válido promotor de unidad, dentro y fuera de la comunidad eclesial, abierto al diálogo con los cristianos de otras Iglesias, con exponentes del mundo judío y musulmán y con tantos otros hombres de buena voluntad. En realidad, el Papa Juan transmitía paz porque tenía un ánimo profundamente pacificado, él se había dejado pacificar por el Espiritu Santo. Y este ánimo pacificado fue fruto de un largo y comprometido trabajo sobre sí mismo, trabajo del que ha quedado abundante rastro en el Diario del Alma. Allí podemos ver al seminarista, al sacerdote, al obispo Roncalli empeñado en el camino de progresiva purificación del corazón. Lo vemos, día a día, atento a reconocer y mortificar los deseos que provienen del propio egoísmo, a discernir las inspiraciones del Señor, dejándose guiar por sabios directores espirituales e inspirar por maestros como san Francisco de Sales y san Carlos Borromeo. Leyendo aquellos escritos asistimos verdaderamente al tomar forma de un alma, bajo la acción del Espíritu Santo que actúa en su Iglesia, en las almas. Ha sido Él, decisivamente, que con estas buenas disposiciones, les ha pacificado el alma. Y aquí llegamos a la segunda y decisiva palabra: “obediencia”. Si la paz ha sido la característica exterior, la obediencia constituyó para Roncalli la disposición interior: la obediencia, en realidad, fue el instrumento para alcanzar la paz. Ante todo ella tuvo un sentido muy simple y concreto: desenvolver en la Iglesia el servicio que los superiores le pedían, sin pretender nada para sí, sin sustraerse a nada de aquello que le era pedido, incluso cuando eso significó dejar la propia tierra, confrontarse con mundos a él desconocidos, permanecer por largos años en lugares donde la presencia de católicos era escasísima. Este dejarse conducir, como un niño, construyó su recorrido sacerdotal que ustedes bien conocen, de secretario de monseñor Radini Tedeschi, padre espiritual en el Seminario diocesano, a Representante pontificio en Bulgaria, Turquía y Grecia, Francia, hasta Pastor de la Iglesia veneciana y finalmente a Obispo de Roma. A través de esta obediencia, el sacerdote y obispo Roncalli vivió también una fidelidad más profunda, que podremos definir, como él habría dicho, abandono a la divina Providencia. Él ha constantemente reconocido, en la fe, que a través de aquel recorrido de vida aparentemente guiado por otros, no conducido por los propios gustos o sobre la base de una sensibilidad espiritual propia, Dios iba diseñando su propio proyecto. Era un hombre de gobierno, era un conductor, pero un conductor conducido, por el Espíritu Santo, por la obediencia. Aun más profundamente, mediante este abandono cotidiano a la voluntad de Dios, el futuro Papa Juan vivió una purificación, que le permitió desprenderse completamente de sí mismo y de adherir a Cristo, dejando así emerger aquella santidad que la Iglesia ha después oficialmente reconocido. «Quien perderá la propia vida por mí, la salvará» nos dice Jesús (Lc 9,24). Aquí se encuentra la verdadera fuente de la bondad del Papa Juan, de la paz que ha difundido en el mundo, aquí se encuentra la raíz de su santidad: en esta su obediencia evangélica.
Y esta es la enseñanza para cada uno de nosotros, pero también para la Iglesia de nuestro tiempo: si sabemos dejarnos conducir por el Espíritu Santo, si sabemos mortificar nuestro egoísmo para hacer espacio al amor del Señor y a su voluntad, entonces encontraremos la paz, entonces sabremos ser constructores de paz y difundiremos paz a nuestro alrededor. A cincuenta años de su muerte, la guía sapiente y paterna del Papa Juan, su amor por la tradición de la Iglesia y la consciencia de su constante necesidad de actualización, la intuición profética de la convocación del Concilio Vaticano II y la ofrenda de la propia vida por su buen término, quedan como piedras miliares en la historia de la Iglesia del siglo XX y como un faro luminoso por el camino que nos espera.
Queridos bergamascos, ustedes están justamente orgullosos del “Papa bueno”, luminoso ejemplo de la fe y de las virtudes de las enteras generaciones de cristianos de su tierra. Custodien su espíritu, profundicen en el estudio de su vida y de sus escritos, pero sobre todo, imiten su santidad. Déjense guiar por el Espíritu Santo. No tengan miedo de los riesgos, así como él no ha tenido miedo. Docilidad al Espíritu, amor a la Iglesia y adelante. El Señor hará todo. Que desde el Cielo él continúe acompañando con amor a su Iglesia, que tanto amó en vida, y obtenga para ella del Señor el don de numerosos y santos sacerdotes, de vocaciones a la vida religiosa y misionera, como también a la vida familiar y al compromiso laical en la Iglesia y en el mundo. ¡Gracias por su visita al Papa Juan! Los bendigo a todos de corazón.
Amables hoy traidores despues dijo el Papa Francisco
Cuidarse de los hipócritas y aduladores
Advertencia del papa en la misa diaria
ROMA, 04 de junio Un cristiano no utiliza un "lenguaje educado socialmente", con tendencia a la hipocresía, sino que se vuelve portavoz de la verdad del evangelio con la misma transparencia de los niños. Esta fue la enseñanza que el papa Francisco ofreció en la homilía de la misa celebrada hoy martes en la Casa Santa Marta.
Según informa Radio Vaticana, con el papa han concelebrado el patriarca de los católicos armenios, Nerses Bedros XIX Tarmouni, así como monseñor Fernando Vianney, obispo de Kandy en Sri Lanka, y monseñor Jean Luis Brugues de la Biblioteca Apostólica Vaticana, acompañado por un grupo de colaboradores de la misma. También estuvieron presentes la presidenta y el director general de la Radio y Televisión Italiana (RAI), Anna Maria Tarantola y Luigi Gubitosi, con sus familias.
La hipocresía que mata
El idioma preferido de los corruptos es la hipocresía. La escena evangélica del tributo al César, y la aplicación sutil de los fariseos y de los herodianos a Cristo sobre la legitimidad de aquel tributo, le permitió a Francisco elaborar una reflexión en estrecha continuidad con la homilía de ayer.
La intención con la que se acercan a Jesús, dice, es aquella de hacerle "caer en la trampa." Su pregunta de si es lícito o no pagar impuestos al César se coloca --subraya el papa-- "con palabras suaves y hermosas, con palabras muy dulces."
"Tratan, añade, de mostrarse como amigos". Pero todo es falso. Porque, dijo Francisco, "ellos no aman la verdad", sino solo a sí mismos ", y así tratan de engañar, de involucrar a los demás en su engaño, en su mentira. Tienen un corazón mentiroso, no pueden decir la verdad":
"Es el lenguaje de la corrupción, de la hipocresía. Y cuando Jesús habla a sus discípulos, dice: "Que su hablar sea: '¡Sí, sí! ¡No, no!'. La hipocresía no es un lenguaje de la verdad, porque la verdad nunca va sola. ¡Nunca! ¡Siempre va con el amor! No hay verdad sin amor. El amor es la primera verdad. Si no hay amor, no hay verdad. Estos quieren una verdad esclava de sus propios intereses. Hay un amor, podemos decirlo: pero es el amor de sí mismo, el amor a sí mismos. Aquella idolatría narcisista que les lleva a traicionar a los demás, les lleva a abusar de la confianza".
Amables hoy, traidores mañana
Lo que parece un "lenguaje persuasivo", insistió el papa Francisco, lleva más bien "al error, a la mentira". Y, en el límite de la ironía, los que hoy se acercan a Jesús y "parecen tan amables en el lenguaje, son los mismos que irán la noche del jueves, para llevarlo al Huerto de los Olivos, y el viernes lo llevarán a Pilato". En cambio, Jesús pide exactamente lo contrario a los que le siguen, un lenguaje de "sí, sí, no, no", una "palabra de verdad y con amor".
"Y la humildad que Jesús quiere que tengamos no tiene nada de esta adulación, con este estilo endulzado de avanzar. ¡Nada! La mansedumbre es simple, es como la de un niño. Y un niño no es hipócrita, porque no es corrupto. Cuando Jesús nos dice: "Sea vuestra palabra '¡Sí, sí! No, no! con alma de niños, dice lo contrario del hablar de estos".
La última consideración es aquella "cierta debilidad interior", estimulada por la "vanidad", por la que, constata el papa Francisco, "nos gusta que digan cosas buenas sobre nosotros". Esto "lo saben los corruptos" y "con este lenguaje tratan de debilitarnos".
"Pensemos bien hoy: ¿Cuál es nuestro lenguaje? ¿Hablamos con verdad, con amor, o hablamos un poco con el lenguaje social del ser corteses, incluso para decir cosas buenas, pero que no sentimos? ¡Hermanos, que nuestro hablar sea evangélico! Luego, estos hipócritas que comienzan con la lisonja, la adulación, y todo esto, terminan buscando testigos falsos para acusar a los que habían halagado. Pidamos hoy al Señor que nuestra conversación sea el hablar de los sencillos, el hablar de un niño, el hablar de los hijos de Dios, hablar con verdad sobre el amor".
Según informa Radio Vaticana, con el papa han concelebrado el patriarca de los católicos armenios, Nerses Bedros XIX Tarmouni, así como monseñor Fernando Vianney, obispo de Kandy en Sri Lanka, y monseñor Jean Luis Brugues de la Biblioteca Apostólica Vaticana, acompañado por un grupo de colaboradores de la misma. También estuvieron presentes la presidenta y el director general de la Radio y Televisión Italiana (RAI), Anna Maria Tarantola y Luigi Gubitosi, con sus familias.
La hipocresía que mata
El idioma preferido de los corruptos es la hipocresía. La escena evangélica del tributo al César, y la aplicación sutil de los fariseos y de los herodianos a Cristo sobre la legitimidad de aquel tributo, le permitió a Francisco elaborar una reflexión en estrecha continuidad con la homilía de ayer.
La intención con la que se acercan a Jesús, dice, es aquella de hacerle "caer en la trampa." Su pregunta de si es lícito o no pagar impuestos al César se coloca --subraya el papa-- "con palabras suaves y hermosas, con palabras muy dulces."
"Tratan, añade, de mostrarse como amigos". Pero todo es falso. Porque, dijo Francisco, "ellos no aman la verdad", sino solo a sí mismos ", y así tratan de engañar, de involucrar a los demás en su engaño, en su mentira. Tienen un corazón mentiroso, no pueden decir la verdad":
"Es el lenguaje de la corrupción, de la hipocresía. Y cuando Jesús habla a sus discípulos, dice: "Que su hablar sea: '¡Sí, sí! ¡No, no!'. La hipocresía no es un lenguaje de la verdad, porque la verdad nunca va sola. ¡Nunca! ¡Siempre va con el amor! No hay verdad sin amor. El amor es la primera verdad. Si no hay amor, no hay verdad. Estos quieren una verdad esclava de sus propios intereses. Hay un amor, podemos decirlo: pero es el amor de sí mismo, el amor a sí mismos. Aquella idolatría narcisista que les lleva a traicionar a los demás, les lleva a abusar de la confianza".
Amables hoy, traidores mañana
Lo que parece un "lenguaje persuasivo", insistió el papa Francisco, lleva más bien "al error, a la mentira". Y, en el límite de la ironía, los que hoy se acercan a Jesús y "parecen tan amables en el lenguaje, son los mismos que irán la noche del jueves, para llevarlo al Huerto de los Olivos, y el viernes lo llevarán a Pilato". En cambio, Jesús pide exactamente lo contrario a los que le siguen, un lenguaje de "sí, sí, no, no", una "palabra de verdad y con amor".
"Y la humildad que Jesús quiere que tengamos no tiene nada de esta adulación, con este estilo endulzado de avanzar. ¡Nada! La mansedumbre es simple, es como la de un niño. Y un niño no es hipócrita, porque no es corrupto. Cuando Jesús nos dice: "Sea vuestra palabra '¡Sí, sí! No, no! con alma de niños, dice lo contrario del hablar de estos".
La última consideración es aquella "cierta debilidad interior", estimulada por la "vanidad", por la que, constata el papa Francisco, "nos gusta que digan cosas buenas sobre nosotros". Esto "lo saben los corruptos" y "con este lenguaje tratan de debilitarnos".
"Pensemos bien hoy: ¿Cuál es nuestro lenguaje? ¿Hablamos con verdad, con amor, o hablamos un poco con el lenguaje social del ser corteses, incluso para decir cosas buenas, pero que no sentimos? ¡Hermanos, que nuestro hablar sea evangélico! Luego, estos hipócritas que comienzan con la lisonja, la adulación, y todo esto, terminan buscando testigos falsos para acusar a los que habían halagado. Pidamos hoy al Señor que nuestra conversación sea el hablar de los sencillos, el hablar de un niño, el hablar de los hijos de Dios, hablar con verdad sobre el amor".
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