P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santisima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica. Es el Director Hispano de Comunicaciones de los Siervos Misioneros en Silver Spring, Maryland. Ayuda los fines de semana como Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park, Maryland. Tiene programas radiales en www.esneradio.com y ewtn radio www.ewtn.com
Monday, July 11, 2011
Sacramento de la Reconciliacion
La pérdida de la confesión Donde el sacerdote ya no es confesor, se convierte en un trabajador social religioso. Le falta, de hecho, la experiencia del éxito pastoral más grande confesión Ciertamente no trataré de brindar una nueva exposición sobre la teología de la penitencia y de la misión. Pero quisiera dejarme guiar por el Evangelio hacia la conversión, para luego ser enviados por el Espíritu Santo a llevar a los hombres la buena noticia de Cristo, dijo a los sacerdotes que peregrinaron a Roma con motivo del fin del AñoSacerdotal. En este camino, quisiera ahora recorrer 15 puntos dereflexión. 1. Debemos convertirnos nuevamente en una “Iglesia en camino a los hombres” (Geh-hin-Kirche), como le gustaba decir a mi predecesor, el entonces Arzobispo de Colonia, el cardenal Joseph Höffner. Esto, sin embargo, no puede ocurrir por un mandato. A esto nos debe mover el EspírituSanto. Una de las pérdidas más trágicas que nuestra Iglesia ha sufrido en la segunda mitad del siglo XX es la pérdida del Espíritu Santo en el sacramento de la Reconciliación. Para nosotros, los sacerdotes, esto ha causado una tremenda pérdida de perfil interior. Cuando los fieles cristianos me preguntan: “¿Cómo podemos ayudar a nuestros sacerdotes?”, entonces siempre respondo: “¡Id a confesaros con ellos!”. Allí donde el sacerdote ya no es confesor, se convierte en un trabajador social religioso. Le falta, de hecho, la experiencia del éxito pastoral más grande, es decir, cuando puede colaborar para que un pecador, también gracias a su ayuda, deje el confesionario siendo nuevamente una persona santificada. En el confesionario, el sacerdote puede echar una mirada al corazón de muchas personas y de esto le surgen impulsos, estímulos e inspiraciones parael propio seguimiento de Cristo. 2. A las puertas de Damasco, un pequeño hombre enfermo, san Pablo, es tirado al suelo y queda ciego. En la segunda Carta a los Corintios, él mismo nos habla de la impresión que sus adversarios tenían de su persona: era físicamente insignificante y de retórica débil (cfr. 2 Cor 10,10). A las ciudades del Asia Menor y de Europa, sin embargo, a través de este pequeño hombre enfermo, será anunciado, en los años venideros, el Evangelio. Las maravillas de Dios no ocurren nunca bajo los “reflectores” de la historia mundial. Estas se realizan siempre a un lado; precisamente, a las puertas de la ciudad como también en el secreto del confesionario. Esto debe ser para todos nosotros un gran consuelo, para nosotros que tenemos grandes responsabilidades pero, al mismo tiempo, somos conscientes de nuestras, a menudo limitadas, posibilidades. Forma parte de la estrategia de Dios: obtener, mediante pequeñas causas, efectos de grandes dimensiones. Pablo, derrotado a las puertas de Damasco, se convierte en el conquistador de las ciudades del Asia Menor y de Europa. Su misión es la de reunir a los llamados en la Iglesia, dentro de la “Ecclesia” de Dios. Aún si —vista desde fuera— es sólo una pequeña y oprimida minoría, es impulsada desde dentro, y Pablo la compara al cuerpo de Cristo, más aún, la identifica con el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Esta posibilidad de “recibir de las manos del Señor”, en nuestra experiencia humana, se llama “conversión”. La Iglesia es la “Ecclesia semper reformanda” y, en ella, tanto el sacerdote como el obispo son un “semper reformandus” que, como Pablo en Damasco, deben ser tirados a tierra desde el caballo siempre de nuevo para caer en losbrazos de Dios misericordioso, que luego nos envía al mundo. 3. Por eso no es suficiente que en nuestro trabajo pastoral queramos aportar correcciones sólo a las estructuras de nuestra Iglesia para poder mostrarla más atractiva. ¡No basta! Tenemos necesidad de un cambio del corazón, de mi corazón. Sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo, no un ingeniero de estructuras eclesiásticas. El sacerdote, a través de su ser en el estilo de vida de Jesús, está de tal modo habitado por Él que el mismo Jesús, en el sacerdote, se hace perceptible para los otros. En Juan 14, 23, leemos: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él”. ¡Esto no es sólo una bella imagen! Si el corazón del sacerdote ama a Dios y vive en la gracia, Dios uno y trino viene personalmente a habitar en el corazón del sacerdote. Ciertamente, Dios es omnipresente. Dios habita en todos lados. El mundo es como una gran iglesia de Dios, pero el corazón del sacerdote es como un tabernáculo en la iglesia. Allí, Dios habita de un modo misterioso yparticular. 4. El mayor obstáculo para permitir que Cristo sea percibido por los otros a través nuestro es el pecado. Este impide la presencia del Señor en nuestra existencia y, por eso, para nosotros no hay nada más necesario que la conversión, también en orden a la misión. Se trata, por decirlo sintéticamente, del sacramento de la Penitencia. Un sacerdote que no se encuentra, con frecuencia, tanto de un lado como del otro de la rejilla del confesionario, sufre daños permanentes en su alma y en su misión. Aquí vemos ciertamente una de las principales causas de la múltiple crisis en la que el sacerdocio ha estado en los últimos cincuenta años. La gracia especialmente particular del sacerdocio es aquella por la que el sacerdote puede sentirse “en su casa” en ambos lados de la rejilla del confesionario: como penitente y como ministro del perdón. Cuando el sacerdote se aleja del confesionario, entra en una grave crisis de identidad. El sacramento de la Penitencia es el lugar privilegiado para la profundización de la identidad del sacerdote, el cual está llamado a hacer que él mismo y loscreyentes se acerquen a la plenitud de Cristo. En la oración sacerdotal, Jesús habla a los suyos y a nuestro Padre celestial de esta identidad: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad” (Jn. 17,15-17). En el sacramento de la Penitencia, se trata de la verdad en nosotros. ¿Cómo es posible que no nos guste enfrentar laverdad? 5. Ahora debemos preguntarnos: ¿no hemos experimentado todavía la alegría de reconocer un error, admitirlo y pedir perdón a quien hemos ofendido? “Me levantaré e iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti” (Lc 15,18). ¿No conocemos la alegría de ver, entonces, cómo el Otro abre los brazos como el padre del hijo pródigo: “su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (Lc 15,20)? ¿No podemos imaginar, entonces, la alegría del padre, que nos ha vuelto a encontrar: “Y comenzó la fiesta” (Lc 15,24)? Si sabemos que esta fiesta es celebrada en el Cielo cada vez que nos convertimos, ¿por qué, entonces, no nos convertimos más frecuentemente? ¿Por qué – y aquí hablo de un modo muy humano – somos tan mezquinos con Dios y con los santos del Cielo al punto de dejarlos tan raramente celebrar una fiesta por el hecho de que nos hemos dejado abrazar porel corazón del Señor, del Padre? 6. A menudo no amamos este perdón explícito. Y, sin embargo, Dios nunca se muestra tanto como Dios como cuando perdona. ¡Dios es amor! ¡Él es el donarse en persona! Él da la gracia del perdón. Pero el amor más fuerte es aquel amor que supera el obstáculo principal al amor, es decir, el pecado. La gracia más grande es el ser perdonados (die Begnadigung), y el don más precioso es el darse (die Vergabung), es el perdón. Si no hubiese pecadores, que tuvieran más necesidad del perdón que del pan cotidiano, no podríamos conocer la profundidad del Corazón divino. El Señor lo subraya de modo explícito: “Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc. 15,7). ¿Cómo es posible – preguntémonos una vez más – que un sacramento, que evoca tan gran alegría en el Cielo, suscita tanta antipatía sobre la tierra? Esto se debe a nuestra soberbia, a la constante tendencia de nuestro corazón a atrincherarse, a satisfacerse a sí mismo, a aislarse, a cerrarse sobre sí. En realidad, ¿qué preferimos?: ¿ser pecadores, a los que Dios perdona, o aparentar estar sin pecado, viviendo en la ilusión de presumirnos justos, dejando de lado la manifestación del amor de Dios? ¿Basta realmente con estar satisfechos de nosotros mismos? ¿Pero qué somos sin Dios? Sólo la humildad de un niño, como la han vivido los santos, nos deja soportar con alegría la diferencia entre nuestra indignidad y la magnificenciade Dios. 7. El fin de la confesión no es que nosotros, olvidando los pecados, no pensemos más en Dios. La confesión nos permite el acceso a una vida donde no se puede pensar en nada más que en Dios. Dios nos dice en el interior: “La única razón por la que has pecado es porque no puedes creer que yo te amo lo suficiente, que estás realmente en mi corazón, que encuentras en mí la ternura de la que tienes necesidad, que me alegro por el mínimo gesto que me ofreces, como testimonio de tu consentimiento, para perdonarte todo aquello que me traes en la confesión”. Sabiendo de tal perdón, de tal amor, entonces seremos inundados de alegría y de gratitud. De este modo, perderemos progresivamente el deseo del pecado, y el sacramento de la Reconciliación se convertirá en una cita fija de la alegría en nuestra vida. Ir a confesarse significa hacer un poco más cordial el amor a Dios, sentir, decir y experimentar eficazmente, una vez más – porque la confesión no es estímulo sólo desde el exterior -, que Dios nos ama; confesarse significa recomenzar a creer – y, al mismo tiempo, a descubrir – que hasta ahora nunca hemos confiado de modo suficientemente profundo y que, por eso, debemos pedir perdón. Frente a Jesús, nos sentimos pecadores, nos descubrimos pecadores, que hemos dejado de lado las expectativas del Señor.Confesarse significa dejarse elevar por el Señor a su nivel divino. 8. El hijo pródigo abandona la casa paterna porque se ha vuelto incrédulo. Ya no tiene confianza en el amor del Padre, que lo satisface, y exige su parte de herencia para resolver por sí sólo todo lo que a él concierne. Cuando se decide a volver y pedir perdón, su corazón está aún muerto. Cree que ya no será amado, que ya no será considerado hijo. Vuelve sólo para no morir de hambre. ¡Esto es lo que llamamos contrición imperfecta! Pero hacía tiempo que el padre lo esperaba. Hacía tiempo que no tenía pensamiento que le diera más alegría que el de creer que el hijo podría volver un día a casa. Tan pronto lo ve, corre al encuentro, lo abraza, no le da tiempo ni siquiera para terminar su confesión, y llama a los sirvientes para hacerlo vestir, alimentar y curar. Dado que se le muestra un amor tan grande, el hijo, en ese momento, comienza también a sentirlo nuevamente, dejándose colmar. Un arrepentimiento inesperado le sobreviene. Esta es la contrición perfecta. Sólo cuando el padre lo abraza, él mide toda su ingratitud, su insolencia y su injusticia. Sólo entonces retorna verdaderamente, se vuelve a convertir en hijo, abierto y confidente con el padre, reencuentra la vida: “Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc. 15,32), dice elpadre, al respecto, al hijo que había permanecido en la casa. 9. El hijo mayor, “el justo”, ha vivido un cambio similar – así, al menos, quisiéramos esperar que continúe la parábola. El caso de este hijo es, sin embargo, mucho más difícil. ¡No se puede decir que Dios ama a los pecadores más que a los justos! Una madre ama a su niño enfermo, al que dirige sus cuidados particulares, no más que a los niños sanos, a los que deja jugar solos, a los que expresa su amor – no ciertamente menor – pero de modo diverso. Mientras las personas rechazan reconocer y confesar los propios pecados, mientras siguen siendo pecadores orgullosos, Dios prefiere a los humildespecadores. Tiene paciencia con todos. El Padre tiene paciencia también con el hijo que se ha quedado en la casa. Le ruega y le habla con bondad: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo” (Lc. 15,31). El perdón de la insensibilidad del hijo mayor no es expresado aquí pero está implícito. ¡Qué grande debe ser la vergüenza del hijo mayor frente a tal clemencia! Había previsto todo pero no ciertamente esta humilde ternura del padre. De repente, se encuentra desarmado, confundido, copartícipe de la alegría común. Y se pregunta cómo pudo pensar en quedarse a un lado, cómo pudo, aunque por un solo instante, preferir ser infeliz solo mientras todos los otros se amaban y se perdonaban mutuamente. Afortunadamente, el padre está allí y lo trata a tiempo. Afortunadamente, ¡el padre no es como él! Afortunadamente, el padre es mucho mejor que todos los otros juntos. Sólo Dios puede perdonar los pecados. Sólo Él puede realizar este gesto de gracia, de alegría y de abundancia de amor. Por eso, el sacramento de la Penitencia es la fuente de permanente renovación y derevitalización de nuestra existencia sacerdotal. 10. Por eso, para mí, la madurez espiritual de un candidato al sacerdocio, para recibir la ordenación sacerdotal, se hace evidente en el hecho de que reciba regularmente —al menos, en la frecuencia de una vez al mes— el sacramento de la Reconciliación. De hecho, es en el sacramento de la Penitencia donde encuentro al Padre misericordioso con los dones más preciosos que ha de dar, y esto es el donarse (Vergabung), el perdón y la gracia. Pero cuando alguno, a causa de su falta de frecuencia de confesión, dice al Padre: “¡Ten para ti tus preciosos dones! Yo no tengo necesidad de ti y de tus dones”, entonces deja de ser hijo porque se excluye de la paternidad de Dios, porque ya no quiere recibir sus preciosos dones. Y si ya no es más hijo del Padre celestial, entonces no puede convertirse en sacerdote, porque el sacerdote, a través del bautismo, es antes que nada hijo del Padre y, luego mediante la ordenación sacerdotal, es con Cristo, hijo con elHijo. Sólo entonces podrá ser realmente hermano de los hombres. 11. El paso de la conversión a la misión puede mostrarse, en primer lugar, en el hecho de que yo paso de un lado al otro de la rejilla del confesionario, de la parte del penitente a la parte del confesor. La pérdida del sacramento de la Reconciliación es la raíz de muchos males en la vida de la Iglesia y en la vida del sacerdote. Y la así llamada crisis del sacramento de la Penitencia no se debe sólo a que la gente no vaya más a confesarse sino a que nosotros, sacerdotes, ya no estamos presentes en el confesionario. Un confesionario en que el está presente un sacerdote, en una iglesia vacía, es el símbolo más conmovedor de la paciencia de Dios que espera. Así es Dios. Él nos espera toda la vida. En mis treinta y cinco años de ministerio episcopal conozco ejemplos conmovedores de sacerdotes presentes cotidianamente en el confesionario, sin que viniera un penitente; hasta que, un día, el primer o la primera penitente, después de meses o años de espera, se hizo finalmente presente. De este modo, por así decir, se ha desbloqueado la situación. Desde ese momento, el confesionario empezó a ser muy frecuentado. Aquí el sacerdote está llamado a poner de su parte todos los trabajos exteriores de planificación de la pastoral de grupo para sumergirse en las necesidades personales de cada uno. Y aquí debe, sobre todo, escuchar más que hablar. Una herida purulenta en el cuerpo sólo puede sanar si puede sangrar hasta el final. El corazón herido del hombre puede sanar sólo si puede sangrar hasta el final, si puede desahogar todo. Y se puede desahogar sólo si hay alguien que escucha, en la absoluta discreción del sacramento de la Reconciliación. Para el confesor es importante, primero que nada, no hablar sino escuchar. ¡Cuántos impulsos interiores experimenta y recibe el sacerdote, precisamente en la administración del sacramento de la confesión, que le sirven para su seguimiento de Cristo! Aquí puede sentir y constatar cuánto más avanzados que él, en el seguimiento de Cristo, están los simplesfieles católicos, hombres, mujeres y niños. 12. Si nos falta en gran parte este ámbito esencial del servicio sacerdotal, entonces caemos fácilmente en una mentalidad funcionalista o en el nivel de una mera técnica pastoral. Nuestro estar a ambos lados de la rejilla del confesionario nos lleva, a través de nuestro testimonio, a permitir que Cristo se haga perceptible para el pueblo. Para decirlo claramente, con un ejemplo negativo: quien entra en contacto con el material radioactivo, también él se vuelve radioactivo. Si luego se pone en contacto con otro, entonces también -éste quedará igualmente infectado por la radioactividad. Pero ahora volvamos al ejemplo positivo: aquellos que entran en contacto con Cristo, se vuelven “Cristo-activos”. Y si, entonces, el sacerdote, siendo “Cristo-activo”, se pone en contacto con otras personas, éstas ciertamente serán “infectadas” por su “Cristo-actividad”. Ésta es la misión, así como fue concebida y estuvo presente desde el comienzo del cristianismo. La gente se reunía en torno a la persona de Jesús para tocarlo, aunque sólo fuera el borde de su manto. Y quedaban sanados incluso cuando esto ocurría mientras Él estaba de espaldas: “porque salía de él una fuerza que sanaba a todos” (Lc.6,19). 13. Con nosotros, en cambio, con frecuencia las personas huyen, ya no buscan nuestra cercanía para entrar en contacto con nosotros. Por el contrario, como dije, se nos escapan. Para evitar que esto suceda, debemos plantearnos la pregunta: ¿con quién entran en contacto cuando se ponen en contacto conmigo? ¿Con Jesucristo, en su infinito amor por la humanidad, o bien con alguna privada opinión teológica o alguna queja sobre la situación de la Iglesia y del mundo? A través de nosotros, ¿entran en contacto con Jesucristo? Si este es el caso, entonces las personas tendrán vida. Hablarán entre ellas de tal sacerdote. Se expresarán sobre él con términos similares: “Con él sí se puede hablar. Me entiende. Realmente puede ayudar”. Estoy profundamente convencido de que la gente tiene una profunda nostalgia de tales sacerdotes, en los cuales pueden encontrar auténticamente a Cristo, que los hace libres detodos los lazos y los vincula a su Persona. 14. Para poder perdonar realmente, tenemos necesidad de mucho amor. El único perdón que podemos conceder realmente es el que hemos recibido de Dios. Sólo si experimentamos al Padre misericordioso, podemos hacernos hermanos misericordiosos para los otros. Aquel que no perdona, no ama. Aquel que perdona poco, ama poco. Quien perdona mucho, ama mucho. Cuando dejamos el confesionario, que es el punto de partida de nuestra misión, tanto de un lado como del otro de la rejilla, entonces se quisiera abrazar a todos, para pedirles perdón y esto ocurre especialmente después de habernos confesado. Yo mismo he experimentado de forma tan gratificante el amor de Dios que perdona, como para poder solamente pedir con urgencia: “¡Acoge también tú su perdón! Toma una parte del mío, que ahora he recibido en sobreabundancia. ¡Y perdóname que te lo ofrezca tan mal!”. Con la confesión se vuelve dentro del mismo movimiento del amor de Dios y del amor fraterno, en la unión con Dios y con la Iglesia, del cual nos había excluido el pecado. Si Dios nos ha enseñado a amar de un modo nuevo, podemos y debemos amar a todos los hombres. Si no fuese así, sería un signo de que no nos hemos confesado bien y que, por lo tanto, deberíamos confesarnos denuevo. Probablemente, el más grande sacerdote confesor de nuestra Iglesia es el Santo Cura de Ars. Gracias a él tenemos el Año Sacerdotal y, por lo tanto, nuestro actual encuentro como sacerdotes y obispos con el Santo Padre aquí en Roma. Con este santo párroco he reflexionado sobre el misterio de la santa confesión ya que su ministerio cotidiano de la reconciliación, en el confesionario de Ars, ha hecho que se convirtiera en un gran misionero para el mundo. Se ha dicho que, como sacerdote confesor, ha vencido espiritualmente a la Revolución francesa. Lo que me ha inspirado este diálogo espiritual con Juan María Vianney, lo he dicho aquí. Sin embargo, me ha recordado también algo muyimportante. 15. ¡Amamos a todos, perdonamos a todos! ¡Hay que prestar atención, sin embargo, a no olvidar a una persona! Existe un ser, de hecho, que nos desilusiona y nos pesa, un ser con el que estamos constantemente insatisfechos. Y somos nosotros mismos. Con frecuencia tenemos bastante de nosotros. Estamos hartos de nuestra mediocridad y cansados de nuestra misma monotonía. Vivimos en un estado de ánimo frío e incluso con una increíble indiferencia hacia este prójimo más próximo que Dios nos ha confiado para que le hagamos tocar el perdón divino. Y este prójimo más próximo somos nosotros mismos. Está dicho, de hecho, que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (cfr. Lv. 19,18). Por lo tanto, debemos amarnos también a nosotros mismos así como tratamos de amar a nuestro prójimo. Entonces debemos pedir a Dios que nos enseñe que debemos perdonarnos: la rabia de nuestro orgullo, las desilusiones de nuestra ambición. Pidamos que la bondad, la ternura, la paciencia y la confianza indecible con la que Él nos perdona, nos conquiste hasta el punto de que nos liberemos del cansancio de nosotros mismos, que nos acompaña por todas partes, y con frecuencia incluso nos causa vergüenza. No somos capaces de reconocer el amor de Dios por nosotros sin modificar también la opinión que tenemos de nosotros mismos, sin reconocer a Dios mismo el derecho de amarnos. El perdón de Dios nos reconcilia con Él, con nosotros, con nuestros hermanos y hermanas, y con todo el mundo. Nos hace auténticosmisioneros. ¿Lo creéis, queridos hermanos? ¡Probadlo, hoy mismo!
Saturday, July 02, 2011
inmaculado corazon de Maria
MARÍA NOS AMA CON CORAZÓN DE MADRE !!!
Hoy celebra la Iglesia el amor que nos tiene la Madre de Dios y Madre nuestra representado en su Inmaculado Corazón. Quizá de nada estamos tan seguros como del amor que nos tiene nuestra propia madre. ¡Cuánto más seguros estaremos y cómo será de inmenso su amor, tratándose de María Santísima, la... Madre que Jesús nos entregó desde la Cruz.
Decimos en este día que María nos quiere con un corazón inmaculado, sin mancha. Nos ama con un corazón que jamás ha querido algo desordenadamente, porque, en todo momento, dirige sus afectos a través de Dios. Siendo María la llena de Gracia, hay en Ella una sintonía máxima con Dios. Por el singular privilegio de su concepción sin pecado, no padece las consecuencias del apartamiento de Dios y en todo momento goza de una visión clara de la verdad, con la que descubre de modo inmediato el atractivo y el bien de amar a Dios.
María siempre ama. Cada instante de su existencia es para nuestra Madre una clara ocasión de intimidad con su Creador, que va concretando al actualizar la conducta que más agrada a Dios. De un modo o de otro, las suyas son de continuo actitudes maternales, actitudes, por tanto, de servicio, entregada a su Hijo Jesucristo y a todos los demás hombres –sus hijos adoptivos–, destinados por la Encarnación y la Redención a la Vida Eterna.
El Corazón de María no tiene experiencia sino de amar. No hay en Ella relación con el diablo, padre de la mentira, por eso su corazón no está viciado de egoismo. María no es como nosotros, que con frecuencia –engañados– preferimos un interés particular –no lo que Dios espera– antes que amar a nuestro Creador.
La singular claridad de inteligencia de María le permitía reconocer a Dios junto a sí, que aguardaba a cada paso su amor. Nada aparecía como indiferente para la Llena de Gracia. Hasta lo que resultaba más insignificante para sus contemporáneos, era para Ella una valiosa ocasión de entregarse generosamente y agradecida a su Creador.
Así, no veía María con desagrado el esfuerzo de buscar una y otra vez lo más perfecto en el trabajo, lo más generoso en el servicio, la perseverancia cotidiana y continua en la oración –todo es oración para María, que no pierde la presencia actual de Dios–; por el contrario, contempla a su Señor más cercano a cada instante, por eso, cada vez –a cada instante– es más feliz aunque le cueste.
Confiando en este amor que ha puesto totalmente en Dios y por Él en la humanidad, nos acogemos a su maternal cariño. No puede defraudarnos, ya que nos ama con el mismo corazón inmaculado con el que quiere a Dios como nadie más le ha querido ni le puede querer. Su gran amor al Creador, de quien quiso ser esclava y a quien se entregó deseosa de que se cumpliera en Ella su palabra, manifiesta –por la calidad de su entrega– la perfección y generosidad de su corazón lleno de Gracia.
Animada de esas mismas disposiciones acogió la petición de su Hijo al pie de la Cruz de ser Madre nuestra. Por eso, aunque la Sagrada Escritura narre pocos detalles de la entrega maternal de María a los discípulos de su Hijo, estamos seguros de su desvelo por los Apóstoles y de la eficacia de su intercesión en favor de la Iglesia naciente. Su amor por los hombres brota del mismo amor con que sirvió a Dios como corredentora en los días de su vida mortal. Y ahora, como siempre, prodiga su protección sobre la Iglesia Universal. Se hace más patente, en todo caso, para quienes se acogen acogen de modo especial a su protección, y confiados acuden como niños buscando su auxilio, persuadidos de que será por los siglos apoyo infalible de los hombres en el camino hasta la eterna bienaventuranza.
Tampoco faltarán en la historia futura de la humanidad esas intervenciones extraordinarias de la Madre de Dios y Madre nuestra, de las que tenemos ya repetida experiencia. ¡Cuántos santuarios de la Virgen conmemoran por el mundo su maternal protección a lo largo de los siglos! El suyo es un corazón permanentemente a nuestro favor; que nos ama, aunque, demasiado pendientes de nuestras cosas, casi no nos acordemos de Ella. También entonces vigilará María. Querrá salir al paso de las penas y dolores de sus hijos, y fácilmente notaremos su cariño a poco que fomentemos su devoción.
Del mismo modo que se adelantó, aliviando el problema que por un descuido iban a tener los jóvenes esposos de Caná de Galilea –según narra san Juan–, también sale al paso de los hombres de hoy. Hasta el final de los tiempos, además del amor que siente por la humanidad, siendo Llena de Gracia, María tiene asumido el encargo de su Hijo, que quiso que nos hiciéramos niños y que no nos faltara nunca una protección maternal.
Acudir, en fin, a Santa María, es señal infalible de gloriosa predestinación. Con su corazón de Madre, no sólo nos quiere bienaventurados en el Cielo, sino también –como lo fueron los santos– felices en la tierra.
Hoy celebra la Iglesia el amor que nos tiene la Madre de Dios y Madre nuestra representado en su Inmaculado Corazón. Quizá de nada estamos tan seguros como del amor que nos tiene nuestra propia madre. ¡Cuánto más seguros estaremos y cómo será de inmenso su amor, tratándose de María Santísima, la... Madre que Jesús nos entregó desde la Cruz.
Decimos en este día que María nos quiere con un corazón inmaculado, sin mancha. Nos ama con un corazón que jamás ha querido algo desordenadamente, porque, en todo momento, dirige sus afectos a través de Dios. Siendo María la llena de Gracia, hay en Ella una sintonía máxima con Dios. Por el singular privilegio de su concepción sin pecado, no padece las consecuencias del apartamiento de Dios y en todo momento goza de una visión clara de la verdad, con la que descubre de modo inmediato el atractivo y el bien de amar a Dios.
María siempre ama. Cada instante de su existencia es para nuestra Madre una clara ocasión de intimidad con su Creador, que va concretando al actualizar la conducta que más agrada a Dios. De un modo o de otro, las suyas son de continuo actitudes maternales, actitudes, por tanto, de servicio, entregada a su Hijo Jesucristo y a todos los demás hombres –sus hijos adoptivos–, destinados por la Encarnación y la Redención a la Vida Eterna.
El Corazón de María no tiene experiencia sino de amar. No hay en Ella relación con el diablo, padre de la mentira, por eso su corazón no está viciado de egoismo. María no es como nosotros, que con frecuencia –engañados– preferimos un interés particular –no lo que Dios espera– antes que amar a nuestro Creador.
La singular claridad de inteligencia de María le permitía reconocer a Dios junto a sí, que aguardaba a cada paso su amor. Nada aparecía como indiferente para la Llena de Gracia. Hasta lo que resultaba más insignificante para sus contemporáneos, era para Ella una valiosa ocasión de entregarse generosamente y agradecida a su Creador.
Así, no veía María con desagrado el esfuerzo de buscar una y otra vez lo más perfecto en el trabajo, lo más generoso en el servicio, la perseverancia cotidiana y continua en la oración –todo es oración para María, que no pierde la presencia actual de Dios–; por el contrario, contempla a su Señor más cercano a cada instante, por eso, cada vez –a cada instante– es más feliz aunque le cueste.
Confiando en este amor que ha puesto totalmente en Dios y por Él en la humanidad, nos acogemos a su maternal cariño. No puede defraudarnos, ya que nos ama con el mismo corazón inmaculado con el que quiere a Dios como nadie más le ha querido ni le puede querer. Su gran amor al Creador, de quien quiso ser esclava y a quien se entregó deseosa de que se cumpliera en Ella su palabra, manifiesta –por la calidad de su entrega– la perfección y generosidad de su corazón lleno de Gracia.
Animada de esas mismas disposiciones acogió la petición de su Hijo al pie de la Cruz de ser Madre nuestra. Por eso, aunque la Sagrada Escritura narre pocos detalles de la entrega maternal de María a los discípulos de su Hijo, estamos seguros de su desvelo por los Apóstoles y de la eficacia de su intercesión en favor de la Iglesia naciente. Su amor por los hombres brota del mismo amor con que sirvió a Dios como corredentora en los días de su vida mortal. Y ahora, como siempre, prodiga su protección sobre la Iglesia Universal. Se hace más patente, en todo caso, para quienes se acogen acogen de modo especial a su protección, y confiados acuden como niños buscando su auxilio, persuadidos de que será por los siglos apoyo infalible de los hombres en el camino hasta la eterna bienaventuranza.
Tampoco faltarán en la historia futura de la humanidad esas intervenciones extraordinarias de la Madre de Dios y Madre nuestra, de las que tenemos ya repetida experiencia. ¡Cuántos santuarios de la Virgen conmemoran por el mundo su maternal protección a lo largo de los siglos! El suyo es un corazón permanentemente a nuestro favor; que nos ama, aunque, demasiado pendientes de nuestras cosas, casi no nos acordemos de Ella. También entonces vigilará María. Querrá salir al paso de las penas y dolores de sus hijos, y fácilmente notaremos su cariño a poco que fomentemos su devoción.
Del mismo modo que se adelantó, aliviando el problema que por un descuido iban a tener los jóvenes esposos de Caná de Galilea –según narra san Juan–, también sale al paso de los hombres de hoy. Hasta el final de los tiempos, además del amor que siente por la humanidad, siendo Llena de Gracia, María tiene asumido el encargo de su Hijo, que quiso que nos hiciéramos niños y que no nos faltara nunca una protección maternal.
Acudir, en fin, a Santa María, es señal infalible de gloriosa predestinación. Con su corazón de Madre, no sólo nos quiere bienaventurados en el Cielo, sino también –como lo fueron los santos– felices en la tierra.
Friday, July 01, 2011
optimismo
No es el calor del verano. No es lo empinado del camino tras cumplir los cuarenta. No son las canas que ya ornan mi cabeza. Cada vez veo más claro que nuestra civilización da muestras de cansancio.
Cada vez se me hace más evidente que hay signos de grietas aquí y allí, de tensiones que se acrecientan sin resolverse. Estamos hacia el final de una época, y eso será más claro de día en día.
Las grandes desigualdades sociales que no van camino de corregirse, sino de acrecentarse, de cronificarse de una manera más radical. Esas desigualdades no importarían si todos viéramos que se van aminorando, que vamos por el camino correcto. Pero no es así.
El auge de un cierto anarquismo de nuevo cuño es otro elemento indudable que va sumando triunfos entre los jóvenes más desfavorecidos.
La no existencia de barreras morales en cada vez más individuos de la sociedad. Aumenta el porcentaje de ciudadanos carentes de forma absoluta de un código moral de cualquier tipo. Las aberraciones se hacen más frecuentes, más profundas.
Las relaciones entre moral y economía son indudables. Y lamentablemente los que están al mando del dinero carecen de escrúpulos. También está el problema de la degradación de la democracia que todos los países están viviendo desde hace muchos decenios.
Desde hace algún tiempo, me siento como si andara en una sociedad que puede estallar. No mañana, pero sí en un plazo de años no muy largo. Que Dios nos asista. Pero me veo como testigo en el futuro de los mismos errores de tiempos pretéritos. Si alguien considera que este post es un poco pesimista, le doy toda la razón. Pero las cosas no van ciertamente a mejor.
La Ciencia avanza, pero los individuos están retrocediendo.
Padre Roberto Mena ST
Cada vez se me hace más evidente que hay signos de grietas aquí y allí, de tensiones que se acrecientan sin resolverse. Estamos hacia el final de una época, y eso será más claro de día en día.
Las grandes desigualdades sociales que no van camino de corregirse, sino de acrecentarse, de cronificarse de una manera más radical. Esas desigualdades no importarían si todos viéramos que se van aminorando, que vamos por el camino correcto. Pero no es así.
El auge de un cierto anarquismo de nuevo cuño es otro elemento indudable que va sumando triunfos entre los jóvenes más desfavorecidos.
La no existencia de barreras morales en cada vez más individuos de la sociedad. Aumenta el porcentaje de ciudadanos carentes de forma absoluta de un código moral de cualquier tipo. Las aberraciones se hacen más frecuentes, más profundas.
Las relaciones entre moral y economía son indudables. Y lamentablemente los que están al mando del dinero carecen de escrúpulos. También está el problema de la degradación de la democracia que todos los países están viviendo desde hace muchos decenios.
Desde hace algún tiempo, me siento como si andara en una sociedad que puede estallar. No mañana, pero sí en un plazo de años no muy largo. Que Dios nos asista. Pero me veo como testigo en el futuro de los mismos errores de tiempos pretéritos. Si alguien considera que este post es un poco pesimista, le doy toda la razón. Pero las cosas no van ciertamente a mejor.
La Ciencia avanza, pero los individuos están retrocediendo.
Padre Roberto Mena ST
Wednesday, June 29, 2011
La obediencia
Tal vez tú conoces a alguien que piensa que si una persona está yendo en dirección correcta en la vida, eso es lo que realmente le importa a Dios. Son muchas las personas que creen estar demostrando obediencia a Dios ayudando a los demás de vez en cuando, evitando las tentaciones, y asistiendo a la iglesia. Pero la obediencia es mucho más que eso. La verdadera obediencia a Dios implica hacer lo que Dios dice, cuando lo dice, como lo dice, por cuanto tiempo lo diga y hasta que lo que Él dice se ha logrado.
Lamentablemente, este concepto es a menudo rechazado por la cultura de hoy. Nuestra sociedad es corrupta, y como resultado hemos racionalizado la obediencia al punto de perder las mejores bendiciones de Dios.
Cuando leemos acerca de la vida de Noé en Génesis, capítulos 6 al 9, vemos una clara descripción de obediencia completa. Dios llamó a este hombre para que hiciera algo extraordinario, algo que parecía imposible e ilógico, pero Noé obedeció sin hacer preguntas. Noé obedeció a Dios, aun a pesar de lo que los demás pensaban de él.
Cuando escogemos la senda de la obediencia, también tenemos que estar preparados para la respuesta negativa que sin duda alguna recibiremos de los demás.
¿Te traerá popularidad el obedecer a Dios? No. ¿La gente te criticará? Sí, probablemente. ¿Pensarán que son ridículas algunas cosas que haces? Sí. ¿Se reirán de ti alguna vez? Sí. Pero quiero que tengas presente algo: Noé fue un hombre que eligió caminar con Dios en medio de una sociedad depravada. De hecho, era tan perversa que Dios decidió exterminar a todos los seres humanos de la tierra, a excepción de una familia. Imagina lo que estas personas le decían a Noé, día tras día, al observarlo.
De la vida de Noé podemos deducir una clave importante en cuanto a la obediencia: Si
Dios nos dice que hagamos algo, no debemos concentramos en las cosas o en las personas que tratan de evitar que lo hagamos. Esas personas quieren apartarnos de lo que Dios nos ha llamado a hacer. Si Noé hubiera comenzado a escuchar a sus críticos, no habría construido el arca, y habría sido perecido con el resto de la tierra. Antes bien, eligió ser absolutamente obediente a Dios.
Consideremos la vida de Jesús. Por supuesto, Jesús era perfecto: Dios en forma humana. Pero hay algo muy importante que podemos aprender de su vida. Aunque no podemos ser perfectos e intachables como Jesús, el Espíritu Santo puede facultarnos para que obedezcamos a Dios todas las veces que Él nos ordene hacer algo. Si esto no fuera posible, Dios no sería un Dios justo. Por tanto, cualquier cosa que Él requiera de nosotros, ya sea doloroso o placentero, beneficioso o costoso, nuestro Padre celestial nos ayudará a ser obedientes a Él.
En Hebreos 5:8-9 se nos da a entender que la obediencia a Dios es algo que desarrollamos a través de la práctica y que dicha práctica nos da el éxito y aunque Jesús no necesitaba aprender estas cosas aun así las hizo para darnos un ejemplo perfecto que podamos seguir cuando el dijo “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42) Entonces vemos su ejemplo cuando el someterse al Padre le dio a Jesús el éxito más grande en la historia del universo, victoria sobre Satanás, el pecado, la muerte y salvación para la humanidad.
¿Te has preguntado por qué, muchas veces, Dios no responde tus oraciones, o por qué es que a pesar de que intentas hacer las cosas una y otra vez, esas situaciones caóticas de tu vida siguen sin resolverse ? La respuesta puede estar en tu medida de obediencia a Dios. Si ya has recibido a Cristo, pero todavía sigues experimentando una gran frustración espiritual, puede haber un área de desobediencia en tu vida que no has enfrentado con sinceridad. Posiblemente, Dios te ha pedido algo, y como respuesta has ignorado Sus palabras o has hecho sólo parte de lo que Él te ha pedido.
Antes de que trates de hacer una lista de todo lo que Dios te ha pedido que hagas o que no hagas, piensa en lo siguiente:
¿ Hay una área particular de tu vida en la que tienes una lucha para poder ser obediente a la Palabra de Dios? Cuando lees la Biblia, ¿te recuerda Dios constantemente algún pecado específico? Cuando oras, ¿te viene a la mente una y otra vez el mismo asunto?
Si el Señor te está recordando algo en este mismo momento, piensa en esto: Pudiera ser que hayas estado viviendo en la misma situación durante años porque, en algún momento, decidiste hacer las cosas a tu manera en vez de hacerlas a la manera de Dios.
El comprender esta diferencia clave entre tu manera de actuar y la manera como Dios quiere que hagas las cosas, puede hacer una diferencia tremenda en tu vida. Esto es lo hoy quiero compartir contigo. Tenemos que poner a la obediencia en el primer lugar de nuestra lista de prioridades. Pero, para hacer esto, necesitamos comprender completamente el porqué la obediencia juega un papel tan importante.
La obediencia a Dios es algo que a El le agrada cuando la ejercemos voluntariamente. Y es por esto mismo que El no nos va a obligar a obedecerlo y nos ha dado libre albedrío.
El es soberano y le agrada que hagamos las cosas a su manera. El sabe todas las cosas y siempre quiere lo mejor para nosotros. Porque si El Padre Celestial entregó a su hijo único por nosotros (Romanos 8,32) sabemos que de verdad quiere lo mejor para nosotros y por lo tanto nos conviene ser obedientes a El para que nosotros mismos no pongamos estorbo a sus bendiciones. El Señor promete grandes bendiciones al que le obedece (Génesis 22,18 y Deuteronomio 28,13)
La obediencia a Dios es producto de la fe y la confianza a El. En muchas ocasiones no nos sometemos a El completamente o no tenemos una entrega total a Dios lo que indica que tenemos una confianza debilitada por la falta de fe. Si existe algo donde prefieres hacer tu voluntad por encima de la de Dios o has notado que para algunas cosas tienes fe y para otras no, necesitas aprender a confiar más en El. Abandonarte en los amorosos brazos de Jesús.
Algo que debes tener muy claro, en todos los ámbitos de tu vida es que cuando hay desobediencia, hay siempre consecuencias dolorosas. Algunas veces, esas consecuencias afectan sólo a la persona, y a veces también, por desgracia, arrastran a otras. Quizás la ilustración más clara de esta verdad la vemos en Adán y Eva. Dios creó un ambiente perfecto para esta joven pareja, y les dio sólo dos mandamientos: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1,28) y “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Génesis 2,17). Sabemos que Adán y su mujer entendieron bien estas sencillas instrucciones, porque Eva fue capaz de repetirlas al tentador antes de sucumbir a su perverso plan (Génesis 3,3).
Ahora bien, tú me podrías decir que hoy las cosas son diferentes. No hay serpientes que hablen, y tenemos muchas instrucciones sobre cómo conducirnos en la vida. Es cierto, pero una cosa no ha cambiado: Dios nos ha propuesto una senda de obediencia a cada uno de nosotros, y tenemos la alternativa de seguirla o de escoger nuestro propio camino. Por tanto, si tú quieres desobedecer a Dios, simplemente aléjate de Su senda. Has las cosas a tu manera.
La desobediencia es rebelión contra Dios, una ofensa hacia Él. Es el testimonio de tu corazón que dice que has elegido tu propio camino por encima del de Dios. Cuando desobedeces, estás esencialmente rechazando reconocer la autoridad, el derecho y el poder de Dios sobre tu vida.
La obediencia depende en gran parte de la paciencia (1 Pedro 3,20). Muchas veces mientras esperamos que el Señor traiga las respuestas a nuestras peticiones perdemos la paciencia y decidimos salirnos de la voluntad de Dios. Caer fuera de la voluntad de Dios es una de las metas que el diablo tiene para nosotros y es por eso que debemos ser pacientes y perseverantes, porque a través de estas situaciones difíciles que se presentan en nuestras vidas el Señor nos va perfeccionando (Romanos 8,25).
Se fuerte y pronto te darás cuenta de que la paciencia te dará la habilidad, junto al genuino deseo de servir y confiar en Dios, por tu propio bien de poder someterte al Señor y serle obediente en todas las cosas. Sabemos que ninguna prueba es fácil pero esperamos con ella obtener el anhelado fruto de la paciencia (Romanos 5,3). También sabemos que a su tiempo recibiremos recompensa por esto si perseveramos (Galatas 6:9) y el Señor nos renueva día a día (2 Corintios 4,16).
Si Jesús mismo siendo Dios se sometió al Padre hasta la muerte, cuanto más nosotros debemos hacer lo mismo que sólo somos hombres y mujeres. Debemos aprender a conocer su voluntad y a escuchar su voz, pues si de algo debemos estar ciertos es que no hay victoria, ni éxito, ni salvación sin obediencia a Dios.
Mi oración por ti es que logres ser obediente a Dios. Que llegues a ser la persona que Él quiere que seas; para que hagas la obra que Él quiere que hagas; para que obtengas el fruto que Él te permitirá dar, a fin de que puedas recibir las bendiciones que Dios ha preparado para ti.
.
Lamentablemente, este concepto es a menudo rechazado por la cultura de hoy. Nuestra sociedad es corrupta, y como resultado hemos racionalizado la obediencia al punto de perder las mejores bendiciones de Dios.
Cuando leemos acerca de la vida de Noé en Génesis, capítulos 6 al 9, vemos una clara descripción de obediencia completa. Dios llamó a este hombre para que hiciera algo extraordinario, algo que parecía imposible e ilógico, pero Noé obedeció sin hacer preguntas. Noé obedeció a Dios, aun a pesar de lo que los demás pensaban de él.
Cuando escogemos la senda de la obediencia, también tenemos que estar preparados para la respuesta negativa que sin duda alguna recibiremos de los demás.
¿Te traerá popularidad el obedecer a Dios? No. ¿La gente te criticará? Sí, probablemente. ¿Pensarán que son ridículas algunas cosas que haces? Sí. ¿Se reirán de ti alguna vez? Sí. Pero quiero que tengas presente algo: Noé fue un hombre que eligió caminar con Dios en medio de una sociedad depravada. De hecho, era tan perversa que Dios decidió exterminar a todos los seres humanos de la tierra, a excepción de una familia. Imagina lo que estas personas le decían a Noé, día tras día, al observarlo.
De la vida de Noé podemos deducir una clave importante en cuanto a la obediencia: Si
Dios nos dice que hagamos algo, no debemos concentramos en las cosas o en las personas que tratan de evitar que lo hagamos. Esas personas quieren apartarnos de lo que Dios nos ha llamado a hacer. Si Noé hubiera comenzado a escuchar a sus críticos, no habría construido el arca, y habría sido perecido con el resto de la tierra. Antes bien, eligió ser absolutamente obediente a Dios.
Consideremos la vida de Jesús. Por supuesto, Jesús era perfecto: Dios en forma humana. Pero hay algo muy importante que podemos aprender de su vida. Aunque no podemos ser perfectos e intachables como Jesús, el Espíritu Santo puede facultarnos para que obedezcamos a Dios todas las veces que Él nos ordene hacer algo. Si esto no fuera posible, Dios no sería un Dios justo. Por tanto, cualquier cosa que Él requiera de nosotros, ya sea doloroso o placentero, beneficioso o costoso, nuestro Padre celestial nos ayudará a ser obedientes a Él.
En Hebreos 5:8-9 se nos da a entender que la obediencia a Dios es algo que desarrollamos a través de la práctica y que dicha práctica nos da el éxito y aunque Jesús no necesitaba aprender estas cosas aun así las hizo para darnos un ejemplo perfecto que podamos seguir cuando el dijo “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42) Entonces vemos su ejemplo cuando el someterse al Padre le dio a Jesús el éxito más grande en la historia del universo, victoria sobre Satanás, el pecado, la muerte y salvación para la humanidad.
¿Te has preguntado por qué, muchas veces, Dios no responde tus oraciones, o por qué es que a pesar de que intentas hacer las cosas una y otra vez, esas situaciones caóticas de tu vida siguen sin resolverse ? La respuesta puede estar en tu medida de obediencia a Dios. Si ya has recibido a Cristo, pero todavía sigues experimentando una gran frustración espiritual, puede haber un área de desobediencia en tu vida que no has enfrentado con sinceridad. Posiblemente, Dios te ha pedido algo, y como respuesta has ignorado Sus palabras o has hecho sólo parte de lo que Él te ha pedido.
Antes de que trates de hacer una lista de todo lo que Dios te ha pedido que hagas o que no hagas, piensa en lo siguiente:
¿ Hay una área particular de tu vida en la que tienes una lucha para poder ser obediente a la Palabra de Dios? Cuando lees la Biblia, ¿te recuerda Dios constantemente algún pecado específico? Cuando oras, ¿te viene a la mente una y otra vez el mismo asunto?
Si el Señor te está recordando algo en este mismo momento, piensa en esto: Pudiera ser que hayas estado viviendo en la misma situación durante años porque, en algún momento, decidiste hacer las cosas a tu manera en vez de hacerlas a la manera de Dios.
El comprender esta diferencia clave entre tu manera de actuar y la manera como Dios quiere que hagas las cosas, puede hacer una diferencia tremenda en tu vida. Esto es lo hoy quiero compartir contigo. Tenemos que poner a la obediencia en el primer lugar de nuestra lista de prioridades. Pero, para hacer esto, necesitamos comprender completamente el porqué la obediencia juega un papel tan importante.
La obediencia a Dios es algo que a El le agrada cuando la ejercemos voluntariamente. Y es por esto mismo que El no nos va a obligar a obedecerlo y nos ha dado libre albedrío.
El es soberano y le agrada que hagamos las cosas a su manera. El sabe todas las cosas y siempre quiere lo mejor para nosotros. Porque si El Padre Celestial entregó a su hijo único por nosotros (Romanos 8,32) sabemos que de verdad quiere lo mejor para nosotros y por lo tanto nos conviene ser obedientes a El para que nosotros mismos no pongamos estorbo a sus bendiciones. El Señor promete grandes bendiciones al que le obedece (Génesis 22,18 y Deuteronomio 28,13)
La obediencia a Dios es producto de la fe y la confianza a El. En muchas ocasiones no nos sometemos a El completamente o no tenemos una entrega total a Dios lo que indica que tenemos una confianza debilitada por la falta de fe. Si existe algo donde prefieres hacer tu voluntad por encima de la de Dios o has notado que para algunas cosas tienes fe y para otras no, necesitas aprender a confiar más en El. Abandonarte en los amorosos brazos de Jesús.
Algo que debes tener muy claro, en todos los ámbitos de tu vida es que cuando hay desobediencia, hay siempre consecuencias dolorosas. Algunas veces, esas consecuencias afectan sólo a la persona, y a veces también, por desgracia, arrastran a otras. Quizás la ilustración más clara de esta verdad la vemos en Adán y Eva. Dios creó un ambiente perfecto para esta joven pareja, y les dio sólo dos mandamientos: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1,28) y “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Génesis 2,17). Sabemos que Adán y su mujer entendieron bien estas sencillas instrucciones, porque Eva fue capaz de repetirlas al tentador antes de sucumbir a su perverso plan (Génesis 3,3).
Ahora bien, tú me podrías decir que hoy las cosas son diferentes. No hay serpientes que hablen, y tenemos muchas instrucciones sobre cómo conducirnos en la vida. Es cierto, pero una cosa no ha cambiado: Dios nos ha propuesto una senda de obediencia a cada uno de nosotros, y tenemos la alternativa de seguirla o de escoger nuestro propio camino. Por tanto, si tú quieres desobedecer a Dios, simplemente aléjate de Su senda. Has las cosas a tu manera.
La desobediencia es rebelión contra Dios, una ofensa hacia Él. Es el testimonio de tu corazón que dice que has elegido tu propio camino por encima del de Dios. Cuando desobedeces, estás esencialmente rechazando reconocer la autoridad, el derecho y el poder de Dios sobre tu vida.
La obediencia depende en gran parte de la paciencia (1 Pedro 3,20). Muchas veces mientras esperamos que el Señor traiga las respuestas a nuestras peticiones perdemos la paciencia y decidimos salirnos de la voluntad de Dios. Caer fuera de la voluntad de Dios es una de las metas que el diablo tiene para nosotros y es por eso que debemos ser pacientes y perseverantes, porque a través de estas situaciones difíciles que se presentan en nuestras vidas el Señor nos va perfeccionando (Romanos 8,25).
Se fuerte y pronto te darás cuenta de que la paciencia te dará la habilidad, junto al genuino deseo de servir y confiar en Dios, por tu propio bien de poder someterte al Señor y serle obediente en todas las cosas. Sabemos que ninguna prueba es fácil pero esperamos con ella obtener el anhelado fruto de la paciencia (Romanos 5,3). También sabemos que a su tiempo recibiremos recompensa por esto si perseveramos (Galatas 6:9) y el Señor nos renueva día a día (2 Corintios 4,16).
Si Jesús mismo siendo Dios se sometió al Padre hasta la muerte, cuanto más nosotros debemos hacer lo mismo que sólo somos hombres y mujeres. Debemos aprender a conocer su voluntad y a escuchar su voz, pues si de algo debemos estar ciertos es que no hay victoria, ni éxito, ni salvación sin obediencia a Dios.
Mi oración por ti es que logres ser obediente a Dios. Que llegues a ser la persona que Él quiere que seas; para que hagas la obra que Él quiere que hagas; para que obtengas el fruto que Él te permitirá dar, a fin de que puedas recibir las bendiciones que Dios ha preparado para ti.
.
Wednesday, June 22, 2011
importancia de los salmos
A continuación ofrecemos la catequesis que el Santo Padre ha realizado esta mañana, recibiendo en Audiencia a un grupo de fieles y de peregrinos de Italia y de todas partes del mundo. La catequesis forma parte del actual ciclo sobre la oración.
* * * * *
Queridos hermanos y hermanas,
en las anteriores catequesis nos detuvimos en algunas figuras del Antiguo Testamento, particularmente significativas, en nuestra reflexión sobre la oración. Hablé sobre Abraham que intercede por las ciudades extranjeras, sobre Jacob que en la lucha nocturna recibe la bendición, sobre Moisés que invoca el perdón sobre su pueblo y sobre Elías que reza por la conversión de Israel. Con la catequesis de hoy, quisiera iniciar una nueva etapa del camino: en vez de comentar particulares episodios de personajes en oración, entraremos en el “libro de oración” por excelencia, el libro de los Salmos. En las próximas catequesis leeremos y meditaremos algunos de los Salmos más bellos y más apreciado por la tradición orante de la Iglesia. Hoy quisiera introducir esta etapa hablando del libro de los Salmos en su conjunto.
El Salterio se presenta como un “formulario” de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su (nuestra) oración, nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con Él. En este libro, encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples caras, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos, se entrelazan y se exprimen la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como meditación privilegiada de la relación con el único Dios y respuesta adecuada en su revelación en la historia. En cuanto a oración, los Salmos son la manifestación del ánimo y de la fe, en los que se puede reconocer y en los que se comunica esta experiencia de particular cercanía a Dios a la que todos los hombres están llamados. Y es toda la complejidad de la existencia humana la que se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los distintos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de agradecimiento, salmos penitenciales, y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas.
No obstante esta multiplicidad expresiva, pueden estar identificados dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, conectada con el lamento, y la alabanza, dos dimensiones correlacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y el agradecimiento surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda que la súplica expresa.
En la súplica, el salmista se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación, o bien, como en los Salmos penitenciales, confiesa la culpa, el pecado, pidiendo ser perdonado.
Él le expone al Señor su estado de necesidad en la confianza de ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y “amante de la vida” (cfr Sb 11,26), preparado para ayudar, salvar, perdonar. Así, por ejemplo, reza el Salmista en el Salmo 31: “Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! […] Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio” (vv. 2.5). Ya en el lamento, por tanto, puede surgir cualquier cosa de la alabanza, que se preanuncia en la esperanza de la intervención divina y se hace después explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad. De modo análogo, en los Salmos de agradecimiento y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que es la base de la súplica. Se confiesa así a Dios, la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, si bien portadora de un deseo radical de vida, Por esto el Salmista exclama, en el Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del Abismo” (vv.12-13). De tal modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad.
Exactamente para permitir al pueblo de los creyentes que se unan en este canto, el libro del Salterio fue dado a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a rezar. En ellos, la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del Salmista inspirado- que se convierte también en la palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica el sentido y la función. Los Salmos se dan al creyente como texto de oración, que tiene como único fin el de convertirse en la oración de quien lo asume y con ellos se dirige a Dios. Porque son Palabra de Dios, quien reza los Salmos le habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a Él con las palabras que Él mismo nos da. Así, rezando los Salmos se aprende a rezar. Son una escuela de oración.
Algo análogo sucede cuando el niños comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo entero de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios. La lengua de sus padres finalmente se convierte en su lengua, habla con palabras recibidas de otros que en este momento se han convertido en sus palabras. Así sucede con la oración de los Salmos. Se nos dan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Is 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Como nuestras palabras no son solo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, así también estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quien es Dios y, aprendiendo como hablar con Él, aprendemos el ser hombre, el ser nosotros mismos.
Para este propósito, parece significativo el título que la tradición hebrea ha dado al Salterio. Este es tehillîm, un término hebreo que quiere decir “alabanza”, de esta raíz verbal viene la expresión “Halleluyah”, es decir, literalmente “alabad al Señor”. Este libro de oraciones, por tanto, aunque si es multiforme y complejo, con sus diversos géneros literarios y con sus articulaciones entre alabanza y súplica, es un libro de alabanza, que nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza del don de Dios, a reconocer la belleza de sus obras y a glorificar su Nombre Santo. Es esta la respuesta más adecuada delante de la manifestación del Señor y de la experiencia de su bondad. Enseñándonos a rezar, los Salmos nos enseñan que también en la desolación, en el dolor, la presencia de Dios permanece, es fuente de maravilla y de consuelo, se puede llorar, suplicar, interceder, lamentarse, pero con la conciencia de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza podrá ser definitiva. Como nos enseña el Salmo 36: “ En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz” (Sal 36,10). Pero además de este título general del libro, la tradición hebrea ha puesto en muchos Salmos, títulos específicos, atribuyéndoles, en su mayoría, al rey David. Figura de notable espesor humano y teológico, David es un personaje complejo, que ha atravesado las más distintas de experiencias fundamentales de la vida, Joven pastor del rebaño paterno, pasando por alternas y a veces, dramáticas experiencias, se convierte en rey de Israel, pastor del pueblo de Dios. Hombre de paz, combatió muchas guerras; incansable y tenaz buscador de Dios, traicionó el amor, y esto es característico: siempre fue un buscador de Dios, aunque pecó gravemente muchas veces; humilde penitente, acogió el perdón divino, también el castigo divino y aceptó un destino marcado por el dolor. David fue un rey con todas sus debilidades, “según el corazón de Dios” (cfr 1Sam 13,14), es decir un orante apasionado, un hombre que sabía que quiere decir suplicar y alabar. La relación de los Salmos con este insigne rey de Israel es, por tanto, importante, porque él es una figura mesiánica, Ungido por el Señor, en el que es de algún modo eclipsado por el misterio de Cristo.
Igualmente importantes y significativos son el modo y la frecuencia con la que las palabras de los Salmos son retomadas en el Nuevo Testamento, asumiendo y destacando el valor profético sugerido por la relación del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno. Las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Col 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre. El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa. El horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza.
Hermanos y hermanos queridísimos, tomemos, por tanto, con la mano este libro santo, dejémonos enseñar por Dios para dirigirnos a Él, hagamos del Salterio una guía que nos ayude y nos acompañe cotidianamente en el camino de la oración. Y pidamos también nosotros, como discípulos de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1), abriendo el corazón y acogiendo la oración del Maestro, en el que todas las oraciones llegan a su plenitud. Así, siendo hijos en el Hijo, podremos hablar a Dios, llamándolo “Padre Nuestro”.
Padre Roberto Mena ST
* * * * *
Queridos hermanos y hermanas,
en las anteriores catequesis nos detuvimos en algunas figuras del Antiguo Testamento, particularmente significativas, en nuestra reflexión sobre la oración. Hablé sobre Abraham que intercede por las ciudades extranjeras, sobre Jacob que en la lucha nocturna recibe la bendición, sobre Moisés que invoca el perdón sobre su pueblo y sobre Elías que reza por la conversión de Israel. Con la catequesis de hoy, quisiera iniciar una nueva etapa del camino: en vez de comentar particulares episodios de personajes en oración, entraremos en el “libro de oración” por excelencia, el libro de los Salmos. En las próximas catequesis leeremos y meditaremos algunos de los Salmos más bellos y más apreciado por la tradición orante de la Iglesia. Hoy quisiera introducir esta etapa hablando del libro de los Salmos en su conjunto.
El Salterio se presenta como un “formulario” de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su (nuestra) oración, nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con Él. En este libro, encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples caras, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos, se entrelazan y se exprimen la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como meditación privilegiada de la relación con el único Dios y respuesta adecuada en su revelación en la historia. En cuanto a oración, los Salmos son la manifestación del ánimo y de la fe, en los que se puede reconocer y en los que se comunica esta experiencia de particular cercanía a Dios a la que todos los hombres están llamados. Y es toda la complejidad de la existencia humana la que se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los distintos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de agradecimiento, salmos penitenciales, y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas.
No obstante esta multiplicidad expresiva, pueden estar identificados dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, conectada con el lamento, y la alabanza, dos dimensiones correlacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y el agradecimiento surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda que la súplica expresa.
En la súplica, el salmista se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación, o bien, como en los Salmos penitenciales, confiesa la culpa, el pecado, pidiendo ser perdonado.
Él le expone al Señor su estado de necesidad en la confianza de ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y “amante de la vida” (cfr Sb 11,26), preparado para ayudar, salvar, perdonar. Así, por ejemplo, reza el Salmista en el Salmo 31: “Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! […] Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio” (vv. 2.5). Ya en el lamento, por tanto, puede surgir cualquier cosa de la alabanza, que se preanuncia en la esperanza de la intervención divina y se hace después explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad. De modo análogo, en los Salmos de agradecimiento y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que es la base de la súplica. Se confiesa así a Dios, la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, si bien portadora de un deseo radical de vida, Por esto el Salmista exclama, en el Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del Abismo” (vv.12-13). De tal modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad.
Exactamente para permitir al pueblo de los creyentes que se unan en este canto, el libro del Salterio fue dado a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a rezar. En ellos, la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del Salmista inspirado- que se convierte también en la palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica el sentido y la función. Los Salmos se dan al creyente como texto de oración, que tiene como único fin el de convertirse en la oración de quien lo asume y con ellos se dirige a Dios. Porque son Palabra de Dios, quien reza los Salmos le habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a Él con las palabras que Él mismo nos da. Así, rezando los Salmos se aprende a rezar. Son una escuela de oración.
Algo análogo sucede cuando el niños comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo entero de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios. La lengua de sus padres finalmente se convierte en su lengua, habla con palabras recibidas de otros que en este momento se han convertido en sus palabras. Así sucede con la oración de los Salmos. Se nos dan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Is 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Como nuestras palabras no son solo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, así también estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quien es Dios y, aprendiendo como hablar con Él, aprendemos el ser hombre, el ser nosotros mismos.
Para este propósito, parece significativo el título que la tradición hebrea ha dado al Salterio. Este es tehillîm, un término hebreo que quiere decir “alabanza”, de esta raíz verbal viene la expresión “Halleluyah”, es decir, literalmente “alabad al Señor”. Este libro de oraciones, por tanto, aunque si es multiforme y complejo, con sus diversos géneros literarios y con sus articulaciones entre alabanza y súplica, es un libro de alabanza, que nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza del don de Dios, a reconocer la belleza de sus obras y a glorificar su Nombre Santo. Es esta la respuesta más adecuada delante de la manifestación del Señor y de la experiencia de su bondad. Enseñándonos a rezar, los Salmos nos enseñan que también en la desolación, en el dolor, la presencia de Dios permanece, es fuente de maravilla y de consuelo, se puede llorar, suplicar, interceder, lamentarse, pero con la conciencia de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza podrá ser definitiva. Como nos enseña el Salmo 36: “ En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz” (Sal 36,10). Pero además de este título general del libro, la tradición hebrea ha puesto en muchos Salmos, títulos específicos, atribuyéndoles, en su mayoría, al rey David. Figura de notable espesor humano y teológico, David es un personaje complejo, que ha atravesado las más distintas de experiencias fundamentales de la vida, Joven pastor del rebaño paterno, pasando por alternas y a veces, dramáticas experiencias, se convierte en rey de Israel, pastor del pueblo de Dios. Hombre de paz, combatió muchas guerras; incansable y tenaz buscador de Dios, traicionó el amor, y esto es característico: siempre fue un buscador de Dios, aunque pecó gravemente muchas veces; humilde penitente, acogió el perdón divino, también el castigo divino y aceptó un destino marcado por el dolor. David fue un rey con todas sus debilidades, “según el corazón de Dios” (cfr 1Sam 13,14), es decir un orante apasionado, un hombre que sabía que quiere decir suplicar y alabar. La relación de los Salmos con este insigne rey de Israel es, por tanto, importante, porque él es una figura mesiánica, Ungido por el Señor, en el que es de algún modo eclipsado por el misterio de Cristo.
Igualmente importantes y significativos son el modo y la frecuencia con la que las palabras de los Salmos son retomadas en el Nuevo Testamento, asumiendo y destacando el valor profético sugerido por la relación del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno. Las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Col 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre. El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa. El horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza.
Hermanos y hermanos queridísimos, tomemos, por tanto, con la mano este libro santo, dejémonos enseñar por Dios para dirigirnos a Él, hagamos del Salterio una guía que nos ayude y nos acompañe cotidianamente en el camino de la oración. Y pidamos también nosotros, como discípulos de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1), abriendo el corazón y acogiendo la oración del Maestro, en el que todas las oraciones llegan a su plenitud. Así, siendo hijos en el Hijo, podremos hablar a Dios, llamándolo “Padre Nuestro”.
Padre Roberto Mena ST
Chismeadiccion
Para curar la chismeadicción
La adicción a los chismes se da en diversas formas entre los seres humanos. Seguramente las dos formas más graves de adicción son la activa y la pasiva. En la activa, uno se convierte en promotor de chismes. En la pasiva, uno alimenta su corazón continuamente con chismes.
Las dos formas viven e interactúan conjuntamente: no hay narrador de chismes si no hay quienes escuchan chismes. Por lo mismo, las dos adicciones pueden ser sanadas simultáneamente.
Para curar la chismeadicción, lo primero es entender cómo funciona, de dónde surge y se alimenta. Hay chismes porque el ser humano tiene un deseo irrenunciable de conocer. Queremos saber los nombres de las estrellas y las distintas clases de mamíferos que existen; y también queremos conocer lo que ocurre detrás de las paredes del vecino o cuál es la última novia de un importante jugador de fútbol.
Algunos conocimientos son sanos, pero no siempre útiles. Otros son neutros: da igual saber o no saber algo sobre temas sin mayor transcendencia. Y otros conocimientos son malsanos: dañan a quien los difunde, a quien los “consume”, y a las víctimas que ven cómo se divulgan hechos de su vida privada que nadie debería difundir.
La curiosidad, por lo tanto, es el caldo de cultivo más fecundo para el mundo de los chismes. Normalmente es una curiosidad adaptada a cada uno: saber detalles de la vida privada de los vecinos me interesa más a mí que a quienes viven tres calles más abajo. Otras veces se trata de curiosidades promovidas por la fama de las personas: millones de personas siguen con avidez cualquier rumor, aunque sea falso, de su cantante favorito, o de aquel gran tenista, o de un político que tiene muchos amigos y muchos enemigos.
El camino que destruye la chismeadicción pasa, por lo tanto, por un sano control de la propia curiosidad. Ese control permite dejar de lado aquello que no es necesario saber para dedicar lo mejor del propio tiempo y de la inteligencia para temas serios, valiosos, exigentes, útiles, urgentes.
Llegar a ese control significa, por un lado, no iniciar el fuego incontenible de los chismes. A veces por casualidad, o porque nos dejamos llevar por la curiosidad malsana, o porque otros llegaron para contarnos “la última novedad”, llegamos a conocer un chisme nuevo e innecesario. En esos casos, y con un poco de esfuerzo, podemos ser como esas paredes que impiden la difusión del ruido: lo que llega a mis ojos o a mis oídos muere allí mismo, cuando se trata de algo que no debe ser divulgado, de un chisme que daña injustamente a los que son objeto del mismo.
Por otro lado, se puede aplicar a los chismes lo que se dice en Internet sobre los trolls (o troles, según el neologismo que se prefiera): cuanto más caso se hace a un chismoso tanto más fuerte se siente y se agrava en su enfermedad. Por lo mismo, para no “alimentar al chismoso”, lo mejor es no hacerle sentir que es importante. Cuesta ser tajante, pero una palabra sincera con la que digamos a quien ha caído en la chismoadicción que no queremos escuchar sus “noticias” puede llegar a ser el inicio de su curación (y una buena vacuna para no llegar a contagiarnos de una enfermedad sumamente agresiva).
Afrontar el tema de la chismeadicción sólo en clave represiva es una estrategia insuficiente. Lo mejor para no tener tiempo para difundir o para consumir chismes, como ya dijimos, es ocupar el corazón, la mente y el tiempo en actividades útiles, en lecturas provechosas, en temas importantes.
En un mundo donde la usura destruye miles de vidas, donde cada año son eliminados millones de hijos en el seno materno, donde hay banqueros que especulan sobre la pobreza de los pueblos, donde millones de personas viven sin esperanza, donde la droga destruye la psicología de jóvenes y adultos, ¿podemos permitirnos la curiosidad malsana que gasta nuestro tiempo en seguir las aventuras románticas de un cantante de moda?
Ciertamente, no podemos pasar toda la vida en temas serios. Conocer en qué tienda compró un familiar su corbata puede ser sano y hasta útil para ahorrar un poco. Pero estar un día sí y otro también a la caza de chismes, verdaderos o falsos, que absorben nuestras mentes y agotan nuestro tiempo, significa haber perdido el rumbo y caer en las redes de curiosidades destructivas.
Curar la chismeadicción es un trabajo ingente, pero vale la pena. Romper con los chismes será una gran conquista para muchos: para quienes han perdido parte de su tiempo en la tarea de divulgar “noticias” que no eran más que chismes dañinos; para quienes han nutrido su alma con bagatelas que en nada les ayudaban; y para tantos hombres y mujeres que han perdido su buena fama por culpa de chismosos sin escrúpulos.
Desde esa curación, de un modo bellamente sorprendente, descubriremos un enorme potencial de tiempo disponible para el bien, para la verdad, para la justicia. Con ese tiempo a disposición no sólo repararemos el daño hecho en otros por culpa de chismes venenosos, sino que tendremos más conocimientos y más energías para afrontar necesidades urgentes de familiares, amigos, y de tantos hombres y mujeres que esperan manos amigas para salir de situaciones graves de miseria y de abandono.
Padre Roberto Mena ST
La adicción a los chismes se da en diversas formas entre los seres humanos. Seguramente las dos formas más graves de adicción son la activa y la pasiva. En la activa, uno se convierte en promotor de chismes. En la pasiva, uno alimenta su corazón continuamente con chismes.
Las dos formas viven e interactúan conjuntamente: no hay narrador de chismes si no hay quienes escuchan chismes. Por lo mismo, las dos adicciones pueden ser sanadas simultáneamente.
Para curar la chismeadicción, lo primero es entender cómo funciona, de dónde surge y se alimenta. Hay chismes porque el ser humano tiene un deseo irrenunciable de conocer. Queremos saber los nombres de las estrellas y las distintas clases de mamíferos que existen; y también queremos conocer lo que ocurre detrás de las paredes del vecino o cuál es la última novia de un importante jugador de fútbol.
Algunos conocimientos son sanos, pero no siempre útiles. Otros son neutros: da igual saber o no saber algo sobre temas sin mayor transcendencia. Y otros conocimientos son malsanos: dañan a quien los difunde, a quien los “consume”, y a las víctimas que ven cómo se divulgan hechos de su vida privada que nadie debería difundir.
La curiosidad, por lo tanto, es el caldo de cultivo más fecundo para el mundo de los chismes. Normalmente es una curiosidad adaptada a cada uno: saber detalles de la vida privada de los vecinos me interesa más a mí que a quienes viven tres calles más abajo. Otras veces se trata de curiosidades promovidas por la fama de las personas: millones de personas siguen con avidez cualquier rumor, aunque sea falso, de su cantante favorito, o de aquel gran tenista, o de un político que tiene muchos amigos y muchos enemigos.
El camino que destruye la chismeadicción pasa, por lo tanto, por un sano control de la propia curiosidad. Ese control permite dejar de lado aquello que no es necesario saber para dedicar lo mejor del propio tiempo y de la inteligencia para temas serios, valiosos, exigentes, útiles, urgentes.
Llegar a ese control significa, por un lado, no iniciar el fuego incontenible de los chismes. A veces por casualidad, o porque nos dejamos llevar por la curiosidad malsana, o porque otros llegaron para contarnos “la última novedad”, llegamos a conocer un chisme nuevo e innecesario. En esos casos, y con un poco de esfuerzo, podemos ser como esas paredes que impiden la difusión del ruido: lo que llega a mis ojos o a mis oídos muere allí mismo, cuando se trata de algo que no debe ser divulgado, de un chisme que daña injustamente a los que son objeto del mismo.
Por otro lado, se puede aplicar a los chismes lo que se dice en Internet sobre los trolls (o troles, según el neologismo que se prefiera): cuanto más caso se hace a un chismoso tanto más fuerte se siente y se agrava en su enfermedad. Por lo mismo, para no “alimentar al chismoso”, lo mejor es no hacerle sentir que es importante. Cuesta ser tajante, pero una palabra sincera con la que digamos a quien ha caído en la chismoadicción que no queremos escuchar sus “noticias” puede llegar a ser el inicio de su curación (y una buena vacuna para no llegar a contagiarnos de una enfermedad sumamente agresiva).
Afrontar el tema de la chismeadicción sólo en clave represiva es una estrategia insuficiente. Lo mejor para no tener tiempo para difundir o para consumir chismes, como ya dijimos, es ocupar el corazón, la mente y el tiempo en actividades útiles, en lecturas provechosas, en temas importantes.
En un mundo donde la usura destruye miles de vidas, donde cada año son eliminados millones de hijos en el seno materno, donde hay banqueros que especulan sobre la pobreza de los pueblos, donde millones de personas viven sin esperanza, donde la droga destruye la psicología de jóvenes y adultos, ¿podemos permitirnos la curiosidad malsana que gasta nuestro tiempo en seguir las aventuras románticas de un cantante de moda?
Ciertamente, no podemos pasar toda la vida en temas serios. Conocer en qué tienda compró un familiar su corbata puede ser sano y hasta útil para ahorrar un poco. Pero estar un día sí y otro también a la caza de chismes, verdaderos o falsos, que absorben nuestras mentes y agotan nuestro tiempo, significa haber perdido el rumbo y caer en las redes de curiosidades destructivas.
Curar la chismeadicción es un trabajo ingente, pero vale la pena. Romper con los chismes será una gran conquista para muchos: para quienes han perdido parte de su tiempo en la tarea de divulgar “noticias” que no eran más que chismes dañinos; para quienes han nutrido su alma con bagatelas que en nada les ayudaban; y para tantos hombres y mujeres que han perdido su buena fama por culpa de chismosos sin escrúpulos.
Desde esa curación, de un modo bellamente sorprendente, descubriremos un enorme potencial de tiempo disponible para el bien, para la verdad, para la justicia. Con ese tiempo a disposición no sólo repararemos el daño hecho en otros por culpa de chismes venenosos, sino que tendremos más conocimientos y más energías para afrontar necesidades urgentes de familiares, amigos, y de tantos hombres y mujeres que esperan manos amigas para salir de situaciones graves de miseria y de abandono.
Padre Roberto Mena ST
Friday, June 10, 2011
Que es Pentecostes?
QUÉ ES PENTECOSTÉS?
Una festividad cristiana que data del siglo primero y estab...a muy estrechamente relacionada con la Pascua
Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.
En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).
(Vocabulario Bíblico de la Biblia de América)
Comisión Nacional de Pastoral Bíblica
PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu...
La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.
Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.
En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.
Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.
Culminar con una vigilia:
Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.
Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.
Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.
En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.
Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.
No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.
Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.
Una festividad cristiana que data del siglo primero y estab...a muy estrechamente relacionada con la Pascua
Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.
En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).
(Vocabulario Bíblico de la Biblia de América)
Comisión Nacional de Pastoral Bíblica
PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu...
La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.
Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.
En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.
Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.
Culminar con una vigilia:
Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.
Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.
Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.
En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.
Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.
No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.
Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.
Tuesday, May 24, 2011
Por que el Papa no tiene perfil en facebook?
¿Por qué el Papa no tiene un perfil en Facebook?
La pregunta también podría ser esta: «¿por qué el Papa no usa las redes sociales?». Lo hemos escuchado hablar de ellas (véase, por ejemplo, «El magisterio de la Iglesia sobre las redes sociales»), se nota que las conoce, y en los últimos años hemos visto una creciente y progresiva presencia institucional y oficial de la Iglesia, de la Santa Sede, en internet, concretamente en redes sociales como YouTube, Facebook, Blogger y Twitter; ¿entonces por qué no las usa?
Hay dos razones principales que imposibilitan la presencia personal del Papa en las redes sociales. Una es de carácter práctico-pastoral y otra de tipo teológico.
De carácter práctico-pastoral
Imaginemos que el Papa saca un perfil en una red social y que lo hace en la que al 2011 es la más usada: Facebook (seguramente que ya la misma elección suscitaría no pocas notas de prensa críticas sobre por qué eligió esa y no MySpace, LinkedIn, Tuenti, Hi5, Orkut, Bebo o cualquier otra…).
Dado que la mayoría de los social network tienen un límite de «amigos» el Papa debería acudir a la creación de una página de seguidores que consiente un tipo de relación diferente pero menos restringida numéricamente. En esa página podría poner sus encíclicas, sus cartas, sus homilías, sus fotos, sus videos… hacer lo que otros tantos «famosos» hacen y comparten. De entre los millones de seguidores que tendría no sería difícil encontrar quien le pediría consejo y oraciones, quien le contaría sus problemas y suplicaría ayuda, quien le solicitaría que explicara de otro modo algún aspecto o también quien le criticaría incluso con insultos.
Considerando las múltiples actividades diarias de un Papa –celebrar la misa, rezar el Rosario, hacer oración, preparar sus discursos y homilías, recibir en audiencia a obispos de todo el mundo, sus reuniones diarias con los diferentes cardenales que colaboran con él en el gobierno de la Iglesia, recibir a jefes de Estado, de gobierno, embajadores y otros líderes mundiales, viajes apostólicos dentro y fuera de Italia, discursos, audiencias a grupos de peregrinos, etc.– la cuestión sería ya no sólo en qué momento podría subir esos hipotéticos contenidos e interactuar con sus «seguidores», sino cómo responder a millones de seres humanos, cómo moderar comentarios, cómo dar «gusto» a todos.
Se aduce –y algunos incluso exigen– esa «presencia» virtual apelando a que el Papa debe ser un pastor cercano a todos. Detrás de esta consideración va implícito un deseo seguramente válido pero que es necesario entender mejor.
El Papa no está llamado a ser pastor personal de cada uno de los católicos del mundo; esa es misión de los obispos de cada diócesis y, de una manera todavía más singular, de los sacerdotes y de las almas consagradas. Por esta razón no es extraño encontrarse cada vez a más obispos, sacerdotes y almas consagradas haciendo uso apostólico de las redes sociales. No hace falta una explicación minuciosa para entender que una sola persona no puede ser el pastor de más de 1,200 millones de creyentes. Por lógica, resulta imposible en la práctica. Además, ¿no sería «discriminación» y vendría a menoscabo prestar atención sólo a los que tienen acceso a internet mientras que son mayoría los que no lo usan?
Considerando que por «red social» se entiende un concepto mucho más amplio que la mera reducción al nombre especifico de una ellas, todo lo anterior valdría también tanto para un blog como para un perfil en Twitter. ¿En qué momento ya no nada más controlar los comentarios sino incluso leerlos uno a uno, atender las solicitudes, complacer a todos, toparse y tratar a aquellos que esconden detrás de un pseudónimo o el anonimato su identidad real?
De tipo teológico
Pero no es el único aspecto y quizá tampoco el más importante. Las redes sociales implican relación, compartir. Esto es, desde luego, algo muy positivo, pero la dinámica actual de las redes sociales, basada en ese factor que borra las barreras entre emisor y receptor, ha venido a introducir a una errónea concepción de la verdad y de la autoridad.
Ahora se presenta como «verdadero», y en este sentido como imperante, lo más popular, lo más votado, lo más compartido, lo mejor valorado. Pero en no pocas ocasiones lo «más popular» es contrario a la verdad sobre el hombre, el mundo y Dios.
La Revelación, la teología, nos muestran que el Papa recibió de Cristo la autoridad directa sobre su Iglesia para gobernar y para enseñar, en el respeto de un mensaje recibido (no creado según sus ideas personales; eso es a lo que se alude cuando se habla de Magisterio). Pero muchas cosas que defiende y promueve la Iglesia no son actualmente lo «más popular» y, sin embargo, no por eso dejan de ser verdad.
Una imagen nos puede servir: supongamos que el Papa proclama solemnemente un dogma más; pensemos que lo coloca en su perfil personal en una red social –ya sea el enlace, ya el texto completo, incluso el video del momento o las fotos, alguno puede tener más imaginación para acompañar con más elementos ese quimérico instante–; e inmediatamente después se comienzan a disparar los «me gusta», comentarios de satisfacción, pero también –posiblemente en mayor cantidad– los que critican la doctrina enseñada, la fe, con palabras poco amables e incluso con invectivas dolosas. En el supuesto de que habría católicos dispuestos a defender al Papa, ¿sería ese el lugar para hacerlo? ¿Cuál sería la forma? ¿La misión del Pontífice como maestro y guía también en el campo doctrinal no estaría quedando minada, colocada en suspenso, en duda, y denostada? ¿Qué imagen quedaría impresa en las personas que vieran aquel «espectáculo»?
Todo esto es lo que también se debe tener en cuenta cuando se lanzan algunos comentarios poco afortunados sobre el portal institucional de la Santa Sede (www.vatican.va). Se le suele «criticar» porque es estático, austero, de que no posibilita la interacción y otras minucias. Podríamos tener presente que se trata de un portal oficial, de la web de la Iglesia, y que lo que en él queda recogido es, en su mayoría, magisterio y por eso mismo no sujeto a discusión. Eso no significa que se puedan hacer eventuales profundizaciones sobre uno o varios aspectos para esclarecerlos mejor, en caso de que lo precisen, pero no parece que sea ahí el lugar.
Ciertamente todas estas consideraciones invitan a una atención al modo como se presenta la autoridad y la verdad en el plano de la comunicación en la Iglesia. Esto es un reto pastoral porque aunque aparentemente hay una relación conflictual entre teología y la dinámica característica de las redes sociales, no es un escollo insalvable.
Por último, vale la pena hacer mención de un artículo publicado en la edición cotidiana de L´Osservatore Romano en lengua italiana (24-25 gennaio 2011). Aquel texto titulado «Un Papa che usa la matita e fa i conti con la rete» («Un Papa que usa lápiz y entra en relación con la red») revelaba que, de hecho, Benedicto XVI no usaba la computadora sino la pluma, de preferencia el lapicero.
Esto nos permite percibir que es posible vivir feliz sin conexión a la red y que, no obstante, eso no significa desconocer los elementos positivos que internet en general, y las redes sociales en particular, ofrecen. Y es que el Papa ha captado lo principal: la identificación de las inquietudes a las cuales responden las redes sociales y cómo pueden ser aprovechadas, sin olvidar los riesgos, para la transmisión del Evangelio. De ahí que en sus mensajes las palabras sean de motivación para hacerlas rendir como corresponde a un discípulo de Cristo. De esa forma sus palabras también se convierten en espoleos a ser «apóstoles digitales», sin perder de vista la dimensión real auténtica que debe estar detrás de toda relación humana.
Padre Roberto Mena ST
La pregunta también podría ser esta: «¿por qué el Papa no usa las redes sociales?». Lo hemos escuchado hablar de ellas (véase, por ejemplo, «El magisterio de la Iglesia sobre las redes sociales»), se nota que las conoce, y en los últimos años hemos visto una creciente y progresiva presencia institucional y oficial de la Iglesia, de la Santa Sede, en internet, concretamente en redes sociales como YouTube, Facebook, Blogger y Twitter; ¿entonces por qué no las usa?
Hay dos razones principales que imposibilitan la presencia personal del Papa en las redes sociales. Una es de carácter práctico-pastoral y otra de tipo teológico.
De carácter práctico-pastoral
Imaginemos que el Papa saca un perfil en una red social y que lo hace en la que al 2011 es la más usada: Facebook (seguramente que ya la misma elección suscitaría no pocas notas de prensa críticas sobre por qué eligió esa y no MySpace, LinkedIn, Tuenti, Hi5, Orkut, Bebo o cualquier otra…).
Dado que la mayoría de los social network tienen un límite de «amigos» el Papa debería acudir a la creación de una página de seguidores que consiente un tipo de relación diferente pero menos restringida numéricamente. En esa página podría poner sus encíclicas, sus cartas, sus homilías, sus fotos, sus videos… hacer lo que otros tantos «famosos» hacen y comparten. De entre los millones de seguidores que tendría no sería difícil encontrar quien le pediría consejo y oraciones, quien le contaría sus problemas y suplicaría ayuda, quien le solicitaría que explicara de otro modo algún aspecto o también quien le criticaría incluso con insultos.
Considerando las múltiples actividades diarias de un Papa –celebrar la misa, rezar el Rosario, hacer oración, preparar sus discursos y homilías, recibir en audiencia a obispos de todo el mundo, sus reuniones diarias con los diferentes cardenales que colaboran con él en el gobierno de la Iglesia, recibir a jefes de Estado, de gobierno, embajadores y otros líderes mundiales, viajes apostólicos dentro y fuera de Italia, discursos, audiencias a grupos de peregrinos, etc.– la cuestión sería ya no sólo en qué momento podría subir esos hipotéticos contenidos e interactuar con sus «seguidores», sino cómo responder a millones de seres humanos, cómo moderar comentarios, cómo dar «gusto» a todos.
Se aduce –y algunos incluso exigen– esa «presencia» virtual apelando a que el Papa debe ser un pastor cercano a todos. Detrás de esta consideración va implícito un deseo seguramente válido pero que es necesario entender mejor.
El Papa no está llamado a ser pastor personal de cada uno de los católicos del mundo; esa es misión de los obispos de cada diócesis y, de una manera todavía más singular, de los sacerdotes y de las almas consagradas. Por esta razón no es extraño encontrarse cada vez a más obispos, sacerdotes y almas consagradas haciendo uso apostólico de las redes sociales. No hace falta una explicación minuciosa para entender que una sola persona no puede ser el pastor de más de 1,200 millones de creyentes. Por lógica, resulta imposible en la práctica. Además, ¿no sería «discriminación» y vendría a menoscabo prestar atención sólo a los que tienen acceso a internet mientras que son mayoría los que no lo usan?
Considerando que por «red social» se entiende un concepto mucho más amplio que la mera reducción al nombre especifico de una ellas, todo lo anterior valdría también tanto para un blog como para un perfil en Twitter. ¿En qué momento ya no nada más controlar los comentarios sino incluso leerlos uno a uno, atender las solicitudes, complacer a todos, toparse y tratar a aquellos que esconden detrás de un pseudónimo o el anonimato su identidad real?
De tipo teológico
Pero no es el único aspecto y quizá tampoco el más importante. Las redes sociales implican relación, compartir. Esto es, desde luego, algo muy positivo, pero la dinámica actual de las redes sociales, basada en ese factor que borra las barreras entre emisor y receptor, ha venido a introducir a una errónea concepción de la verdad y de la autoridad.
Ahora se presenta como «verdadero», y en este sentido como imperante, lo más popular, lo más votado, lo más compartido, lo mejor valorado. Pero en no pocas ocasiones lo «más popular» es contrario a la verdad sobre el hombre, el mundo y Dios.
La Revelación, la teología, nos muestran que el Papa recibió de Cristo la autoridad directa sobre su Iglesia para gobernar y para enseñar, en el respeto de un mensaje recibido (no creado según sus ideas personales; eso es a lo que se alude cuando se habla de Magisterio). Pero muchas cosas que defiende y promueve la Iglesia no son actualmente lo «más popular» y, sin embargo, no por eso dejan de ser verdad.
Una imagen nos puede servir: supongamos que el Papa proclama solemnemente un dogma más; pensemos que lo coloca en su perfil personal en una red social –ya sea el enlace, ya el texto completo, incluso el video del momento o las fotos, alguno puede tener más imaginación para acompañar con más elementos ese quimérico instante–; e inmediatamente después se comienzan a disparar los «me gusta», comentarios de satisfacción, pero también –posiblemente en mayor cantidad– los que critican la doctrina enseñada, la fe, con palabras poco amables e incluso con invectivas dolosas. En el supuesto de que habría católicos dispuestos a defender al Papa, ¿sería ese el lugar para hacerlo? ¿Cuál sería la forma? ¿La misión del Pontífice como maestro y guía también en el campo doctrinal no estaría quedando minada, colocada en suspenso, en duda, y denostada? ¿Qué imagen quedaría impresa en las personas que vieran aquel «espectáculo»?
Todo esto es lo que también se debe tener en cuenta cuando se lanzan algunos comentarios poco afortunados sobre el portal institucional de la Santa Sede (www.vatican.va). Se le suele «criticar» porque es estático, austero, de que no posibilita la interacción y otras minucias. Podríamos tener presente que se trata de un portal oficial, de la web de la Iglesia, y que lo que en él queda recogido es, en su mayoría, magisterio y por eso mismo no sujeto a discusión. Eso no significa que se puedan hacer eventuales profundizaciones sobre uno o varios aspectos para esclarecerlos mejor, en caso de que lo precisen, pero no parece que sea ahí el lugar.
Ciertamente todas estas consideraciones invitan a una atención al modo como se presenta la autoridad y la verdad en el plano de la comunicación en la Iglesia. Esto es un reto pastoral porque aunque aparentemente hay una relación conflictual entre teología y la dinámica característica de las redes sociales, no es un escollo insalvable.
Por último, vale la pena hacer mención de un artículo publicado en la edición cotidiana de L´Osservatore Romano en lengua italiana (24-25 gennaio 2011). Aquel texto titulado «Un Papa che usa la matita e fa i conti con la rete» («Un Papa que usa lápiz y entra en relación con la red») revelaba que, de hecho, Benedicto XVI no usaba la computadora sino la pluma, de preferencia el lapicero.
Esto nos permite percibir que es posible vivir feliz sin conexión a la red y que, no obstante, eso no significa desconocer los elementos positivos que internet en general, y las redes sociales en particular, ofrecen. Y es que el Papa ha captado lo principal: la identificación de las inquietudes a las cuales responden las redes sociales y cómo pueden ser aprovechadas, sin olvidar los riesgos, para la transmisión del Evangelio. De ahí que en sus mensajes las palabras sean de motivación para hacerlas rendir como corresponde a un discípulo de Cristo. De esa forma sus palabras también se convierten en espoleos a ser «apóstoles digitales», sin perder de vista la dimensión real auténtica que debe estar detrás de toda relación humana.
Padre Roberto Mena ST
Monday, May 23, 2011
Juan Pablo II en iphone
Juan Pablo II en Iphone, el beato de los medios de comunicación
.
En el día de la beatificación de Juan Pablo II, el Vaticano quiso rendir homenaje al “papa mediático” también a través de los modernos instrumentos de la web. Y lo hizo realizando www.juanpabloii.va; un sitio pensado y proyectado para acompañar los días de la beatificación, un sitio que utiliza la fuerza y la inmediatez de las imágenes como vehículo de comunicación preferencial, y le ofrece a los fieles y peregrinos de todo el mundo la posibilidad de recordar la vida del Papa, mediante algunos de los momentos más significativos de su papado y su historia.
No era difícil concebir la idea, como es fácil intuir observando el florecimiento de iniciativas en todos los medios de comunicación en concomitancia con la beatificación.... quizá lo que faltaba era el tiempo para realizarla, para poder expresar con los medios tecnológicos algo de la grandeza espiritual que el Papa Wojtyla supo comunicar siempre con su persona y su palabra.
Porque no era su “carisma mediático”, que era extraordinario, lo que atraía al mundo, sino su “comunicación con Dios”, la experiencia del amor personal con Cristo, que supo vivir hasta el final y que fue capaz de transmitir en cada gesto, en cada palabra, en cada imagen ... Esa “teología del cuerpo” que nos enseñó desde el comienzo de su Pontificado, que hizo presente y viva hasta el final, escribiendo la última página con ese último Ángelus desde la ventana que nunca olvidaremos ...
No era “carisma mediático” era “mística de amor” vivida con todo su ser, su alma y su cuerpo, y esto nos fascinaba ... Este poeta, este actor, este enamorado de Cristo que llegó a ser Papa, conquistó en seguida los medios de comunicación, pero su verdadera fuerza no era su capacidad mediática, sino su relación íntima con Dios, que supo hacer visible con sus dones personales.
Es por eso que cuando llegó el momento de rendir homenaje a Juan Pablo II, las ideas brotaban solas, porque bastaba oír su voz, mirar alguna foto, leer sus palabras para querer, una vez más, transmitir esa fuerza, ese entusiasmo , esa vida que él emanaba sacándola de la única fuente posible: su amistad personal, intensa y fiel con Cristo.
Y así todas las instituciones que tenían que ver con los medios de comunicación, en sus diversas formas, se pusieron en marcha juntas, para que fuera de nuevo visible quien había llenado de vida todas las expresiones mediáticas. Debía ser una iniciativa que implicara a todos los medios de comunicación, mediante todo tipo de dispositivos, especialmente los que él no había conocido, para que, como beato, pudiera peregrinar también aquí.
Y así este “peregrino” se ha hecho presente no sólo en la televisión, la radio, la web, sino también en los teléfonos móviles, iPhone, Ipad. El objetivo, el mismo de su ministerio, es acompañar al hombre, entrar en su corazón, presentar el mensaje y la persona de Jesús.
Para ellose ha realizado un sistema que ha incorporado textos, vídeos, fotos, que, con diferentes tecnologías, podían llegar no sólo a todos los dispositivos, sino a todos aquellos que deseaban, con un vuelco del corazón, entrar en el gran río sus enseñanzas. Cada imagen, acompañada de una pequeña frase, permite entrar en toda la riqueza de su Magisterio de la misma manera que hacía él cuando aparecía en público: una sonrisa, un gesto, una mirada, capturaban la atención y luego dejaban espacio al silencio, un silencio sagrado, la única dimensión verdadera en la que el hombre se encuentra con Dios
Este fue el gran reto: hacer lo que siempre había hecho él, hacer que los medios de comunicación fueran un canal a través del cual cada uno tuviera la posibilidad de encontrarse con Dios
La actividad comenzó unos dos meses antes del acontecimiento, poco después de que el 14 de enero de 2011, se anunciara que el 1 de mayo iba a ser la fecha de la beatificación. Debido al corto plazo, la cantidad de trabajo que se presentaba era impresionante, pero no lo suficiente como para desistir de la empresa.
Tras definir la estructura del sitio, se pasó inmediatamente a la fase de recogida de material. El sitio contiene 500 fotos, más de 30 vídeos y 400 frases en seis idiomas diferentes (¡un total de 2.400 frases!). Si tenemos en cuenta la duración y riqueza del pontificado de Karol Wojtyla, es fácil imaginar la gran cantidad de material disponible (¡miles de frases, millones de fotografías, cientos y cientos de vídeos!). El trabajo más duro, de hecho, no era encontrar el material (gracias a la valiosa y significativa colaboración que inmediatamente se estableció entre todas las instituciones vaticanas), sino seleccionarlo.
La idea básica era, por un lado, crear “algo” que ya estuviera presente en www.vatican.va, Radio Vaticano, Centro Televisivo Vaticano, L'Osservatore Romano, Librería Editrice Vaticana ..., y, por el otro, algo que fuera como “un libro de recuerdos”, es decir, una cosa sencilla en sí, pero que dispusiera el corazón y la mente a profundizar y, sobre todo, a la oración, al silencio, a la meditación, a un encuentro con el Señor: “ ... ¿a quién habéis venido a buscar? ... ¡habéis venido a buscar a Jesucristo!” (Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la ceremonia de acogida – Jornada Mundial de la Juventud 2000, Plaza de San Pedro, 15 de agosto de 2000).
Para organizar sistemáticamente el complejo trabajo de selección, se eligieron primero los temas (por ejemplo, niños, jóvenes, elección, atentado, jubileo, etc.) y luego se decidió presentarlos en una sección dedicada a cada uno de ellos en forma de “libro” de imágenes, acompañadas por una frase, que recordaran algunos de los momentos más significativos de su pontificado.
Se realizó también una sección similar exclusivamente con vídeos, uno por cada año. De las otras secciones del sitio una está dedicada totalmente a las oraciones del Papa Wojtyla, otra al “streaming”, que ha permitido seguir en directo el acontecimiento también a muchos peregrinos que estaban demasiado lejos de la Plaza de San Pedro y de las maxipantallas. Sin duda, una sección especial es la dedicada al Tríptico romano, que se decidió poner a disposición sin ningún comentario, en modo de acercar de la manera más sugestiva e inmediata el Papa al poeta.
Como es sabido, el sitio desde su primerísima ideación, está pensado para todo tipo de tecnología: PC, Laptop, dispositivos móviles, smartphones, el iPhone, IPad, etc. Todo esto, si desde el punto de vista técnico ha incrementado la complejidad de la solución, ha permitido, sin embargo, ofrecer la máxima accesibilidad, especialmente a los peregrinos que podían visitar la página dondequiera que estuvieran y desde cualquier dispositivo durante la peregrinación y las jornadas de la beatificación, siguiendo los acontecimientos a través de las imágenes y las palabras del beato Juan Pablo II y rezando con él en el momento más intenso dedicado a él.
Las instituciones vaticanas que han participado en el proyecto son todas las que por diversas razones tienen que ver con los medios de comunicación, pero no sólo. Y son: el Servicio Internet Vaticano de la Dirección de Telecomunicaciones, el Servicio fotográfico de L'Osservatore Romano, Radio Vaticano y el Centro Televisivo Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, la Oficina de Prensa y el Consejo pontificio para las comunicaciones sociales, la Opera Romana Pellegrinaggi y la Congregación para la evangelización de los pueblos. Todos, según sus funciones y en diversa medida pero siempre con absoluta unidad de propósitos, han contribuido a la realización de este proyecto común.
El sitio, que fue lanzado el 29 de abril, recibió unos 3 millones y medio de visitas en los días inmediatamente anteriores al acontecimiento y aproximadamente 5 millones el 1 de mayo.
Desde su lanzamiento hasta el 8 de mayo el número de las visitas fue de unos 13 millones.
Los países en los que ha habido mayor interés son en primer lugar Italia (como es imaginable), inmediatamente después Estados Unidos, luego Brasil, Argentina, México y España con un número parecido de visitas. Tras Alemania sigue Polonia, con un número menor de visitas, lo que lleva a confirmar el hecho de que los peregrinos polacos asistieron a la misa en la Plaza de San Pedro, el 1 de mayo.
Las imágenes más “clicadas” han sido las relativas al recuerdo de su pontificado y, dentro de la sección específica, las de la elección de Juan Pablo II.
El sitio, en su proyecto original, nació para acompañar los días de la beatificación, un homenaje al Pontífice Peregrino que, no sólo con sus viajes, sino también a través de todos los medios de comunicación, quiso llevar el Mensaje de Jesús hasta los extremos confines de la tierra.
Padre Roberto Mena ST
.
En el día de la beatificación de Juan Pablo II, el Vaticano quiso rendir homenaje al “papa mediático” también a través de los modernos instrumentos de la web. Y lo hizo realizando www.juanpabloii.va; un sitio pensado y proyectado para acompañar los días de la beatificación, un sitio que utiliza la fuerza y la inmediatez de las imágenes como vehículo de comunicación preferencial, y le ofrece a los fieles y peregrinos de todo el mundo la posibilidad de recordar la vida del Papa, mediante algunos de los momentos más significativos de su papado y su historia.
No era difícil concebir la idea, como es fácil intuir observando el florecimiento de iniciativas en todos los medios de comunicación en concomitancia con la beatificación.... quizá lo que faltaba era el tiempo para realizarla, para poder expresar con los medios tecnológicos algo de la grandeza espiritual que el Papa Wojtyla supo comunicar siempre con su persona y su palabra.
Porque no era su “carisma mediático”, que era extraordinario, lo que atraía al mundo, sino su “comunicación con Dios”, la experiencia del amor personal con Cristo, que supo vivir hasta el final y que fue capaz de transmitir en cada gesto, en cada palabra, en cada imagen ... Esa “teología del cuerpo” que nos enseñó desde el comienzo de su Pontificado, que hizo presente y viva hasta el final, escribiendo la última página con ese último Ángelus desde la ventana que nunca olvidaremos ...
No era “carisma mediático” era “mística de amor” vivida con todo su ser, su alma y su cuerpo, y esto nos fascinaba ... Este poeta, este actor, este enamorado de Cristo que llegó a ser Papa, conquistó en seguida los medios de comunicación, pero su verdadera fuerza no era su capacidad mediática, sino su relación íntima con Dios, que supo hacer visible con sus dones personales.
Es por eso que cuando llegó el momento de rendir homenaje a Juan Pablo II, las ideas brotaban solas, porque bastaba oír su voz, mirar alguna foto, leer sus palabras para querer, una vez más, transmitir esa fuerza, ese entusiasmo , esa vida que él emanaba sacándola de la única fuente posible: su amistad personal, intensa y fiel con Cristo.
Y así todas las instituciones que tenían que ver con los medios de comunicación, en sus diversas formas, se pusieron en marcha juntas, para que fuera de nuevo visible quien había llenado de vida todas las expresiones mediáticas. Debía ser una iniciativa que implicara a todos los medios de comunicación, mediante todo tipo de dispositivos, especialmente los que él no había conocido, para que, como beato, pudiera peregrinar también aquí.
Y así este “peregrino” se ha hecho presente no sólo en la televisión, la radio, la web, sino también en los teléfonos móviles, iPhone, Ipad. El objetivo, el mismo de su ministerio, es acompañar al hombre, entrar en su corazón, presentar el mensaje y la persona de Jesús.
Para ellose ha realizado un sistema que ha incorporado textos, vídeos, fotos, que, con diferentes tecnologías, podían llegar no sólo a todos los dispositivos, sino a todos aquellos que deseaban, con un vuelco del corazón, entrar en el gran río sus enseñanzas. Cada imagen, acompañada de una pequeña frase, permite entrar en toda la riqueza de su Magisterio de la misma manera que hacía él cuando aparecía en público: una sonrisa, un gesto, una mirada, capturaban la atención y luego dejaban espacio al silencio, un silencio sagrado, la única dimensión verdadera en la que el hombre se encuentra con Dios
Este fue el gran reto: hacer lo que siempre había hecho él, hacer que los medios de comunicación fueran un canal a través del cual cada uno tuviera la posibilidad de encontrarse con Dios
La actividad comenzó unos dos meses antes del acontecimiento, poco después de que el 14 de enero de 2011, se anunciara que el 1 de mayo iba a ser la fecha de la beatificación. Debido al corto plazo, la cantidad de trabajo que se presentaba era impresionante, pero no lo suficiente como para desistir de la empresa.
Tras definir la estructura del sitio, se pasó inmediatamente a la fase de recogida de material. El sitio contiene 500 fotos, más de 30 vídeos y 400 frases en seis idiomas diferentes (¡un total de 2.400 frases!). Si tenemos en cuenta la duración y riqueza del pontificado de Karol Wojtyla, es fácil imaginar la gran cantidad de material disponible (¡miles de frases, millones de fotografías, cientos y cientos de vídeos!). El trabajo más duro, de hecho, no era encontrar el material (gracias a la valiosa y significativa colaboración que inmediatamente se estableció entre todas las instituciones vaticanas), sino seleccionarlo.
La idea básica era, por un lado, crear “algo” que ya estuviera presente en www.vatican.va, Radio Vaticano, Centro Televisivo Vaticano, L'Osservatore Romano, Librería Editrice Vaticana ..., y, por el otro, algo que fuera como “un libro de recuerdos”, es decir, una cosa sencilla en sí, pero que dispusiera el corazón y la mente a profundizar y, sobre todo, a la oración, al silencio, a la meditación, a un encuentro con el Señor: “ ... ¿a quién habéis venido a buscar? ... ¡habéis venido a buscar a Jesucristo!” (Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la ceremonia de acogida – Jornada Mundial de la Juventud 2000, Plaza de San Pedro, 15 de agosto de 2000).
Para organizar sistemáticamente el complejo trabajo de selección, se eligieron primero los temas (por ejemplo, niños, jóvenes, elección, atentado, jubileo, etc.) y luego se decidió presentarlos en una sección dedicada a cada uno de ellos en forma de “libro” de imágenes, acompañadas por una frase, que recordaran algunos de los momentos más significativos de su pontificado.
Se realizó también una sección similar exclusivamente con vídeos, uno por cada año. De las otras secciones del sitio una está dedicada totalmente a las oraciones del Papa Wojtyla, otra al “streaming”, que ha permitido seguir en directo el acontecimiento también a muchos peregrinos que estaban demasiado lejos de la Plaza de San Pedro y de las maxipantallas. Sin duda, una sección especial es la dedicada al Tríptico romano, que se decidió poner a disposición sin ningún comentario, en modo de acercar de la manera más sugestiva e inmediata el Papa al poeta.
Como es sabido, el sitio desde su primerísima ideación, está pensado para todo tipo de tecnología: PC, Laptop, dispositivos móviles, smartphones, el iPhone, IPad, etc. Todo esto, si desde el punto de vista técnico ha incrementado la complejidad de la solución, ha permitido, sin embargo, ofrecer la máxima accesibilidad, especialmente a los peregrinos que podían visitar la página dondequiera que estuvieran y desde cualquier dispositivo durante la peregrinación y las jornadas de la beatificación, siguiendo los acontecimientos a través de las imágenes y las palabras del beato Juan Pablo II y rezando con él en el momento más intenso dedicado a él.
Las instituciones vaticanas que han participado en el proyecto son todas las que por diversas razones tienen que ver con los medios de comunicación, pero no sólo. Y son: el Servicio Internet Vaticano de la Dirección de Telecomunicaciones, el Servicio fotográfico de L'Osservatore Romano, Radio Vaticano y el Centro Televisivo Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, la Oficina de Prensa y el Consejo pontificio para las comunicaciones sociales, la Opera Romana Pellegrinaggi y la Congregación para la evangelización de los pueblos. Todos, según sus funciones y en diversa medida pero siempre con absoluta unidad de propósitos, han contribuido a la realización de este proyecto común.
El sitio, que fue lanzado el 29 de abril, recibió unos 3 millones y medio de visitas en los días inmediatamente anteriores al acontecimiento y aproximadamente 5 millones el 1 de mayo.
Desde su lanzamiento hasta el 8 de mayo el número de las visitas fue de unos 13 millones.
Los países en los que ha habido mayor interés son en primer lugar Italia (como es imaginable), inmediatamente después Estados Unidos, luego Brasil, Argentina, México y España con un número parecido de visitas. Tras Alemania sigue Polonia, con un número menor de visitas, lo que lleva a confirmar el hecho de que los peregrinos polacos asistieron a la misa en la Plaza de San Pedro, el 1 de mayo.
Las imágenes más “clicadas” han sido las relativas al recuerdo de su pontificado y, dentro de la sección específica, las de la elección de Juan Pablo II.
El sitio, en su proyecto original, nació para acompañar los días de la beatificación, un homenaje al Pontífice Peregrino que, no sólo con sus viajes, sino también a través de todos los medios de comunicación, quiso llevar el Mensaje de Jesús hasta los extremos confines de la tierra.
Padre Roberto Mena ST
Tuesday, May 03, 2011
actitud cristiana ante la muerte de Bin Laden
La actitud cristiana ante la muerte de Bin Laden
Declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal Italiana a ZENIT
"El presidente Obama al informar de la muerte de Bin Laden hizo una distinción muy saludable: precisó que la guerra no es contra el islam sino contra el terrorismo", explica a ZENIT monseñor Domenico Pompili, portavoz de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).
El sacerdote ha comentado la muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda en una entrevista concedida al margen del seminario de estudio sobre el tema "Palabra y Palabras" organizado por la Acción Católica Italiana este martes.
De este modo, prosiguió "puso en evidencia que es necesario oponerse a la violencia y no a una experiencia religiosa a la que pertenecen millones de personas, con una propia dignidad y que son -como indicado en el Vaticano II- creyentes en Dios como nosotros los cristianos".
"Me parece importante --prosiguió monseñor Pompili-- desconectar este cortocircuito de un choque de civilizaciones, que representa una lectura superficial sobre lo sucedido. En realidad las religiones no son portadoras de violencia pero a veces pueden ser manipuladas por los poderes económicos o políticos".
El punto de equilibrio "lo ha precisado el cardenal Angelo Bagnasco presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) cuando recordó que había rezado por Bin Laden y al mismo tiempo por las víctimas del terrorismo".
El presidente de la CEI de hecho mostró "la actitud cristiana que no es el de alegrarse por la muerte de nadie pero de hacer que lo sucedido sea una ocasión de reflexión que tenga presente el contexto en el cual vivimos".
"Sobre los trágicos hechos del terrorismo -prosiguió el portavoz de la CEI- ciertamente la reflexión es que la religión nunca debe ser utilizada como un instrumento de guerra, porque una verdadera experiencia religiosa lleva más bien a tomar los elementos de vecindad y de continuidad. Todo lo que sube converge. Una verdadera religión vuelve posible el encuentro entre los pueblos".
Monseñor Pompili recordó además lo que Benedicto XVI recordó diversas veces y como "la fe no puede estar nunca contra la razón", pero más bien como de la unión de estas dos dimensiones sea posible dar "un servicio digno del hombre y capaz de lograr superar tantas injusticias existentes en el mundo de hoy".
"La verdad es que el Evangelio es realmente una profecía de la paz" y añadió que "hoy delante de las enormes potencialidades destructivas de la que el hombre es capaz existe verdaderamente una emergencia de la paz".
Sobre el riesgo de generalización y simplificación entre islam y violencia precisó: "A la luz de lo que conozco sobre nuestra religión tengo que decir que muchas veces no es la religión sino las interpretaciones que se dan de la misma" lo que suscita problemas.
"Muchas veces -prosiguió- bajo la presión de directos intereses políticos y económicos se induce a una lectura más bien que a otra" y por lo tanto "el Señor de los Ejércitos, de testamentaria memoria puede ser entendido como un sello de su grandeza o en cambio interpretado instrumentalmente en sentido político o militar. Obviamente es la inteligencia y la responsabilidad de cada uno hacer una lectura apropiada".
Declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal Italiana a ZENIT
"El presidente Obama al informar de la muerte de Bin Laden hizo una distinción muy saludable: precisó que la guerra no es contra el islam sino contra el terrorismo", explica a ZENIT monseñor Domenico Pompili, portavoz de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).
El sacerdote ha comentado la muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda en una entrevista concedida al margen del seminario de estudio sobre el tema "Palabra y Palabras" organizado por la Acción Católica Italiana este martes.
De este modo, prosiguió "puso en evidencia que es necesario oponerse a la violencia y no a una experiencia religiosa a la que pertenecen millones de personas, con una propia dignidad y que son -como indicado en el Vaticano II- creyentes en Dios como nosotros los cristianos".
"Me parece importante --prosiguió monseñor Pompili-- desconectar este cortocircuito de un choque de civilizaciones, que representa una lectura superficial sobre lo sucedido. En realidad las religiones no son portadoras de violencia pero a veces pueden ser manipuladas por los poderes económicos o políticos".
El punto de equilibrio "lo ha precisado el cardenal Angelo Bagnasco presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) cuando recordó que había rezado por Bin Laden y al mismo tiempo por las víctimas del terrorismo".
El presidente de la CEI de hecho mostró "la actitud cristiana que no es el de alegrarse por la muerte de nadie pero de hacer que lo sucedido sea una ocasión de reflexión que tenga presente el contexto en el cual vivimos".
"Sobre los trágicos hechos del terrorismo -prosiguió el portavoz de la CEI- ciertamente la reflexión es que la religión nunca debe ser utilizada como un instrumento de guerra, porque una verdadera experiencia religiosa lleva más bien a tomar los elementos de vecindad y de continuidad. Todo lo que sube converge. Una verdadera religión vuelve posible el encuentro entre los pueblos".
Monseñor Pompili recordó además lo que Benedicto XVI recordó diversas veces y como "la fe no puede estar nunca contra la razón", pero más bien como de la unión de estas dos dimensiones sea posible dar "un servicio digno del hombre y capaz de lograr superar tantas injusticias existentes en el mundo de hoy".
"La verdad es que el Evangelio es realmente una profecía de la paz" y añadió que "hoy delante de las enormes potencialidades destructivas de la que el hombre es capaz existe verdaderamente una emergencia de la paz".
Sobre el riesgo de generalización y simplificación entre islam y violencia precisó: "A la luz de lo que conozco sobre nuestra religión tengo que decir que muchas veces no es la religión sino las interpretaciones que se dan de la misma" lo que suscita problemas.
"Muchas veces -prosiguió- bajo la presión de directos intereses políticos y económicos se induce a una lectura más bien que a otra" y por lo tanto "el Señor de los Ejércitos, de testamentaria memoria puede ser entendido como un sello de su grandeza o en cambio interpretado instrumentalmente en sentido político o militar. Obviamente es la inteligencia y la responsabilidad de cada uno hacer una lectura apropiada".
reporte de reunion de bloggeros catolicos
Blogueros invitan a la Iglesia a no tener miedo de los debates
Primer encuentro en el Vaticano
CIUDAD DEL VATICANO, martes 3 de mayo de 2011 Los participantes en el encuentro de blogueros, organizado el 2 de mayo en el Vaticano por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y el Consejo Pontificio para la Cultura, lanzaron un llamamiento a la Iglesia a no tener miedo del debate.
Los 150 autores de bitácora conformaron una asamblea muy diferente a la que en general se convoca en la Vía dell'Ospedale, junto a al Vía de la Conciliación. Nada más sentarse, prácticamente todos encendieron su ordenador portátil o sacaron su teléfono móvil para conectarse a Internet.
Y durante el encuentro, la discusión en Facebook o Twitter alcanzó una enorme intensidad.
Un encuentro, por tanto, tanto físico como virtual, para permitir a los otros 750 blogueros inscritos, que por falta de espacio no pudieron participar, pudieran seguirlo de cerca.
Esta reunión quería ser sumamente abierta, como declaró el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, el arzobispo Claudio Maria Celli, al inicio de la sesión, precisando que no se trataba "de un encuentro de blogueros católicos, aunque muchos de ustedes se inspiren en los valore del Evangelio, sino que quiere ser un momento animado sobre todo por un diálogo respetuoso -como nos invita el Papa con frecuencia--: un respeto por la verdad".
La primera mesa redonda dio la palabra a varios de estos blogueros, que subrayaron la importancia de esta forma de comunicar en internet.
A través de los blogs, dijeron, la fe puede transmitirse y las discusiones se entablan entre las personas presentes en la red.
Citando palabras de Juan Pablo II, Andrés Beltramo, autor del blog "Sacro y profano", corresponsal en Roma de la agencia Notimex, invitó a la Iglesia a no tener miedo de abrir estos debates.
Consejo retomado por el autor italiano de varios blogs, Mattia Marasco, quien invitó a la Iglesia a "atreverse más" en este campo.
Los primeros cinco en tomar la palabra insistieron en el aspecto misionero de los blogs.
El padre Roderick Vonhögen confesó que descubrió casi por casualidad la fuerza y el poder de los blogs. Enviando vídeos en Internet, se ha convertido en "un pastor para personas que lo necesitan" y que van a verle en la red.
Este sacerdote holandés, que publica sus intervenciones en inglés, compara su actividad pastoral en la red a la construcción de una comunidad local.
El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, indicó uno de los aspectos más importantes de los blogs para la comunidad cristiana: "Los blogueros católicos son la opinión pública en la Iglesia. El magisterio conciliar preveía esta realidad, que no ha sido muy desarrollada".
Otros representantes de la Santa Sede ilustraron la escasez de recursos con los que cuenta la Santa Sede para estar presente en Internet, lo que ha promovido en los últimos tiempos el uso de las redes sociales (Facebook, Twitter,...).
Recursos estos últimos que están siendo utilizados de una manera particularmente eficaz por la organización de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, según se constató.
Este encuentro de breve duración fue presentado por monseñor Celli como el inicio de otras posibles iniciativas de mayor envergadura. Para la Santa Sede, reconoció él mismo, ha servido para llegar a "una toma de conciencia oficial de la existencia y de la importancia en la vida de hoy de la 'blogosfera'".
En el rostro de los blogueros, por otra parte, pudo constatarse la alegría provocada por el encuentro con colegas de otros rincones del planeta con pasiones comunes.
Un punto surgió con claridad de las discusiones: el nacimiento de un nuevo tipo de presencia pastoral en Internet, hasta el punto de que según el sacerdote italiano Marco Sanavio, hoy es necesaria la figura del "web-pastor".
Una misión que surgió en varias ocasiones en el encuentro, y que fue claramente presentada por François Jeanne-Beylot: "si Cristo viniera a predicar hoy, no se subiría a una montaña o una barca, sino que se iría a Twitter o abriría un blog".
Stéphane Lemessin
Primer encuentro en el Vaticano
CIUDAD DEL VATICANO, martes 3 de mayo de 2011 Los participantes en el encuentro de blogueros, organizado el 2 de mayo en el Vaticano por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y el Consejo Pontificio para la Cultura, lanzaron un llamamiento a la Iglesia a no tener miedo del debate.
Los 150 autores de bitácora conformaron una asamblea muy diferente a la que en general se convoca en la Vía dell'Ospedale, junto a al Vía de la Conciliación. Nada más sentarse, prácticamente todos encendieron su ordenador portátil o sacaron su teléfono móvil para conectarse a Internet.
Y durante el encuentro, la discusión en Facebook o Twitter alcanzó una enorme intensidad.
Un encuentro, por tanto, tanto físico como virtual, para permitir a los otros 750 blogueros inscritos, que por falta de espacio no pudieron participar, pudieran seguirlo de cerca.
Esta reunión quería ser sumamente abierta, como declaró el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, el arzobispo Claudio Maria Celli, al inicio de la sesión, precisando que no se trataba "de un encuentro de blogueros católicos, aunque muchos de ustedes se inspiren en los valore del Evangelio, sino que quiere ser un momento animado sobre todo por un diálogo respetuoso -como nos invita el Papa con frecuencia--: un respeto por la verdad".
La primera mesa redonda dio la palabra a varios de estos blogueros, que subrayaron la importancia de esta forma de comunicar en internet.
A través de los blogs, dijeron, la fe puede transmitirse y las discusiones se entablan entre las personas presentes en la red.
Citando palabras de Juan Pablo II, Andrés Beltramo, autor del blog "Sacro y profano", corresponsal en Roma de la agencia Notimex, invitó a la Iglesia a no tener miedo de abrir estos debates.
Consejo retomado por el autor italiano de varios blogs, Mattia Marasco, quien invitó a la Iglesia a "atreverse más" en este campo.
Los primeros cinco en tomar la palabra insistieron en el aspecto misionero de los blogs.
El padre Roderick Vonhögen confesó que descubrió casi por casualidad la fuerza y el poder de los blogs. Enviando vídeos en Internet, se ha convertido en "un pastor para personas que lo necesitan" y que van a verle en la red.
Este sacerdote holandés, que publica sus intervenciones en inglés, compara su actividad pastoral en la red a la construcción de una comunidad local.
El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, indicó uno de los aspectos más importantes de los blogs para la comunidad cristiana: "Los blogueros católicos son la opinión pública en la Iglesia. El magisterio conciliar preveía esta realidad, que no ha sido muy desarrollada".
Otros representantes de la Santa Sede ilustraron la escasez de recursos con los que cuenta la Santa Sede para estar presente en Internet, lo que ha promovido en los últimos tiempos el uso de las redes sociales (Facebook, Twitter,...).
Recursos estos últimos que están siendo utilizados de una manera particularmente eficaz por la organización de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, según se constató.
Este encuentro de breve duración fue presentado por monseñor Celli como el inicio de otras posibles iniciativas de mayor envergadura. Para la Santa Sede, reconoció él mismo, ha servido para llegar a "una toma de conciencia oficial de la existencia y de la importancia en la vida de hoy de la 'blogosfera'".
En el rostro de los blogueros, por otra parte, pudo constatarse la alegría provocada por el encuentro con colegas de otros rincones del planeta con pasiones comunes.
Un punto surgió con claridad de las discusiones: el nacimiento de un nuevo tipo de presencia pastoral en Internet, hasta el punto de que según el sacerdote italiano Marco Sanavio, hoy es necesaria la figura del "web-pastor".
Una misión que surgió en varias ocasiones en el encuentro, y que fue claramente presentada por François Jeanne-Beylot: "si Cristo viniera a predicar hoy, no se subiría a una montaña o una barca, sino que se iría a Twitter o abriría un blog".
Stéphane Lemessin
Los medios de comunicacion servicio publico
El Papa subraya que los medios de comunicación son un “servicio público”
Deben buscar la “verdad cotidiana” que “mejor orienta el camino de la sociedad El mundo de los medios de comunicación tiene “potencialidades extraordinarias” para favorecer el progreso de la humanidad, aseguró el Papa Benedicto XVI a los participantes en la 17ª Asamblea de la Radio de la European Broadcasting Union, que tuvo lugar en Castel Gandolfo.
“El vuestro es un 'servicio público', servicio a la gente, para ayudarla cada día a conocer y comprender mejor lo que sucede y por qué sucede, y a comunicar activamente para participar en el camino común de la sociedad”, afirmó el Papa a los presentes.
La sociedad actual, observó, presenta numerosas situaciones que ponen “en juego valores básicos para el bien de la humanidad”, y la opinión pública “se encuentra a menudo desorientada y dividida”.
Los retos que debe afrontar hoy el mundo, según el Papa, “demasiado grandes y urgentes” como para “desanimarse y rendirse”ante las dificultades.
Entre ellos citó el “respeto de la vida humana, de la defensa de la familia, del reconocimiento de los auténticos derechos y de las justas aspiraciones de los pueblos, de los desequilibrios que causan subdesarrollo y hambre en muchas partes del mundo, de la acogida de inmigrantes, del paro y de la seguridad social, de las nuevas pobrezas y marginaciones sociales, de las discriminaciones y de las violaciones de la libertad religiosa, del desarme y de la búsqueda de solución pacífica de los conflictos”.
En este contexto, indicó, corresponde a las radios y las televisiones la tarea de “alimentar cada día una información correcta y equilibrada y un debate profundo para encontrar las mejores soluciones compartidas sobre estas cuestiones en una sociedad pluralista”.
“Es un deber que requiere alta honradez profesional, corrección y respeto, apertura a las perspectivas distintas, claridad al afrontar los problemas, libertad ante las barreras ideológicas, conciencia de la complejidad de los problemas”, añadió el Papa.
“Se trata de una búsqueda paciente de esa “verdad cotidiana” que mejor traduce los valores en la vida y mejor orienta el camino de la sociedad, que debe buscarse al mismo tiempo con humildad”.
Papel de la Iglesia
“En esta búsqueda, la Iglesia católica tiene una contribución específica que dar, y quiere darla dando testimonio de su adhesión a la verdad que es Cristo, pero al mismo tiempo con apertura y espíritu de diálogo”, subrayó Benedetto XVI.
La religión, de hecho, “contribuye a purificar la razón, ayudándola a no caer en distorsiones, como la manipulación por parte de la ideología, o la aplicación parcial que no tenga plenamente en cuenta la dignidad de la persona humana”.
Igualmente, “también la religión reconoce tener necesidad del correctivo de la razón para evitar los excesos, como el integrismo o el sectarismo.”.
Por ello, invitó a los presentes a “ promover y alentar el diálogo entre fe y razón en la perspectiva del servicio al bien común”.
También quiso destacar la rápida aceptación que tuvo la radio en la Iglesia católica, casi desde su invención, así como su importancia para los papas durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.
“Cuando mi predecesor Pío XI se dirigió a Guglielmo Marconi para que dotase al Estado de la Ciudad del Vaticano de una emisora de radio a la altura de la mejor tecnología disponible en aquel tiempo, demostró haber intuido con agudeza en qué dirección se estaba desarrollando el mundo de las comunicaciones, y qué potencialidades podía ofrecer la radio para el servicio de la misión de la Iglesia”.
A través de la radio, los pontífices “pudieron transmitir más allá de las fronteras mensajes de gran importancia para la humanidad”, así como “apoyar durante mucho tiempo las esperanzas de creyentes y pueblos sometidos a regímenes opresores de los derechos humanos y de la libertad religiosa”.
“Desde los discursos de Pío XII, pasando a través de los documentos del Concilio Vaticano II, hasta mis más recientes mensajes sobre las nuevas tecnologías digitales, está atravesado por una vena de optimismo, de esperanza y de simpatía sincera verso hacia aquellos que trabajan en este campo para favorecer el encuentro y el diálogo, servir a la comunidad humana, contribuir al crecimiento pacífico de la sociedad”, concluyó Benedicto XVI.
Deben buscar la “verdad cotidiana” que “mejor orienta el camino de la sociedad El mundo de los medios de comunicación tiene “potencialidades extraordinarias” para favorecer el progreso de la humanidad, aseguró el Papa Benedicto XVI a los participantes en la 17ª Asamblea de la Radio de la European Broadcasting Union, que tuvo lugar en Castel Gandolfo.
“El vuestro es un 'servicio público', servicio a la gente, para ayudarla cada día a conocer y comprender mejor lo que sucede y por qué sucede, y a comunicar activamente para participar en el camino común de la sociedad”, afirmó el Papa a los presentes.
La sociedad actual, observó, presenta numerosas situaciones que ponen “en juego valores básicos para el bien de la humanidad”, y la opinión pública “se encuentra a menudo desorientada y dividida”.
Los retos que debe afrontar hoy el mundo, según el Papa, “demasiado grandes y urgentes” como para “desanimarse y rendirse”ante las dificultades.
Entre ellos citó el “respeto de la vida humana, de la defensa de la familia, del reconocimiento de los auténticos derechos y de las justas aspiraciones de los pueblos, de los desequilibrios que causan subdesarrollo y hambre en muchas partes del mundo, de la acogida de inmigrantes, del paro y de la seguridad social, de las nuevas pobrezas y marginaciones sociales, de las discriminaciones y de las violaciones de la libertad religiosa, del desarme y de la búsqueda de solución pacífica de los conflictos”.
En este contexto, indicó, corresponde a las radios y las televisiones la tarea de “alimentar cada día una información correcta y equilibrada y un debate profundo para encontrar las mejores soluciones compartidas sobre estas cuestiones en una sociedad pluralista”.
“Es un deber que requiere alta honradez profesional, corrección y respeto, apertura a las perspectivas distintas, claridad al afrontar los problemas, libertad ante las barreras ideológicas, conciencia de la complejidad de los problemas”, añadió el Papa.
“Se trata de una búsqueda paciente de esa “verdad cotidiana” que mejor traduce los valores en la vida y mejor orienta el camino de la sociedad, que debe buscarse al mismo tiempo con humildad”.
Papel de la Iglesia
“En esta búsqueda, la Iglesia católica tiene una contribución específica que dar, y quiere darla dando testimonio de su adhesión a la verdad que es Cristo, pero al mismo tiempo con apertura y espíritu de diálogo”, subrayó Benedetto XVI.
La religión, de hecho, “contribuye a purificar la razón, ayudándola a no caer en distorsiones, como la manipulación por parte de la ideología, o la aplicación parcial que no tenga plenamente en cuenta la dignidad de la persona humana”.
Igualmente, “también la religión reconoce tener necesidad del correctivo de la razón para evitar los excesos, como el integrismo o el sectarismo.”.
Por ello, invitó a los presentes a “ promover y alentar el diálogo entre fe y razón en la perspectiva del servicio al bien común”.
También quiso destacar la rápida aceptación que tuvo la radio en la Iglesia católica, casi desde su invención, así como su importancia para los papas durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.
“Cuando mi predecesor Pío XI se dirigió a Guglielmo Marconi para que dotase al Estado de la Ciudad del Vaticano de una emisora de radio a la altura de la mejor tecnología disponible en aquel tiempo, demostró haber intuido con agudeza en qué dirección se estaba desarrollando el mundo de las comunicaciones, y qué potencialidades podía ofrecer la radio para el servicio de la misión de la Iglesia”.
A través de la radio, los pontífices “pudieron transmitir más allá de las fronteras mensajes de gran importancia para la humanidad”, así como “apoyar durante mucho tiempo las esperanzas de creyentes y pueblos sometidos a regímenes opresores de los derechos humanos y de la libertad religiosa”.
“Desde los discursos de Pío XII, pasando a través de los documentos del Concilio Vaticano II, hasta mis más recientes mensajes sobre las nuevas tecnologías digitales, está atravesado por una vena de optimismo, de esperanza y de simpatía sincera verso hacia aquellos que trabajan en este campo para favorecer el encuentro y el diálogo, servir a la comunidad humana, contribuir al crecimiento pacífico de la sociedad”, concluyó Benedicto XVI.
Wednesday, April 20, 2011
vivamos con fe intensa la semana santa
Benedicto XVI: vivamos con fe intensa la Semana Santa
Hoy en el rezo del Ángelus
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 17 de abril de 2011 El Papa Benedicto XVI hoy no pronunció ninguna meditación al introducir la oración mariana del Ángelus, sino que directamente saludó a los peregrinos en los distintos idiomas.
* * * * *
[En español dijo]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española y los animo a vivir las celebraciones de la pasión del Rey de la Gloria, para alcanzar la plenitud de lo que estas fiestas significan y contienen. Me dirijo ahora en particular a vosotros, queridos jóvenes, para que me acompañéis en la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid el próximo mes de agosto, bajo el lema: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe".
Hoy pienso también en Colombia, donde el próximo Viernes Santo se celebra la Jornada de Oración por las Víctimas de la Violencia. Me uno espiritualmente a esta importante iniciativa y exhorto encarecidamente a los colombianos a participar en ella, al mismo tiempo que pido a Dios por cuantos en esa amada Nación han sido despojados vilmente de su vida y sus haberes. Renuevo mi urgente llamado a la conversión, al arrepentimiento y a la reconciliación. ¡No más violencia en Colombia, que reine en ella la paz!
[En italiano dijo]
Y ahora nos dirigimos en oración a María, para que nos ayude a vivir con fe intensa la Semana Santa. También María exultó en el espíritu cuando Jesús hizo su entrada en Jerusalén, cumpliendo las profecías; pero su corazón, como el de su Hijo, estaba preparado para el Sacrificio. Aprendamos de Ella, Virgen fiel, a seguir al Señor también cuando el camino lleva a la cruz.
Hoy en el rezo del Ángelus
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 17 de abril de 2011 El Papa Benedicto XVI hoy no pronunció ninguna meditación al introducir la oración mariana del Ángelus, sino que directamente saludó a los peregrinos en los distintos idiomas.
* * * * *
[En español dijo]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española y los animo a vivir las celebraciones de la pasión del Rey de la Gloria, para alcanzar la plenitud de lo que estas fiestas significan y contienen. Me dirijo ahora en particular a vosotros, queridos jóvenes, para que me acompañéis en la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid el próximo mes de agosto, bajo el lema: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe".
Hoy pienso también en Colombia, donde el próximo Viernes Santo se celebra la Jornada de Oración por las Víctimas de la Violencia. Me uno espiritualmente a esta importante iniciativa y exhorto encarecidamente a los colombianos a participar en ella, al mismo tiempo que pido a Dios por cuantos en esa amada Nación han sido despojados vilmente de su vida y sus haberes. Renuevo mi urgente llamado a la conversión, al arrepentimiento y a la reconciliación. ¡No más violencia en Colombia, que reine en ella la paz!
[En italiano dijo]
Y ahora nos dirigimos en oración a María, para que nos ayude a vivir con fe intensa la Semana Santa. También María exultó en el espíritu cuando Jesús hizo su entrada en Jerusalén, cumpliendo las profecías; pero su corazón, como el de su Hijo, estaba preparado para el Sacrificio. Aprendamos de Ella, Virgen fiel, a seguir al Señor también cuando el camino lleva a la cruz.
Sabado santo, el dia del silencio de Maria
El sentido litúrgico, espiritual y pastoral del Sábado Santo es de una gran riqueza. El venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, recordaba en la Carta Apostólica Dies Domini que “los fieles han de ser instruidos sobre la naturaleza peculiar del Sábado Santo” (nº4). Este día no es un día más de la Semana Santa. Su singularidad consiste en que el silencio envuelve a la Iglesia. De ahí, que no se celebre la eucaristía, ni se administre otros sacramentos que no sean el viático, la penitencia y la unción de enfermos. Únicamente el rezo de la Liturgia de las Horas llena toda la jornada.
Sin embargo, nada impide que pueda tenerse una Liturgia de la Palabra en torno al misterio del día o que se expongan en las iglesias las imágenes de Cristo crucificado o en el sepulcro y de la Virgen Dolorosa para que los fieles puedan rezar delante de ellas. (cf. SC nº7). Ahora bien, “las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua” (CCD, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, Roma 2001, nº 146).
Sellado el sepulcro y dispersados los discípulos sólo “María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro” (Mt 27,61). El discípulo amado acompaña a la Virgen en su soledad, mientras que los judíos celebraban el Sabbat, día que recuerda el descanso de Dios en la semana de la creación. En la nueva alianza que se ha dado en el Calvario, el sábado será el día de la Madre que, unida con toda la Iglesia, “permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y en el ayuno su Resurrección” (DD nº 73). Mientras el Hijo redime las entrañas de la humanidad, María vive esos momentos en un silencio contemplativo, reflexionando sobre las experiencias que “guardaba en su corazón” (Lc 2,61).
Pero ¿De qué soledad y silencio estamos hablando cuando nos referimos a la Madre del Señor? Se trata de la soledad por la ausencia del “Amado” (Cant 5,6-8), del “Primogénito del Padre”, de su hijo según la carne. Es la soledad fecunda de la fe, nada desesperanzadora y profundamente corredentora. El silencio que conlleva, brota de sentirse desbordada por la Gracia divina que la constituyo Madre del Autor de de nuestra Salvación. ¡Ante la Palabra Encarnada sobra la palabrería humana! Sólo cabe el amor y la adoración.
Ésta es la soledad y el silencio que descubrimos cada Sábado Santo en la Hora de la Madre, cuando Ella, mirando al sepulcro donde está su Hijo muerto, ve hechas realidad sus palabras: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12, 24). La contemplación silenciosa y orante de esos instantes de dolor y sufrimiento de la Virgen nos conmueven el alma y nos impulsan a dejar la levadura vieja del pecado y convertirnos en “panes pascuales de la sinceridad y de la verdad” (I Cor 5,8). Así, en cada Vigilia Pascual, como “centinelas en la noche”, toda la Iglesia junto con María espera la luz del grano de trigo que es el Resucitado.
Sin embargo, nada impide que pueda tenerse una Liturgia de la Palabra en torno al misterio del día o que se expongan en las iglesias las imágenes de Cristo crucificado o en el sepulcro y de la Virgen Dolorosa para que los fieles puedan rezar delante de ellas. (cf. SC nº7). Ahora bien, “las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua” (CCD, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, Roma 2001, nº 146).
Sellado el sepulcro y dispersados los discípulos sólo “María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro” (Mt 27,61). El discípulo amado acompaña a la Virgen en su soledad, mientras que los judíos celebraban el Sabbat, día que recuerda el descanso de Dios en la semana de la creación. En la nueva alianza que se ha dado en el Calvario, el sábado será el día de la Madre que, unida con toda la Iglesia, “permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y en el ayuno su Resurrección” (DD nº 73). Mientras el Hijo redime las entrañas de la humanidad, María vive esos momentos en un silencio contemplativo, reflexionando sobre las experiencias que “guardaba en su corazón” (Lc 2,61).
Pero ¿De qué soledad y silencio estamos hablando cuando nos referimos a la Madre del Señor? Se trata de la soledad por la ausencia del “Amado” (Cant 5,6-8), del “Primogénito del Padre”, de su hijo según la carne. Es la soledad fecunda de la fe, nada desesperanzadora y profundamente corredentora. El silencio que conlleva, brota de sentirse desbordada por la Gracia divina que la constituyo Madre del Autor de de nuestra Salvación. ¡Ante la Palabra Encarnada sobra la palabrería humana! Sólo cabe el amor y la adoración.
Ésta es la soledad y el silencio que descubrimos cada Sábado Santo en la Hora de la Madre, cuando Ella, mirando al sepulcro donde está su Hijo muerto, ve hechas realidad sus palabras: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12, 24). La contemplación silenciosa y orante de esos instantes de dolor y sufrimiento de la Virgen nos conmueven el alma y nos impulsan a dejar la levadura vieja del pecado y convertirnos en “panes pascuales de la sinceridad y de la verdad” (I Cor 5,8). Así, en cada Vigilia Pascual, como “centinelas en la noche”, toda la Iglesia junto con María espera la luz del grano de trigo que es el Resucitado.
Thursday, February 10, 2011
mensaje vocacional
Proponiendo Vocaciones en la Iglesia Local
"El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso
punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a
sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. (...) Antes de
llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la
voluntad del Padre. (...) Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la
vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el
Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al "Señor de la mies"
tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en
los cenáculos vocacionales".
"El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores,
entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: "Veníos conmigo y os
haré pescadores de hombres". (...) La propuesta que Jesús hace a quienes
dice "¡Sígueme!" es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a
escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a
Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio"; (...) los
invita a salir de la propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea de
autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse
guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta
disponibilidad total a Dios, y que llega a ser el rasgo distintivo de la
comunidad de Jesús".
"También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a
tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la
Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a
conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia
escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal
y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas
competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida,
para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y
en la vida consagrada".
"Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada
por "otras voces" y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida,
puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel,
debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones.
Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la
llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan
el calor de toda la comunidad al decir "sí" a Dios y a la Iglesia. Yo mismo
los aliento, como he hecho con aquellos que se han decidido a entrar en el
Seminario".
"Conviene que cada Iglesia local sea cada vez más sensible y atenta a la
pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial
y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los
jóvenes -como hizo Jesús con los discípulos- para que madure en ellos una
genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y
litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de
Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para
que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no
destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más
profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en
las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como
se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias
aspiraciones".
"Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado.
(...) El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan
llegar a los corazones de quienes ha escogido. Cuidad la elección de los
agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones. (...) Vuestra
disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición
de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un
servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la
Iglesia".
"Me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral
de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los
sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con
el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los
nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén "animadas
de espíritu de fe, de caridad y de piedad", capaces de ayudar a los hijos e
hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida
consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y
de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren
"cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos
puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina".
"Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado
de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando
se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la
comunión".
"La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la
vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la
ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan
divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el
interior de cada comunidad la disponibilidad a decir "sí" al Señor, que
llama siempre a nuevos trabajadores para su mies".
Padre Roberto Mena ST
"El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso
punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a
sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. (...) Antes de
llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la
voluntad del Padre. (...) Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la
vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el
Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al "Señor de la mies"
tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en
los cenáculos vocacionales".
"El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores,
entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: "Veníos conmigo y os
haré pescadores de hombres". (...) La propuesta que Jesús hace a quienes
dice "¡Sígueme!" es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a
escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a
Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio"; (...) los
invita a salir de la propia voluntad cerrada en sí misma, de su idea de
autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse
guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta
disponibilidad total a Dios, y que llega a ser el rasgo distintivo de la
comunidad de Jesús".
"También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a
tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la
Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a
conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia
escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal
y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas
competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida,
para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y
en la vida consagrada".
"Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada
por "otras voces" y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida,
puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel,
debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones.
Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la
llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan
el calor de toda la comunidad al decir "sí" a Dios y a la Iglesia. Yo mismo
los aliento, como he hecho con aquellos que se han decidido a entrar en el
Seminario".
"Conviene que cada Iglesia local sea cada vez más sensible y atenta a la
pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial
y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los
jóvenes -como hizo Jesús con los discípulos- para que madure en ellos una
genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y
litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de
Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para
que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no
destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más
profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en
las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como
se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias
aspiraciones".
"Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado.
(...) El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan
llegar a los corazones de quienes ha escogido. Cuidad la elección de los
agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones. (...) Vuestra
disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición
de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un
servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la
Iglesia".
"Me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral
de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los
sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con
el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los
nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén "animadas
de espíritu de fe, de caridad y de piedad", capaces de ayudar a los hijos e
hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida
consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y
de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren
"cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos
puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina".
"Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado
de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando
se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la
comunión".
"La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la
vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la
ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan
divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el
interior de cada comunidad la disponibilidad a decir "sí" al Señor, que
llama siempre a nuevos trabajadores para su mies".
Padre Roberto Mena ST
Monday, February 07, 2011
Estados Unidos ya no es mayoria protestante
El último Atlas Global del Cristianismo, del cual algunos reportes están disponibles on line, ofrecía datos interesantes sobre los porcentajes de cristianos presentes en países como Estados Unidos, tradicionalmente considerado de mayoría protestante.
Retomando esta información, The Catherine of Siena Institute evidenciaba cómo el rostro protestante de Norteamérica ha cambiado de 1910 a 2010. Mientras que a inicios y mediados del siglo XX el rostro de la Unión Americana era totalmente protestante:
Para finales del siglo XX el panorama era ya distinto:
Los mapas muestran que si bien el conjunto de grupos protestantes (luterano, metodista, presbiteriano, evangélicos, baptistas, episcopalianos, etc.) es todavía superior, considerados singularmente es el catolicismo el que mayor número de seguidores tiene. El dato es contrastante pues en 1910 las referencias eran las que siguen:
65% de protestantes
22% de católicos
10% de cristianos independientes
4% de anglicanos
1% de ortodoxos
1% de otros
En 2010 el mapa refleja algo completamente diferente:
25% protestantes
35% católicos
31% independientes
1% anglicanos
3% ortodoxos
5% otros
El estudio The Catherine of Siena Institute muestra que los anglicanos (episcopalianos) han sufrido una caída desproporcionada (debida a su liberalismo moral) y que la forma de cristianismo más practicada es el catolicismo. Estos datos confirman que, después de Brasil, México y Filipina, Estados Unidos es el país con mayor número de católicos en el mundo
Padre Roberto Mena ST
Retomando esta información, The Catherine of Siena Institute evidenciaba cómo el rostro protestante de Norteamérica ha cambiado de 1910 a 2010. Mientras que a inicios y mediados del siglo XX el rostro de la Unión Americana era totalmente protestante:
Para finales del siglo XX el panorama era ya distinto:
Los mapas muestran que si bien el conjunto de grupos protestantes (luterano, metodista, presbiteriano, evangélicos, baptistas, episcopalianos, etc.) es todavía superior, considerados singularmente es el catolicismo el que mayor número de seguidores tiene. El dato es contrastante pues en 1910 las referencias eran las que siguen:
65% de protestantes
22% de católicos
10% de cristianos independientes
4% de anglicanos
1% de ortodoxos
1% de otros
En 2010 el mapa refleja algo completamente diferente:
25% protestantes
35% católicos
31% independientes
1% anglicanos
3% ortodoxos
5% otros
El estudio The Catherine of Siena Institute muestra que los anglicanos (episcopalianos) han sufrido una caída desproporcionada (debida a su liberalismo moral) y que la forma de cristianismo más practicada es el catolicismo. Estos datos confirman que, después de Brasil, México y Filipina, Estados Unidos es el país con mayor número de católicos en el mundo
Padre Roberto Mena ST
you cat es un catecismo para jovenes
No sólo las culturas de los pueblos son diferentes, también al interior de cada sociedad existen diversos “continentes”: el obrero tiene una mentalidad diversa de la del campesino, y un físico diversa de la un filólogo; un empresario diversa de la que tiene un periodista y un joven de la que tiene un anciano». Son palabras de Benedicto XVI preparadas para el prefacio de «YouCat». ¿Qué es «YouCat»?
El acrónimo «YouCat» no hace ilusión a un nuevo canal de videos en internet. Se trata de «Youth Catechism»: un subsidio especial al Catecismo de la Iglesia Católica preparado para jóvenes, en miras a la Jornada Mundial de la Juventud del próximo mes de agosto en Madrid, España. Una especie de «catecismo» para jóvenes: con su lenguaje, con imágenes actuales y respuestas a sus interrogantes sobre la fe.
«YouCat» nace ante una constatación muy particular, como evidencia el mismo Benedicto XVI en el prefacio (cf. L´Osservatore Romano, 03.02.2011): «en las jornadas mundiales de la juventud (Roma, Toronto, Colonia, Sydney) se han encontrado jóvenes de todo el mundo que quieren creer, que están en la búsqueda de Dios, que aman a Cristo y desean caminos comunes. En este contexto nos preguntamos si no deberíamos buscar traducir el Catecismo de la Iglesia Católica en la lengua de los jóvenes y hacer penetrar sus palabras en el mundo […] Los jóvenes quieren saber en qué consiste de verdad la vida. Una novela criminal es cautivadora porque implica en la trama a las personas, porque podría ser también la nuestra; este libro –el Catecismo, n.d.r.– es cautivador porque nos habla de nuestro destino y por eso trata cercanamente de cada uno de nosotros».
Y de ahí nace la invitación que el Papa dirige a los jóvenes que leerán «YouCat»: «¡estudien el Catecismo con pasión y perseverancia! ¡Sacrifiquen vuestro tiempo para ello! Estúdienlo en el silencio de vuestra recámara, léanlo en dos; si sois amigos, formen grupos y redes de estudio, intercambie ideas en internet […] Deben conocer su fe con la misma precisión que un especialista de informática conoce el sistema operativo de una computadora; deben conocerlo como un músico conoce la pieza a interpretar; sí, deben estar muy profundamente arraigados en la fe de las generaciones de sus padres para poder resistir con fuerza y decisión a los retos y tentaciones de su tiempo».
En el prefacio de «YouCat» el Papa ofrece un consejo totalmente actual y valiente: «saben todo en qué modo la comunidad de los creyentes ha estado herida, en los últimos tiempos, de los ataques del mal, de la penetración del pecado en su interior, en el corazón de la Iglesia. No tomen este pretexto para huir de la presencia de Dios; ¡ustedes mismos son el cuerpo de Cristo, la Iglesia! Lleven el fuego intacto de su amor en esta Iglesia toda vez que los hombres oscurezcan su rostro».
«YouCat» ha sido preparado bajo la guía del cardenal-arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, y será distribuido en catorce lenguas, a partir de inicios de abril próximo, en los morrales que se darán a los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud 2011
El acrónimo «YouCat» no hace ilusión a un nuevo canal de videos en internet. Se trata de «Youth Catechism»: un subsidio especial al Catecismo de la Iglesia Católica preparado para jóvenes, en miras a la Jornada Mundial de la Juventud del próximo mes de agosto en Madrid, España. Una especie de «catecismo» para jóvenes: con su lenguaje, con imágenes actuales y respuestas a sus interrogantes sobre la fe.
«YouCat» nace ante una constatación muy particular, como evidencia el mismo Benedicto XVI en el prefacio (cf. L´Osservatore Romano, 03.02.2011): «en las jornadas mundiales de la juventud (Roma, Toronto, Colonia, Sydney) se han encontrado jóvenes de todo el mundo que quieren creer, que están en la búsqueda de Dios, que aman a Cristo y desean caminos comunes. En este contexto nos preguntamos si no deberíamos buscar traducir el Catecismo de la Iglesia Católica en la lengua de los jóvenes y hacer penetrar sus palabras en el mundo […] Los jóvenes quieren saber en qué consiste de verdad la vida. Una novela criminal es cautivadora porque implica en la trama a las personas, porque podría ser también la nuestra; este libro –el Catecismo, n.d.r.– es cautivador porque nos habla de nuestro destino y por eso trata cercanamente de cada uno de nosotros».
Y de ahí nace la invitación que el Papa dirige a los jóvenes que leerán «YouCat»: «¡estudien el Catecismo con pasión y perseverancia! ¡Sacrifiquen vuestro tiempo para ello! Estúdienlo en el silencio de vuestra recámara, léanlo en dos; si sois amigos, formen grupos y redes de estudio, intercambie ideas en internet […] Deben conocer su fe con la misma precisión que un especialista de informática conoce el sistema operativo de una computadora; deben conocerlo como un músico conoce la pieza a interpretar; sí, deben estar muy profundamente arraigados en la fe de las generaciones de sus padres para poder resistir con fuerza y decisión a los retos y tentaciones de su tiempo».
En el prefacio de «YouCat» el Papa ofrece un consejo totalmente actual y valiente: «saben todo en qué modo la comunidad de los creyentes ha estado herida, en los últimos tiempos, de los ataques del mal, de la penetración del pecado en su interior, en el corazón de la Iglesia. No tomen este pretexto para huir de la presencia de Dios; ¡ustedes mismos son el cuerpo de Cristo, la Iglesia! Lleven el fuego intacto de su amor en esta Iglesia toda vez que los hombres oscurezcan su rostro».
«YouCat» ha sido preparado bajo la guía del cardenal-arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, y será distribuido en catorce lenguas, a partir de inicios de abril próximo, en los morrales que se darán a los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud 2011
Comentario de la pelicula Temple de Acero
Temple de acero», nominada a diez premios Óscar
¿Quebrantable o con temple de acero?
«Temple de acero» es una historia situada en el viejo oeste en 1878. Está basada en la novela de Charles Portis, prolífico escritor que maravilló a los estadounidenses a través de las páginas de esta historia y que, esta vez, es traída a la pantalla grande con mayor fidelidad a la novela, que la versión anterior.
Para quienes consideran que las historias del oeste son predecibles, la gran sorpresa de esta cinta es que, en esta ocasión, el ritmo de la película poco tiene que ver con el género “western”. Los escenarios y los personajes podían parecer comunes: Un árido desierto, pueblos desolados por el crimen, los pistoleros que no temen morir en el siguiente enfrentamiento y la dama en peligro. Pero tal vez lo más sorprendente de este film, es que la historia está contada desde la perspectiva de la pequeña Mattie Ross, quien con un temple insospechado, viaja por el país infestado de delincuentes y convictos, buscando justicia para su padre, que murió a sangre fría supuestamente por una deuda de dos monedas de oro y que hace que todo el contexto quede en segundo plano.
Para lograr su cometido, Mattie, con tan solo 14 años, se escapa de su casa y localiza a Rooster Cogburn, un hombre con un oscuro pasado, -pues se decía que era el alguacil más despiadado del mundo-, para que le ayude a encontrar al asesino y así poder vengar la muerte de su padre.
Después de rogarle una y otra vez y viendo que no era posible quitársela de encima, Rooster accede a ayudar a Mattie a cazar a Tom Chaney. Sin embargo, en el camino de ambos se aparece el policía texano LaBoeuf, un parlanchín justiciero que también quiere atrapar al delincuente, para llevarlo a un tribunal en Texas por crímenes anteriores.
Así, los tres parten a la búsqueda del delincuente, con sólo dos puntos en común: la misión de encontrar al asesino y la obstinación por conseguir aquello que se proponen. Las aventuras y la relación de amistad que se da entre ellos es el centro de la historia y en fin, es lo que probará quien tiene en realidad un temple de acero.
Al estilo de la filmación de los hermanos Coen, esta cinta tiene elementos extraordinarios en las actuaciones y especialmente en la trama de la amistad, que hacen de ésta, una historia con personajes entrañables.
Un relato cuyo motor es el deseo de venganza, el ánimo de hacer justicia por propia mano y la frialdad de cobrar cuentas pendientes a cualquier precio. Este deseo de venganza, que tiene grado de obsesión, responde al dolor y a la indignación, pero responde también al carácter empeñado de los protagonistas, que se conjunta.
Una historia que me hizo reflexionar en la fuerza del carácter, pero también en la confusión que existe al creer que el “carácter” se demuestra con efusivos desplantes, agresiones, desprecios y palabras emitidas con alta voz. El carácter en realidad es cierto que es una fuerza interior y que erróneamente entendido, se encausa las más de las veces para las actitudes que he mencionado. Pero lo más lamentable tal vez sea, que esa manifestación del carácter es la que falsamente creemos que logra ganarse el respeto y la admiración.
El carácter, la verdadera fuerza interior, tiene una expresión radicalmente opuesta y más valiosa. Una manifestación menos “aparatosa” y más elocuente. El carácter realmente se conoce cuando se logra el dominio de uno mismo: en la prudencia, en la capacidad de escuchar con paciencia y aun más profundamente, en las pequeñas renuncias y en la entrega incondicional a los demás.
Es necesaria la misma fuerza interior o aun más, para perdonar que para pelear, para ceder que para ganar, para tomar las cosas que para desprenderse de ellas. Es más fácil consentir un deseo propio que renunciar a él y, más “aplaudido” el que se empeña en “poner a otros en su lugar” que el que es capaz de “ponerse en lugar de los otros”.
Tener la fuerza interior es un don muy grande, un don que a veces no cultivamos en nuestros hijos, ni en nosotros mismos, cuando preferimos acostumbrarnos a la apatía y comodidad de no involucrarnos en nada y no molestarnos por nadie. Pero más importante aun que tener y cultivar la fuerza, es poder darle el cauce más constructivo, el que haga mayor bien, auqnue no sea “aparentemente” el más popular.
El temple es ese proceso de estar en el frio y calor extremos, de saber disfrutar pero también renunciar, de saber ir pero también parar, de saber alcanzar pero poder dar. Es ese contraste el que forja el acero y lo hace inquebrantable. Es ese mismo ejercicio el que nos hace de acero. Y el sentido de esa fuerza es la que determina, si somos verdaderamente humanos.
¿Quebrantable o con temple de acero?
«Temple de acero» es una historia situada en el viejo oeste en 1878. Está basada en la novela de Charles Portis, prolífico escritor que maravilló a los estadounidenses a través de las páginas de esta historia y que, esta vez, es traída a la pantalla grande con mayor fidelidad a la novela, que la versión anterior.
Para quienes consideran que las historias del oeste son predecibles, la gran sorpresa de esta cinta es que, en esta ocasión, el ritmo de la película poco tiene que ver con el género “western”. Los escenarios y los personajes podían parecer comunes: Un árido desierto, pueblos desolados por el crimen, los pistoleros que no temen morir en el siguiente enfrentamiento y la dama en peligro. Pero tal vez lo más sorprendente de este film, es que la historia está contada desde la perspectiva de la pequeña Mattie Ross, quien con un temple insospechado, viaja por el país infestado de delincuentes y convictos, buscando justicia para su padre, que murió a sangre fría supuestamente por una deuda de dos monedas de oro y que hace que todo el contexto quede en segundo plano.
Para lograr su cometido, Mattie, con tan solo 14 años, se escapa de su casa y localiza a Rooster Cogburn, un hombre con un oscuro pasado, -pues se decía que era el alguacil más despiadado del mundo-, para que le ayude a encontrar al asesino y así poder vengar la muerte de su padre.
Después de rogarle una y otra vez y viendo que no era posible quitársela de encima, Rooster accede a ayudar a Mattie a cazar a Tom Chaney. Sin embargo, en el camino de ambos se aparece el policía texano LaBoeuf, un parlanchín justiciero que también quiere atrapar al delincuente, para llevarlo a un tribunal en Texas por crímenes anteriores.
Así, los tres parten a la búsqueda del delincuente, con sólo dos puntos en común: la misión de encontrar al asesino y la obstinación por conseguir aquello que se proponen. Las aventuras y la relación de amistad que se da entre ellos es el centro de la historia y en fin, es lo que probará quien tiene en realidad un temple de acero.
Al estilo de la filmación de los hermanos Coen, esta cinta tiene elementos extraordinarios en las actuaciones y especialmente en la trama de la amistad, que hacen de ésta, una historia con personajes entrañables.
Un relato cuyo motor es el deseo de venganza, el ánimo de hacer justicia por propia mano y la frialdad de cobrar cuentas pendientes a cualquier precio. Este deseo de venganza, que tiene grado de obsesión, responde al dolor y a la indignación, pero responde también al carácter empeñado de los protagonistas, que se conjunta.
Una historia que me hizo reflexionar en la fuerza del carácter, pero también en la confusión que existe al creer que el “carácter” se demuestra con efusivos desplantes, agresiones, desprecios y palabras emitidas con alta voz. El carácter en realidad es cierto que es una fuerza interior y que erróneamente entendido, se encausa las más de las veces para las actitudes que he mencionado. Pero lo más lamentable tal vez sea, que esa manifestación del carácter es la que falsamente creemos que logra ganarse el respeto y la admiración.
El carácter, la verdadera fuerza interior, tiene una expresión radicalmente opuesta y más valiosa. Una manifestación menos “aparatosa” y más elocuente. El carácter realmente se conoce cuando se logra el dominio de uno mismo: en la prudencia, en la capacidad de escuchar con paciencia y aun más profundamente, en las pequeñas renuncias y en la entrega incondicional a los demás.
Es necesaria la misma fuerza interior o aun más, para perdonar que para pelear, para ceder que para ganar, para tomar las cosas que para desprenderse de ellas. Es más fácil consentir un deseo propio que renunciar a él y, más “aplaudido” el que se empeña en “poner a otros en su lugar” que el que es capaz de “ponerse en lugar de los otros”.
Tener la fuerza interior es un don muy grande, un don que a veces no cultivamos en nuestros hijos, ni en nosotros mismos, cuando preferimos acostumbrarnos a la apatía y comodidad de no involucrarnos en nada y no molestarnos por nadie. Pero más importante aun que tener y cultivar la fuerza, es poder darle el cauce más constructivo, el que haga mayor bien, auqnue no sea “aparentemente” el más popular.
El temple es ese proceso de estar en el frio y calor extremos, de saber disfrutar pero también renunciar, de saber ir pero también parar, de saber alcanzar pero poder dar. Es ese contraste el que forja el acero y lo hace inquebrantable. Es ese mismo ejercicio el que nos hace de acero. Y el sentido de esa fuerza es la que determina, si somos verdaderamente humanos.
Subscribe to:
Posts (Atom)