Homilía del Papa en la misa con motivo de los 150 años de las apariciones de Lourdes
"El mensaje de María es un mensaje de esperanza" LOURDES, domingo, 14 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana de este domingo durante la misa con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, presidida por el Papa en la Pradera de los Santuarios. * * * Señores Cardenales, querido monseñor Perrier, queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos peregrinos, hermanos y hermanas "Id y decid a los sacerdotes que vengan en procesión y que se construya aquí una capilla". Éste es el mensaje que Bernadette recibió de la "Hermosa Señora" en las apariciones del 2 de marzo de 1858. Desde hace ciento cincuenta años, los peregrinos nunca han dejado de venir a la gruta de Massabielle para escuchar el mensaje de conversión y esperanza. Y también nosotros, estamos aquí esta mañana a los pies de María, la Virgen Inmaculada, para acudir a su escuela con la pequeña Bernadette. Agradezco muy especialmente a Monseñor Jacques Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes, por la calurosa acogida que me ha brindado y por las amables palabras que me ha dirigido. Saludo a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos y a las religiosas, así como a todos vosotros, queridos peregrinos de Lourdes, especialmente a los enfermos. Habéis venido aquí en gran número para realizar esta peregrinación jubilar conmigo y encomendar a Nuestra Señora vuestras familias, vuestros parientes y amigos y todas vuestras intenciones. Mi gratitud se dirige también a las Autoridades civiles y militares, presentes en esta celebración eucarística. "¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro" (S. Andrés de Creta, Sermón 10, sobre la Exaltación de la Santa Cruz: PG 97,1020). En este día en el que la liturgia de la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Evangelio que acabamos de escuchar, nos recuerda el significado de este gran misterio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para salvar a los hombres (cf. Jn 3,16). El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (cf. Fil 2,8). Por su Cruz hemos sido salvados. El instrumento de suplicio que mostró, el Viernes Santo, el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, signo de reconciliación y de paz. "Para ser curados del pecado, miremos a Cristo crucificado", decía san Agustín (Tratado sobre el Evangelio de san Juan, XII, 11). Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna. La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por los hombres, por nosotros los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sobre este árbol, Jesús nos revela su majestad soberana, nos revela que Él es el exaltado en la gloria. Sí, "venid a adorarlo". En medio de nosotros se encuentra Quien nos ha amado hasta dar su vida por nosotros, Quien invita a todo ser humano a acercarse a Él con confianza. Es el gran misterio que María nos confía también esta mañana invitándonos a volvernos hacia su Hijo. En efecto, es significativo que, en la primera aparición a Bernadette, María comience su encuentro con la señal de la Cruz. Más que un simple signo, Bernadette recibe de María una iniciación a los misterios de la fe. La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza. Este misterio de la universalidad del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes. Ella invita a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación. La Iglesia ha recibido la misión de mostrar a todos el rostro amoroso de Dios, manifestado en Jesucristo. ¿Sabremos comprender que en el Crucificado del Gólgota está nuestra dignidad de hijos de Dios que, empañada por el pecado, nos fue devuelta? Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo. Les encomendamos a María, Madre de Jesús y Madre nuestra, presente al pie de la Cruz. Para acoger en nuestras vidas la Cruz gloriosa, la celebración del jubileo de las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes nos ha permitido entrar en una senda de fe y conversión. Hoy, María sale a nuestro encuentro para indicarnos los caminos de la renovación de la vida de nuestras comunidades y de cada uno de nosotros. Al acoger a su Hijo, que Ella nos muestra, nos sumergimos en una fuente viva en la que la fe puede encontrar un renovado vigor, en la que la Iglesia puede fortalecerse para proclamar cada vez con más audacia el misterio de Cristo. Jesús, nacido de María, es el Hijo de Dios, el único Salvador de todos los hombres, vivo y operante en su Iglesia y en el mundo. La Iglesia ha sido enviada a todo el mundo para proclamar este único mensaje e invitar a los hombres a acogerlo mediante una conversión auténtica del corazón. Esta misión, que fue confiada por Jesús a sus discípulos, recibe aquí, con ocasión de este jubileo, un nuevo impulso. Que siguiendo a los grandes evangelizadores de vuestro País, el espíritu misionero que animó tantos hombres y mujeres de Francia a lo largo de los siglos, sea todavía vuestro orgullo y compromiso. Siguiendo el recorrido jubilar tras las huellas de Bernadette, se nos recuerda lo esencial del mensaje de Lourdes. Bernadette era la primogénita de una familia muy pobre, sin sabiduría ni poder, de salud frágil. María la eligió para transmitir su mensaje de conversión, de oración y penitencia, en total sintonía con la palabra de Jesús: "Porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25). En su camino espiritual, también los cristianos están llamados a desarrollar la gracia de su Bautismo, a alimentarse de la Eucaristía, a sacar de la oración la fuerza para el testimonio y la solidaridad con todos sus hermanos en la humanidad (cf. Homenaje a la Inmaculada Concepción, Plaza de España, 8 diciembre 2007). Es, pues, una auténtica catequesis la que también a nosotros se nos propone, bajo la mirada de María. Dejémonos también nosotros instruir y guiar en el camino que conduce al Reino de su Hijo. Continuando su catequesis, la "Hermosa Señora" revela su nombre a Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción". María le desvela de este modo la gracia extraordinaria que Ella recibió de Dios, la de ser concebida sin pecado, porque "ha mirado la humillación de su esclava" (cf. Lc 1,48). María es la mujer de nuestra tierra que se entregó por completo a Dios y que recibió de Él el privilegio de dar la vida humana a su eterno Hijo. "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Ella es la hermosura transfigurada, la imagen de la nueva humanidad. De esta forma, al presentarse en una dependencia total de Dios, María expresa en realidad una actitud de plena libertad, cimentada en el completo reconocimiento de su genuina dignidad. Este privilegio nos concierne también a nosotros, porque nos desvela nuestra propia dignidad de hombres y mujeres, marcados ciertamente por el pecado, pero salvados en la esperanza, una esperanza que nos permite afrontar nuestra vida cotidiana. Es el camino que María abre también al hombre. Ponerse completamente en manos de Dios, es encontrar el camino de la verdadera libertad. Porque, volviéndose hacia Dios, el hombre llega a ser él mismo. Encuentra su vocación original de persona creada a su imagen y semejanza. Queridos hermanos y hermanas, la vocación primera del santuario de Lourdes es ser un lugar de encuentro con Dios en la oración, y un lugar de servicio fraterno, especialmente por la acogida a los enfermos, a los pobres y a todos los que sufren. En este lugar, María sale a nuestro encuentro como la Madre, siempre disponible a las necesidades de sus hijos. Mediante la luz que brota de su rostro, se trasparenta la misericordia de Dios. Dejemos que su mirada nos acaricie y nos diga que Dios nos ama y nunca nos abandona. María nos recuerda aquí que la oración, intensa y humilde, confiada y perseverante debe tener un puesto central en nuestra vida cristiana. La oración es indispensable para acoger la fuerza de Cristo. "Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción" (Deus caritas est, n. 36). Dejarse absorber por las actividades entraña el riesgo de quitar de la plegaria su especificad cristiana y su verdadera eficacia. En el Rosario, tan querido para Bernadette y los peregrinos en Lourdes, se concentra la profundidad del mensaje evangélico. Nos introduce en la contemplación del rostro de Cristo. De esta oración de los humildes podemos sacar copiosas gracias. La presencia de los jóvenes en Lourdes es también una realidad importante. Queridos amigos aquí presentes esta mañana alrededor de la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud, cuando María recibió la visita del ángel, era una jovencita en Nazaret, que llevaba la vida sencilla y animosa de las mujeres de su pueblo. Y si la mirada de Dios se posó especialmente en Ella, fiándose, María quiere deciros también que nadie es indiferente para Dios. Él os mira con amor a cada uno de vosotros y os llama a una vida dichosa y llena de sentido. No dejéis que las dificultades os descorazonen. María se turbó cuando el ángel le anunció que sería la Madre del Salvador. Ella conocía cuánta era su debilidad ante la omnipotencia de Dios. Sin embargo, dijo "sí" sin vacilar. Y gracias a su sí, la salvación entró en el mundo, cambiando así la historia de la humanidad. Queridos jóvenes, por vuestra parte, no tengáis miedo de decir sí a las llamadas del Señor, cuando Él os invite a seguirlo. Responded generosamente al Señor. Sólo Él puede colmar los anhelos más profundos de vuestro corazón. Sois muchos los que venís a Lourdes para servir esmerada y generosamente a los enfermos o a otros peregrinos, imitando así a Cristo servidor. El servicio a los hermanos y a las hermanas ensancha el corazón y lo hace disponible. En el silencio de la oración, que María sea vuestra confidente, Ella que supo hablar a Bernadette con respeto y confianza. Que María ayude a los llamados al matrimonio a descubrir la belleza de un amor auténtico y profundo, vivido como don recíproco y fiel. A aquellos, entre vosotros, que Él llama a seguirlo en la vocación sacerdotal o religiosa, quisiera decirles la felicidad que existe en entregar la propia vida al servicio de Dios y de los hombres. Que las familias y las comunidades cristianas sean lugares donde puedan nacer y crecer sólidas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo. El mensaje de María es un mensaje de esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de nuestro tiempo, sean del país que sean. Me gusta invocar a María como "Estrella de la esperanza" (Spe salvi, n. 50). En el camino de nuestras vidas, a menudo oscuro, Ella es una luz de esperanza, que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar. Por su sí, por el don generoso de sí misma, Ella abrió a Dios las puertas de nuestro mundo y nuestra historia. Nos invita a vivir como Ella en una esperanza inquebrantable, rechazando escuchar a los que pretenden que nos encerremos en el fatalismo. Nos acompaña con su presencia maternal en medio de las vicisitudes personales, familiares y nacionales. Dichosos los hombres y las mujeres que ponen su confianza en Aquel que, en el momento de ofrecer su vida por nuestra salvación, nos dio a su Madre para que fuera nuestra Madre. Queridos hermanos y hermanas, en Francia, la Madre del Señor es venerada en innumerables santuarios, que manifiestan así la fe transmitida de generación en generación. Celebrada en su Asunción, Ella es la amada patrona de vuestro país. Que Ella sea siempre venerada con fervor en cada una de vuestras familias, de vuestras comunidades religiosas y parroquiales. Que María vele sobre todos los habitantes de vuestro hermoso País y sobre todos los numerosos peregrinos que han venido de otros países a celebrar este jubileo. Que Ella sea para todos la Madre que acompaña a sus hijos tanto en sus gozos como en sus pruebas. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, enséñanos a creer, a esperar y a amar contigo. Muéstranos el camino hacia el Reino de tu Hijo Jesús. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino (cf. Spe salvi, n. 50). Amén. [Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede. Zenit ha añadido el cambio que el Papa hizo en la lectura del texto.© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Homilía del Papa en la misa con motivo de los 150 años de las apariciones de Lourdes
"El mensaje de María es un mensaje de esperanza" LOURDES, domingo, 14 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana de este domingo durante la misa con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, presidida por el Papa en la Pradera de los Santuarios. * * * Señores Cardenales, querido monseñor Perrier, queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos peregrinos, hermanos y hermanas "Id y decid a los sacerdotes que vengan en procesión y que se construya aquí una capilla". Éste es el mensaje que Bernadette recibió de la "Hermosa Señora" en las apariciones del 2 de marzo de 1858. Desde hace ciento cincuenta años, los peregrinos nunca han dejado de venir a la gruta de Massabielle para escuchar el mensaje de conversión y esperanza. Y también nosotros, estamos aquí esta mañana a los pies de María, la Virgen Inmaculada, para acudir a su escuela con la pequeña Bernadette. Agradezco muy especialmente a Monseñor Jacques Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes, por la calurosa acogida que me ha brindado y por las amables palabras que me ha dirigido. Saludo a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos y a las religiosas, así como a todos vosotros, queridos peregrinos de Lourdes, especialmente a los enfermos. Habéis venido aquí en gran número para realizar esta peregrinación jubilar conmigo y encomendar a Nuestra Señora vuestras familias, vuestros parientes y amigos y todas vuestras intenciones. Mi gratitud se dirige también a las Autoridades civiles y militares, presentes en esta celebración eucarística. "¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro" (S. Andrés de Creta, Sermón 10, sobre la Exaltación de la Santa Cruz: PG 97,1020). En este día en el que la liturgia de la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Evangelio que acabamos de escuchar, nos recuerda el significado de este gran misterio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para salvar a los hombres (cf. Jn 3,16). El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (cf. Fil 2,8). Por su Cruz hemos sido salvados. El instrumento de suplicio que mostró, el Viernes Santo, el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, signo de reconciliación y de paz. "Para ser curados del pecado, miremos a Cristo crucificado", decía san Agustín (Tratado sobre el Evangelio de san Juan, XII, 11). Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna. La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por los hombres, por nosotros los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sobre este árbol, Jesús nos revela su majestad soberana, nos revela que Él es el exaltado en la gloria. Sí, "venid a adorarlo". En medio de nosotros se encuentra Quien nos ha amado hasta dar su vida por nosotros, Quien invita a todo ser humano a acercarse a Él con confianza. Es el gran misterio que María nos confía también esta mañana invitándonos a volvernos hacia su Hijo. En efecto, es significativo que, en la primera aparición a Bernadette, María comience su encuentro con la señal de la Cruz. Más que un simple signo, Bernadette recibe de María una iniciación a los misterios de la fe. La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados. El poder del amor es más fuerte que el mal que nos amenaza. Este misterio de la universalidad del amor de Dios por los hombres, es el que María reveló aquí, en Lourdes. Ella invita a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación. La Iglesia ha recibido la misión de mostrar a todos el rostro amoroso de Dios, manifestado en Jesucristo. ¿Sabremos comprender que en el Crucificado del Gólgota está nuestra dignidad de hijos de Dios que, empañada por el pecado, nos fue devuelta? Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo. Les encomendamos a María, Madre de Jesús y Madre nuestra, presente al pie de la Cruz. Para acoger en nuestras vidas la Cruz gloriosa, la celebración del jubileo de las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes nos ha permitido entrar en una senda de fe y conversión. Hoy, María sale a nuestro encuentro para indicarnos los caminos de la renovación de la vida de nuestras comunidades y de cada uno de nosotros. Al acoger a su Hijo, que Ella nos muestra, nos sumergimos en una fuente viva en la que la fe puede encontrar un renovado vigor, en la que la Iglesia puede fortalecerse para proclamar cada vez con más audacia el misterio de Cristo. Jesús, nacido de María, es el Hijo de Dios, el único Salvador de todos los hombres, vivo y operante en su Iglesia y en el mundo. La Iglesia ha sido enviada a todo el mundo para proclamar este único mensaje e invitar a los hombres a acogerlo mediante una conversión auténtica del corazón. Esta misión, que fue confiada por Jesús a sus discípulos, recibe aquí, con ocasión de este jubileo, un nuevo impulso. Que siguiendo a los grandes evangelizadores de vuestro País, el espíritu misionero que animó tantos hombres y mujeres de Francia a lo largo de los siglos, sea todavía vuestro orgullo y compromiso. Siguiendo el recorrido jubilar tras las huellas de Bernadette, se nos recuerda lo esencial del mensaje de Lourdes. Bernadette era la primogénita de una familia muy pobre, sin sabiduría ni poder, de salud frágil. María la eligió para transmitir su mensaje de conversión, de oración y penitencia, en total sintonía con la palabra de Jesús: "Porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25). En su camino espiritual, también los cristianos están llamados a desarrollar la gracia de su Bautismo, a alimentarse de la Eucaristía, a sacar de la oración la fuerza para el testimonio y la solidaridad con todos sus hermanos en la humanidad (cf. Homenaje a la Inmaculada Concepción, Plaza de España, 8 diciembre 2007). Es, pues, una auténtica catequesis la que también a nosotros se nos propone, bajo la mirada de María. Dejémonos también nosotros instruir y guiar en el camino que conduce al Reino de su Hijo. Continuando su catequesis, la "Hermosa Señora" revela su nombre a Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción". María le desvela de este modo la gracia extraordinaria que Ella recibió de Dios, la de ser concebida sin pecado, porque "ha mirado la humillación de su esclava" (cf. Lc 1,48). María es la mujer de nuestra tierra que se entregó por completo a Dios y que recibió de Él el privilegio de dar la vida humana a su eterno Hijo. "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Ella es la hermosura transfigurada, la imagen de la nueva humanidad. De esta forma, al presentarse en una dependencia total de Dios, María expresa en realidad una actitud de plena libertad, cimentada en el completo reconocimiento de su genuina dignidad. Este privilegio nos concierne también a nosotros, porque nos desvela nuestra propia dignidad de hombres y mujeres, marcados ciertamente por el pecado, pero salvados en la esperanza, una esperanza que nos permite afrontar nuestra vida cotidiana. Es el camino que María abre también al hombre. Ponerse completamente en manos de Dios, es encontrar el camino de la verdadera libertad. Porque, volviéndose hacia Dios, el hombre llega a ser él mismo. Encuentra su vocación original de persona creada a su imagen y semejanza. Queridos hermanos y hermanas, la vocación primera del santuario de Lourdes es ser un lugar de encuentro con Dios en la oración, y un lugar de servicio fraterno, especialmente por la acogida a los enfermos, a los pobres y a todos los que sufren. En este lugar, María sale a nuestro encuentro como la Madre, siempre disponible a las necesidades de sus hijos. Mediante la luz que brota de su rostro, se trasparenta la misericordia de Dios. Dejemos que su mirada nos acaricie y nos diga que Dios nos ama y nunca nos abandona. María nos recuerda aquí que la oración, intensa y humilde, confiada y perseverante debe tener un puesto central en nuestra vida cristiana. La oración es indispensable para acoger la fuerza de Cristo. "Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción" (Deus caritas est, n. 36). Dejarse absorber por las actividades entraña el riesgo de quitar de la plegaria su especificad cristiana y su verdadera eficacia. En el Rosario, tan querido para Bernadette y los peregrinos en Lourdes, se concentra la profundidad del mensaje evangélico. Nos introduce en la contemplación del rostro de Cristo. De esta oración de los humildes podemos sacar copiosas gracias. La presencia de los jóvenes en Lourdes es también una realidad importante. Queridos amigos aquí presentes esta mañana alrededor de la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud, cuando María recibió la visita del ángel, era una jovencita en Nazaret, que llevaba la vida sencilla y animosa de las mujeres de su pueblo. Y si la mirada de Dios se posó especialmente en Ella, fiándose, María quiere deciros también que nadie es indiferente para Dios. Él os mira con amor a cada uno de vosotros y os llama a una vida dichosa y llena de sentido. No dejéis que las dificultades os descorazonen. María se turbó cuando el ángel le anunció que sería la Madre del Salvador. Ella conocía cuánta era su debilidad ante la omnipotencia de Dios. Sin embargo, dijo "sí" sin vacilar. Y gracias a su sí, la salvación entró en el mundo, cambiando así la historia de la humanidad. Queridos jóvenes, por vuestra parte, no tengáis miedo de decir sí a las llamadas del Señor, cuando Él os invite a seguirlo. Responded generosamente al Señor. Sólo Él puede colmar los anhelos más profundos de vuestro corazón. Sois muchos los que venís a Lourdes para servir esmerada y generosamente a los enfermos o a otros peregrinos, imitando así a Cristo servidor. El servicio a los hermanos y a las hermanas ensancha el corazón y lo hace disponible. En el silencio de la oración, que María sea vuestra confidente, Ella que supo hablar a Bernadette con respeto y confianza. Que María ayude a los llamados al matrimonio a descubrir la belleza de un amor auténtico y profundo, vivido como don recíproco y fiel. A aquellos, entre vosotros, que Él llama a seguirlo en la vocación sacerdotal o religiosa, quisiera decirles la felicidad que existe en entregar la propia vida al servicio de Dios y de los hombres. Que las familias y las comunidades cristianas sean lugares donde puedan nacer y crecer sólidas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo. El mensaje de María es un mensaje de esperanza para todos los hombres y para todas las mujeres de nuestro tiempo, sean del país que sean. Me gusta invocar a María como "Estrella de la esperanza" (Spe salvi, n. 50). En el camino de nuestras vidas, a menudo oscuro, Ella es una luz de esperanza, que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar. Por su sí, por el don generoso de sí misma, Ella abrió a Dios las puertas de nuestro mundo y nuestra historia. Nos invita a vivir como Ella en una esperanza inquebrantable, rechazando escuchar a los que pretenden que nos encerremos en el fatalismo. Nos acompaña con su presencia maternal en medio de las vicisitudes personales, familiares y nacionales. Dichosos los hombres y las mujeres que ponen su confianza en Aquel que, en el momento de ofrecer su vida por nuestra salvación, nos dio a su Madre para que fuera nuestra Madre. Queridos hermanos y hermanas, en Francia, la Madre del Señor es venerada en innumerables santuarios, que manifiestan así la fe transmitida de generación en generación. Celebrada en su Asunción, Ella es la amada patrona de vuestro país. Que Ella sea siempre venerada con fervor en cada una de vuestras familias, de vuestras comunidades religiosas y parroquiales. Que María vele sobre todos los habitantes de vuestro hermoso País y sobre todos los numerosos peregrinos que han venido de otros países a celebrar este jubileo. Que Ella sea para todos la Madre que acompaña a sus hijos tanto en sus gozos como en sus pruebas. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, enséñanos a creer, a esperar y a amar contigo. Muéstranos el camino hacia el Reino de tu Hijo Jesús. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino (cf. Spe salvi, n. 50). Amén. [Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede. Zenit ha añadido el cambio que el Papa hizo en la lectura del texto.© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
P. Roberto Mena S.T. es un Siervo Misionero de la Santisima Trinidad, originario de Guatemala, Centroamérica. Es el Director Hispano de Comunicaciones de los Siervos Misioneros en Silver Spring, Maryland. Ayuda los fines de semana como Pastor Asistente en la Parroquia San Bernardo de Riverdale Park, Maryland. Tiene programas radiales en www.esneradio.com y ewtn radio www.ewtn.com
Sunday, September 14, 2008
mensaje del Papa en la procesion de las antorchas.
Discurso de Benedicto al concluir la procesión de las antorchas en Lourdes
Querido Monseñor Perrier, obispo de Tarbes y Lourdes,queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio,queridos peregrinos, queridos hermanos y hermanasHace ciento cincuenta años, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven "hermosa, la más hermosa". La mujer le habló con dulzura y bondad, respeto y confianza: "Me hablaba de usted (narra Bernadette)... ¿Querrá usted venir aquí durante quince días? (le pregunta la Señora)... Me miró como una persona que habla a otra persona". En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión. No es de extrañar que María fuera hermosa, porque, en las apariciones del 25 de marzo de 1858, ella misma revela su nombre de este modo: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Contemplemos también nosotros a esta Mujer vestida de sol de la que nos habla la Escritura (cf. Ap 12,1). La Santísima Virgen María, la Mujer gloriosa del Apocalipsis, lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas que representan las doce tribus de Israel, todo el pueblo de Dios, toda la comunión de los santos, y a sus pies la Luna, imagen de la muerte y la mortalidad. María ha dejado atrás la muerte, está completamente revestida de vida, la vida de su Hijo, Cristo resucitado. Así es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, dejándola que nos lleve a Dios que es el vencedor.Muchos fueron testigos: el encuentro con el rostro luminoso de Bernadette conmovía los corazones y las miradas. Tanto durante las apariciones mismas como cuando las contaba, su rostro era radiante. Bernadette estaba transida ya por la luz de Massabielle. La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensión, de rechazo y pobreza. Aunque no faltara amor y calor en el trato familiar, era difícil vivir en aquella especie de mazmorra. Sin embargo, las sombras terrenas no impedían que la luz del cielo brillara. "La luz brilla en la tiniebla" (Jn 1, 5). Lourdes es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aquí del símbolo de la luz. Desde la cuarta aparición, Bernadette, al llegar a la gruta, encendía cada mañana una vela bendecida y la tenía en la mano izquierda mientras se aparecía la Virgen. Muy pronto, la gente comenzó a dar a Bernadette una vela para que la pusiera en tierra al fondo de la gruta. Por eso muy pronto, algunos comenzaron a poner velas en este lugar de luz y de paz. La misma Madre de Dios hizo saber que le agradaba este homenaje de miles de antorchas que, desde entonces, mantienen iluminada sin cesar, para su gloria, la roca de la aparición. Desde entonces, ante la gruta, día y noche, verano e invierno, un enramado ardiente brilla rodeado de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza. Al venir en peregrinación aquí, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercanía entre el cielo y la tierra que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. Hay que destacar que, durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de María, que se une a ella en el momento de la doxología. Este hecho confirma en realidad el carácter profundamente teocéntrico de la oración del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, María nos ofrece su corazón y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II vino aquí, a Lourdes, en dos ocasiones. Sabemos cuánto se apoyaba su oración en la intercesión de la Virgen María, tanto en su vida como en su ministerio. Como muchos de sus Predecesores en la sede de Pedro, también él promovió vivamente la oración del Rosario; lo hizo, entre otras, de una forma muy singular, enriqueciendo el Santo Rosario con la meditación de los Misterios Luminosos. Están representados en los nuevos mosaicos de la fachada de la Basílica inaugurados el año pasado. Como con todos los acontecimientos de la vida de Cristo que Ella "conservaba meditándolos en su corazón" (cf. Lc 2,19), María nos hace comprender todas las etapas del ministerio público como parte integrante de la revelación de la gloria de Dios. Lourdes, tierra de luz, sigue siendo una escuela para aprender a rezar el Rosario, que inicia al discípulo de Jesús, bajo la mirada de su Madre, en un diálogo cordial y verdadero con su Maestro. Por boca de Bernadette, oímos a la Virgen María que nos pide venir aquí en procesión para orar con fervor y sencillez. La procesión de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oración: en la comunión de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del diálogo entre el hombre y su Señor, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos sus momentos más oscuros. Esta procesión es un momento de gran alegría eclesial, pero también de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comunión con todos los que sufren. Pensamos en las víctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresión, de la violación de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos también en quienes tienen arduos problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situación de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por Él. María nos enseña a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con María, nuestro corazón acoge a los que sufren. ¿Cómo es posible que nuestra vida no se transforme de inmediato? ¿Cómo nuestro ser y nuestra vida entera pueden dejar de convertirse en lugar de hospitalidad para nuestro prójimo? Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comunión, esperanza y conversión. Al caer la noche, hoy Jesús nos dice: "Tened encendidas vuestras lámparas" (cf. Lc 12,35); la lámpara de la fe, de la oración, de la esperanza y del amor. El gesto de caminar de noche llevando la luz, habla con fuerza a nuestra intimidad más honda, toca nuestro corazón y es más elocuente que cualquier palabra dicha u oída. El gesto resume por sí solo nuestra condición de cristianos en camino: necesitamos la luz y, a la vez, estamos llamados a ser luz. El pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como guía para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados y repetimos la súplica del ciego Bartimeo: "Maestro, que pueda ver" (Mc 10, 51). Haz que vea el pecado que me encadena, pero sobre todo, Señor, que vea tu gloria. Sabemos que nuestra oración ya ha sido escuchada y damos gracias porque, como dice San Pablo en su Carta a los Efesios, "Cristo será tu luz" (Ef 5,14), y San Pedro y añade: "[Dios] os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa" (1 P 2,9). A nosotros, que no somos la luz, Cristo puede decirnos a partir de ahora: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,14), encomendándonos la tarea de hacer brillar la luz de la caridad. Como escribe el Apóstol san Juan: "El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay nada que lo haga caer" (1 Jn 2,10). Vivir el amor cristiano es al mismo tiempo hacer entrar en el mundo la luz de Dios e indicar su verdadero origen. Así lo dice San León Magno: "En efecto, todo el que vive pía y castamente en la Iglesia, que aspira a las cosas de lo alto y no a las de la tierra (cf. Col 3,2), es en cierto modo como la luz celeste; en cuanto observa él mismo el fulgor de una vida santa, muestra a muchos, como una estrella, el camino hacia Dios" (Sermón III, 5). En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen María hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los pequeños, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocación: Basta con amar. Mañana, la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz nos hará entrar precisamente en el corazón de este misterio. En esta vigilia, nuestra mirada se dirige hacia el signo de la Nueva Alianza en la que converge toda la vida de Jesús. La Cruz constituye el supremo y perfecto acto de amor de Jesús, que da la vida por sus amigos. "Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15).Anunciada ya en los Cantos del Siervo de Dios, la muerte de Jesús es una muerte que se convierte en luz para los pueblos; una muerte que, en relación con la liturgia de expiación, trae la reconciliación, la muerte que marca el fin de la muerte. Desde entonces, la Cruz es signo de esperanza, el estandarte de la victoria de Jesús "Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (Jn 3,16). Toda nuestra vida recibe luz, fuerza y esperanza por la Cruz. Por ella se revela toda la hondura de amor que encierra el designio original del Creador; por ella, todo es sanado y llevado a su plenitud. Por eso la vida en la fe en Cristo muerto y resucitado se convierte en luz. Las apariciones estuvieron rodeadas por la luz y Dios ha querido encender en la mirada de Bernadette una llama que ha convertido innumerables corazones. ¿Cuántos vienen aquí para ver, esperando quizás secretamente recibir alguna gracia; después, en el camino de regreso, habiendo hecho una experiencia espiritual de vida auténticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a sí mismos. Les llena una pequeña llama con el nombre de esperanza, compasión, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen María puede cambiar una vida, pues están presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz. Que la Virgen María y Santa Bernadette os ayuden a vivir como hijos de la luz para ser testigos cada día en vuestra vida de que Cristo es nuestra luz, nuestra esperanza y nuestra vida. Amén.
LOURDES, sábado, 13 septiembre 2008 discurso que Benedicto XVI pronunció en la noche de este sábado, al concluir la procesión de las antorchas.
[Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede.
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS080913
Oremos por nuestro Santo Padre
Oh Dios, que para suceder al apóstol san Pedro, elegiste a tu siervo Benedicto XVI como pastor de tu grey, escucha la plegaria de tu pueblo y haz que nuestro Papa, vicario de Cristo en la tierra,confirme en la fe a todos los hermanos, y que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, del amor y de la paz para que todos encuentren en ti, Pastor de los hombres, la verdad y la vida eterna.
Querido Monseñor Perrier, obispo de Tarbes y Lourdes,queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio,queridos peregrinos, queridos hermanos y hermanasHace ciento cincuenta años, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven "hermosa, la más hermosa". La mujer le habló con dulzura y bondad, respeto y confianza: "Me hablaba de usted (narra Bernadette)... ¿Querrá usted venir aquí durante quince días? (le pregunta la Señora)... Me miró como una persona que habla a otra persona". En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión. No es de extrañar que María fuera hermosa, porque, en las apariciones del 25 de marzo de 1858, ella misma revela su nombre de este modo: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Contemplemos también nosotros a esta Mujer vestida de sol de la que nos habla la Escritura (cf. Ap 12,1). La Santísima Virgen María, la Mujer gloriosa del Apocalipsis, lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas que representan las doce tribus de Israel, todo el pueblo de Dios, toda la comunión de los santos, y a sus pies la Luna, imagen de la muerte y la mortalidad. María ha dejado atrás la muerte, está completamente revestida de vida, la vida de su Hijo, Cristo resucitado. Así es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, dejándola que nos lleve a Dios que es el vencedor.Muchos fueron testigos: el encuentro con el rostro luminoso de Bernadette conmovía los corazones y las miradas. Tanto durante las apariciones mismas como cuando las contaba, su rostro era radiante. Bernadette estaba transida ya por la luz de Massabielle. La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensión, de rechazo y pobreza. Aunque no faltara amor y calor en el trato familiar, era difícil vivir en aquella especie de mazmorra. Sin embargo, las sombras terrenas no impedían que la luz del cielo brillara. "La luz brilla en la tiniebla" (Jn 1, 5). Lourdes es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aquí del símbolo de la luz. Desde la cuarta aparición, Bernadette, al llegar a la gruta, encendía cada mañana una vela bendecida y la tenía en la mano izquierda mientras se aparecía la Virgen. Muy pronto, la gente comenzó a dar a Bernadette una vela para que la pusiera en tierra al fondo de la gruta. Por eso muy pronto, algunos comenzaron a poner velas en este lugar de luz y de paz. La misma Madre de Dios hizo saber que le agradaba este homenaje de miles de antorchas que, desde entonces, mantienen iluminada sin cesar, para su gloria, la roca de la aparición. Desde entonces, ante la gruta, día y noche, verano e invierno, un enramado ardiente brilla rodeado de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza. Al venir en peregrinación aquí, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercanía entre el cielo y la tierra que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. Hay que destacar que, durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de María, que se une a ella en el momento de la doxología. Este hecho confirma en realidad el carácter profundamente teocéntrico de la oración del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, María nos ofrece su corazón y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II vino aquí, a Lourdes, en dos ocasiones. Sabemos cuánto se apoyaba su oración en la intercesión de la Virgen María, tanto en su vida como en su ministerio. Como muchos de sus Predecesores en la sede de Pedro, también él promovió vivamente la oración del Rosario; lo hizo, entre otras, de una forma muy singular, enriqueciendo el Santo Rosario con la meditación de los Misterios Luminosos. Están representados en los nuevos mosaicos de la fachada de la Basílica inaugurados el año pasado. Como con todos los acontecimientos de la vida de Cristo que Ella "conservaba meditándolos en su corazón" (cf. Lc 2,19), María nos hace comprender todas las etapas del ministerio público como parte integrante de la revelación de la gloria de Dios. Lourdes, tierra de luz, sigue siendo una escuela para aprender a rezar el Rosario, que inicia al discípulo de Jesús, bajo la mirada de su Madre, en un diálogo cordial y verdadero con su Maestro. Por boca de Bernadette, oímos a la Virgen María que nos pide venir aquí en procesión para orar con fervor y sencillez. La procesión de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oración: en la comunión de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del diálogo entre el hombre y su Señor, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos sus momentos más oscuros. Esta procesión es un momento de gran alegría eclesial, pero también de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comunión con todos los que sufren. Pensamos en las víctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresión, de la violación de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos también en quienes tienen arduos problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situación de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por Él. María nos enseña a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con María, nuestro corazón acoge a los que sufren. ¿Cómo es posible que nuestra vida no se transforme de inmediato? ¿Cómo nuestro ser y nuestra vida entera pueden dejar de convertirse en lugar de hospitalidad para nuestro prójimo? Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comunión, esperanza y conversión. Al caer la noche, hoy Jesús nos dice: "Tened encendidas vuestras lámparas" (cf. Lc 12,35); la lámpara de la fe, de la oración, de la esperanza y del amor. El gesto de caminar de noche llevando la luz, habla con fuerza a nuestra intimidad más honda, toca nuestro corazón y es más elocuente que cualquier palabra dicha u oída. El gesto resume por sí solo nuestra condición de cristianos en camino: necesitamos la luz y, a la vez, estamos llamados a ser luz. El pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como guía para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados y repetimos la súplica del ciego Bartimeo: "Maestro, que pueda ver" (Mc 10, 51). Haz que vea el pecado que me encadena, pero sobre todo, Señor, que vea tu gloria. Sabemos que nuestra oración ya ha sido escuchada y damos gracias porque, como dice San Pablo en su Carta a los Efesios, "Cristo será tu luz" (Ef 5,14), y San Pedro y añade: "[Dios] os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa" (1 P 2,9). A nosotros, que no somos la luz, Cristo puede decirnos a partir de ahora: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,14), encomendándonos la tarea de hacer brillar la luz de la caridad. Como escribe el Apóstol san Juan: "El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay nada que lo haga caer" (1 Jn 2,10). Vivir el amor cristiano es al mismo tiempo hacer entrar en el mundo la luz de Dios e indicar su verdadero origen. Así lo dice San León Magno: "En efecto, todo el que vive pía y castamente en la Iglesia, que aspira a las cosas de lo alto y no a las de la tierra (cf. Col 3,2), es en cierto modo como la luz celeste; en cuanto observa él mismo el fulgor de una vida santa, muestra a muchos, como una estrella, el camino hacia Dios" (Sermón III, 5). En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen María hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los pequeños, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocación: Basta con amar. Mañana, la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz nos hará entrar precisamente en el corazón de este misterio. En esta vigilia, nuestra mirada se dirige hacia el signo de la Nueva Alianza en la que converge toda la vida de Jesús. La Cruz constituye el supremo y perfecto acto de amor de Jesús, que da la vida por sus amigos. "Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15).Anunciada ya en los Cantos del Siervo de Dios, la muerte de Jesús es una muerte que se convierte en luz para los pueblos; una muerte que, en relación con la liturgia de expiación, trae la reconciliación, la muerte que marca el fin de la muerte. Desde entonces, la Cruz es signo de esperanza, el estandarte de la victoria de Jesús "Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (Jn 3,16). Toda nuestra vida recibe luz, fuerza y esperanza por la Cruz. Por ella se revela toda la hondura de amor que encierra el designio original del Creador; por ella, todo es sanado y llevado a su plenitud. Por eso la vida en la fe en Cristo muerto y resucitado se convierte en luz. Las apariciones estuvieron rodeadas por la luz y Dios ha querido encender en la mirada de Bernadette una llama que ha convertido innumerables corazones. ¿Cuántos vienen aquí para ver, esperando quizás secretamente recibir alguna gracia; después, en el camino de regreso, habiendo hecho una experiencia espiritual de vida auténticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a sí mismos. Les llena una pequeña llama con el nombre de esperanza, compasión, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen María puede cambiar una vida, pues están presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz. Que la Virgen María y Santa Bernadette os ayuden a vivir como hijos de la luz para ser testigos cada día en vuestra vida de que Cristo es nuestra luz, nuestra esperanza y nuestra vida. Amén.
LOURDES, sábado, 13 septiembre 2008 discurso que Benedicto XVI pronunció en la noche de este sábado, al concluir la procesión de las antorchas.
[Traducción del original en francés distribuida por la Santa Sede.
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS080913
Oremos por nuestro Santo Padre
Oh Dios, que para suceder al apóstol san Pedro, elegiste a tu siervo Benedicto XVI como pastor de tu grey, escucha la plegaria de tu pueblo y haz que nuestro Papa, vicario de Cristo en la tierra,confirme en la fe a todos los hermanos, y que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, del amor y de la paz para que todos encuentren en ti, Pastor de los hombres, la verdad y la vida eterna.
Saturday, September 13, 2008
el Papa invita a sacerdotes a meditar la Biblia
En su homilía en la catedral de Notre Dame el Papa invita a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos a dedicar tiempo a la lectura y meditación de la Escritura
Viernes, 12 ago (RV).- Tras su encuentro con el mundo de la cultura, Benedicto XVI se ha dirigido a la catedral de Notre Dame donde ha celebrado la homilía con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos. El Santo Padre ha recordado la visita a este templo de sus predecesores, los Papas Pío VII y Juan Pablo II, expresando su felicidad por poder seguir sus huellas.Después de hacer un recorrido por la historia de la catedral, el Papa ha invitado a que todos seamos constructores de la casa que es la Iglesia: “Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora, pero es sólo Dios quien, en nosotros, edifica”. Y para ser verdaderos apóstoles, Benedicto XVI ha señalado que Dios nos ha donado su palabra, invitando a las 2.000 personas reunidas en Notre Dame a dedicar tiempo a la lectura y meditación de la Escritura. El Santo Padre ha finalizado su homilía rogando por la unidad de la Iglesia y recordando que en Notre Dame “tenemos el más hermoso ejemplo de fidelidad a la Palabra divina”.A continuación les ofrecemos el texto íntegro de la homilía: Queridos Hermanos Cardenales y Obispos,Señores Canónigos del Cabildo Catedral,Señores Capellanes de Notre-Dame,Queridos Sacerdotes y Diáconos,Queridos amigos miembros de las Iglesias y comunidades eclesiales no católicas,Queridos hermanos y hermanas Bendito sea Dios que nos permite encontrarnos en un lugar tan entrañable para los parisinos, pero también para todos los franceses. Bendito sea Dios, que nos da la gracia de ofrecerle nuestra oración vespertina para alabarlo como se merece con las palabras que la liturgia de la Iglesia ha heredado de la liturgia sinagogal celebrada por Cristo y sus primeros discípulos. Sí, bendito sea Dios por venir en nuestro auxilio –in adiutorium nostrum- y ayudarnos a realizar la ofrenda del sacrificio de nuestros labios.Estamos en la Iglesia Madre de la Diócesis de París, la catedral de Notre-Dame, que se yergue en el corazón de la cité como un signo vivo de la presencia de Dios en medio de los hombres. Mi Predecesor Alejandro III puso la primera piedra, los Papas Pío VII y Juan Pablo II la honraron con su visita, y estoy feliz de seguir sus huellas, después de haber estado aquí hace un cuarto de siglo para dictar una conferencia sobre catequesis. Es difícil no dar gracias a Aquel que ha creado tanto la materia como el espíritu, por la belleza del edificio que nos acoge. Los cristianos de Lutecia ya habían construido una catedral dedicada a san Esteban, protomártir, pero, al quedar demasiado pequeña, paulatinamente fue reemplazada, entre los siglos XII al XIV, por la que admiramos actualmente. La fe de la Edad Media edificó catedrales, y vuestros antepasados vinieron aquí para alabar a Dios, encomendarle sus esperanzas y profesarle su amor. Grandes acontecimientos religiosos y civiles se desarrollaron en este santuario, en el que los arquitectos, los pintores, los escultores y los músicos aportaron lo mejor de sí mismos. Baste recordar, entre otros, los nombres del arquitecto Jean de Chelles, del pintor Charles Le Brun, del escultor Nicolas Coustou y de los organistas Louis Vierne y Pierre Cochereau. El arte, camino hacia Dios, y la oración coral, alabanza de la Iglesia al Creador, ayudaron a Paul Claudel, que asistía a las Vísperas del día de Navidad de 1886, a encontrar el camino hacia una experiencia personal de Dios. Es significativo que Dios haya iluminado su alma precisamente durante el canto del Magnificat, en el que la Iglesia escucha el canto de la Virgen María, Patrona de estas tierras, que recuerda al mundo que el Todopoderoso ha enaltecido a los humildes (cf. Lc 1,52). Teatro de conversiones menos conocidas, pero no menos reales, cátedra donde predicadores del Evangelio, como los Padres Lacordaire, Monsabré y Samson, supieron transmitir la llama de su pasión a los auditorios más variados, la catedral de Notre-Dame permanece con razón como uno de los monumentos más célebres del patrimonio de vuestro país. Las reliquias del Lignum Crucis y de la corona de espinas, que acabo de venerar, como es costumbre desde San Luis, han encontrado hoy un cofre digno de ellas, que constituye la ofrenda del espíritu humano al Amor creador.Bajo las bóvedas de esta histórica catedral, testigo de la constante comunicación que Dios ha querido entablar entre los hombres y Él, la Palabra acaba de resonar bajo estas bóvedas para ser la materia de nuestro sacrificio vespertino, evidenciado por la ofrenda del incienso que hace visible la alabanza a Dios. Providencialmente, las palabras del salmista describen la emoción de nuestra alma con una precisión que no nos habríamos atrevido a imaginar: “¡Qué alegría cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’!” (Sal 121,1). Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: el gozo del salmista, contenido en estas palabras del salmo, se expande en nuestros corazones y suscita en ellos un eco profundo. Alegría en ir a la casa del Señor, porque, los Padres nos lo han enseñado, esta casa no es más que el símbolo concreto de la Jerusalén de arriba, la que desciende hacia nosotros (cf. Ap 21,2) para ofrecernos la más bella de las moradas. “Si moramos en ella –escribe san Hilario de Poitiers-, somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, porque es la casa de Dios” (Tratado sobre los salmos, 121,2). Y San Agustín reafirma: “Este salmo aspira a la Jerusalén celeste. Es uno de los cánticos graduales, que no se compusieron para bajar, sino para subir. En nuestro exilio, suspiramos, en la patria gozaremos; pero a veces, durante nuestro exilio, nos encontramos con compañeros que han visto la ciudad santa y que nos invitan a correr hacia ella” (Comentario sobre los salmos, 121, 2). Queridos amigos, durante estas vísperas, nos unimos con el pensamiento y la oración a las innumerables voces de los que han cantado este salmo, aquí mismo, antes que nosotros, desde hace siglos y siglos. Nos unimos a los peregrinos que subían a Jerusalén y las gradas de su templo, nos unimos a los millares de hombres y mujeres que comprendieron que su peregrinación en la tierra encuentra su meta en el cielo, en la Jerusalén eterna, y que confiaron en Cristo como guía. ¡Qué gozo, pues, saber que estamos rodeados por tan gran muchedumbre de testigos!Nuestra peregrinación hacia la ciudad santa no sería posible, si no se hiciera como Iglesia, semilla y prefiguración de la Jerusalén de arriba. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 126,1). Quién es este Señor sino Nuestro Señor Jesucristo. Fue Él quien fundó la Iglesia, quien la ha edificado sobre la roca, sobre la fe del Apóstol Pedro. Como dice también san Agustín: “Es el Señor Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero, si Él no construye, en vano se cansan los albañiles” (Comentarios sobre los salmos, 126,2). Ahora bien, queridos amigos, Agustín se plantea la cuestión de saber quiénes son los albañiles, y él mismo responde: “Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora”; pero es sólo Dios quien, en nosotros, “edifica, quien exhorta, quien amonesta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a las verdades de la fe” (Ibid.). ¡Qué maravilla reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Espíritu; Dios tiene la humildad de pasar a través de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz después de haber vuelto el oído a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos. En verdad, como dice Pablo a los Efesios: “Él nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales” (1,3), ya que nos ha escogido para ser sus testigos hasta los confines de la tierra y nos ha elegido antes de nuestra concepción, por un don misterioso de su gracia.Su Palabra, el Verbo, que desde siempre esta junto a Él (cf. Jn 1,1), nació de una mujer, nacido bajo la Ley, “para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción (Ga 4,4-5). El Hijo de Dios se encarnó en el seno de una Mujer, de una Virgen. Vuestra catedral es un himno vivo de piedra y de luz para alabanza de este acto único de la historia humana: la Palabra eterna de Dios entrando en la historia de los hombres en la plenitud de los tiempos para rescatarlos por la ofrenda de sí mismo en el sacrificio de la Cruz. Las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebración de un Acto único de la historia, no alcanzarán jamás a expresar totalmente su infinita densidad. En efecto, la belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir.Desde ahora, la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. Cada mañana, la Palabra nos despierta. Cada mañana, el Señor mismo nos “espabila el oído” (Is 50,5) para los salmos del Oficio de Lecturas y Laudes. A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oración de toda la Iglesia, que desea así dar testimonio de su fidelidad a Cristo. Según la célebre fórmula de san Jerónimo, que será retomada por la XII Asamblea del Sínodo de los Obispos, en el próximo mes de octubre: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo” (Prólogo del comentario a Isaías). Queridos hermanos sacerdotes, no tengáis miedo de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditación de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra leída y meditada en la Iglesia actúa sobre vosotros y os transforma. Como manifestación de la Sabiduría de Dios, si se transforma en la “compañera” de vuestra vida, será vuestra “compañera en la prosperidad”, vuestro “alivio en las preocupaciones y tristezas” (Sab 8,9).“La Palabra de Dios es viva y eficaz; más tajante que espada de doble filo”, como escribe el autor de la Carta a los Hebreos (4,12). A vosotros, queridos seminaristas, que os preparáis para recibir el Sacramento del Orden, para participar en el triple oficio de enseñar, regir y santificar, esta Palabra se os entrega como un bien precioso. Gracias a ella, meditándola cotidianamente, entráis en la vida misma de Cristo que estáis llamados a proclamar a vuestro alrededor. Con su Palabra, el Señor Jesús instituyó el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre; con su Palabra, curó a los enfermos, expulsó a los demonios, perdonó los pecados; por su Palabra, reveló a los hombres los misterios escondidos del Reino. Estáis destinados a ser depositarios de esta Palabra eficaz, que hace lo que dice. Conservad siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontréis en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar.Y vosotros, queridos Diáconos, colaboradores eficaces de los Obispos y Sacerdotes, continuad amando la Palabra de Dios: proclamáis el Evangelio en la celebración eucarística; lo comentáis en la catequesis a vuestros hermanos y hermanas; ponedlo en el centro de vuestra vida, de vuestro servicio al prójimo, de toda vuestra diaconía. Sin buscar sustituir a los presbíteros, sino ayudándolos con amistad y eficacia, sed testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra.Por un título especial, los religiosos, las religiosas y todas las personas consagradas viven de la Sabiduría de Dios, expresada en su Palabra. La profesión de los consejos evangélicos os ha configurado, queridos consagrados, con Aquel que, por nosotros, se hizo pobre, obediente y casto. Vuestra única riqueza -la única, verdaderamente, que traspasará los siglos y el dintel de la muerte- es la Palabra del Señor. Él ha dicho: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24,35). Vuestra obediencia es, etimológicamente, una escucha, ya que el vocablo “obedecer” viene del latín obaudire, que significa tender el oído hacia algo o alguien. Obedeciendo, volvéis vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6) y que os dice, como san Benito enseñaba a sus monjes: “Escucha, hijo mío, las instrucciones del maestro y prepara el oído de tu corazón” (Regla de San Benito, Prólogo). En fin, dejaos purificar cada día por Aquel que nos dice: “A todo sarmiento que da fruto, [mi Padre] lo poda, para que dé más fruto” (Jn 15,2). La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garantía de fecundidad espiritual.Con una confianza inquebrantable en el poder de Dios que nos ha salvado “en esperanza” (cf. Rom 8,24) y que quiere hacer de nosotros un solo rebaño bajo el cayado de un solo pastor, Cristo Jesús, ruego por la unidad de la Iglesia. Saludo de nuevo con respeto y afecto a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, que han venido a rezar fraternalmente Vísperas con nosotros en esta catedral. El poder de la Palabra de Dios es tal que podemos todos tener confianza en él, como siempre lo hizo san Pablo, nuestro intercesor privilegiado en este año. Despidiéndose en Mileto de los presbíteros de la ciudad de Éfeso, no dudó en dejarlos en “manos de Dios y de su palabra, que es gracia” (Hch 20,32), poniéndolos en guardia contra toda forma de división. Pido ardientemente al Señor que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garantía de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redención sin amor a Dios y al prójimo, según los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa.Queridos hermanos y hermanas, en Notre-Dame, tenemos el más hermoso ejemplo de fidelidad a la Palabra divina. Esta fidelidad llegó hasta tal punto que se realizó en la Encarnación: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), dijo María con una confianza absoluta. Nuestra oración vespertina va a proclamar el Magnificat de Aquella a la que felicitan todas las generaciones, porque creyó en la realización de las palabras que le fueron dichas de parte del Señor (cf. Lc 1,45); Ella esperó contra toda esperanza en la resurrección de su Hijo; amó a la humanidad hasta el punto que se le entregó como su Madre (cf. Jn 19,27). De este modo, “se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios” (Deus caritas est, n. 41). Podemos decirle con serenidad: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino” (Spe salvi, n. 50). Amén.
Viernes, 12 ago (RV).- Tras su encuentro con el mundo de la cultura, Benedicto XVI se ha dirigido a la catedral de Notre Dame donde ha celebrado la homilía con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos. El Santo Padre ha recordado la visita a este templo de sus predecesores, los Papas Pío VII y Juan Pablo II, expresando su felicidad por poder seguir sus huellas.Después de hacer un recorrido por la historia de la catedral, el Papa ha invitado a que todos seamos constructores de la casa que es la Iglesia: “Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora, pero es sólo Dios quien, en nosotros, edifica”. Y para ser verdaderos apóstoles, Benedicto XVI ha señalado que Dios nos ha donado su palabra, invitando a las 2.000 personas reunidas en Notre Dame a dedicar tiempo a la lectura y meditación de la Escritura. El Santo Padre ha finalizado su homilía rogando por la unidad de la Iglesia y recordando que en Notre Dame “tenemos el más hermoso ejemplo de fidelidad a la Palabra divina”.A continuación les ofrecemos el texto íntegro de la homilía: Queridos Hermanos Cardenales y Obispos,Señores Canónigos del Cabildo Catedral,Señores Capellanes de Notre-Dame,Queridos Sacerdotes y Diáconos,Queridos amigos miembros de las Iglesias y comunidades eclesiales no católicas,Queridos hermanos y hermanas Bendito sea Dios que nos permite encontrarnos en un lugar tan entrañable para los parisinos, pero también para todos los franceses. Bendito sea Dios, que nos da la gracia de ofrecerle nuestra oración vespertina para alabarlo como se merece con las palabras que la liturgia de la Iglesia ha heredado de la liturgia sinagogal celebrada por Cristo y sus primeros discípulos. Sí, bendito sea Dios por venir en nuestro auxilio –in adiutorium nostrum- y ayudarnos a realizar la ofrenda del sacrificio de nuestros labios.Estamos en la Iglesia Madre de la Diócesis de París, la catedral de Notre-Dame, que se yergue en el corazón de la cité como un signo vivo de la presencia de Dios en medio de los hombres. Mi Predecesor Alejandro III puso la primera piedra, los Papas Pío VII y Juan Pablo II la honraron con su visita, y estoy feliz de seguir sus huellas, después de haber estado aquí hace un cuarto de siglo para dictar una conferencia sobre catequesis. Es difícil no dar gracias a Aquel que ha creado tanto la materia como el espíritu, por la belleza del edificio que nos acoge. Los cristianos de Lutecia ya habían construido una catedral dedicada a san Esteban, protomártir, pero, al quedar demasiado pequeña, paulatinamente fue reemplazada, entre los siglos XII al XIV, por la que admiramos actualmente. La fe de la Edad Media edificó catedrales, y vuestros antepasados vinieron aquí para alabar a Dios, encomendarle sus esperanzas y profesarle su amor. Grandes acontecimientos religiosos y civiles se desarrollaron en este santuario, en el que los arquitectos, los pintores, los escultores y los músicos aportaron lo mejor de sí mismos. Baste recordar, entre otros, los nombres del arquitecto Jean de Chelles, del pintor Charles Le Brun, del escultor Nicolas Coustou y de los organistas Louis Vierne y Pierre Cochereau. El arte, camino hacia Dios, y la oración coral, alabanza de la Iglesia al Creador, ayudaron a Paul Claudel, que asistía a las Vísperas del día de Navidad de 1886, a encontrar el camino hacia una experiencia personal de Dios. Es significativo que Dios haya iluminado su alma precisamente durante el canto del Magnificat, en el que la Iglesia escucha el canto de la Virgen María, Patrona de estas tierras, que recuerda al mundo que el Todopoderoso ha enaltecido a los humildes (cf. Lc 1,52). Teatro de conversiones menos conocidas, pero no menos reales, cátedra donde predicadores del Evangelio, como los Padres Lacordaire, Monsabré y Samson, supieron transmitir la llama de su pasión a los auditorios más variados, la catedral de Notre-Dame permanece con razón como uno de los monumentos más célebres del patrimonio de vuestro país. Las reliquias del Lignum Crucis y de la corona de espinas, que acabo de venerar, como es costumbre desde San Luis, han encontrado hoy un cofre digno de ellas, que constituye la ofrenda del espíritu humano al Amor creador.Bajo las bóvedas de esta histórica catedral, testigo de la constante comunicación que Dios ha querido entablar entre los hombres y Él, la Palabra acaba de resonar bajo estas bóvedas para ser la materia de nuestro sacrificio vespertino, evidenciado por la ofrenda del incienso que hace visible la alabanza a Dios. Providencialmente, las palabras del salmista describen la emoción de nuestra alma con una precisión que no nos habríamos atrevido a imaginar: “¡Qué alegría cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’!” (Sal 121,1). Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: el gozo del salmista, contenido en estas palabras del salmo, se expande en nuestros corazones y suscita en ellos un eco profundo. Alegría en ir a la casa del Señor, porque, los Padres nos lo han enseñado, esta casa no es más que el símbolo concreto de la Jerusalén de arriba, la que desciende hacia nosotros (cf. Ap 21,2) para ofrecernos la más bella de las moradas. “Si moramos en ella –escribe san Hilario de Poitiers-, somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, porque es la casa de Dios” (Tratado sobre los salmos, 121,2). Y San Agustín reafirma: “Este salmo aspira a la Jerusalén celeste. Es uno de los cánticos graduales, que no se compusieron para bajar, sino para subir. En nuestro exilio, suspiramos, en la patria gozaremos; pero a veces, durante nuestro exilio, nos encontramos con compañeros que han visto la ciudad santa y que nos invitan a correr hacia ella” (Comentario sobre los salmos, 121, 2). Queridos amigos, durante estas vísperas, nos unimos con el pensamiento y la oración a las innumerables voces de los que han cantado este salmo, aquí mismo, antes que nosotros, desde hace siglos y siglos. Nos unimos a los peregrinos que subían a Jerusalén y las gradas de su templo, nos unimos a los millares de hombres y mujeres que comprendieron que su peregrinación en la tierra encuentra su meta en el cielo, en la Jerusalén eterna, y que confiaron en Cristo como guía. ¡Qué gozo, pues, saber que estamos rodeados por tan gran muchedumbre de testigos!Nuestra peregrinación hacia la ciudad santa no sería posible, si no se hiciera como Iglesia, semilla y prefiguración de la Jerusalén de arriba. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 126,1). Quién es este Señor sino Nuestro Señor Jesucristo. Fue Él quien fundó la Iglesia, quien la ha edificado sobre la roca, sobre la fe del Apóstol Pedro. Como dice también san Agustín: “Es el Señor Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero, si Él no construye, en vano se cansan los albañiles” (Comentarios sobre los salmos, 126,2). Ahora bien, queridos amigos, Agustín se plantea la cuestión de saber quiénes son los albañiles, y él mismo responde: “Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora”; pero es sólo Dios quien, en nosotros, “edifica, quien exhorta, quien amonesta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a las verdades de la fe” (Ibid.). ¡Qué maravilla reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Espíritu; Dios tiene la humildad de pasar a través de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz después de haber vuelto el oído a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos. En verdad, como dice Pablo a los Efesios: “Él nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales” (1,3), ya que nos ha escogido para ser sus testigos hasta los confines de la tierra y nos ha elegido antes de nuestra concepción, por un don misterioso de su gracia.Su Palabra, el Verbo, que desde siempre esta junto a Él (cf. Jn 1,1), nació de una mujer, nacido bajo la Ley, “para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción (Ga 4,4-5). El Hijo de Dios se encarnó en el seno de una Mujer, de una Virgen. Vuestra catedral es un himno vivo de piedra y de luz para alabanza de este acto único de la historia humana: la Palabra eterna de Dios entrando en la historia de los hombres en la plenitud de los tiempos para rescatarlos por la ofrenda de sí mismo en el sacrificio de la Cruz. Las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebración de un Acto único de la historia, no alcanzarán jamás a expresar totalmente su infinita densidad. En efecto, la belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir.Desde ahora, la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. Cada mañana, la Palabra nos despierta. Cada mañana, el Señor mismo nos “espabila el oído” (Is 50,5) para los salmos del Oficio de Lecturas y Laudes. A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oración de toda la Iglesia, que desea así dar testimonio de su fidelidad a Cristo. Según la célebre fórmula de san Jerónimo, que será retomada por la XII Asamblea del Sínodo de los Obispos, en el próximo mes de octubre: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo” (Prólogo del comentario a Isaías). Queridos hermanos sacerdotes, no tengáis miedo de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditación de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra leída y meditada en la Iglesia actúa sobre vosotros y os transforma. Como manifestación de la Sabiduría de Dios, si se transforma en la “compañera” de vuestra vida, será vuestra “compañera en la prosperidad”, vuestro “alivio en las preocupaciones y tristezas” (Sab 8,9).“La Palabra de Dios es viva y eficaz; más tajante que espada de doble filo”, como escribe el autor de la Carta a los Hebreos (4,12). A vosotros, queridos seminaristas, que os preparáis para recibir el Sacramento del Orden, para participar en el triple oficio de enseñar, regir y santificar, esta Palabra se os entrega como un bien precioso. Gracias a ella, meditándola cotidianamente, entráis en la vida misma de Cristo que estáis llamados a proclamar a vuestro alrededor. Con su Palabra, el Señor Jesús instituyó el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre; con su Palabra, curó a los enfermos, expulsó a los demonios, perdonó los pecados; por su Palabra, reveló a los hombres los misterios escondidos del Reino. Estáis destinados a ser depositarios de esta Palabra eficaz, que hace lo que dice. Conservad siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontréis en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar.Y vosotros, queridos Diáconos, colaboradores eficaces de los Obispos y Sacerdotes, continuad amando la Palabra de Dios: proclamáis el Evangelio en la celebración eucarística; lo comentáis en la catequesis a vuestros hermanos y hermanas; ponedlo en el centro de vuestra vida, de vuestro servicio al prójimo, de toda vuestra diaconía. Sin buscar sustituir a los presbíteros, sino ayudándolos con amistad y eficacia, sed testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra.Por un título especial, los religiosos, las religiosas y todas las personas consagradas viven de la Sabiduría de Dios, expresada en su Palabra. La profesión de los consejos evangélicos os ha configurado, queridos consagrados, con Aquel que, por nosotros, se hizo pobre, obediente y casto. Vuestra única riqueza -la única, verdaderamente, que traspasará los siglos y el dintel de la muerte- es la Palabra del Señor. Él ha dicho: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24,35). Vuestra obediencia es, etimológicamente, una escucha, ya que el vocablo “obedecer” viene del latín obaudire, que significa tender el oído hacia algo o alguien. Obedeciendo, volvéis vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6) y que os dice, como san Benito enseñaba a sus monjes: “Escucha, hijo mío, las instrucciones del maestro y prepara el oído de tu corazón” (Regla de San Benito, Prólogo). En fin, dejaos purificar cada día por Aquel que nos dice: “A todo sarmiento que da fruto, [mi Padre] lo poda, para que dé más fruto” (Jn 15,2). La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garantía de fecundidad espiritual.Con una confianza inquebrantable en el poder de Dios que nos ha salvado “en esperanza” (cf. Rom 8,24) y que quiere hacer de nosotros un solo rebaño bajo el cayado de un solo pastor, Cristo Jesús, ruego por la unidad de la Iglesia. Saludo de nuevo con respeto y afecto a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, que han venido a rezar fraternalmente Vísperas con nosotros en esta catedral. El poder de la Palabra de Dios es tal que podemos todos tener confianza en él, como siempre lo hizo san Pablo, nuestro intercesor privilegiado en este año. Despidiéndose en Mileto de los presbíteros de la ciudad de Éfeso, no dudó en dejarlos en “manos de Dios y de su palabra, que es gracia” (Hch 20,32), poniéndolos en guardia contra toda forma de división. Pido ardientemente al Señor que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garantía de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redención sin amor a Dios y al prójimo, según los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa.Queridos hermanos y hermanas, en Notre-Dame, tenemos el más hermoso ejemplo de fidelidad a la Palabra divina. Esta fidelidad llegó hasta tal punto que se realizó en la Encarnación: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), dijo María con una confianza absoluta. Nuestra oración vespertina va a proclamar el Magnificat de Aquella a la que felicitan todas las generaciones, porque creyó en la realización de las palabras que le fueron dichas de parte del Señor (cf. Lc 1,45); Ella esperó contra toda esperanza en la resurrección de su Hijo; amó a la humanidad hasta el punto que se le entregó como su Madre (cf. Jn 19,27). De este modo, “se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios” (Deus caritas est, n. 41). Podemos decirle con serenidad: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino” (Spe salvi, n. 50). Amén.
Friday, September 12, 2008
Recuperar al Gran Desconocido dice el Papa
Benedicto XVI pide recuperar la búsqueda de Dios, "ese gran desconocido"
PARÍS, 12 Sep. 08 / 12:51 pm (ACI) .- El Papa Benedicto XVI señaló que "para muchos Dios se ha convertido en el gran desconocido" y advirtió que cuando el hombre pretender usurpar la funciones de Dios, "la formación del mundo puede fácilmente transformase en su destrucción".
Ante unos 700 representantes del mundo de la cultura francesa, incluyendo varios musulmanes, reunidos en el Colegio de los Bernardinos, el Papa se refirió al origen de la teología occidental, las raíces de la cultura europea y reiteró que a través de la razón se puede llegar a Dios.
El Santo Padre destacó la importancia de la cultura monástica occidental, cuyo objetivo era buscar a Dios. Precisó que esta búsqueda de Dios exige una cultura de la palabra y que la Sagrada Escritura, "teniendo en cuenta que se trata de una colección de textos literarios cuya redacción duró más de un milenio", precisa de la interpretación.
"Sería fatal si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad solo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad. La falta de vínculos y arbitrariedad no son la libertad, sino su destrucción", indicó el Pontífice.
Asimismo, se refirió al testimonio del Apóstol San Pablo, en este año dedicado a celebrar el 2000º aniversario de su nacimiento, y pidió a los hombres "dejarse encontrar por Dios", considerando que "nuestras ciudades ya no están llenas de altares e imágenes de múltiples divinidades. Para muchos, Dios se ha convertido realmente en el gran desconocido".
Según el Papa, una cultura "meramente positivista que circunscriba al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves".
En este sentido, precisó que la base de la cultura europea es la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, que siguen "siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura".
"Un Dios solo pensado e inventado no es un Dios. Si Él no se revela nosotros no llegamos hasta Él. La novedad del anuncio cristiano es la posibilidad de decir a todos los pueblos que Él se ha revelado, Él se ha mostrado. Pero esto no es un hecho ciego, sino un hecho que en sí mismo es Logos (razón). Por supuesto que hay que contar siempre con la humildad de la razón para poder acogerlo", indicó.
PARÍS, 12 Sep. 08 / 12:51 pm (ACI) .- El Papa Benedicto XVI señaló que "para muchos Dios se ha convertido en el gran desconocido" y advirtió que cuando el hombre pretender usurpar la funciones de Dios, "la formación del mundo puede fácilmente transformase en su destrucción".
Ante unos 700 representantes del mundo de la cultura francesa, incluyendo varios musulmanes, reunidos en el Colegio de los Bernardinos, el Papa se refirió al origen de la teología occidental, las raíces de la cultura europea y reiteró que a través de la razón se puede llegar a Dios.
El Santo Padre destacó la importancia de la cultura monástica occidental, cuyo objetivo era buscar a Dios. Precisó que esta búsqueda de Dios exige una cultura de la palabra y que la Sagrada Escritura, "teniendo en cuenta que se trata de una colección de textos literarios cuya redacción duró más de un milenio", precisa de la interpretación.
"Sería fatal si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad solo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad. La falta de vínculos y arbitrariedad no son la libertad, sino su destrucción", indicó el Pontífice.
Asimismo, se refirió al testimonio del Apóstol San Pablo, en este año dedicado a celebrar el 2000º aniversario de su nacimiento, y pidió a los hombres "dejarse encontrar por Dios", considerando que "nuestras ciudades ya no están llenas de altares e imágenes de múltiples divinidades. Para muchos, Dios se ha convertido realmente en el gran desconocido".
Según el Papa, una cultura "meramente positivista que circunscriba al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves".
En este sentido, precisó que la base de la cultura europea es la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, que siguen "siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura".
"Un Dios solo pensado e inventado no es un Dios. Si Él no se revela nosotros no llegamos hasta Él. La novedad del anuncio cristiano es la posibilidad de decir a todos los pueblos que Él se ha revelado, Él se ha mostrado. Pero esto no es un hecho ciego, sino un hecho que en sí mismo es Logos (razón). Por supuesto que hay que contar siempre con la humildad de la razón para poder acogerlo", indicó.
rueda de prensa del Papa.
Rueda de prensa se Benedicto XVI en el avión rumbo a París
Cuatro preguntas y cuatro respuestas a los periodistas PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las cuatro preguntas que presentaron los periodistas y las respuestas de Benedicto XVI durante la rueda de prensa que concedió en el avión que le conducía a París. El encuentro duró unos diez minutos. --"Francia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo?", había preguntado en 1980 Juan Pablo II en su primer viaje. Hoy, ¿cuál será su mensaje a los franceses? ¿Piensa que a causa de la laicidad Francia está perdiendo su identidad cristiana?--Benedicto XVI: Me parece evidente hoy que la laicidad no está en contradicción con la fe. Diría incluso que es un fruto de la fe, pues la fe cristiana era, desde el inicio, una religión universal, por tanto, no se identificaba con un Estado y estaba presente en todos los Estados. Para los cristianos siempre estaba claro que la religión y la fe no eran políticas, sino que formaban parte de otra esfera de la vida humana... La política, el Estado, no eran una religión sino una realidad profana con una misión específica y las dos debían estar abiertas mutuamente. En este sentido, yo diría hoy que para los franceses y no sólo para los franceses, sino también para nosotros, cristianos de hoy en este mundo secularizado, es importante vivir con alegría la libertad de nuestra fe, vivir la belleza de la fe, y mostrar al mundo de hoy que es bello ser creyente, que es bello conocer a Dios, Dios con un rostro humano en Jesucristo, mostrar la posibilidad de ser creyente hoy, e incluso que es necesario para la sociedad de hoy que haya hombres que conocen a Dios y que, por tanto, puedan vivir según los grandes valores que nos ha dado y contribuir a la presencia de valores que son fundamentales para la construcción y supervivencia de nuestros Estados y sociedades. --Usted ama Francia. ¿qué es lo que le une más particularmente a Francia, a sus autores? --Benedicto XVI: No me atrevería a decir que conozco bien Francia. La conozco algo, pero amo a Francia, la gran cultura francesa, sobre todo, claro está, las grandes catedrales, y también el gran arte francés, la gran teología que comienza con san Ireneo de Lyón hasta el siglo XIII --y yo estudié la universidad de París en el siglo XIII--: san Buenaventura, santo Tomás de Aquino. Esta teología ha sido decisiva para el desarrollo de la teología en Occidente. Y naturalmente la teología del siglo del Concilio Vaticano II. He tenido el gran honor y la alegría de ser amigo del padre de Lubac, una de las figuras más grandes del siglo pasado, pero también he tenido buenos contactos de trabajo con el padre Congar, Jean Daniélou y otros. He tenido relaciones personales muy buenas con Etienne Gilson, Henri-Irénée Maroux. Por tanto, he tenido realmente un contacto muy profundo, muy personal y enriquecedor con la gran cultura teológica y filosófica de Francia. Ha sido realmente decisivo para el desarrollo de mi pensamiento. Pero también el descubrimiento del gregoriano original con Solesmes, la gran cultura monástica y naturalmente la gran poesía. Siendo un hombre barroco, me gusta mucho Paul Claudel, con su alegría de vivir, así como Bernanos y los grandes poetas de Francia del siglo pasado. Es, por tanto, una cultura que ha determinado realmente, de manera profunda, mi desarrollo personal, teológico, filosófico y humano. --¿Qué les dice usted a aquéllos que, en Francia, tienen miedo de que el motu proprio Summorum Pontificum constituya un regreso con respecto a las grandes intuiciones del Concilio Vaticano II? --Benedicto XVI : Es un miedo infundado, pues este "motu proprio" es sencillamente un acto de tolerancia, con un objetivo pastoral, para personas que han sido formadas en esta liturgia, que la aman, la conocen, y quieren vivir con esta liturgia. Es un pequeño grupo, pues supone una formación en latín, una formación en una cierta cultura. Pero me parece una exigencia normal de la fe y de la pastoral para un obispo de nuestra Iglesia tener amor y tolerancia por estas personas y permitirles vivir con esta liturgia. No hay oposición alguna entre la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II y esta liturgia. Cada día, los padres conciliares celebraron la misa según el rito antiguo y, al mismo tiempo, han concebido un desarrollo natural para la liturgia en todo este siglo, pues la liturgia es una realidad viva, que se desarrolla y que conserva en su desarrollo su identidad. Por tanto, hay ciertamente acentos diferentes, pero una identidad fundamental que excluye una contradicción, una oposición entre la liturgia renovada y la liturgia precedente. Creo que existe una posibilidad de enriquecimiento de las dos partes. Por un lado, los amigos de la liturgia antigua pueden y deben conocer a los nuevos santos, los nuevos prefacios de la liturgia, etc. Por otra parte, la liturgia nueva subraya más la participación común, pero no es sólo la asamblea de una comunidad particular, sino que es siempre un acto de la Iglesia universal, en comunión con todos los creyentes de todos los tiempos, un acto de adoración. En este sentido, me parece que se da un enriquecimiento recíproco, y está claro que la liturgia renovada es la liturgia ordinaria de nuestro tiempo. --Usted va en peregrinación a Lourdes. ¿Que representa para usted? ¿Ya ha estado antes?--Benedicto XVI : Estuve en Lourdes con motivo del congreso eucarístico, en 1981, tras el atentado contra el Santo Padre [Juan Pablo II, ndt.]. Y el cardenal Gantin era el delegado del Santo Padre. Para mí es un recuerdo muy bello. El día de la fiesta de santa Bernadette es también el día de mi nacimiento. Por este motivo, me siento muy cercano a esta pequeña santa, esta pequeña joven, pura, humilde, que habló con la Virgen. Encontrar esta realidad, esta presencia de la Virgen en nuestra época, ver las huellas de esta pequeña joven que era amiga de la Virgen y, por otra parte, encontrar a la Virgen, su madre, es por otra parte un acontecimiento muy importante para mí. Naturalmente no vamos para encontrar milagros. Yo voy a encontrar el amor de la Madre, que es la verdadera curación para todos los dolores y para ser solidario con todos los que sufren, en el amor de la Madre. Éste me parece un signo muy importante para nuestra época. [Traducción del original francés por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT
Cuatro preguntas y cuatro respuestas a los periodistas PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las cuatro preguntas que presentaron los periodistas y las respuestas de Benedicto XVI durante la rueda de prensa que concedió en el avión que le conducía a París. El encuentro duró unos diez minutos. --"Francia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo?", había preguntado en 1980 Juan Pablo II en su primer viaje. Hoy, ¿cuál será su mensaje a los franceses? ¿Piensa que a causa de la laicidad Francia está perdiendo su identidad cristiana?--Benedicto XVI: Me parece evidente hoy que la laicidad no está en contradicción con la fe. Diría incluso que es un fruto de la fe, pues la fe cristiana era, desde el inicio, una religión universal, por tanto, no se identificaba con un Estado y estaba presente en todos los Estados. Para los cristianos siempre estaba claro que la religión y la fe no eran políticas, sino que formaban parte de otra esfera de la vida humana... La política, el Estado, no eran una religión sino una realidad profana con una misión específica y las dos debían estar abiertas mutuamente. En este sentido, yo diría hoy que para los franceses y no sólo para los franceses, sino también para nosotros, cristianos de hoy en este mundo secularizado, es importante vivir con alegría la libertad de nuestra fe, vivir la belleza de la fe, y mostrar al mundo de hoy que es bello ser creyente, que es bello conocer a Dios, Dios con un rostro humano en Jesucristo, mostrar la posibilidad de ser creyente hoy, e incluso que es necesario para la sociedad de hoy que haya hombres que conocen a Dios y que, por tanto, puedan vivir según los grandes valores que nos ha dado y contribuir a la presencia de valores que son fundamentales para la construcción y supervivencia de nuestros Estados y sociedades. --Usted ama Francia. ¿qué es lo que le une más particularmente a Francia, a sus autores? --Benedicto XVI: No me atrevería a decir que conozco bien Francia. La conozco algo, pero amo a Francia, la gran cultura francesa, sobre todo, claro está, las grandes catedrales, y también el gran arte francés, la gran teología que comienza con san Ireneo de Lyón hasta el siglo XIII --y yo estudié la universidad de París en el siglo XIII--: san Buenaventura, santo Tomás de Aquino. Esta teología ha sido decisiva para el desarrollo de la teología en Occidente. Y naturalmente la teología del siglo del Concilio Vaticano II. He tenido el gran honor y la alegría de ser amigo del padre de Lubac, una de las figuras más grandes del siglo pasado, pero también he tenido buenos contactos de trabajo con el padre Congar, Jean Daniélou y otros. He tenido relaciones personales muy buenas con Etienne Gilson, Henri-Irénée Maroux. Por tanto, he tenido realmente un contacto muy profundo, muy personal y enriquecedor con la gran cultura teológica y filosófica de Francia. Ha sido realmente decisivo para el desarrollo de mi pensamiento. Pero también el descubrimiento del gregoriano original con Solesmes, la gran cultura monástica y naturalmente la gran poesía. Siendo un hombre barroco, me gusta mucho Paul Claudel, con su alegría de vivir, así como Bernanos y los grandes poetas de Francia del siglo pasado. Es, por tanto, una cultura que ha determinado realmente, de manera profunda, mi desarrollo personal, teológico, filosófico y humano. --¿Qué les dice usted a aquéllos que, en Francia, tienen miedo de que el motu proprio Summorum Pontificum constituya un regreso con respecto a las grandes intuiciones del Concilio Vaticano II? --Benedicto XVI : Es un miedo infundado, pues este "motu proprio" es sencillamente un acto de tolerancia, con un objetivo pastoral, para personas que han sido formadas en esta liturgia, que la aman, la conocen, y quieren vivir con esta liturgia. Es un pequeño grupo, pues supone una formación en latín, una formación en una cierta cultura. Pero me parece una exigencia normal de la fe y de la pastoral para un obispo de nuestra Iglesia tener amor y tolerancia por estas personas y permitirles vivir con esta liturgia. No hay oposición alguna entre la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II y esta liturgia. Cada día, los padres conciliares celebraron la misa según el rito antiguo y, al mismo tiempo, han concebido un desarrollo natural para la liturgia en todo este siglo, pues la liturgia es una realidad viva, que se desarrolla y que conserva en su desarrollo su identidad. Por tanto, hay ciertamente acentos diferentes, pero una identidad fundamental que excluye una contradicción, una oposición entre la liturgia renovada y la liturgia precedente. Creo que existe una posibilidad de enriquecimiento de las dos partes. Por un lado, los amigos de la liturgia antigua pueden y deben conocer a los nuevos santos, los nuevos prefacios de la liturgia, etc. Por otra parte, la liturgia nueva subraya más la participación común, pero no es sólo la asamblea de una comunidad particular, sino que es siempre un acto de la Iglesia universal, en comunión con todos los creyentes de todos los tiempos, un acto de adoración. En este sentido, me parece que se da un enriquecimiento recíproco, y está claro que la liturgia renovada es la liturgia ordinaria de nuestro tiempo. --Usted va en peregrinación a Lourdes. ¿Que representa para usted? ¿Ya ha estado antes?--Benedicto XVI : Estuve en Lourdes con motivo del congreso eucarístico, en 1981, tras el atentado contra el Santo Padre [Juan Pablo II, ndt.]. Y el cardenal Gantin era el delegado del Santo Padre. Para mí es un recuerdo muy bello. El día de la fiesta de santa Bernadette es también el día de mi nacimiento. Por este motivo, me siento muy cercano a esta pequeña santa, esta pequeña joven, pura, humilde, que habló con la Virgen. Encontrar esta realidad, esta presencia de la Virgen en nuestra época, ver las huellas de esta pequeña joven que era amiga de la Virgen y, por otra parte, encontrar a la Virgen, su madre, es por otra parte un acontecimiento muy importante para mí. Naturalmente no vamos para encontrar milagros. Yo voy a encontrar el amor de la Madre, que es la verdadera curación para todos los dolores y para ser solidario con todos los que sufren, en el amor de la Madre. Éste me parece un signo muy importante para nuestra época. [Traducción del original francés por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT
laicidad positiva afirma el Papa
Benedicto XVI presenta la laicidad positiva
La religión es insustituible para crear un consenso ético de fondo en la sociedad. Lo ha confirmado Benedicto XVI en el primer discurso en Francia ante el presidente Nicolas Sarkozy. El Papa ha recordado las profundas raíces cristianas del país, y ha subrayado la importancia de una laicidad positiva, fundada sobre la distinción entre la política y la religión para proteger tanto la libertad religiosa de los ciudadanos como la responsabilidad del estado. Por otra parte, se reconoce el papel insustituible de la religión en la formación de las conciencias.Benedicto XVI ha expresado su preocupación más grande que concierne a los jóvenes, y la distancia entre ricos y pobres. A Francia, que en este momento tiene la presidencia de la Unión Europea, le ha pedido actuar para ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
La religión es insustituible para crear un consenso ético de fondo en la sociedad. Lo ha confirmado Benedicto XVI en el primer discurso en Francia ante el presidente Nicolas Sarkozy. El Papa ha recordado las profundas raíces cristianas del país, y ha subrayado la importancia de una laicidad positiva, fundada sobre la distinción entre la política y la religión para proteger tanto la libertad religiosa de los ciudadanos como la responsabilidad del estado. Por otra parte, se reconoce el papel insustituible de la religión en la formación de las conciencias.Benedicto XVI ha expresado su preocupación más grande que concierne a los jóvenes, y la distancia entre ricos y pobres. A Francia, que en este momento tiene la presidencia de la Unión Europea, le ha pedido actuar para ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
VALOR DEL SUFRIMIENTO.
VALOR DEL SUFRIMIENTO Y SENTIDO DEL DOLOR.
Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos
San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba:”¡Denme mi libro!...” Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro pero él seguía diciendo:”¡Denme mi libro!”. Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: ”Este sí es mi libro-exclamó-; en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”. "Tenemos un medio de dulcificar nuestras penas: es un crucifijo. Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos; de los pies del Crucificado siempre nos levantamos consolados".( Santa Sofía Barat). Todo el que sufre necesita poner los ojos fijos en Aquel que con sus sufrimientos da valor, energía, consuelo y paz. El mira con amor al que muere y al que ha perdido algún ser querido. Muchas veces la muerte nos sacude la fe. Aunque ésta no nos protege contra el dolor, sin embargo nos da fuerzas para aceptar los golpes. Es la confianza en Dios Padre, quien está siempre presente en todos los momentos de nuestra existencia, la que nos da fuerzas para encontrar paz y fortaleza. Cuando vemos que un ser querido ha partido a la casa del Padre, su espíritu, su vida, su presencia se hace más fuerte que cuando estaba físicamente con nosotros. En nuestro interior escuchamos sus palabras que nos alientan y reaniman a ser menos egoístas, más comprensivos y a gastar y desgastar nuestra vida, por la causa del Reino. La tribulación no tiene que destruirnos, sino hacernos mejores; el dolor no tiene que hacernos duros y solitarios, sino tiene que transformarnos en personas solidarias para lanzarnos a ayudar a los menesterosos. La conciencia de sentirnos útiles tiene que devolvernos el sentido y valor auténtico de la vida. "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", canta una sevillana. Mucho queda en nosotros del ser querido que partió. Cada amigo que adquiere la residencia eterna, podría recomendarnos como el poeta Ricki:" Sé paciente con todo lo que queda sin resolver en tu corazón. Trata de amar tus mismas preguntas. No busques las respuestas que no se pueden dar, porque no serás capaz de vivirlas. Vive tus preguntas porque tal vez, sin notarlo, estás elaborando gradualmente las respuestas". "Padre nuestro que sufres y lloras con los que sueñan y mueren en sus sueños. Padre nuestro que estás en la tierra con los que seguimos, fatigados, tus senderos. Padre nuestro que amas la vida y alimentas con bondad a los pequeñuelos. Danos tu fuerza que transforme la tierra. ¡Embríaganos con tu vino nuevo!”.
comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos
San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba:”¡Denme mi libro!...” Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro pero él seguía diciendo:”¡Denme mi libro!”. Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: ”Este sí es mi libro-exclamó-; en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”. "Tenemos un medio de dulcificar nuestras penas: es un crucifijo. Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos; de los pies del Crucificado siempre nos levantamos consolados".( Santa Sofía Barat). Todo el que sufre necesita poner los ojos fijos en Aquel que con sus sufrimientos da valor, energía, consuelo y paz. El mira con amor al que muere y al que ha perdido algún ser querido. Muchas veces la muerte nos sacude la fe. Aunque ésta no nos protege contra el dolor, sin embargo nos da fuerzas para aceptar los golpes. Es la confianza en Dios Padre, quien está siempre presente en todos los momentos de nuestra existencia, la que nos da fuerzas para encontrar paz y fortaleza. Cuando vemos que un ser querido ha partido a la casa del Padre, su espíritu, su vida, su presencia se hace más fuerte que cuando estaba físicamente con nosotros. En nuestro interior escuchamos sus palabras que nos alientan y reaniman a ser menos egoístas, más comprensivos y a gastar y desgastar nuestra vida, por la causa del Reino. La tribulación no tiene que destruirnos, sino hacernos mejores; el dolor no tiene que hacernos duros y solitarios, sino tiene que transformarnos en personas solidarias para lanzarnos a ayudar a los menesterosos. La conciencia de sentirnos útiles tiene que devolvernos el sentido y valor auténtico de la vida. "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", canta una sevillana. Mucho queda en nosotros del ser querido que partió. Cada amigo que adquiere la residencia eterna, podría recomendarnos como el poeta Ricki:" Sé paciente con todo lo que queda sin resolver en tu corazón. Trata de amar tus mismas preguntas. No busques las respuestas que no se pueden dar, porque no serás capaz de vivirlas. Vive tus preguntas porque tal vez, sin notarlo, estás elaborando gradualmente las respuestas". "Padre nuestro que sufres y lloras con los que sueñan y mueren en sus sueños. Padre nuestro que estás en la tierra con los que seguimos, fatigados, tus senderos. Padre nuestro que amas la vida y alimentas con bondad a los pequeñuelos. Danos tu fuerza que transforme la tierra. ¡Embríaganos con tu vino nuevo!”.
Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos
San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba:”¡Denme mi libro!...” Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro pero él seguía diciendo:”¡Denme mi libro!”. Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: ”Este sí es mi libro-exclamó-; en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”. "Tenemos un medio de dulcificar nuestras penas: es un crucifijo. Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos; de los pies del Crucificado siempre nos levantamos consolados".( Santa Sofía Barat). Todo el que sufre necesita poner los ojos fijos en Aquel que con sus sufrimientos da valor, energía, consuelo y paz. El mira con amor al que muere y al que ha perdido algún ser querido. Muchas veces la muerte nos sacude la fe. Aunque ésta no nos protege contra el dolor, sin embargo nos da fuerzas para aceptar los golpes. Es la confianza en Dios Padre, quien está siempre presente en todos los momentos de nuestra existencia, la que nos da fuerzas para encontrar paz y fortaleza. Cuando vemos que un ser querido ha partido a la casa del Padre, su espíritu, su vida, su presencia se hace más fuerte que cuando estaba físicamente con nosotros. En nuestro interior escuchamos sus palabras que nos alientan y reaniman a ser menos egoístas, más comprensivos y a gastar y desgastar nuestra vida, por la causa del Reino. La tribulación no tiene que destruirnos, sino hacernos mejores; el dolor no tiene que hacernos duros y solitarios, sino tiene que transformarnos en personas solidarias para lanzarnos a ayudar a los menesterosos. La conciencia de sentirnos útiles tiene que devolvernos el sentido y valor auténtico de la vida. "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", canta una sevillana. Mucho queda en nosotros del ser querido que partió. Cada amigo que adquiere la residencia eterna, podría recomendarnos como el poeta Ricki:" Sé paciente con todo lo que queda sin resolver en tu corazón. Trata de amar tus mismas preguntas. No busques las respuestas que no se pueden dar, porque no serás capaz de vivirlas. Vive tus preguntas porque tal vez, sin notarlo, estás elaborando gradualmente las respuestas". "Padre nuestro que sufres y lloras con los que sueñan y mueren en sus sueños. Padre nuestro que estás en la tierra con los que seguimos, fatigados, tus senderos. Padre nuestro que amas la vida y alimentas con bondad a los pequeñuelos. Danos tu fuerza que transforme la tierra. ¡Embríaganos con tu vino nuevo!”.
comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos
San Felipe Benicio en su lecho de muerte exclamaba:”¡Denme mi libro!...” Los que estaban en su habitación le daban uno tras otro pero él seguía diciendo:”¡Denme mi libro!”. Notando que fijaba sus ojos en el crucifijo se lo dieron: ”Este sí es mi libro-exclamó-; en él he leído muchas veces y con él quiero terminar mi vida”. "Tenemos un medio de dulcificar nuestras penas: es un crucifijo. Si comprendiéramos todo lo que dice a nuestros corazones, se nos harían suaves nuestros sufrimientos; de los pies del Crucificado siempre nos levantamos consolados".( Santa Sofía Barat). Todo el que sufre necesita poner los ojos fijos en Aquel que con sus sufrimientos da valor, energía, consuelo y paz. El mira con amor al que muere y al que ha perdido algún ser querido. Muchas veces la muerte nos sacude la fe. Aunque ésta no nos protege contra el dolor, sin embargo nos da fuerzas para aceptar los golpes. Es la confianza en Dios Padre, quien está siempre presente en todos los momentos de nuestra existencia, la que nos da fuerzas para encontrar paz y fortaleza. Cuando vemos que un ser querido ha partido a la casa del Padre, su espíritu, su vida, su presencia se hace más fuerte que cuando estaba físicamente con nosotros. En nuestro interior escuchamos sus palabras que nos alientan y reaniman a ser menos egoístas, más comprensivos y a gastar y desgastar nuestra vida, por la causa del Reino. La tribulación no tiene que destruirnos, sino hacernos mejores; el dolor no tiene que hacernos duros y solitarios, sino tiene que transformarnos en personas solidarias para lanzarnos a ayudar a los menesterosos. La conciencia de sentirnos útiles tiene que devolvernos el sentido y valor auténtico de la vida. "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va", canta una sevillana. Mucho queda en nosotros del ser querido que partió. Cada amigo que adquiere la residencia eterna, podría recomendarnos como el poeta Ricki:" Sé paciente con todo lo que queda sin resolver en tu corazón. Trata de amar tus mismas preguntas. No busques las respuestas que no se pueden dar, porque no serás capaz de vivirlas. Vive tus preguntas porque tal vez, sin notarlo, estás elaborando gradualmente las respuestas". "Padre nuestro que sufres y lloras con los que sueñan y mueren en sus sueños. Padre nuestro que estás en la tierra con los que seguimos, fatigados, tus senderos. Padre nuestro que amas la vida y alimentas con bondad a los pequeñuelos. Danos tu fuerza que transforme la tierra. ¡Embríaganos con tu vino nuevo!”.
discurso del Papa en Paris.
Discurso del Papa a las autoridades del Estado en el EliseoCeremonia de bienvenida concedida por el presidente Sarkozy
PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI durante el encuentro que mantuvo con las autoridades del Estado en el palacio del Elíseo, en la mañana de este viernes, poco después de haber aterrizado en París. El Papa tomó la palabra tras el discurso de bienvenida que le dirigió el presidente Nicolas Sarkozy.
* * *
Señoras y Señores, queridos amigos
Al pisar el suelo de Francia por vez primera desde que la providencia me llamó a la Sede de Pedro, me ha emocionado y honrado la calurosa acogida que me han brindado. Le estoy muy agradecido, Señor Presidente, por la cordial invitación que me hizo para visitar su país, así como por las amables palabras de bienvenida que acaba de dirigirme.
¿Cómo no recordar la visita que Vuestra Excelencia me hizo en el Vaticano hace nueve meses? Por su medio, saludo a todos los habitantes de este país con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor. Sepan que Francia está a menudo en el corazón de la oración del Papa, que no puede olvidar lo que ella ha aportado a la Iglesia a lo largo de los pasados veinte siglos. La razón primera de mi viaje es la celebración del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María, en Lourdes. Deseo unirme a la incontable muchedumbre de peregrinos de todo el mundo que llegan a lo largo de este año al santuario mariano, animados por la fe y el amor. Es una fe, es un amor que deseo celebrar en su país, durante las cuatro jornadas de gracia que podré pasar aquí.
Mi peregrinación a Lourdes debía pasar por París. Su capital me es familiar y la conozco bastante. A menudo he estado aquí y, a lo largo de los años, por causa de mis estudios y responsabilidades anteriores, he hecho buenas amistades humanas e intelectuales. Vuelvo con alegría, feliz por la oportunidad que se me presenta de homenajear el imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado su país de manera espléndida durante siglos y que ha dado al mundo grandes figuras de servidores de la Nación y de la Iglesia, cuyo magisterio y ejemplo han traspasado vuestras fronteras geográficas y nacionales para dejar su huella en el mundo. Durante su visita a Roma, Señor Presidente, Usted ha recordado que las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas. Basta la historia para demostrarlo: desde sus orígenes, su País ha recibido el mensaje del Evangelio. Aunque a veces carezcamos de documentación, consta fehacientemente la existencia de comunidades cristianas en las Galias desde una fecha muy lejana: ¡cómo no recordar sin emoción que la ciudad de Lión tenía ya obispo a mediados del siglo II y que San Ireneo, autor de Adversus haereses, dio un testimonio elocuente de la robustez del pensamiento cristiano! Ahora bien, san Ireneo vino de Esmirna para predicar la fe en Cristo resucitado. Lión tenía un obispo cuya lengua materna era el griego: ¡qué signo tan hermoso de la naturaleza y destino universales del mensaje cristiano! Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre. Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra para no tener que recordarlo.
Los millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia.
Numerosas personas, también aquí en Francia, se han detenido para reflexionar acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado. Ciertamente, en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Un instrumento nuevo de diálogo existe desde el 2002 y tengo gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca.
Sabemos que quedan todavía pendientes ciertos temas de diálogo que hará falta afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia. Por otra parte, Usted, Señor Presidente, utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta. En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.
El Papa, testigo de un Dios que ama y salva, se esfuerza por ser sembrador de caridad y esperanza. Toda sociedad humana tiene necesidad de esperanza, y esta necesidad es todavía más fuerte en el mundo de hoy que ofrece pocas aspiraciones espirituales y pocas certezas materiales.
Los jóvenes son mi mayor preocupación. Algunos de ellos tienen dificultad en encontrar una orientación que les convenga o sufren una pérdida de referencia en su vida familiar. Otros experimentan todavía los límites de un pluralismo religioso que los condiciona. A veces marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa. Hay, pues, que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad. A través de numerosas instituciones y actividades, la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en vuestro país, trata con frecuencia de remediar lo inmediato, pero es al Estado al que compete legislar para erradicar las injusticias. En un contexto mucho más amplio, Señor Presidente, me preocupa igualmente el estado de nuestro planeta. Con gran generosidad, Dios nos ha confiado el mundo que Él ha creado. Hay que aprender a respetarlo y protegerlo aún más. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras.
El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea es la ocasión para vuestro país de dar testimonio del compromiso de Francia, de acuerdo a su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad. Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo. Señor Presidente, la tarea que os incumbe no es fácil. Los tiempos son inciertos, y es una empresa ardua vislumbrar la justa vía entre los meandros de la cotidianeidad social y económica, nacional e internacional. En particular, frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos con preocupación, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos" (Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa, n. 112). Confío que vuestro país cooperará cada vez más a que este siglo progrese hacia la serenidad, la armonía y la paz.
Señor Presidente, queridos amigos, deseo una vez más manifestar mi agradecimiento por este encuentro. Cuenten con mi plegaria ferviente por su hermosa Nación, para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad. Encomiendo estos deseos a la intercesión maternal de la Virgen María, patrona principal de Francia. ¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!Discurso del Papa a las autoridades del Estado en el EliseoCeremonia de bienvenida concedida por el presidente Sarkozy
PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI durante el encuentro que mantuvo con las autoridades del Estado en el palacio del Elíseo, en la mañana de este viernes, poco después de haber aterrizado en París. El Papa tomó la palabra tras el discurso de bienvenida que le dirigió el presidente Nicolas Sarkozy.
* * *
Señoras y Señores, queridos amigos
Al pisar el suelo de Francia por vez primera desde que la providencia me llamó a la Sede de Pedro, me ha emocionado y honrado la calurosa acogida que me han brindado. Le estoy muy agradecido, Señor Presidente, por la cordial invitación que me hizo para visitar su país, así como por las amables palabras de bienvenida que acaba de dirigirme.
¿Cómo no recordar la visita que Vuestra Excelencia me hizo en el Vaticano hace nueve meses? Por su medio, saludo a todos los habitantes de este país con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor. Sepan que Francia está a menudo en el corazón de la oración del Papa, que no puede olvidar lo que ella ha aportado a la Iglesia a lo largo de los pasados veinte siglos. La razón primera de mi viaje es la celebración del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María, en Lourdes. Deseo unirme a la incontable muchedumbre de peregrinos de todo el mundo que llegan a lo largo de este año al santuario mariano, animados por la fe y el amor. Es una fe, es un amor que deseo celebrar en su país, durante las cuatro jornadas de gracia que podré pasar aquí.
Mi peregrinación a Lourdes debía pasar por París. Su capital me es familiar y la conozco bastante. A menudo he estado aquí y, a lo largo de los años, por causa de mis estudios y responsabilidades anteriores, he hecho buenas amistades humanas e intelectuales. Vuelvo con alegría, feliz por la oportunidad que se me presenta de homenajear el imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado su país de manera espléndida durante siglos y que ha dado al mundo grandes figuras de servidores de la Nación y de la Iglesia, cuyo magisterio y ejemplo han traspasado vuestras fronteras geográficas y nacionales para dejar su huella en el mundo. Durante su visita a Roma, Señor Presidente, Usted ha recordado que las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas. Basta la historia para demostrarlo: desde sus orígenes, su País ha recibido el mensaje del Evangelio. Aunque a veces carezcamos de documentación, consta fehacientemente la existencia de comunidades cristianas en las Galias desde una fecha muy lejana: ¡cómo no recordar sin emoción que la ciudad de Lión tenía ya obispo a mediados del siglo II y que San Ireneo, autor de Adversus haereses, dio un testimonio elocuente de la robustez del pensamiento cristiano! Ahora bien, san Ireneo vino de Esmirna para predicar la fe en Cristo resucitado. Lión tenía un obispo cuya lengua materna era el griego: ¡qué signo tan hermoso de la naturaleza y destino universales del mensaje cristiano! Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre. Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra para no tener que recordarlo.
Los millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia.
Numerosas personas, también aquí en Francia, se han detenido para reflexionar acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado. Ciertamente, en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Un instrumento nuevo de diálogo existe desde el 2002 y tengo gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca.
Sabemos que quedan todavía pendientes ciertos temas de diálogo que hará falta afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia. Por otra parte, Usted, Señor Presidente, utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta. En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.
El Papa, testigo de un Dios que ama y salva, se esfuerza por ser sembrador de caridad y esperanza. Toda sociedad humana tiene necesidad de esperanza, y esta necesidad es todavía más fuerte en el mundo de hoy que ofrece pocas aspiraciones espirituales y pocas certezas materiales.
Los jóvenes son mi mayor preocupación. Algunos de ellos tienen dificultad en encontrar una orientación que les convenga o sufren una pérdida de referencia en su vida familiar. Otros experimentan todavía los límites de un pluralismo religioso que los condiciona. A veces marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa. Hay, pues, que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad. A través de numerosas instituciones y actividades, la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en vuestro país, trata con frecuencia de remediar lo inmediato, pero es al Estado al que compete legislar para erradicar las injusticias. En un contexto mucho más amplio, Señor Presidente, me preocupa igualmente el estado de nuestro planeta. Con gran generosidad, Dios nos ha confiado el mundo que Él ha creado. Hay que aprender a respetarlo y protegerlo aún más. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras.
El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea es la ocasión para vuestro país de dar testimonio del compromiso de Francia, de acuerdo a su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad. Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo. Señor Presidente, la tarea que os incumbe no es fácil. Los tiempos son inciertos, y es una empresa ardua vislumbrar la justa vía entre los meandros de la cotidianeidad social y económica, nacional e internacional. En particular, frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos con preocupación, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos" (Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa, n. 112). Confío que vuestro país cooperará cada vez más a que este siglo progrese hacia la serenidad, la armonía y la paz.
Señor Presidente, queridos amigos, deseo una vez más manifestar mi agradecimiento por este encuentro. Cuenten con mi plegaria ferviente por su hermosa Nación, para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad. Encomiendo estos deseos a la intercesión maternal de la Virgen María, patrona principal de Francia. ¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!
PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI durante el encuentro que mantuvo con las autoridades del Estado en el palacio del Elíseo, en la mañana de este viernes, poco después de haber aterrizado en París. El Papa tomó la palabra tras el discurso de bienvenida que le dirigió el presidente Nicolas Sarkozy.
* * *
Señoras y Señores, queridos amigos
Al pisar el suelo de Francia por vez primera desde que la providencia me llamó a la Sede de Pedro, me ha emocionado y honrado la calurosa acogida que me han brindado. Le estoy muy agradecido, Señor Presidente, por la cordial invitación que me hizo para visitar su país, así como por las amables palabras de bienvenida que acaba de dirigirme.
¿Cómo no recordar la visita que Vuestra Excelencia me hizo en el Vaticano hace nueve meses? Por su medio, saludo a todos los habitantes de este país con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor. Sepan que Francia está a menudo en el corazón de la oración del Papa, que no puede olvidar lo que ella ha aportado a la Iglesia a lo largo de los pasados veinte siglos. La razón primera de mi viaje es la celebración del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María, en Lourdes. Deseo unirme a la incontable muchedumbre de peregrinos de todo el mundo que llegan a lo largo de este año al santuario mariano, animados por la fe y el amor. Es una fe, es un amor que deseo celebrar en su país, durante las cuatro jornadas de gracia que podré pasar aquí.
Mi peregrinación a Lourdes debía pasar por París. Su capital me es familiar y la conozco bastante. A menudo he estado aquí y, a lo largo de los años, por causa de mis estudios y responsabilidades anteriores, he hecho buenas amistades humanas e intelectuales. Vuelvo con alegría, feliz por la oportunidad que se me presenta de homenajear el imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado su país de manera espléndida durante siglos y que ha dado al mundo grandes figuras de servidores de la Nación y de la Iglesia, cuyo magisterio y ejemplo han traspasado vuestras fronteras geográficas y nacionales para dejar su huella en el mundo. Durante su visita a Roma, Señor Presidente, Usted ha recordado que las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas. Basta la historia para demostrarlo: desde sus orígenes, su País ha recibido el mensaje del Evangelio. Aunque a veces carezcamos de documentación, consta fehacientemente la existencia de comunidades cristianas en las Galias desde una fecha muy lejana: ¡cómo no recordar sin emoción que la ciudad de Lión tenía ya obispo a mediados del siglo II y que San Ireneo, autor de Adversus haereses, dio un testimonio elocuente de la robustez del pensamiento cristiano! Ahora bien, san Ireneo vino de Esmirna para predicar la fe en Cristo resucitado. Lión tenía un obispo cuya lengua materna era el griego: ¡qué signo tan hermoso de la naturaleza y destino universales del mensaje cristiano! Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre. Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra para no tener que recordarlo.
Los millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia.
Numerosas personas, también aquí en Francia, se han detenido para reflexionar acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado. Ciertamente, en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Un instrumento nuevo de diálogo existe desde el 2002 y tengo gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca.
Sabemos que quedan todavía pendientes ciertos temas de diálogo que hará falta afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia. Por otra parte, Usted, Señor Presidente, utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta. En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.
El Papa, testigo de un Dios que ama y salva, se esfuerza por ser sembrador de caridad y esperanza. Toda sociedad humana tiene necesidad de esperanza, y esta necesidad es todavía más fuerte en el mundo de hoy que ofrece pocas aspiraciones espirituales y pocas certezas materiales.
Los jóvenes son mi mayor preocupación. Algunos de ellos tienen dificultad en encontrar una orientación que les convenga o sufren una pérdida de referencia en su vida familiar. Otros experimentan todavía los límites de un pluralismo religioso que los condiciona. A veces marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa. Hay, pues, que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad. A través de numerosas instituciones y actividades, la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en vuestro país, trata con frecuencia de remediar lo inmediato, pero es al Estado al que compete legislar para erradicar las injusticias. En un contexto mucho más amplio, Señor Presidente, me preocupa igualmente el estado de nuestro planeta. Con gran generosidad, Dios nos ha confiado el mundo que Él ha creado. Hay que aprender a respetarlo y protegerlo aún más. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras.
El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea es la ocasión para vuestro país de dar testimonio del compromiso de Francia, de acuerdo a su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad. Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo. Señor Presidente, la tarea que os incumbe no es fácil. Los tiempos son inciertos, y es una empresa ardua vislumbrar la justa vía entre los meandros de la cotidianeidad social y económica, nacional e internacional. En particular, frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos con preocupación, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos" (Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa, n. 112). Confío que vuestro país cooperará cada vez más a que este siglo progrese hacia la serenidad, la armonía y la paz.
Señor Presidente, queridos amigos, deseo una vez más manifestar mi agradecimiento por este encuentro. Cuenten con mi plegaria ferviente por su hermosa Nación, para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad. Encomiendo estos deseos a la intercesión maternal de la Virgen María, patrona principal de Francia. ¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!Discurso del Papa a las autoridades del Estado en el EliseoCeremonia de bienvenida concedida por el presidente Sarkozy
PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI durante el encuentro que mantuvo con las autoridades del Estado en el palacio del Elíseo, en la mañana de este viernes, poco después de haber aterrizado en París. El Papa tomó la palabra tras el discurso de bienvenida que le dirigió el presidente Nicolas Sarkozy.
* * *
Señoras y Señores, queridos amigos
Al pisar el suelo de Francia por vez primera desde que la providencia me llamó a la Sede de Pedro, me ha emocionado y honrado la calurosa acogida que me han brindado. Le estoy muy agradecido, Señor Presidente, por la cordial invitación que me hizo para visitar su país, así como por las amables palabras de bienvenida que acaba de dirigirme.
¿Cómo no recordar la visita que Vuestra Excelencia me hizo en el Vaticano hace nueve meses? Por su medio, saludo a todos los habitantes de este país con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor. Sepan que Francia está a menudo en el corazón de la oración del Papa, que no puede olvidar lo que ella ha aportado a la Iglesia a lo largo de los pasados veinte siglos. La razón primera de mi viaje es la celebración del ciento cincuenta aniversario de las apariciones de la Virgen María, en Lourdes. Deseo unirme a la incontable muchedumbre de peregrinos de todo el mundo que llegan a lo largo de este año al santuario mariano, animados por la fe y el amor. Es una fe, es un amor que deseo celebrar en su país, durante las cuatro jornadas de gracia que podré pasar aquí.
Mi peregrinación a Lourdes debía pasar por París. Su capital me es familiar y la conozco bastante. A menudo he estado aquí y, a lo largo de los años, por causa de mis estudios y responsabilidades anteriores, he hecho buenas amistades humanas e intelectuales. Vuelvo con alegría, feliz por la oportunidad que se me presenta de homenajear el imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado su país de manera espléndida durante siglos y que ha dado al mundo grandes figuras de servidores de la Nación y de la Iglesia, cuyo magisterio y ejemplo han traspasado vuestras fronteras geográficas y nacionales para dejar su huella en el mundo. Durante su visita a Roma, Señor Presidente, Usted ha recordado que las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas. Basta la historia para demostrarlo: desde sus orígenes, su País ha recibido el mensaje del Evangelio. Aunque a veces carezcamos de documentación, consta fehacientemente la existencia de comunidades cristianas en las Galias desde una fecha muy lejana: ¡cómo no recordar sin emoción que la ciudad de Lión tenía ya obispo a mediados del siglo II y que San Ireneo, autor de Adversus haereses, dio un testimonio elocuente de la robustez del pensamiento cristiano! Ahora bien, san Ireneo vino de Esmirna para predicar la fe en Cristo resucitado. Lión tenía un obispo cuya lengua materna era el griego: ¡qué signo tan hermoso de la naturaleza y destino universales del mensaje cristiano! Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre. Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra para no tener que recordarlo.
Los millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia.
Numerosas personas, también aquí en Francia, se han detenido para reflexionar acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado. Ciertamente, en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Un instrumento nuevo de diálogo existe desde el 2002 y tengo gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca.
Sabemos que quedan todavía pendientes ciertos temas de diálogo que hará falta afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia. Por otra parte, Usted, Señor Presidente, utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta. En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.
El Papa, testigo de un Dios que ama y salva, se esfuerza por ser sembrador de caridad y esperanza. Toda sociedad humana tiene necesidad de esperanza, y esta necesidad es todavía más fuerte en el mundo de hoy que ofrece pocas aspiraciones espirituales y pocas certezas materiales.
Los jóvenes son mi mayor preocupación. Algunos de ellos tienen dificultad en encontrar una orientación que les convenga o sufren una pérdida de referencia en su vida familiar. Otros experimentan todavía los límites de un pluralismo religioso que los condiciona. A veces marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa. Hay, pues, que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad. A través de numerosas instituciones y actividades, la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en vuestro país, trata con frecuencia de remediar lo inmediato, pero es al Estado al que compete legislar para erradicar las injusticias. En un contexto mucho más amplio, Señor Presidente, me preocupa igualmente el estado de nuestro planeta. Con gran generosidad, Dios nos ha confiado el mundo que Él ha creado. Hay que aprender a respetarlo y protegerlo aún más. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras.
El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea es la ocasión para vuestro país de dar testimonio del compromiso de Francia, de acuerdo a su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad. Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo. Señor Presidente, la tarea que os incumbe no es fácil. Los tiempos son inciertos, y es una empresa ardua vislumbrar la justa vía entre los meandros de la cotidianeidad social y económica, nacional e internacional. En particular, frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos con preocupación, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero.
A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos" (Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa, n. 112). Confío que vuestro país cooperará cada vez más a que este siglo progrese hacia la serenidad, la armonía y la paz.
Señor Presidente, queridos amigos, deseo una vez más manifestar mi agradecimiento por este encuentro. Cuenten con mi plegaria ferviente por su hermosa Nación, para que Dios le conceda paz y prosperidad, libertad y unidad, igualdad y fraternidad. Encomiendo estos deseos a la intercesión maternal de la Virgen María, patrona principal de Francia. ¡Que Dios bendiga a Francia y a todos los franceses!
evangelizar a los jóvenes en la playa.
En la playa para contar a Jesucristo
el proyecto de evangelización de jóvenes para jóvenes llamado “centinelas de la mañana” expresión de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Juventud del 2000.
“Hemos ido a las playas, las discotecas, a las plazas, bares, restaurantes, a todos lados donde están los jóvenes, porque estos jóvenes, que vienen de distintas diócesis italianas, desean contar que Jesús les ha cambiado la vida”.Explica de este modo el padre Andrea Brugnoli el proyecto de evangelización de jóvenes para jóvenes llamado “centinelas de la mañana” expresión de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Juventud del 2000. Un proyecto no sólo para Italia:“Estamos buscando por todo el mundo. Nos llamaron de Francia e iremos dentro de poco para iniciar el proyecto; también a Londres; estamos ya en Malta en donde hay un hermoso grupo de centinelas”.El padre Andrea tiene un sueño:“Mi sueño es crear en Italia un centro para la nueva evangelización para formar a jóvenes de todo el mundo e inventar nuevas metodologías, formar a estos jóvenes para que se conviertan ellos mismos en apóstoles de sus coetáneos”.
el proyecto de evangelización de jóvenes para jóvenes llamado “centinelas de la mañana” expresión de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Juventud del 2000.
“Hemos ido a las playas, las discotecas, a las plazas, bares, restaurantes, a todos lados donde están los jóvenes, porque estos jóvenes, que vienen de distintas diócesis italianas, desean contar que Jesús les ha cambiado la vida”.Explica de este modo el padre Andrea Brugnoli el proyecto de evangelización de jóvenes para jóvenes llamado “centinelas de la mañana” expresión de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Juventud del 2000. Un proyecto no sólo para Italia:“Estamos buscando por todo el mundo. Nos llamaron de Francia e iremos dentro de poco para iniciar el proyecto; también a Londres; estamos ya en Malta en donde hay un hermoso grupo de centinelas”.El padre Andrea tiene un sueño:“Mi sueño es crear en Italia un centro para la nueva evangelización para formar a jóvenes de todo el mundo e inventar nuevas metodologías, formar a estos jóvenes para que se conviertan ellos mismos en apóstoles de sus coetáneos”.
Thursday, September 11, 2008
Paris y Lourdes, preparadas para recibir al Papa
París y Lourdes, preparadas para recibir al Papa
11/09/2008
Francia ha ultimado los preparativos para la esperada visita de Benedicto XVI, que estará en el país galo para celebrar las apariciones marianas de la Virgen en Lourdes.
Francia ha ultimado los preparativos para la esperada visita de Benedicto XVI, que estará en el país galo para celebrar las apariciones marianas de la Virgen en Lourdes. En París las instalaciones que recibiran al pontífice ya están listas.Mientras, en la pequeña ciudad de Lourdes las tiendas de souvenirs han aumentado la producción. Philippe Bianco, representante de los comerciantes en Lourdes, argumenta que las tiendas de recuerdos tienen un sentido más allá del negocio: “Depende de cómo se mire. Se puede decir ahora que todas estas tiendas en Lourdes están sólo haciendo dinero, pero en realidad sirven a los peregrinos, y hay demanda. La gente que viene está contenta de poder llevar a casa recuerdos baratos”.
11/09/2008
Francia ha ultimado los preparativos para la esperada visita de Benedicto XVI, que estará en el país galo para celebrar las apariciones marianas de la Virgen en Lourdes.
Francia ha ultimado los preparativos para la esperada visita de Benedicto XVI, que estará en el país galo para celebrar las apariciones marianas de la Virgen en Lourdes. En París las instalaciones que recibiran al pontífice ya están listas.Mientras, en la pequeña ciudad de Lourdes las tiendas de souvenirs han aumentado la producción. Philippe Bianco, representante de los comerciantes en Lourdes, argumenta que las tiendas de recuerdos tienen un sentido más allá del negocio: “Depende de cómo se mire. Se puede decir ahora que todas estas tiendas en Lourdes están sólo haciendo dinero, pero en realidad sirven a los peregrinos, y hay demanda. La gente que viene está contenta de poder llevar a casa recuerdos baratos”.
San Pablo, un apóstol incansable.
Benedicto XVI: san Pablo, apóstol incansabl
San Pablo, apóstol incansable del Evangelio. En la catequesis de la audiencia general, Benedicto XVI se centró en la figura del apóstol de los gentiles y explicó el significado integral de la evangelización. B
San Pablo, apóstol incansable del Evangelio. En la catequesis de la audiencia general, Benedicto XVI se centró en la figura del apóstol de los gentiles y explicó el significado integral de la evangelización. Benedicto XVI, en el saludo en lengua francesa, hizo referencia a su viaje a Francia que inicia el viernes. Saludó a la población del lugar y explicó el significado de las etapas en París y Lourdes. En la catequesis de la audiencia, anunció, que en las cartas de san Pablo se subraya el hecho de que de él se ha recibido una misión para realizar en su nombre poniendo en segundo lugar cualquier otro interés personal. Benedicto XVI: "Hemos visto cómo San Pablo se dedicaba al Evangelio con toda su existencia.
Cumplía su ministerio con fidelidad y alegría para salvar de cualquier manera a algunos. Con las Iglesias, a pesar de ser consciente de la relación de paternidad o incluso de maternidad que tenía con ellas, adoptaba una actitud de servicio absoluto, declarando: "No queremos ser patrones de vuestra fe, somos en cambio colaboradores de vuestra alegría".
Esta sigue siendo la misión de todos los apóstoles de Cristo en todas las épocas; ser colaboradores de la verdadera alegría".
San Pablo, apóstol incansable del Evangelio. En la catequesis de la audiencia general, Benedicto XVI se centró en la figura del apóstol de los gentiles y explicó el significado integral de la evangelización. B
San Pablo, apóstol incansable del Evangelio. En la catequesis de la audiencia general, Benedicto XVI se centró en la figura del apóstol de los gentiles y explicó el significado integral de la evangelización. Benedicto XVI, en el saludo en lengua francesa, hizo referencia a su viaje a Francia que inicia el viernes. Saludó a la población del lugar y explicó el significado de las etapas en París y Lourdes. En la catequesis de la audiencia, anunció, que en las cartas de san Pablo se subraya el hecho de que de él se ha recibido una misión para realizar en su nombre poniendo en segundo lugar cualquier otro interés personal. Benedicto XVI: "Hemos visto cómo San Pablo se dedicaba al Evangelio con toda su existencia.
Cumplía su ministerio con fidelidad y alegría para salvar de cualquier manera a algunos. Con las Iglesias, a pesar de ser consciente de la relación de paternidad o incluso de maternidad que tenía con ellas, adoptaba una actitud de servicio absoluto, declarando: "No queremos ser patrones de vuestra fe, somos en cambio colaboradores de vuestra alegría".
Esta sigue siendo la misión de todos los apóstoles de Cristo en todas las épocas; ser colaboradores de la verdadera alegría".
Anuncio de recepcion del Papa por presidente frances.
Sarkozy romperá el protocolo y recibirá al Papa personalmente
11/09/2008
El presidente francés Nicolas Sarkozy romperá el protocolo oficial e irá a recoger al Papa a su llegada al aeropuerto de Orly, el viernes por la mañana. A Sarkozy probablemente le acompañará su mujer Carla Bruni.
El presidente francés Nicolas Sarkozy romperá el protocolo oficial e irá a recoger al Papa a su llegada al aeropuerto de Orly, el viernes por la mañana. A Sarkozy probablemente le acompañará su mujer Carla Bruni.Lo ha anunciado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, durante una breve presentación de la visita que el Papa hará a París y Lourdes, del 12 al 15 de septiembre."El protocolo preve que sea el primer ministro quien acoja al huésped para después acompañarlo al Eliseo - ha explicado el padre Lombardi- mientras que esta vez será el presidente Sarkozy quien lo recoja para más tarde acompañarlo al Eliseo donde se celebrará primero un encuentro privado y después los discursos públicos".Un cambio de protocolo parecido a lo que sucedió en los Estados Unidos, cuando el presidente Bush saludó personalmente al Papa, informa Korazym en su página web.Es muy probable que el presidente Sarkozy participe en otras citas publicas parisinas, como el encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos en París, donde se realizará un discurso muy importante sobre la relación entre fe y cultura, ante representantes musulmanes.
11/09/2008
El presidente francés Nicolas Sarkozy romperá el protocolo oficial e irá a recoger al Papa a su llegada al aeropuerto de Orly, el viernes por la mañana. A Sarkozy probablemente le acompañará su mujer Carla Bruni.
El presidente francés Nicolas Sarkozy romperá el protocolo oficial e irá a recoger al Papa a su llegada al aeropuerto de Orly, el viernes por la mañana. A Sarkozy probablemente le acompañará su mujer Carla Bruni.Lo ha anunciado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, durante una breve presentación de la visita que el Papa hará a París y Lourdes, del 12 al 15 de septiembre."El protocolo preve que sea el primer ministro quien acoja al huésped para después acompañarlo al Eliseo - ha explicado el padre Lombardi- mientras que esta vez será el presidente Sarkozy quien lo recoja para más tarde acompañarlo al Eliseo donde se celebrará primero un encuentro privado y después los discursos públicos".Un cambio de protocolo parecido a lo que sucedió en los Estados Unidos, cuando el presidente Bush saludó personalmente al Papa, informa Korazym en su página web.Es muy probable que el presidente Sarkozy participe en otras citas publicas parisinas, como el encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos en París, donde se realizará un discurso muy importante sobre la relación entre fe y cultura, ante representantes musulmanes.
Friday, September 05, 2008
Funcionamiento del Vaticano.
Cómo funciona el Vaticano?
El Vaticano despierta constantes interrogantes a nivel mundial siendo el Estado más pequeño del mundo con tan sólo una población de 800 personas y 450 ciudadanos.
El Vaticano despierta constantes interrogantes a nivel mundial siendo el Estado más pequeño del mundo con tan sólo una población de 800 personas y 450 ciudadanos.Todos los secretos del Vaticano se encuentran ya recogidos en un volumen presentado recientemente en Roma. Se trata de “Cómo funciona el Vaticano” escrito por el periodista italiano Enzo Romeo.“Me parece que la gente necesita y quiere entender más las cuestiones relacionadas con el Vaticano, frecuentemente se piensa que está velado, que es un misterio, pero en realidad, el Vaticano es un instrumento que debe servir para que el Papa, el vicario de Cristo, pueda anunciar la buena nueva a todo el mundo”.En el Vaticano se combinan los elementos de vida cotidiana con los eventos de gran magnitud. Cuenta con supermercado, farmacia, jardines pero también con sistema de correo proprio, museo e incluso medios de comunicación: centro televisivo, radio y prensa y su razón de ser es servir.“Una estructura que utiliza el Papa nunca deberá convertirse en una “supraestructura” y debe ser percibida para servir y no para otros fines”.“Me siento muy contento porque Enzo ha hecho una obra que hará mucho bien, en qué consiste, en dar a conocer ese misterio muchas veces, rodeado de atmósfera quién sabe cómo de este Estado pequeño pero que es al mismo tiempo una realidad espiritual”.
El Vaticano despierta constantes interrogantes a nivel mundial siendo el Estado más pequeño del mundo con tan sólo una población de 800 personas y 450 ciudadanos.
El Vaticano despierta constantes interrogantes a nivel mundial siendo el Estado más pequeño del mundo con tan sólo una población de 800 personas y 450 ciudadanos.Todos los secretos del Vaticano se encuentran ya recogidos en un volumen presentado recientemente en Roma. Se trata de “Cómo funciona el Vaticano” escrito por el periodista italiano Enzo Romeo.“Me parece que la gente necesita y quiere entender más las cuestiones relacionadas con el Vaticano, frecuentemente se piensa que está velado, que es un misterio, pero en realidad, el Vaticano es un instrumento que debe servir para que el Papa, el vicario de Cristo, pueda anunciar la buena nueva a todo el mundo”.En el Vaticano se combinan los elementos de vida cotidiana con los eventos de gran magnitud. Cuenta con supermercado, farmacia, jardines pero también con sistema de correo proprio, museo e incluso medios de comunicación: centro televisivo, radio y prensa y su razón de ser es servir.“Una estructura que utiliza el Papa nunca deberá convertirse en una “supraestructura” y debe ser percibida para servir y no para otros fines”.“Me siento muy contento porque Enzo ha hecho una obra que hará mucho bien, en qué consiste, en dar a conocer ese misterio muchas veces, rodeado de atmósfera quién sabe cómo de este Estado pequeño pero que es al mismo tiempo una realidad espiritual”.
Thursday, September 04, 2008
viaje de luz a la Tierra Santa
Viaje de luz
04/09/2008
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.Durante miles de años, muchas personas han seguido la luz de su fe en el viaje hasta esta tierra. Cinco jóvenes católicos hicieron este viaje al centro de su fe y de su historia, y descubrieron mucho más de lo que esperaban.Una de ellos cuenta cómo fue atraída por la tierra de Cristo, y cómo recibió la respuesta a los deseos de su corazón. Producido con la ayuda de Michel Sabbah, Patriarca latino emérito de Jerusalén, junto a varios cristianos, líderes musulmanes y judíos, este documental captura la experiencia de la fe profunda que cualquier peregrino descubrirá en Tierra Santa.El padre Thomas Rosica, director ejecutivo de Salt + Light Televisión -que hizo este viaje- está muy familiarizado con Tierra Santa y el significado de la peregrinación. Este religioso ha trabajado como consejero en la división de promoción para la peregrinación del gobierno israelí desde 1990.Organizó esta peregrinación junto a la oficina de turismo del gobierno israelí, la autoridad palestina nacional, el Patriarcado latino de Jerusalén y oficiales vaticanos. La película ha sido realizada por la productora canadiense Salt and Light Television.
04/09/2008
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.Durante miles de años, muchas personas han seguido la luz de su fe en el viaje hasta esta tierra. Cinco jóvenes católicos hicieron este viaje al centro de su fe y de su historia, y descubrieron mucho más de lo que esperaban.Una de ellos cuenta cómo fue atraída por la tierra de Cristo, y cómo recibió la respuesta a los deseos de su corazón. Producido con la ayuda de Michel Sabbah, Patriarca latino emérito de Jerusalén, junto a varios cristianos, líderes musulmanes y judíos, este documental captura la experiencia de la fe profunda que cualquier peregrino descubrirá en Tierra Santa.El padre Thomas Rosica, director ejecutivo de Salt + Light Televisión -que hizo este viaje- está muy familiarizado con Tierra Santa y el significado de la peregrinación. Este religioso ha trabajado como consejero en la división de promoción para la peregrinación del gobierno israelí desde 1990.Organizó esta peregrinación junto a la oficina de turismo del gobierno israelí, la autoridad palestina nacional, el Patriarcado latino de Jerusalén y oficiales vaticanos. La película ha sido realizada por la productora canadiense Salt and Light Television.
viaje de luz a la Tierra Santa
Viaje de luz
04/09/2008
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.Durante miles de años, muchas personas han seguido la luz de su fe en el viaje hasta esta tierra. Cinco jóvenes católicos hicieron este viaje al centro de su fe y de su historia, y descubrieron mucho más de lo que esperaban.Una de ellos cuenta cómo fue atraída por la tierra de Cristo, y cómo recibió la respuesta a los deseos de su corazón. Producido con la ayuda de Michel Sabbah, Patriarca latino emérito de Jerusalén, junto a varios cristianos, líderes musulmanes y judíos, este documental captura la experiencia de la fe profunda que cualquier peregrino descubrirá en Tierra Santa.El padre Thomas Rosica, director ejecutivo de Salt + Light Televisión -que hizo este viaje- está muy familiarizado con Tierra Santa y el significado de la peregrinación. Este religioso ha trabajado como consejero en la división de promoción para la peregrinación del gobierno israelí desde 1990.Organizó esta peregrinación junto a la oficina de turismo del gobierno israelí, la autoridad palestina nacional, el Patriarcado latino de Jerusalén y oficiales vaticanos. La película ha sido realizada por la productora canadiense Salt and Light Television.
04/09/2008
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.
Sólo un sitio en este mundo puede afirmar haber sido tocado por Jesucristo en persona. Es un lugar en Oriente Medio que ahora llamamos Tierra Santa.Durante miles de años, muchas personas han seguido la luz de su fe en el viaje hasta esta tierra. Cinco jóvenes católicos hicieron este viaje al centro de su fe y de su historia, y descubrieron mucho más de lo que esperaban.Una de ellos cuenta cómo fue atraída por la tierra de Cristo, y cómo recibió la respuesta a los deseos de su corazón. Producido con la ayuda de Michel Sabbah, Patriarca latino emérito de Jerusalén, junto a varios cristianos, líderes musulmanes y judíos, este documental captura la experiencia de la fe profunda que cualquier peregrino descubrirá en Tierra Santa.El padre Thomas Rosica, director ejecutivo de Salt + Light Televisión -que hizo este viaje- está muy familiarizado con Tierra Santa y el significado de la peregrinación. Este religioso ha trabajado como consejero en la división de promoción para la peregrinación del gobierno israelí desde 1990.Organizó esta peregrinación junto a la oficina de turismo del gobierno israelí, la autoridad palestina nacional, el Patriarcado latino de Jerusalén y oficiales vaticanos. La película ha sido realizada por la productora canadiense Salt and Light Television.
Una secuestrada redescubre a la Virgen Maria.
He descubierto a la Virgen en la selva"
04/09/2008
"Es un sueño de todos los cristianos. Encontrar al Papa es algo que todos soñamos. Tomarle la mano, tener un contacto con este ser humano tan cercano a Dios para nosotros y que es como un descendiente de los apóstoles… hay algo de mágico, de maravilloso. Tenemos dos mil años de tradición".
¿De dónde surgió el deseo de encontrar al Papa y por qué era tan importante para usted?"Es un sueño de todos los cristianos. Encontrar al Papa es algo que todos soñamos. Tomarle la mano, tener un contacto con este ser humano tan cercano a Dios para nosotros y que es como un descendiente de los apóstoles… hay algo de mágico, de maravilloso. Tenemos dos mil años de tradición. Saber que hay dos mil años sin interrupción de personas que se han pasado la llama desde Cristo hasta hoy… Esto para empezar. Y después porque me fascinó, me pasó algo extraordinario. Había caminado diez horas sin parar con un saco encima muy pesado, con hambre, sed, mosquitos… en fin, todos los horrores que hacen que una vida pueda convertirse en una tortura, que el hecho de existir sea una tortura. Establecimos un campamento, tenía mi hamaca y la mosquitera y me refugió allí para pasar la noche. Y en la paz y la posibilidad de respirar un poco, con la angustia de todos modos de non saber dónde nos llevaban y la tristeza de advertir que se alargaba y sin saber cuando terminaría… en aquel momento encendí la radio y oí la voz del Santo Padre que pedía la liberación de los secuestrados colombianos, y pronunció mi nombre. Cómo quiere que le explique lo que sentí… para alguien que se había convertido en una mercancía, en algo que se transporta, sin derecho a la palabra, humillado constantemente, se da cuenta, todas las veces que hablo de esto no puedo evitar llorar, me sabe mal. El hecho de pensar que él sabía que yo existía, que conocía mi nombre, y que yo era alguien para él me hizo volver a ser un ser humano".Y este encuentro, finalmente. ¿Cómo ha sido, más allá de la emoción de todo católico por el hecho de encontrarse con el Papa?"Primero hay esta dimensión de encontrar a quien te ha apoyado durante el horror. Y poder compartir con él todo lo que un católico se pregunta. En la selva, leyendo la Biblia, me formulaba muchas preguntas, cuestiones teológicas y de nuestra fe cristiana, y de nuestros ritos, como decirle, estaba triste pensando que hay tantos hermanos y hermanas cristianos que no conocen a la Virgen. Yo al Virgen la he descubierto en la selva, leyendo los Evangelios. Se me ha aparecido como una especie de luz, una mujer, para mí era esa joven mujer que tuvo la oportunidad de convertirse en la madre de Dios. Pero no veía más. Sí, que era buena, tierna… pero leyendo los Evangelios comprendí la dimensión de esta mujer, su carácter, su valentía, su inteligencia para hablar a su hijo. Comprendí toda esta dimensión y entendí que podía hablar con ella porqué sabía que ella me entendería. Entonces empecé a tener una relación más íntima con María porque no me atrevía a hablar con Jesús, sentía que estaba demasiado… demasiado lejos, demasiado alto, perfecto, demasiado Dios. En cambio a la Virgen la veía como a alguien humano, de familia, que me podía entender. Entonces pensé que hay personas que no entienden lo que ella puede hacer por todos nosotros, este puente, y no sólo para irle a decir a Jesús lo que le querríamos decir o de ayudarnos con cosas, oraciones o necesidades. Tenemos necesidad de todo, de dinero, de afecto, de trabajo, de estudios… todo esto lo podemos expresar, y Jesús nos escucha. Pero de repente, encontrar a esta mujer que no sólo escucha sino que además responde... Quizá para decirnos: estad tranquilos, sed más pacientes, no guardéis rencor en vuestro corazón, aprended a hablar con él directamente… Date cuenta que puedes hablar con él directamente, no me necesitas para hablarle. En fin, le digo todo esto pero podríamos estar horas… Dios hace bien las cosas, Dios hace las cosas bien”.
04/09/2008
"Es un sueño de todos los cristianos. Encontrar al Papa es algo que todos soñamos. Tomarle la mano, tener un contacto con este ser humano tan cercano a Dios para nosotros y que es como un descendiente de los apóstoles… hay algo de mágico, de maravilloso. Tenemos dos mil años de tradición".
¿De dónde surgió el deseo de encontrar al Papa y por qué era tan importante para usted?"Es un sueño de todos los cristianos. Encontrar al Papa es algo que todos soñamos. Tomarle la mano, tener un contacto con este ser humano tan cercano a Dios para nosotros y que es como un descendiente de los apóstoles… hay algo de mágico, de maravilloso. Tenemos dos mil años de tradición. Saber que hay dos mil años sin interrupción de personas que se han pasado la llama desde Cristo hasta hoy… Esto para empezar. Y después porque me fascinó, me pasó algo extraordinario. Había caminado diez horas sin parar con un saco encima muy pesado, con hambre, sed, mosquitos… en fin, todos los horrores que hacen que una vida pueda convertirse en una tortura, que el hecho de existir sea una tortura. Establecimos un campamento, tenía mi hamaca y la mosquitera y me refugió allí para pasar la noche. Y en la paz y la posibilidad de respirar un poco, con la angustia de todos modos de non saber dónde nos llevaban y la tristeza de advertir que se alargaba y sin saber cuando terminaría… en aquel momento encendí la radio y oí la voz del Santo Padre que pedía la liberación de los secuestrados colombianos, y pronunció mi nombre. Cómo quiere que le explique lo que sentí… para alguien que se había convertido en una mercancía, en algo que se transporta, sin derecho a la palabra, humillado constantemente, se da cuenta, todas las veces que hablo de esto no puedo evitar llorar, me sabe mal. El hecho de pensar que él sabía que yo existía, que conocía mi nombre, y que yo era alguien para él me hizo volver a ser un ser humano".Y este encuentro, finalmente. ¿Cómo ha sido, más allá de la emoción de todo católico por el hecho de encontrarse con el Papa?"Primero hay esta dimensión de encontrar a quien te ha apoyado durante el horror. Y poder compartir con él todo lo que un católico se pregunta. En la selva, leyendo la Biblia, me formulaba muchas preguntas, cuestiones teológicas y de nuestra fe cristiana, y de nuestros ritos, como decirle, estaba triste pensando que hay tantos hermanos y hermanas cristianos que no conocen a la Virgen. Yo al Virgen la he descubierto en la selva, leyendo los Evangelios. Se me ha aparecido como una especie de luz, una mujer, para mí era esa joven mujer que tuvo la oportunidad de convertirse en la madre de Dios. Pero no veía más. Sí, que era buena, tierna… pero leyendo los Evangelios comprendí la dimensión de esta mujer, su carácter, su valentía, su inteligencia para hablar a su hijo. Comprendí toda esta dimensión y entendí que podía hablar con ella porqué sabía que ella me entendería. Entonces empecé a tener una relación más íntima con María porque no me atrevía a hablar con Jesús, sentía que estaba demasiado… demasiado lejos, demasiado alto, perfecto, demasiado Dios. En cambio a la Virgen la veía como a alguien humano, de familia, que me podía entender. Entonces pensé que hay personas que no entienden lo que ella puede hacer por todos nosotros, este puente, y no sólo para irle a decir a Jesús lo que le querríamos decir o de ayudarnos con cosas, oraciones o necesidades. Tenemos necesidad de todo, de dinero, de afecto, de trabajo, de estudios… todo esto lo podemos expresar, y Jesús nos escucha. Pero de repente, encontrar a esta mujer que no sólo escucha sino que además responde... Quizá para decirnos: estad tranquilos, sed más pacientes, no guardéis rencor en vuestro corazón, aprended a hablar con él directamente… Date cuenta que puedes hablar con él directamente, no me necesitas para hablarle. En fin, le digo todo esto pero podríamos estar horas… Dios hace bien las cosas, Dios hace las cosas bien”.
Benedicto XVI hablando sobre la conversion.
VATICANO, 03 Sep. 08 / 09:02 am (ACI).- El Papa Benedicto XVI señaló en la Audiencia General de hoy que el Cristianismo no es una nueva filosofía ni una nueva moral; y que la conversión del cristiano solo puede explicarse en el encuentro de la persona concreta con Jesucristo; y no a través de categorías psicológicas.
En el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre dedicó la audiencia de hoy a la conversión del Apóstol de Gentes y explicó que el Cristianismo "no es una nueva filosofía, una nueva moral; solo somos cristianos si encontramos a Cristo" como lo hizo San Pablo.
El Pontífice comentó luego que al referirse al hecho que marcó su vida camino a Damasco, "San Pablo no designó sin embargo este evento como una conversión. ¿Por qué? Existen muchas hipótesis, pero creo que el motivo es muy claro: esta transformación de su vida no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o una evolución intelectual y moral sino fruto del encuentro con Cristo Jesús".
"Esta renovación de Pablo no se puede explicar de otro modo; los análisis psicológicos no pueden aclarar y resolver el problema; solo el evento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender qué sucedió", precisó el Papa.
Para entender lo que sucedió con el Apóstol mientras se dirigía a Damasco, "tenemos dos tipos de fuentes", explicó Benedicto XVI. "La primera y más popular son los tres relatos de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los que narra lo acaecido".
Sin embargo, precisó, los detalles a los que hace referencia el evangelista: la luz del cielo, la caída a tierra, la ceguera, "se refieren al centro del acontecimiento: Cristo Resucitado aparece como una luz espléndida que habla a Saulo, transforma su pensamiento, su misma vida".
"El centro de la narración de San Lucas es este encuentro con Cristo que cambió profundamente la vida de San Pablo y en este sentido se puede y se debe hablar realmente de una conversión".
Benedicto XVI afirmó que "el segundo tipo de fuente son las mismas cartas de San Pablo", que "nunca habló sobre los detalles de este evento, porque quizá pensaba que todos conocían su historia esencial, todos sabían que se había transformado de perseguidor en Apóstol ferviente de Cristo, fruto no de una propia reflexión, sino de un evento fuerte, un encuentro con el Resucitado".
El Papa dijo luego que en algunos de sus escritos, el Apóstol relata "que la aparición del Resucitado –de la que también él es un verdadero testigo– es el fundamento de su apostolado" y de "su nueva vida".
Dirigiéndose a los miles de peregrinos presentes en el Aula Pablo VI, Benedicto XVI señaló además que aunque Cristo "no se muestre a nosotros de ese modo irresistible y luminoso como a Pablo para hacerlo apóstol de todas las gentes", también podemos encontrarlo "en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, tocar el corazón de Cristo y sentir que Cristo toca nuestro corazón. Y solo en esta relación personal con Cristo, solo en este encuentro con el Resucitado, somos realmente cristianos".
En el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre dedicó la audiencia de hoy a la conversión del Apóstol de Gentes y explicó que el Cristianismo "no es una nueva filosofía, una nueva moral; solo somos cristianos si encontramos a Cristo" como lo hizo San Pablo.
El Pontífice comentó luego que al referirse al hecho que marcó su vida camino a Damasco, "San Pablo no designó sin embargo este evento como una conversión. ¿Por qué? Existen muchas hipótesis, pero creo que el motivo es muy claro: esta transformación de su vida no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o una evolución intelectual y moral sino fruto del encuentro con Cristo Jesús".
"Esta renovación de Pablo no se puede explicar de otro modo; los análisis psicológicos no pueden aclarar y resolver el problema; solo el evento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender qué sucedió", precisó el Papa.
Para entender lo que sucedió con el Apóstol mientras se dirigía a Damasco, "tenemos dos tipos de fuentes", explicó Benedicto XVI. "La primera y más popular son los tres relatos de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los que narra lo acaecido".
Sin embargo, precisó, los detalles a los que hace referencia el evangelista: la luz del cielo, la caída a tierra, la ceguera, "se refieren al centro del acontecimiento: Cristo Resucitado aparece como una luz espléndida que habla a Saulo, transforma su pensamiento, su misma vida".
"El centro de la narración de San Lucas es este encuentro con Cristo que cambió profundamente la vida de San Pablo y en este sentido se puede y se debe hablar realmente de una conversión".
Benedicto XVI afirmó que "el segundo tipo de fuente son las mismas cartas de San Pablo", que "nunca habló sobre los detalles de este evento, porque quizá pensaba que todos conocían su historia esencial, todos sabían que se había transformado de perseguidor en Apóstol ferviente de Cristo, fruto no de una propia reflexión, sino de un evento fuerte, un encuentro con el Resucitado".
El Papa dijo luego que en algunos de sus escritos, el Apóstol relata "que la aparición del Resucitado –de la que también él es un verdadero testigo– es el fundamento de su apostolado" y de "su nueva vida".
Dirigiéndose a los miles de peregrinos presentes en el Aula Pablo VI, Benedicto XVI señaló además que aunque Cristo "no se muestre a nosotros de ese modo irresistible y luminoso como a Pablo para hacerlo apóstol de todas las gentes", también podemos encontrarlo "en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, tocar el corazón de Cristo y sentir que Cristo toca nuestro corazón. Y solo en esta relación personal con Cristo, solo en este encuentro con el Resucitado, somos realmente cristianos".
Tuesday, September 02, 2008
testimonio de Ingrid Betancourt.
Íngrid Betancourt revela cómo Dios le ha tocado el corazónConfidencias tras la audiencia con Benedicto XVI
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Tras los 25 minutos de encuentro con Benedicto XVI, este lunes, en el palacio apostólico de Castel Gandolfo, la ex candidata a la presidencia de Colombia, Íngrid Betancourt, reveló en una rueda de prensa cómo Dios le ha tocado el corazón en su cautiverio.
Antes de ser secuestrada, en febrero de 2002, Ingrid era una mujer de poca fe. Ella misma lo reconoce. Sin embargo, durante los casi siete años que permaneció en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el sur de la selva colombiana, los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que durante los largos días de cautiverio se dedicaba a leer y meditar la Palabra de Dios. Consagración al Sagrado Corazón
Ingrid todos los días escuchaba la radio para poder entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo la Radio Católica Mundial y escuchó las promesas que experimentaría quien se consagre al Sagrado Corazón.
Si bien Ingrid reconoce que no las recuerda todas, las enumeró a los periodistas: la primera es tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; la segunda bendecir los proyectos del interesado; y la tercera, la ayuda del para cargar la cruz y que le esperará en el tránsito de la muerte.
Cuenta Íngrid que al escuchar estas promesas dijo: "Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca la libertad nuestra".
"Yo necesito que la empresa mía, que es la de obtener la libertad de todos nosotros, Él la tome para sí, la bendiga y permita que esto suceda. Y yo necesito que Él me acompañe a llevar esta cruz porque yo sola ya no puedo más", comentó la ciudadana colombo-francesa.
Luego de conocer estas promesas, cuenta Ingrid que le dijo al Sagrado Corazón: "Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya".
Ingrid cuenta que le dijo al Santo Padre: "Yo no sé lo que quiere decir ser de Cristo". Él le respondió: "Él te va a mostrar la vía"
El 27 de junio un comandante de las FARC fue a hablar con Íngrid: "Hay una comisión internacional que va a visitar a los prisioneros y es muy probable que algunos de ustedes sean liberados", le dijo.
Cuenta Ingrid que el Santo Padre le respondió: "Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad"
Creerle a Dios
Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar".
Tras la audiencia, Ingrid aseguró que Benedicto XVI siempre ora por los secuestrados: "El Papa lleva el dolor de los que sufren en su alma", es un "hombre de luz".
Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: "Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad".
También hizo un llamado a los miembros de la guerrilla, que actualmente tienen cerca de 3 mil secuestrados en su poder: "Ustedes me tuvieron siete años cautiva. Los conozco profundamente, conozco su organización su manera de pensar sus objetivos. Hoy quiero decirles que el mundo los está esperando. El mundo quiere que haya espacios en su mente para que ustedes logren la paz en Colombia. (...) La respuesta esta en el corazón de ustedes no en los cálculos militares y políticos", concluyó
Por Carmen Elena Villa Betancourt
Puede verse un testimonio de Íngrid Betancourt a las cámaras de televisión en http://www.h2onews.org
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Tras los 25 minutos de encuentro con Benedicto XVI, este lunes, en el palacio apostólico de Castel Gandolfo, la ex candidata a la presidencia de Colombia, Íngrid Betancourt, reveló en una rueda de prensa cómo Dios le ha tocado el corazón en su cautiverio.
Antes de ser secuestrada, en febrero de 2002, Ingrid era una mujer de poca fe. Ella misma lo reconoce. Sin embargo, durante los casi siete años que permaneció en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el sur de la selva colombiana, los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que durante los largos días de cautiverio se dedicaba a leer y meditar la Palabra de Dios. Consagración al Sagrado Corazón
Ingrid todos los días escuchaba la radio para poder entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo la Radio Católica Mundial y escuchó las promesas que experimentaría quien se consagre al Sagrado Corazón.
Si bien Ingrid reconoce que no las recuerda todas, las enumeró a los periodistas: la primera es tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; la segunda bendecir los proyectos del interesado; y la tercera, la ayuda del para cargar la cruz y que le esperará en el tránsito de la muerte.
Cuenta Íngrid que al escuchar estas promesas dijo: "Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca la libertad nuestra".
"Yo necesito que la empresa mía, que es la de obtener la libertad de todos nosotros, Él la tome para sí, la bendiga y permita que esto suceda. Y yo necesito que Él me acompañe a llevar esta cruz porque yo sola ya no puedo más", comentó la ciudadana colombo-francesa.
Luego de conocer estas promesas, cuenta Ingrid que le dijo al Sagrado Corazón: "Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya".
Ingrid cuenta que le dijo al Santo Padre: "Yo no sé lo que quiere decir ser de Cristo". Él le respondió: "Él te va a mostrar la vía"
El 27 de junio un comandante de las FARC fue a hablar con Íngrid: "Hay una comisión internacional que va a visitar a los prisioneros y es muy probable que algunos de ustedes sean liberados", le dijo.
Cuenta Ingrid que el Santo Padre le respondió: "Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad"
Creerle a Dios
Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar".
Tras la audiencia, Ingrid aseguró que Benedicto XVI siempre ora por los secuestrados: "El Papa lleva el dolor de los que sufren en su alma", es un "hombre de luz".
Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: "Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad".
También hizo un llamado a los miembros de la guerrilla, que actualmente tienen cerca de 3 mil secuestrados en su poder: "Ustedes me tuvieron siete años cautiva. Los conozco profundamente, conozco su organización su manera de pensar sus objetivos. Hoy quiero decirles que el mundo los está esperando. El mundo quiere que haya espacios en su mente para que ustedes logren la paz en Colombia. (...) La respuesta esta en el corazón de ustedes no en los cálculos militares y políticos", concluyó
Por Carmen Elena Villa Betancourt
Puede verse un testimonio de Íngrid Betancourt a las cámaras de televisión en http://www.h2onews.org
Monday, September 01, 2008
Reflecting Psalm 139 / Reflexionando Sal. 139
Psalm 139: 1-14 Sal. 139, 1-14
Prayerfully Reflecting on “All–Embracing Love”
Orando reflexivamente en el “Amor que todo lo envuelve”
“Lord, you probe me and know me…” You take time to love me like a mother knows her newborn. She studies her child, she loves her child. Watching the movements and listening to the sounds of her child delight her. Playing with her little one and seeing the baby’s reactions thrill her.
“Señor tú me sondeas y me conoces….”. Tu tomas tiempo para amarme como una madre conoce a su recién nacido. Ella estudia su hijo, ella ama su hijo. Observando los movimientos y escuchando los sonidos de su hijo se deleita.. Jugando con su pequeño y mirando las reacciones del bebé se emociona.
“You understand my thoughts from afar… my journeys and rest… you are familiar.” You alone my God, know what’s in my heart. In fact, you understand me better than I understand myself. No matter what I’m thinking you are loving me, guiding me. Lord, you watch me with tender care and concern.
“Tu entiendes mis pensamientos desde lejos… mis jornadas y descanso… te parecen familiares”
Solo tu mi Dios, sabes lo que estó en mi Corazon. De hecho, tu me entiendes major que yo me entiendo a mi mismo/a. No importa lo que esté pensando tu me estás amando y guiando. Señor tú me cuidas con amor tierno y cuidado.
“You rest your (gentle) hand upon me.” Comforting me; offering me strength, courage, love, and support saying, it’s okay. I am with you. I’ll never leave you. You are mine. I claim you for myself.
“Tu pones tu amable mano sobre mí”. Confortóndome, ofreciéndome Fortaleza, valor, amor y apoyo diciendome: está bien. Yo estoy contigo. Yo nunca te dejaré. Tu eres mio/a. Yo te reclamo como mio/a
“Where can I go from your spirit? From your presence where can I flee?” You are there in the thick and thin of it. You hover over me like a mother bird protecting her child. You tell me don’t be afraid of the dark, the chaos, the muck of life – because you belong to me: and I am with you always.
“Adonde puedo huir de tu espíritu? A donde huiré de tu presencia?. Aqui tu estas en lo fácil y en lo difícil. Tu me proteges como una madre cubre a sus polluelos. Me dices que no me preocupe de la obscured, el caos, las dificultades de la vida porque tu me perteneces: yo estoy contigo siempre.
Precious Lord, you are watching over me. You put people in my path, you give me sunlight and laughter and showers and dew. “Surely darkness will not hide me.” Nothing is out of your sight.
Precioso Señor, tu me estás vigilando. Tu pones personas en mi camino, me das la luz del sol y las sonrisas, asi como las lluvias y el rocío. “Ciertamente lo oscuro no me dará miedo”. Nada está fuera de tu vista.
“Truly you have formed me, my innermost being.” Thank you God for the gift of myself; thank you for the way you created me. Help me appreciate myself more and more. Help me love myself as you love me. Thank you again for your gift, your creation, your treasure, you’re caring for me. Amen.
“Verdaderamente tu me has formado, eres lo mas profundo de mi”. Gracias Señor por el don de mi mismo/a; gracias por la forma en que me creaste. Ayudame a apreciarme a mi mas y mas. Ayudame a amarme a mi mismo como tu me amas. Gracias de Nuevo por tu don, tu creación, tu Tesoro, tu me estós protegiendo. Amén.
Loretta Soltis, MSBT
lorettamsbt@yahoo.com
Prayerfully Reflecting on “All–Embracing Love”
Orando reflexivamente en el “Amor que todo lo envuelve”
“Lord, you probe me and know me…” You take time to love me like a mother knows her newborn. She studies her child, she loves her child. Watching the movements and listening to the sounds of her child delight her. Playing with her little one and seeing the baby’s reactions thrill her.
“Señor tú me sondeas y me conoces….”. Tu tomas tiempo para amarme como una madre conoce a su recién nacido. Ella estudia su hijo, ella ama su hijo. Observando los movimientos y escuchando los sonidos de su hijo se deleita.. Jugando con su pequeño y mirando las reacciones del bebé se emociona.
“You understand my thoughts from afar… my journeys and rest… you are familiar.” You alone my God, know what’s in my heart. In fact, you understand me better than I understand myself. No matter what I’m thinking you are loving me, guiding me. Lord, you watch me with tender care and concern.
“Tu entiendes mis pensamientos desde lejos… mis jornadas y descanso… te parecen familiares”
Solo tu mi Dios, sabes lo que estó en mi Corazon. De hecho, tu me entiendes major que yo me entiendo a mi mismo/a. No importa lo que esté pensando tu me estás amando y guiando. Señor tú me cuidas con amor tierno y cuidado.
“You rest your (gentle) hand upon me.” Comforting me; offering me strength, courage, love, and support saying, it’s okay. I am with you. I’ll never leave you. You are mine. I claim you for myself.
“Tu pones tu amable mano sobre mí”. Confortóndome, ofreciéndome Fortaleza, valor, amor y apoyo diciendome: está bien. Yo estoy contigo. Yo nunca te dejaré. Tu eres mio/a. Yo te reclamo como mio/a
“Where can I go from your spirit? From your presence where can I flee?” You are there in the thick and thin of it. You hover over me like a mother bird protecting her child. You tell me don’t be afraid of the dark, the chaos, the muck of life – because you belong to me: and I am with you always.
“Adonde puedo huir de tu espíritu? A donde huiré de tu presencia?. Aqui tu estas en lo fácil y en lo difícil. Tu me proteges como una madre cubre a sus polluelos. Me dices que no me preocupe de la obscured, el caos, las dificultades de la vida porque tu me perteneces: yo estoy contigo siempre.
Precious Lord, you are watching over me. You put people in my path, you give me sunlight and laughter and showers and dew. “Surely darkness will not hide me.” Nothing is out of your sight.
Precioso Señor, tu me estás vigilando. Tu pones personas en mi camino, me das la luz del sol y las sonrisas, asi como las lluvias y el rocío. “Ciertamente lo oscuro no me dará miedo”. Nada está fuera de tu vista.
“Truly you have formed me, my innermost being.” Thank you God for the gift of myself; thank you for the way you created me. Help me appreciate myself more and more. Help me love myself as you love me. Thank you again for your gift, your creation, your treasure, you’re caring for me. Amen.
“Verdaderamente tu me has formado, eres lo mas profundo de mi”. Gracias Señor por el don de mi mismo/a; gracias por la forma en que me creaste. Ayudame a apreciarme a mi mas y mas. Ayudame a amarme a mi mismo como tu me amas. Gracias de Nuevo por tu don, tu creación, tu Tesoro, tu me estós protegiendo. Amén.
Loretta Soltis, MSBT
lorettamsbt@yahoo.com
Subscribe to:
Posts (Atom)